Zaragoza / Benito Pérez Galdós

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datos sobre Zaragoza / Benito Pérez Galdós en Wikipedia

texto de Zaragoza / Benito Pérez Galdós en Cervantes Virtual

reseña sobre Zaragoza / Benito Pérez Galdós en Serendipia

Simbolismo en Zaragoza de Benito Pérez Galdós / Paciencia Ontañón de López en Institución Fernando El Católico

La Manuela Sancho, del libro Zaragoza de Benito Pérez Galdós / Felipe Enrique Martín Santiago en BienMeSabe.org

 

 

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Malcolm Lowry (1909-1957)

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EL AUTOR

datos biográficos acerca de Malcolm Lowry en Wikipedia

Fundación Malcolm Lowry

Malcolm Lowry, por Hernán Lara Zavala en Letras Libres

Malcolm Lowry, el alcohol se hizo literatura, por Javier Memba en El Mundo

El último trago de Lowry, por Fabrizio Mejía en El País

Testamento de un genial borracho hipersensible, por Marcelo Cohen en El País

Malcolm Lowry bajo el mezcal, por Óscar Cid de León en El Replicante

Malcolm Lowry, por Rafael Vargas en Revista de la Universidad de México

Malcolm Lowry, por Óscar Mata Juárez en Universidad Autónoma Metropolitana

En el centenario de Malcolm Lowry / José María Guelbenzu en Revista De Libros

Malcolm Lowry en el ocaso del imperio / Nair María Anaya Ferreira en SCielo

Malcolm Lowry, lector de Ortega / José Lasaga Medina en Revista de Estudios Orteguianos

Malcolm Lowry: En el infierno mexicano entrever los paraísos / John Skirius en Universidad de México

Malcolm Lowry: El viaje que nunca termina / Jorge Ruffinelli en Universidad Veracruzana

Lowry y la máquina infernal / Ana Marimón Driben en Plan C Editores

 

SU OBRA

obras de Malcolm Lowry en Lecturalia

acerca de Bajo el volcán / Malcolm Lowry en Wikipedia

reseña sobre Bajo el volcán / Malcolm Lowry en El lamento de Portnoy

reseña sobre Bajo el volcán / Malcolm Lowry en La Audacia de Aquiles

noticia sobre el rodaje Bajo el volcán, dirigido por John Huston en El País

La larga marcha de dos novelas perseverantes: Bajo el volcán y Ulises, por José S. de Monfort en Youkali

reseña de Víctor Claudín a Bajo el volcán / Malcolm Lowry en Diario Las Provincias

Raúl Ortiz (traductor) sobre Malcolm Lowry en Club de Traductores Literarios

reseña sobre El trueno más allá del Popocatépetl / Malcolm Lowry en El Cultural

reseña sobre Detrás del volcán / Malcolm Lowry en Patricio Pron

Tres cartas inéditas de Malcolm Lowry en Universidad de México

 

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21 de diciembre de 2016: Napoleón en Chamartín / Benito Pérez Galdós

Reunidxs:  Isabel, Consuelo, Toñi, Carmelo, Eugenio, Seve, Benita, Mariajosé, Rufino y Lali.

Isabel abre la sesión señalando que Napoleón en Chamartín es la quinta novela de la primera serie de los Episodios Nacionales de Galdós, y que continúa la historia con Gabriel como protagonista. Toñi señala que ésta no le ha gustado tanto como las anteriores, porque cada vez hay más guerra, y añade que la leyó en una edición ilustrada a lo que Rufino, que confiesa que aún no la ha terminado pero le está gustado y piensa llegar hasta el final, replica que la edición que él está leyendo consta de quinientas y pico páginas.

Mariajosé se encarga de desgranar el argumento leyendo un texto propio donde señala que el interés de los acontecimiento básicamente históricos es menor en esta novela que tiene como fondo la entrada de Napoleón en Madrid, y el entramado gira sobre la preparación de la defensa de la capital por parte del ejército y el pueblo españoles, que no están demasiado preparados para afrontar la llegada de los franceses a cuyas tropas aguardan armados con palos, arma más común incluso cuando desfilan; pero el orgullo les impulsa a la superación del pesimismo y prolifera la patriota creencia de que España todavía puede ser aquel imperio donde no se ponía el sol (Toñi recuerda que algunos cartuchos los rellenaban con mezcla de arena y pólvora). Mariajosé cuenta que el protagonista de la serie, Gabriel, llega a la capital del reino tras la pista de su enamorada Inés, a quien también pretende un tal Diego, que es hombre de alcurnia; sobre esta relación oscilan el resto de personajes, algunos de los cuales ya habían aparecido en novelas anteriores y ahora van llevando sus respectivos caminos, desde los bajos fondos de la urbe a la inflamada vida cortesana. El episodio concluye en el momento en que Gabriel es desterrado por culpa de una conspiración en su contra, a juicio de Rufino porque su instigador, Santorcaz, piensa que Gabriel posee unas cartas que delatan la ascendencia de Inés, dato que a aquél le interesa ocultar.

Isabel comenta que Gabriel marcha hacia Madrid al comienzo de esta novela después de formar parte en la victoria de Bailén, del anterior episodio. El sentido del título de esta quinta entrega es que Napoleón instaló su cuartel general en Chamartín, con intención de quedarse hasta dejar a su hermano como rey; y las intrigas ficticias se desenvuelven a partir de Santorcaz, de quien se sospecha que ha sido espía de los franceses, y de la Condesa, quien se propone hacer ascender a Gabriel en la Corte a lo que él se resiste, tanto por honestidad como porque ella le exige que cesen sus encuentros con Inés. Después de la capitulación de la corona, Santorcaz adquiere un buen cargo en el aparato represor del nuevo monarca y entonces Gabriel es perseguido, se le arresta y lo destierran, momento en que finaliza el episodio, dejando a Inés más o menos integrada en la nueva corte de José Bonaparte. Mariajosé recuerda que en esta novela ya hay una leve introducción de las logias masónicas, a lo que Rufino comenta que la masonería se tiene por algo nefasto pero su existencia no es necesariamente negativa; Carmelo añade que son como una secta formada por gente con mucho poder, tanto económico como cultural, y Eugenio los califica de lobby, mientras Rufino recuerda la enorme influencia política que ejerce el Opus Dei en nuestro país y Mariajosé evoca el reciente libro de Arturo Pérez Reverte, Hombres buenos, donde aparece un conde de Aranda embajador en París que logró financiación para su causa gracias a una señal hecha con su mano y reconocida por su interlocutor como fraternal signo masón.  Carmelo destaca entonces la ayuda mutua que se proveen los masones entre ellos y Eugenio recuerda que es falsa esa imagen enigmática donde los rituales iniciáticos revelan saberes esotéricos; por último, Lali cuenta que un tío político suyo fue encarcelado durante mucho tiempo por masón, a lo que Eugenio señala que hoy en día también hay presos por pertenecer a grupos de ideología anarquista, a lo que Carmelo indica que no cree que existan ya presos políticos en España, a lo que Eugenio recuerda que Alfon fue detenido en la parroquia de su barrio en Vallecas junto a mucha gente que se expuso para acompañarlo, lo que a su juicio es una prueba suficiente de que su encarcelamiento proviene de un montaje policial y su condena es producto de la estrategia que para atemorizar a ciertos colectivos promueve el Estado, acción que él considera política aunque nada tenga que ver con ideologías (también menciona a Nahuel), abriéndose a continuación un largo e intenso debate en torno a lo que consideramos que es política y qué no lo es tanto.

Rufino destaca el ambiente popular que describe la novela, y recuerda que Diego es un vivalavirgen y que las tabernas son foco de reunión donde es fácil terminar con un par de azumbres de vino en el cuerpo. También habla de los fusiles que por escasez son compartidos cada dos soldados (lo que Lali califica de “Ejército de Gila”) y de que en aquel momento están de moda los masones, señalando a continuación que la simbología de este grupo lleva la escuadra y la plomada en homenaje a su origen entre albañiles y constructores medievales. Rufino insiste en que no ha terminado la lectura, pero piensa hacerlo porque le está resultado muy interesante.

Finalmente, Isabel narra que ayer estuvo en el Centro de Mayores Juan XXIII asistiendo a la exposición que Lali y Paco hicieron en torno a Carta de una desconocida y a su autor, Stefan Zweig, tras la cual Lali leyó además un cuento de su cosecha que promete traernos para la próxima sesión. Al hilo recuerda la propia Lali el olvido en que cayó Zweig durante años, ahora recuperado, indica Eugenio que en castellano gracias a la labor editora de Acantilado -y a lo que añade que Zweig sólo es la punta del iceberg de la impresionante cultura que floreció en los últimos años del Imperio Austro-húngaro-, a lo que Carmelo recuerda la emblemática recuperación que del olvido hicieron los de la Generación del 27 respecto a Góngora, en especial Dámaso Alonso.

 

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14 de diciembre de 2016: Ian Fleming

Reunidxs: Isabel, Seve, Valentín, Toñi, Luis, Rufino, Carmelo y Eugenio.

Isabel abre la sesión leyendo unos datos biográficos sobre el autor, de quien dice que fue oficial de la inteligencia británica creador de un agente secreto de ficción al cual llamó James Bond en honor de un ornitólogo de su época, y que las adaptaciones cinematográficas de las novelas de este personaje se convirtieron en un éxito mundial; señala que antes de la Segunda Guerra Mundial, Fleming fue reclutado como asistente militar hasta que alcanzó el grado de comandante, y que concibió un plan para capturar una máquina codificadora alemana. Por último, Isabel añade que el autor escribió artículos y trabajó como auxiliar de los servicios secretos; que Casino Royal fue la primera de la larga serie de novelas en torno a James Bond, que escribió para niños Chitty Chitty Bang Bang, que también fue llevada al cine por Disney; y que fue un culto bibliófilo, se retiró en Jamaica y logró trabajo para su primo el actor Christopher Lee en el papel de malo en 007 contra el Doctor No (recuerda Luis que Christopher Lee fue uno de los más célebres Dráculas del cine).

Respecto a la obra, Isabel indica que Marijose -que no ha podido estar presente- le ha pedido que nos cuente que ha leído algo de Fleming pero no le ha gustado nada, a lo que comenta Luis que Marijose tiene ya un cierto nivel lectura y sabe identificar lo bueno. Respecto a las películas sobre el personaje en cuestión, Isabel indica que suelen tener una banda sonora de calidad, Carmelo evoca el debate sobre cuál sea la mejor interpretación, si la de Sean Connery o la de Roger Moore, y Toñi señala que el actor rubio de Casino Royal tampoco está mal.

Carmelo recuerda la época en que los estrenos de cine eran todo un acontecimiento en Móstoles, cuando aún existían los cines Jaito, a lo que comenta Rufino que, en su época, los domingos por la tarde había que elegir entre ir al cine o al baile. Respecto a la obra del autor, Carmelo señala que ésta va a ser la primera vez en que las películas superen en calidad a las novelas en que están basadas.

Luis resalta que el autor fue un periodista del estilo de Leguineche, aunque éste escribió libros mucho más interesantes, y más de Vázquez Figueroa, quien también está inclinado a la escritura de novelas de fácil lectura; señala que para poder decir que la obra de Fleming es literaria, debería existir a lo largo de la misma algo de progresión e interés artístico, cosa de la que carecen sus novelas que, eso sí, destilan tramas cuya comprensión es de escasa dificultad, y a las que posteriorimente se ha añadido el tamiz cinematográfico de guionistas y presupuestos de superproducción; Isabel comenta que las primeras películas sobre las aventuras de James Bond fueron novedosas al inaugurar una nueva era de efectos especiales y mujeres de bandera, como Ursula Andress. Por último, Luis insiste en comparar la obra de Fleming con otros autores del género, y subraya que John le Carré y Graham Greene lo superaron en nivel literario y complejidad argumental.

Rufino manifiesta no haber leído al autor pero sí haber visto varias veces las adaptaciones al cine de sus novelas en las cuales, indica, hay mucha fantasía; al hilo, Carmelo evoca una película de James Bond en la que su protagonista es interpretado por un Roger Moore que se pasea por España con el típico sombrero mexicano. Rufino recuerda que ésta es de esa clase de literatura que llamamos “de evasión”, así como el cine al que pertenece es de la clase “comercial”.

Eugenio señala que lo que hay en la obra de Fleming, más que cultura literaria, es propaganda del imperialismo británico (indica Luis que es la cultura periodística de los que ganaron la guerra), y comenta que en estas historias los personajes son llanos y no reflejan la naturaleza humana; Rufino recuerda la sensualidad de las presencias femeninas, pero a juicio de Eugenio es un erotismo superficial. Éste concluye su intervención señalando que si Fleming proyectó trabajar en el ejército decodificando los mensajes alemanes, quien realmente lo hizo fue Turing, pionero de la inteligencia artificial, que halló como recompensa en su país, la condena a esterilizarse por ser homosexual.

 

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Napoleón en Chamartín / Benito Pérez Galdós

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Ian Fleming (1908-1964)

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EL AUTOR

 Página oficial de Ian Fleming

datos biográficos sobre Ian Fleming en Wikipedia

Biografía de Ian Fleming en Archivo 007

Ian Fleming: una vida de película en Amadeus Global

Mi nombre es Fleming… Ian Fleming / Alberto Gordo en El Cultural

Ian Fleming, creador y alter ego de James Bond en Escuelapedia

 

SU OBRA

Guía de Lectura sobre Ian Fleming en Biblioteca de La Rioja

Las mejores novelas de Ian Fleming, el espía que creó a James Bond en Hipertextual

texto bilingüe de Casino Royale / Ian Fleming en Rodríguez Álvarez

Consejos para escribir un thriller de Ian Fleming / Alfredo Álamo en Lecturalia

Casino Royale o la reinvención de un mito / Gonzalo González Laiz en Dialnet

Bond, James Bond era ornitólogo / Paco Ibi en SoBenidorm

Anticomunismo a la chilena: el caso de James Bond en el cómic, 1959-1971 / Jorge Rojas Flores en SciELO

Bond viajero / Mariano López en Viajar

 

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30 de noviembre de 2016: W. H. Auden

Reunidxs: Isabel, Seve, Consuelo, Luis, Carmelo, Eugenio, Mercedes, Valentín y Rufino.

Isabel abre la sesión leyendo los datos biográficos sobre el autor publicados en la web ‘El poder de la palabra’, donde se indica que fue un poeta, dramaturgo y crítico literario inglés, el más influyente desde T. S. Eliot; en sus primeros pasos, Auden mostró interés por la ciencia y estudió en Oxford, donde se mezcló en el mismo círculo intelectual que los también escritores Isherwood y Spender. Trabajó como maestro de escuela en Escocía e Inglaterra y durante los años treinta formó parte en Londres de un grupo de jóvenes poetas con tendencias izquierdistas; sus primeras obras tratan sobre el hundimiento de la sociedad capitalista que a sus ojos se estaba produciendo, mostró interés por los caracteres psicológicos humanos y no tardó en obtener cierto renombre literario. De su colaboración con Isherwood surgen los viajes por China y Alemania, de los cuales Auden extrajo contenido para algunas de sus primeras composiciones; fue en este país centroeuropeo donde se casó por conveniencia, para que su pareja obtuviera el pasaporte (menciona Consuelo que ella era Erika Mann, escritora hija del famoso autor de Muerte en Venecia). Participó en la Guerra Civil Española como conductor de ambulancia, recibió ese mismo año la Medalla de oro del Rey a la Poesía y, en 1948, el Pulitzer; era irónico y frío como Eliot, ambos religiosos pero Auden más social, ejerciendo influencia sobre poetas posteriores, y destacando por su rigor intelectual. Isabel añade que ha encontrado en Internet a un joven cantante, King Krule, que ha hecho una versión del poema «Victor» de Auden, titulada «Ocean Bed»; Seve comenta que la leído ese poema y algunos otros más en la edición de Visor que hay en la Biblioteca, y le han gustado: éste trata de la educación recibida a través de la Biblia, cuyo aprendizaje literal empuja a un chico enamorado a aniquilar por fe al objeto de su pasión; Isabel añade que el autor atacó duramente a la Iglesia católica irlandesa, a lo que Luis señala que en la educación reglada anglicana ha sido moneda común el maltrato de los escolares. Por último, Isabel menciona la película Cuatro bodas y un funeral, donde aparece una escena en la que se recita un poema del autor, «Funeral blues», que trae impreso y a continuación entrega a Carmelo para que lo lea. De la lectura extrae Mercedes la expresión sobre la detención del tiempo tras muerte de un ser querido.

Carmelo recuerda lo complicado que es trasladar la poesía a otro idioma distinto del original, complicación que se extiende a su lectura, subrayando que los ritmos de cada lengua imponen el de los poemas, y que dos versiones de uno mismo pueden significar cosas completamente distintas; añade que se suele decir que lo que queda sin traducir cuando se vierte un poema, eso es la verdadera poesía, y al hilo señala Mercedes la importancia de una expresión asequible para que se pueda entender fácilmente. Luego cita Carmelo dos versos de Auden: “La necesidad de matar” (del cual dice Luis que pertenece al célebre «Spain 1937») y otro que le ha gustado especialmente por lo incorrecto del enunciado: “Las palabras me excitan como una historia pornográfica”.

Luis recuerda que Auden vivió durante un tiempo en Berlín y allí conoció a Brecht, quien era el máximo exponente del teatro alemán de la época; de esta relación surgen para el autor unos cuantos guiones para ópera -hizo colaboraciones con Chester Kallman y escribió para Stravinski, Henze y Benjamin Britten– inspirándose en figuras clásicas y leyendas; también estudió liturgia dramática y reconstruyó con nuevas imágenes algunos personajes de Ibsen. Luis señala que Auden fue un escritor de vasta cultura y alcanzó mucho prestigio, de lo mejor que dio la literatura inglesa durante el siglo XX, y subraya su estrecha relación con Spender y Lewis, con quienes formaba grupo poético, así como su amistad con Eliot, aunque ambos fueran bastante antagónicos; recuerda que durante su estancia en la Alemania de Weimar pudo desinhibir su homosexualidad, favoreció a Thomas Mann al casarse con su hija Erika y tomó contacto crítico con la alta burguesía alemana, especialmente con la de Munich; respecto a su experiencia en España, destaca Luis que quizá no estuvo en la línea del frente por la relevancia que había adquirido ya en el mundo literario, aunque esta circunstancia le granjeó la animadversión de los partidarios de la no intervención en el conflicto peninsular, diferencias que una parte de la sociedad inglesa no iba a perdonarle jamás.

Consuelo se ha descargado «Elegía a un judío», pero no lo ha leído aún; lo que sí ha leído ha sido un artículo sobre «Spain 1937» de Ana María Gimeno Sanz, profesora universitaria valenciana que recuerda que Auden estuvo en Valencia cuando se alistó voluntario en asistencia médica para defender la República española, pero llevó muy mala impresión del ambiente, en especial por el uso de rolls-royce de que hacían gala algunos dirigentes de la misma, lo que denunció públicamente; también señala que el autor ejerció como periodista en radio, y apareció su poema como panfleto propagandístico al precio de un chelín destinado a ayuda para la República. El artículo también destaca la relevancia de lo que Auden escribió, aunque no fuera tan ideológico como pudiera esperarse, ya que tenía sentimientos enfrentados respecto a la causa marxista: el tema central del poema es la misión de la poesía, y lo que se plantea no es la duda acerca de lo que se debe hacer en un nivel práctico, sino lo que se debe considerar para la elección adecuada entre el bien y el mal: una elección moral que no podía estar más de actualidad en aquellos tumultuosos años del siglo XX. Consuelo destaca la imagen del momento como límite, en inesperado encuentro con la muerte; además, ha leído otros poemas, como «Foxtrot de una tazo de té», en forma de diálogo en verso, que lee Carmelo, y otro sobre la Virgen y la copulación de los padres: «La pregunta», que es breve y lee ella misma. Para terminar, Consuelo resalta las opiniones que consideraban a Auden una buena persona y recuerda su boda de compromiso con Erika Mann, añadiendo el comentario de que la hija de Mann anhelaba relacionarse con mujeres de destacada inteligencia.

Mercedes destaca que Auden obtuvo muy buenas críticas como escritor y es miembro importante de la literatura inglesa, a lo que Isabel sugiere que si hubiera vivido más tiempo -murió con poco más de sesenta años-, podía haber hecho más cosas.

Valentín recoge una curiosidad que cuenta que Auden se quedó al lado de una mujer insegura hasta que ella logró recuperar la confianza, y remarca que fue un hombre altruista pero tremendamente severo, lo que ilustra con sus declaraciones acerca del uso de magnetófonos en las entrevistas, rememorando la anécdota que narraba Truman Capote, quien no pudo continuar una conversación con un periodista porque a éste se le había estropeado la grabadora y se dijo incapaz de tomar notas, ya que no sabía escuchar a sus entrevistados. Sobre los años treinta que vivió el autor, Valentín destaca que hablara de su literatura como de una muestra sin intención moralizante, y que añadía que si a alguien no le gustaba lo que escribía, era porque no escribía para esa persona. También lee Valentín un epígrafe titulado “Cómo perder un premio Nobel”, donde se recuerda que a Auden lo nominaron para el Nobel el mismo año que a Neruda, aunque luego se lo llevó un griego…; añade Mercedes que años después se lo dieron al poeta chileno, pero no a Auden. Valentín destaca de nuevo la generosidad del autor, y comenta que ayudó a reclusos con libros de Kafka, así como impartiendo cursos de literatura; señala que abandonó la Guerra Civil española por el desorden que imperaba en el bando republicano, que en una entrevista aseguró que su problema con Inglaterra no era de índole cultural sino familiar, destacando las diferencias fonéticas entre su inglés nativo y el estadounidense, y que en política debería de elegirse a los representantes mediante sorteo, haciéndose más uso de los avances informáticos para la gestión de la administración pública. Por último, Auden consideraba que la edad idónea para escribir poesía es indiferente.

Eugenio califica a Auden de clasicista, y confiesa su rechazo al autor por considerar que en la época en la que vivió, con las vanguardias en auge y más adelante la Generación Beat o los movimientos del 68, no parece haber mostrado ninguna inquietud en el avance hacia otras formas literarias que las establecidas. Dice que ha ojeado la introducción a la edición en castellano de una antología de sus ensayos, en Lumen, firmada por Andreu Jaume, y que tampoco le ha causado interés, sobre todo cuando leyó que Auden no comprendía cómo Valéry, poseyendo una elevada inteligencia teórica, había cosechado tan pobres resultados poéticos. Por último, respecto al comentario de Isabel sobre la crítica del autor al catolicismo irlandés, Eugenio recuerda que durante el transcurso de la vida de Auden se estuvo sufriendo la existencia del IRA, y le parece muy parcial su posicionamiento a favor de Inglaterra, sobre todo teniendo en cuenta que su fe anglicana fue producto de una conversión sobrevenida; señala Eugenio que, para él, cualquier conversión religiosa siempre estará bajo sospecha, pues no entiende que una fe impuesta durante la infancia, una vez perdida pueda recuperarse, a lo que Carmelo indica que puede tratarse de un cambio de opinión, a lo que Eugenio comenta que la razón y la fe tienen distinta naturaleza y Luis recuerda que Pascal sufrió una conversión similar, a la que Voltaire atacó sin piedad, y que Pedro de Alarcón se convirtió en sus últimos años para legarnos una serie de cuentos moralistas sin ningún valor.

Rufino señala que, a su juicio, es la falta de consecuencia consigo mismo lo que critica Eugenio de Auden, y pide a Luis su parecer sobre la naturaleza de esas conversiones producto de la madurez o animadas por la cercanía de la muerte, a lo que Luis comenta que la vejez es un terreno inseguro para cualquiera y que es normal que se haga lo posible por regresar a las raíces y superar la vulnerabilidad, aunque se entre en contradicción con uno mismo. A continuación, Rufino lee un fragmento de «Septiembre 1, 1939», donde el autor describe la violencia provocada por los conflictos de religión; al hilo, Luis recuerda una copla donde se cuenta que los sarracenos molieron a palos a los cristianos, ante lo cual éstos disculparon su derrota asegurando que  “Dios está con los malos cuando son más numerosos que los buenos”.

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