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Shakespeare y las palabras / LALI

 

La fuerza del teatro de Shakespeare radica, sin duda, en el uso que hace del lenguaje. No es de extrañar que así sea, pues en aquella época, el teatro se basaba en la palabra. El espectador tan solo contaba con la voz del actor para entrar en el drama y gozar con él. Pero es que además, Shakespeare era un fanático, un vicioso del lenguaje. Más que las tramas, le interesaban las frases que iba a utilizar para construirlas. Le encantaba hablar por el puro gusto de hablar, de iluminar las cosas con las palabras, y retorcer los anillos del lenguaje. Hay en sus obras constantes juegos y metáforas de fuerza arrolladora. Esta es la opinión de José María Valverde, buen conocedor de la obra del gran escritor inglés.

La gente conoce más a Romeo y Julieta como amantes, que el Romeo y Julieta de Shakespeare. Todo el mundo se sabe la historia, y conoce de cerca a la pareja de enamorados porque, además, en cada pueblo y en cada cultura, se ha dado un caso similar. Esta obra ha sido siempre una de las más populares del dramaturgo británico, tanto en el teatro como en las numerosas adaptaciones al cine, al ballet y a la ópera. En mi opinión, el texto tiene una altísima calidad poética, y una construcción dramática trepidante, pero muy bien medida.

Más allá de su cruel moraleja socio-familiar, la obra queda por encima de todo como un dolido canto a la naturaleza del amor, hermosamente expresada en el verso de Romeo del primer acto: ”Como el humo el amor, como el vaho de un suspiro”.

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13 de enero de 2013: William Shakespeare (y II)

Reunidos: Isabel, Lali, Toñi, Maite, Luis, Eugenio, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel ha vuelto a indagar acerca de la vida de Shakespeare a tenor del visionado de la película Anonymous, que retrata la época isabelina y su teatro; la “Reina virgen”, hija de Ana Bolena (segunda esposa de Enrique VIII que fue muerta en el cadalso a los treinta y cinco años), protagonizó uno de los más largos reinados y, según la cinta, habría sido amante del conde de Oxford, quien inspirado por este amor imposible -y su vasta cultura-, sería el autor de las obras cuya autoría habría firmado Shakespeare, ante la imposibilidad de que aquél las reconociera públicamente; Eugenio recuerda que se trata de una ficción, aunque la trama que plantea resulta muy verosímil, pero indica que hay algunos detalles, no utilizados para falsificar la realidad histórica, sino creados para facilitan la construcción de la película, que lo anulan como realidad histórica: por ejemplo, el detalle de que Shakespeare fuera un completo analfabeto. Isabel recuerda que las dudas acerca de la autoría de Shakespeare sobre las obras que se le atribuyen viene avalada por varios autores de renombre, entre los que destacan a Marc Twain, Dickens y Freud, pero Eugenio subraya que la mayoría de esos autores, así como esas teorías, pertenecen a los últimos tiempos, y que aquellos más cercanos al autor, entre los que destaca a Samuel Johnson, así como los mayores especialistas en Shakespeare de nuestra época, no ponen en duda su autoría, que en todo caso no cuenta con el aval de ninguna prueba sino, al contrario, está teñida por la ausencia de hechos concretos como la conservación de manuscritos o de ediciones en vida del autor, lo que no deja de abrir espacio a la duda y agudiza el enigma a medida que pasa el tiempo. Al hilo de esta cuestión, se abre debate acerca del misterio que rodea a algunos autores, entre los cuales cita Isabel a nuestro Goya, mentando investigaciones posteriores que han abierto interrogantes; por último, Maite indica que no entiende a qué tanto dar vueltas a la vida de los autores, en lugar de centrar más la atención sobre sus obras.

Lali ha leído Romeo y Julieta y ha escrito al respecto un texto propio que expone a continuación: se trata de una tragedia en cinco actos basada en el mito de Píramo y Tisbe, narrado -que sepamos- por primera vez por Ovidio en sus Metamorfosis, donde la amada termina devorada por un león; menciona otras versiones, como la que escribió Masuccio Salernitano en el siglo XV, y que tituló Il Novellino (más tarde, Lope de Vega compuso Castelvines y Monteses, donde recreaba el mito excluyendo su funesto final); Lali subraya el acceso que tuvo Shakespeare a la obra de Ovidio, así como su lectura de las tragedias de Séneca, que son la base del teatro isabelino. A continuación cuenta el argumento de esta obra: en medio de un visceral enfrentamiento entre familias rivales -los Capuletos y los Montescos-, sendos miembros de ambas familias se enamoran, y como consecuencia de un altercado se produce el exilio del enamorado, Romeo, ante la desesperación de ella, Julieta, quien para escapar de su casa y reunirse con su amado se confía a una trama según la cual beberá una pócima que la haga parecer muerta y así la libere de su casa; pero iniciado el engaño, Romeo no es informado y cree realmente que Julieta ha muerto, de manera que acude ante su cadáver y allí se da muerte, tras lo cual despierta ella y se le encuentra a su vez sin vida, a lo que responde suicidándose; al final, ante las tumbas de los dos amantes, se reconcilian las familias. Lali destaca el uso del lenguaje que hace el autor -que en cierta forma está obligado por la naturaleza de la comunicación artística de la época, más basada en la palabra que en las imágenes-, buen uso que a Shakespeare otorga grandeza literaria; comenta que la importancia no está en la trama de sus obras, sino en cómo él la ilumina con palabras (menciona además las “metáforas arrolladoras” que utiliza, según opinión del especialista español José María Valverde). Acerca de la obra leída, Lali indica que Romeo y Julieta es una de las más populares de Shakespeare, con versiones en cine, ópera y ballet; juzga el ritmo de la obra de trepidante, y habla de una “cruel moraleja sociofamiliar”; por último cita un verso donde Romeo define el amor: “un humo que sale del vaho de los suspiros”; a Isabel le recuerda aquello de que la pluma es “más valerosa que la espada”.

Toñi ha leído Mucho ruido y pocas nueces y también Hamlet; la primera, que es comedia, le ha gustado mucho, más que la segunda por ser menos complicada. Narra el argumento: trata de dos jóvenes que vuelven de una guerra -que no se nombra-, uno contento y el otro algo disgustado, y de todo el jaleo de amores que se monta a su alrededor, donde hay por medio hasta criadas; el nudo de la obra es una argucia que se idea para dar plantón a una mujer en el altar, y el desenlace concluye en varias bodas de cada cual con quien desea, menos aquél que no se portó del todo bien con el resto; al hilo, Isabel recuerda la versión cinematográfica de esta obra. Respecto a su lectura de Hamlet, Toñi dice que le ha gustado mucho la forma poética en que se expresan los personajes, y pone como ejemplo el diálogo entre el protagonista y su madre, cuando él le dice a ella que sabe que engañó a su padre y ha sido cómplice de su asesinato: Toñi comenta que Hamlet pone verde a su madre “muy discretamente”; no obstante, no le ha gustado que sea tan triste y le parece una barbaridad que al final mueran todos.

Maite confiesa que cuanto más indaga en la figura de Shakespeare, más desconcertada respecto a él se encuentra; durante esta semana no ha tenido tiempo para leer algo más, pero indica que al iniciar la lectura de una de sus obras, se siente animada a seguir; por otro lado, se pregunta de nuevo por qué se continúa investigando tanto sobre su vida. Respecto a la lectura que hizo la semana pasada (El mercader de Venecia), cuenta Maite que se desarrolla en la Inglaterra de la época del autor, y que resalta las diferencias entre las diversas religiones que se profesaban, donde toma como argumento la envidia que por el amor de una joven siente un prestamista judío, quien deja dinero a uno de los pretendiente de ella con la condición de que, si no cumple la devolución, el deudor deberá darle una libra de su propia carne. Maite indica que esta obra fue escrita en 1598, que la ambientación es de lo mejor de la misma y que está calificada como “comedia”, aunque ella no está muy convencida de que lo sea. También ha echado un vistazo a Macbeth, que es tragedia, y encontró de un somero análisis buena diferencia entre ambas. Al hilo añade Lali que Shakespeare manejaba la pluma con maestría, y que por eso hace de sus creaciones, sean del género que sean, productos muy amenos; entonces comenta Maite que su profesión de actor debió de servirle de mucho para meterse en los personajes, amén de que poseía una capacidad innata para salir adelante y aflorar desde las peores condiciones, y comenta que e talento siempre termina por alcanzar sus objetivos, y pone como ejemplo el caso de aquellos que nacidos en pueblos remotos llegaron sin nada a la ciudad e hicieron fortuna; al respecto señala Pilar que no se puede olvidar que siempre hay talentos que, por culpa de circunstancias ajenas -y adversas-, se frustran.

Luis cuenta la obra Tito Andrónico, que es una tragedia, la segunda más larga del autor después de Hamlet; indica que es una obra de representación comprometida, de la cual no se ha realizado película alguna. La autoría de esta obra parece ser compartida: según Astrana Marín, la base pertenece a Thomas Kyd (el autor de La tragedia española), y fruto de Shakespeare sería el personaje de Aaron, que es el siervo moro de la reina goda. Luis dice que el Tito al que se refiere esta obra no es el Tito de los Flavio, y que todos los personajes tienen su fuente histórica documentada: al volver de la guerra frente a godos, el general Tito Andrónico se acompaña como rehenes de la reina de los enemigos derrotados y de sus hijos, quienes se las ingenian para violar y mutilar de lengua y manos (para que no pueda denunciar a sus agresores) a la hija de aquél, quien finalmente logra averiguar quiénes son los responsables de los crímenes cometidos sobre su hija y clama venganza; en una espiral creciente de violencia, Tito Andrónico ejecuta a los hijos de la reina y ordena que se haga con ellos un pastel que dará de comer a la madre antes de descubrirle sus ingredientes. Luis indica que se produce una sangría final donde mueren todos.

Eugenio ha leído La tempestad, que se dice que fue la última obra de Shakespeare, donde algunos creen ver una especie de testamento literario; escrita fuera del ambiente londinense, es una comedia aunque su trama se urde en torno a la venganza de un rey destronado por conspiración de su hermano, y que fue exiliado junto a su hija a una isla donde adquiere mágicos conocimientos que utilizará al comienzo de la obra para atrapar a sus enemigos cuando éstos navegan cerca de la isla, provocando una tempestad que da lugar a su naufragio. Eugenio menciona el simbolismo de los personajes, y en concreto el de uno, convertido posteriormente en representantes de distintas reivindicaciones políticas, en ocasiones contradictorias, que es Cáliban, hijo de una bruja y de un dios del mar, habitaba la isla antes de la llegada del rey exiliado, quien le convierte en su siervo; durante el siglo veinte, Cáliban ha sido interpretado como símbolo del imperialismo estadounidense, por su carácter materialista y mezquino (esta interpretación la ofrece el político uruguayo José Enrique Rodó), pero también como alegoría del indígena esclavizado por los colonizadores. Finalmente, Eugenio destaca la actualidad de las fuentes inspiradoras de Shakespeare, queriendo ver en la quema de sus libros que hace el mago cuando renuncia a su venganza, un reflejo del reciente asesinato en la hoguera de Giordano Bruno.

Ante el comentario de la semana pasada sobre la posibilidad que algunos estudiosos indican de que a través de sus Sonetos se puedan encontrar datos biográficos de Shakespeare, Pilar ha iniciado la lectura de los mismos, habiendo concluido la de cincuenta. Comenta que son reiterativos en cuanto a su temática, y que siguen un orden cronológico (añade Eugenio que se produce un punto de inflexión en su continuidad, cuando al parecer se sucede un cambio en el objeto amoroso); Pilar enumera alguno de los asuntos que tratan: una alabanza de la descendencia como forma de hacer perdurar lo bello, que refleja en la idea de que los versos no caigan en el olvido; un deseo de obtener inspiración, personificada en las musas, para poder mantener la creación de belleza; los sentimientos de amor que el poeta ensalza hacia un joven (aquí Pilar ha evocado lo que se habló en la anterior sesión acerca de los rumores sobre la posible homosexualidad de Shakespeare); y también un constante recuerdo sobre los amigos muertos o desaparecidos, así como sobre los amores que permanecen en secreto hasta que quien los sintió se lleva su anhelo a la tumba. Pilar comenta que en todos estos sonetos no parece que haya una sola mención de su mujer (Isabel recuerda que la abandonó, y Luis subraya que Shakespeare se fue a Londres pero continuó enviándole dinero). Por último, habla sobre Astrana Marín, traductor y estudioso de Shakespeare, y también especialista en Cervantes, quien tiene un busto de homenaje en Esquivias, el pueblo de Pilar, donde según la investigación de Astrana Marín en los archivos parroquiales, se encontraría el origen del personaje cervantino por excelencia, don Quijote, reflejo de un tío del escritor: Alonso Quijada.

Mercedes también ha leído algunos Sonetos del autor; comenta que son ciento cincuenta y uno, y no ciento cincuenta y cuatro como dicen algunas fuentes, ya que algunos encabezamientos se han contado como poemas. Indica Mercedes que de los Sonetos existen muchas traducciones al español, y menciona una completa elaborada por el poeta melillense Rivero Taravillo; otra que nombra es la de Ramón García González, que trata de conciliarse con la rima del original; Luis menciona la versión de Mujica Láinez, y comenta que es muy acertada. Mercedes indica que en los Sonetos está todo el contenido del teatro sespiriano, y sobre éste menciona la obra El sueño de una noche de verano, que es la que ella ha leído. Dice que se desarrolla durante la mágica noche de San Juan y es una comedia de enredo, de muchos personajes y un ambiente fabuloso (de fábula), pues son protagonistas diversos personajes mitológicos: el duende Puck, y el rey y la reina de las hadas; en el pueblo donde transcurre a acción va a representarse una obra de teatro basada en el mito de Tisbe y Píramo, y en esta circunstancia, la reina de las hadas urde un plan para enamorar a un mortal: mediante un polvo que Puck verterá sobre los ojos de su amado mientras duerme, éste al despertar quedará prendado de aquella persona a quien primero vea, que será ella. Pero el plan falla, Puck se equivoca de mortal y se forma todo el barullo.

Valentín menciona una entrevista al actor Rafael Álvarez, El Brujo, donde éste expresa y describe el reto que supone representar a Shakespeare. Acerca de la tragedia ilustrada por LuisTito Andrónico, Valentín dice que le ha recordado a La venganza de Don Mendo, de Muñoz Seca, en versión cinematográfica interpretada por Fernando Fernán Gómez. Respecto a otras obras se Shakespeare, menciona Cardenio, que estaría inspirada en el personaje de la primera parte de Don Quijote, y no incluída en el “First Folio“. Por último, indica Valentín que la primera traducción completa que se hizo al español -desde el inglés original- de la obra de Shakespeare, data de 1872, más de doscientos sesenta años después que haber sido fechada su composición; a tenor, indica Eugenio que la primera versión castellana de Rabelais, autor algo anterior a Shakespeare, hay que buscarla en los primeros años del siglo veinte.

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6 de febrero de 2013: William Shakespeare (I)

Reunidos: Isabel, Toñi, Rufino, Maite, María José, Luis, Eugenio, Pilar, Mercedes, Valentín y Lali.

En primer lugar, Isabel comenta que anoche emitieron en la televisión pública la película-documental El desencanto, realizada a mediados de los años setenta por Jaime Chávarri, y que tiene como protagonista a la familia del poeta franquista Leopoldo Panero; menciona Isabel que existe una segunda parte titulada Después de tantos años, dirigida por el malogrado Ricardo Franco en 1994.

A continuación, Isabel lee datos biográficos sobre Shakespeare recogidos en un estudio introductorio a una edición de El mercader de Venecia en Cátedra Base, firmada por Rodrigo Fernández Carmona: el autor es reconocido como el mayor dramaturgo en lengua inglesa y uno de los más grandes de todos los tiempos, pero de su vida no hay un sólo documento, salvo los eclesiásticos; Luis corrige que no se puede decir “eclesiástico” pues en aquella época ya se estaba produciendo el cambio de las estructuras católicas a las anglicanas, cambio que además incluía el paso, como lengua oficial, del latín al inglés; Rufino comenta que el padre de Shakespeare era sospechoso de mantener el culto católico, y que éste pudo ser uno de los motivos de su ruina, a parte de un caso de corrupción en que se vio envuelto. Isabel prosigue mencionando que de sus tres hijos (dos hijas y un hijo que murió siendo niño) no se ha seguido descendencia; que no recibió otra enseñanza que la básica, a pesar de lo cual era un hombre instruido (corrige Luis diciendo que se duda de la autoría de Shakespeare basándose en que, al no haber ido a la Universidad ni haber tenido conocimientos de latín, no podía poseer el caudal intelectual que demuestran sus obras); que se casó muy joven con una mujer mayor que él, a quien abandonó al marchar a Londres para introducirse en el mundillo teatral, como actor. En 1594 colabora en la fundación de una compañía de actores auspiciada por Lord Chamberlain, que funcionó mediante la aportación económica de sus miembros, cuyo montante determinaba que fueran actores principales o secundarios (los papeles femeninos corrían a cargo de los actores más jóvenes); con el tiempo colaboraron para la construcción de un teatro (The Globe) que poco después, durante una representación de Enrique VIII, se incendió, siendo reconstruído más tarde y sobreviviendo hasta nuestros días; tras la llegada al trono de Jacobo I, la compañía se colocó bajo la protección del nuevo monarca y pasó a denominarse King’s Men; por último, menciona que el autor se retiró a su pueblo Stratford-upon-Avon en 1610. Acerca de la autoría de las obras de Shakespeare, Isabel cuenta que se ha establecido una discusión que enfrenta a los partidarios de que Shakespeare escribió las obras que llevan su firma y a aquéllos (de quienes Mercedes dice que se les llama anti-Stratfordianos) que consideran que no; los primeros argumentan que, aunque Shakespeare no hubiera recibido una educación universitaria formal, fue un hombre con la suficiente perspicacia e inspiración, y con tal conocimiento de personajes históricos, clásicos y bíblicos y tan elevado control del arte dramático, que perfectamente pudo ser autor de las grandes obras que se le atribuyen; los segundos, por el contrario, no creen que sea posible lo anterior y, alentados por diversas coincidencias, consideran que el autor de las obras de Shakespeare es otro u otros, pero no aquella persona reconocida como Shakespeare. Sobre los periodos en que se divide la obra de este autor, Isabel enumera cuatro: el inicial sería más experimental, e incluye comedias ligeras, dramas históricos y los sonetos, su obra poética: en el segundo se nombran las obras de madurez, como El mercader de Venecia, El sueño de una noche de verano y Enrique IV; a continuación un tercer periodo, que califica de “oscuro” y sería el de las tragedias principales (donde se muestra un concepto del honor muy violento, que en aquella época se identificaba con un valor muy español) y comedias no resueltas; finalmente, el cuarto periodo sería el romántico, cuando ya Shakespeare ha abandonado Londres y el ambiente teatral para volver a su pueblo natal, donde escribe La tempestad. Por último, Isabel indica que en la temática sespiriana abundan la venganza, la ambición, la brujería y los crímenes, y que sus obras manejan, en armonía, un pronunciado contraste de virtudes y defectos humanos.

Valentín inicia su intervención retomando las “dudas razonables” sobre la autoría de Shakespeare que se manejan, a lo que añade que sus obras pudieran serlo del filósofo Francis Bacon (comenta Luis que se sabe que Bacon escribió teatro, pero de forma anónima pues era un descrédito para él, dado que el arte teatral estaba muy desprestigiado en la época, circunstancia que a Maite hace evocar la película de Fernando Fernán-Gómez, El viaje a ninguna parte). Comenta también Valentín que se dice que el autor murió tras un festejo con sus colegas Frayton y Ben Johnson (Eugenio indica que la fuente de esta anécdota se encuentra en el diario personal de un vicario de Stratford, según la biografía que escribió Luis Astrana Marín); que compró una cripta donde ser enterrado y, para evitar que exhumaran sus huesos, escribió un epitafio maldiciendo a quien así lo hiciera -añade Valentín que corre la leyenda de que en esta tumba descansarían también algunas obras inéditas, a lo que Lali duda que con lo medios actuales no se haya podido determinar el contenido de la tumba sin abrirla, y Toñi comenta que si algo hubiera allí ya lo habrían sacado-; y que hay una estuatua a Shakespeare donde sostiene una pluma que cada año renuevan para que esté en perfectas condiciones. Continuando con las especulaciones sobre el carácter del autor, Valentín menciona los interrogantes sobre sus tendencias sexuales y sobre su posible misoginia, rasgos que se extraen de sus Sonetos, a lo que Luis replica que en aquella época era mentalidad común considerar que la mujer era un ser inferior al hombre. Finalmente, Valentín se pregunta por qué existen aún tantas dudas acerca de la autoría de Shakespeare sobre sus obras: Isabel opina que aunque no tuviera estudios, la lectura y su sed de conocimientos le capacitaban perfectamente para haber escrito una obra de esa magnitud; Luis añade que la familia de Shakespeare fue pudiente, al menos mientras él estuvo a su cargo; Mercedes, apoyándose en un estudio de José María Valverde, afirma que el autor tuvo acceso a traducciones en inglés de las Metamorfosis de Ovidio y de tragedias de Séneca; Isabel concluye diciendo que hablamos de un autor que se encuentra inmerso en pleno Renacimiento.

Rufino lee un texto propio con anotaciones de lo que ha ido recogiendo por Internet, y comenta que el autor ha sido traducido a muchas lenguas y representado en todo el mundo, y aun en la actualidad es de los más habituales sobre los escenarios teatrales; destaca las dudas que se manejan respecto a su sexualidad, la religión que profesó (se dice que en privado seguía la fe católica) y la autoría, sin olvidar que se ha planteado incluso si llegó a existir realmente. Rufino ha leído El rey Lear, obra que ya conocía tras presenciar una versión en castellano donde intervenía la actriz Ana Belén, en los años de cambio de Régimen en España; esboza el argumento y comenta que esta obra invita a la reflexión sobre temas filosóficos, tanto respecto a la figura del rey como emblema social del orden, como a la vanidad y a la ambición como estímulos en las disputas por el poder; indica que el bien y el mal son territorios perfectamente delimitados en la obra, pero que no obstante los personajes son complejos; al hilo de las luchas por el poder y vanidades y ambiciones, Pilar comenta que la historia se sigue repitiendo, ya que éstos son sentimientos eternos.

Maite indica que a Shakespeare no le preocupó editar su obra en vida, ya que escribía con el único fin de representar; de manera que durante un tiempo sólo circularon versiones imperfectas hasta que en 1623, dos editores recopilaron y publicaron todas sus tragedias y comedias, exceptuando Pericles, en una edición histórica que por formato ha dado en llamarse “First Folio”; posteriormente, a lo largo del siglo XVII, se reeditó esta publicación hasta tres veces, la segunda de las cuales incluyó Pericles.

María José ha leído Las alegres comadres de Windsor y ha escrito un comentario al respecto, donde indica que es una comedia en cinco actos en prosa con algunas partes en verso, redactada según parece en quince días por encargo de la Reina que deseaba ver a Falstaff enamorado; de manera que Shakespeare colocó en esta comedia a tan célebre personaje de su Enrique IV, con ánimo y disposición de seducir a dos burguesas, a quienes pretende indistintamente, hasta que ellas se enteran del doble juego y traman una venganza; en paralelo, también se producen los devaneos de cortejo de varios pretendientes hacia una misma joven; la obra termina en una comilona, donde también festeja un vejado Falstaff (Mercedes se pregunta si no hay una ópera sobre el personaje, y Luis afirma que una ópera de Verdi). Por último, María José indica que esta comedia tiene como modelo las comedias italianas, de lo que Mercedes deduce que Shakespeare tuvo contacto, o al menos trabó conocimiento cultural, con Italia.

Luis dice que cuando Shakespeare llegó a Londres encontró un teatro magnífico, escrito por Pyle, Robert Greene, Marlowe (que era el más conocido) y Bacon, entre otros; y que se introdujo en aquel ambiente como actor (Maite indica que como una especie de cooperativista, pero Luis dice que existía un mecenazgo sin el cual era imposible aquella actividad). Indica Luis que el teatro era prácticamente la única diversión de la época, salvo los sermones en la iglesia, y que las representaciones duraban varias horas, hasta cuatro. Lali entonces menciona los autos de fe inquisitoriales como una forma de espectáculo de la época, a lo que Luis indica que aún no, que ya posteriormente Calderón de la Barca tomó como modelo los autos de fe y los reinventó en clave teatral. Finalmente, describe rasgos de la situación política de la época, con Felipe II atacando Inglaterra, y terminamos en debate sobre la sucesión de Enrique IV de Castilla, mencionando el enfrentamiento de sus herederas -la Beltraneja versus Isabel la Católica-, y el estudio de raíz biológico que hizo Gregorio Marañón sobre aquel monarca.

Acerca de la oscuridad que rodea la vida del autor, Eugenio comenta que hay quien asegura haber encontrado una clave autobiográfica en los Sonetos, donde quizá se puede salir de dudas al respecto; y sobre las acusaciones de plagio o copia que serían frecuentes en la época (en concreto sobre la versión de Hamlet que habría escrito Kyd con anterioridad a Shakespeare, así como La tragedia española del mencionado Kyd, en cuyo argumento aparece un fantasma clamando venganza), el escritor estadounidense Edgar Allan Poe comentó que la grandeza de Shakespeare había consistido en concebir Hamlet convirtiéndose en el mismo Hamlet: Eugenio indica que, a su juicio, la grandeza de Shakespeare proviene de haber sido actor y haber sentido sus personajes con mayor intensidad. Añade además que la obra de Shakespeare posee la virtud de haber renovado el acervo de mitos y leyendas heredados de los clásicos, a los cuales añadió un elenco más cercano de mitos germánicos y de la historia reciente; finalmente, menciona la Dama oscura, que vendría de un desengaño amoroso que sufrió el autor, al ser traicionado por su amante y un amigo.

Pilar menciona la mala relación que Shakespeare mantuvo con su mujer, a quien abandonó y sólo dejó en testamento su “segunda cama”, ya que la finca que compró en Londres no la puso a nombre de ella. Respecto al público que acude al teatro en aquella época, Pilar indica que era abigarrado, muy heterogéneo, de manera que se podían oír desde chistes soeces a discursos grandilocuentes. Sobre la autoría en aquella época, menciona que el nombre de los autores de las obras no solía hacerse público hasta dos o tres años después del estreno, y que Shakespeare no obtuvo nada por sus obras, y hubo de ganarse la vida invirtiendo en la Compañía en que trabajó como actor. Habla también Pilar de la figura del bufón, usada en distintos ambientes cortesanos para criticar la sociedad y a los propios monarcas, en tono burlesco; y hace una breve genealogía del teatro, que comenzaría junto con el arte rupestre, en los rituales de caza para los cuales se emplean disfraces y oraciones; en Egipto sitúan un antecedente del teatro griego en las alabanzas y agradecimientos a la deidad, y finalmente en Grecia se reconoce ya la actividad teatral, pues se construyen edificios específicamente destinados a las representaciones; por último menciona las Corralas en España, y en concreto las que aún se mantienen activas en Almagro (menciona Isabel las calles y plazas de Madrid, que estaban preparadas para representaciones), e insiste en el menosprecio hacia el oficio de actor, ya que incluso los mendigos la ejercían: comenta Pilar que en su opinión es una profesión extraordinaria, ya que los actores y actrices son capaces de encarnar y dar vida a algo de lo que no poseen experiencia propia (Toñi añade, a propósito de ese menosprecio, la costumbre de insultar llamando “payaso”).

Mercedes retoma la mención a Grecia hecha por Pilar y muestra una breve comparativa entre Egipto y Grecia, buscando los orígenes del teatro como manifestación elevada de una civilización. Sobre el autor, dice que Shakespeare estudió latín en la escuela, según la cronología elaborada por José María Valverde para el título que ella ha leído; añade que pudo haber muerto tras el banquete de bodas de su hija y lee algún dato más de carácter biográfico, así como la cronología de sus obras.

Finalmente, comenta Maite que recientemente ha ido a ver con su nieta el musical de El Rey León, que es un espectáculo maravilloso (indica Eugenio que se dice que el guión de esta película de Disney se basó en Hamlet); e Isabel recomienda el visionado de dos películas recientes sobre ShakespeareAnónimos, sobre la autoría de sus obras, y Hamlet en Nueva York.

 

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