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25 de enero de 2012: MICHEL TOURNIER

Reunidos: Isabel, Lali, Sara, Valentín, Mercedes, Luis, Eugenio, Seve, Maite, Pilar, Toñi y Rosa.

Isabel comienza leyendo la biografía editada en El poder de la palabra, que destaca el carácter filosófico de la obra del autor y su dedicación a la Literatura Infantil-Juvenil (LIJ), poniendo como ejemplo Melchor, Gaspar y Baltasar; Luis señala que Tournier no reconocía la LIJ como un género literario, por lo que cree que esta información no es del todo exacta. Acerca de su biografía, Pilar destaca que no exista mención alguna a su vida familiar, o al menos ella no ha encontrado referencias sobre una posible pareja o hijos; por su parte, Maite ha indagado noticia que nombrara la condición sexual del autor, sin encontrarla.

Valentín ha leído mucha información acerca de Tournier y algún fragmento de su obra; dice que le ha gustado y le resulta un tipo curioso. Acerca del tema de la LIJ, confirma que escribir para niños le parece una labor horrible, ya que no concibe una literatura específica para ellos, que considera insatisfactoria tanto para sus destinatarios inmediatos como para los adultos que en principio han de seleccionarla. Luis indica que la existencia de una literatura destinada específicamente para un público juvenil es un invento de los editores, que de esta forma han consolidado un mundo cerrado donde no se tiene constancia de la insuficiencia del encéfalo no desarrollado de los menores (pone el ejemplo de aquel niño que pronuncia defectuosamente y sin embargo tiene una noción mental muy concreta de la palabra que está usando. Isabel recuerda una obra de teatro del absurdo donde un bebé se confiesa autor de un asesinato, pero es ignorado por los adultos que, al final, tendrán que reconocer la autoría; otro ejemplo que se nombra es la manía de muchos de nosotros de hablar a los niños cambiando el tono, e incluso la pronunciación, de la voz: su cerebro está procesando mal la información, y nosotros haciendo poco menos que el ridículo). Valentín cuenta que a raíz del éxito de su versión del Robinson Crusoe, Viernes o la vida salvaje, tuvo la oportunidad de visitar muchos colegios y hablar con los niños y recibir sus preguntas, que el autor describió como idénticas en intención a las de los adultos pero mucho más directas. Enumera Valentín autores que influyeron en Tournier, como Perrault, La Fontaine, London, Saint-Exupéry; de quienes dijo que llegaban a los niños, no porque fuera esa su intención, sino porque escribían lo suficientemente bien como para que ellos les entendieran. Continúa Valentín mencionando la obra Viernes o los limbos del Pacífico, donde Tournier quiso dar un giro al mito de Robinson creado por Dafoe; Tournier reescribió la historia, en la cual se impuso Viernes y Robinson quedó viviendo en la isla mientras su compañero indígena partía en busca de la civilización. También destaca Valentín la afición del autor por la fotografía, que se refleja en su obra La gota de oro, donde un bereber llega a París y toma conciencia de que su propia simbología se halla en las imágenes y estímulos de la cultura occidental. Finalmente, Valentín lee un texto donde el autor expone unas ideas un tanto parciales sobre musulmanes; opina Eugenio al respecto que, dada su admiración por Gide, debió tener el mundo magrebí algo idealizado.

Lali ha leído El Urogallo, que es un libro de relatos. Le ha gustado mucho el estilo, y destaca su fino humor y su ternura. Menciona uno de estos cuentos acerca de la fotografía (a propósito de la afición del autor que nombró Valentín) y otro sobre la radio; de este último lee el argumento, que trata de un locutor cuya voz encandila a sus oyentes, que lo creen apuesto y atractivo, y de quien finalmente se descubre un aspecto físico poco agraciado). Lali lee un fragmento de otro relato sobre la desnudez, y hace hincapié en la idea que desarrolla el autor cuando afirma que, en su opinión, para castigar a los nazis no habría que fusilarles sino privarles de sus botas. Pilar lo considera una idea genial, y opina que Tournier posee un ingenio muy acertado.

Toñi ha leído Viernes o la vida salvaje; dice que le ha gustado mucho y menciona algunas escenas, destacando el final, que Luis no reconoce y afirma que difiere del final de Viernes o los limbos del Pacífico. Destaca Toñi de la trama el hecho de que Robinson tenga a Viernes como esclavo cuando éste le ha salvado la vida, condición que el indígena aceptará hasta que se rebele y, tras un incendio que devora su refugio, consiga que el otro le reconozca en igualdad.

Sara destaca que Tournier fue alumno de Levi-Strauss, de quien tomó la filosofía estructuralista, y que también se sintió atraído por la semiótica. Ella ha leído Medianoche de amor, que es un libro de relatos con el eje de una historia principal; dice Sara que las historias se van haciendo más intensas, y que los últimos cuentos son los mejores, más cortos pero también más concentrados; menciona cierto paralelismo con el Decameron de Boccaccio. Por último lee unas notas que ha tomado de su lectura y concluye indicando que la obra es una valoración de la convivencia rutinaria como eje de la vida en pareja, que se va dilucidando a medida que se desarrollan los distintos relatos; para ejemplarizar lo que dice, Sara lee un fragmento del cuento sobre dos cocineros que un califa pone a prueba en sendos banquetes: ambos coinciden en el menú, en contenido y en calidad, sembrando un debate sobre qué sea mejor, si la innovación o la reiteración; Mercedes señala que es una alegoría sobre el matrimonio, y Rosa indica que lo que más se valora es la cena de conmemoración, ya que más meritorio que un hecho positivo es su mantenimiento a lo largo del tiempo.

Rosa también ha leído Medianoche de amor. Señala que hay cuentos para todos los gustos y de muy variada temática, y menciona uno que trata sobre la pintura y otro, que destaca especialmente, acerca de la enseñanza a unos presos de lo que significa la escritura: el protagonista es un escritor que visita una cárcel para mostrar a los reclusos en qué consiste su labor; como ellos siguen un taller de carpintería, les dice que escribir es como construir un mueble, que primero se elabora pieza a pieza y luego éstas se ensamblan; lee Rosa una frase que será el lema del relato: el escritor educa a sus alumnos: “escribid de pie, nunca de rodillas”; Pilar indica que en esta frase subyace la creencia de Tournier de que escribir es una forma de educar a los demás, ya que él no concebía su labor como una venta de ilusiones, sino como una muestra de realidades. Lali señala que la madera tiene un simbolismo especial en el autor, y al hilo Luis indica que la madera de los alisos, protagonista de su novela más importante, El rey de los Alisos, es muy óptima para la construcción de instrumentos musicales, amén de su simbología como árbol fetiche de la cultura germánica. Concluye Rosa diciendo que el desarrollo de los diferentes relatos va despertando en los protagonistas ese amor que ya daban por muerto; Mercedes corrobora que la reunión que es el eje de la obra, hace que el amor reviva.

Maite asegura que Tournier le ha resultado un muy grato descubrimiento. Ha leído Celebraciones, que consta de diversos artículos sobre gran variedad de temas; la lectura le ha resultado ágil, entretenida y cargada de chispas, y en ocasiones le arrancaba alguna que otra carcajada. Señala Maite que el autor va utilizando ciertos mitos, que saca a colación y deforma en consecuencia; lee un fragmento sobre un texto que trata del alma del vino, cargado de hilaridad. Mercedes indica que Tournier describe muy bien, y Lali quiere hacer notar su fetichismo, que en El Urogallo alcanza su cenit en un relato sobre la ropa interior femenina. Luis indica que Tournier interpretaba el sexo siguiendo el mismo método dual que emplea para reflexionar sobre cualquier tema.

Seve no ha podido leer nada de Tournier, salvo un fragmento de El rey de los Alisos, que casualmente se está leyendo una sobrina suya: le ha parecido muy crudo y muy realista, narrando el uso de niños para transportar bombas durante la Segunda Guerra Mundial. Luis indica que Tournier exacerbó el realismo, y se autodefinía a sí mismo como hiperrealista, principalmente para molestar a Barthes, con quien no se llevaba del todo bien; Isabel opina que podía alcanzar el Naturalismo, identificado con Zola, y Luis corrobora que Zola estaba muy desprestigiado en aquella época y Tournier le hizo homenaje trabajando en su literatura la sencillez expresiva, con el valor añadido de llegar a más lectores. Concluye Seve diciendo que lo leído de Tournier le recordó la lectura de Baldomero Lillo, en concreto La compuerta número 12, donde se narra la historia de un niño que no tuvo la posibilidad de jugar.

Luis destaca la formación filosófica de Tournier, que fue discípulo de Levi-Strauss y de Sartre, e indica que su obra más sobresaliente es Los meteoros, donde trata del tema, redundante en toda su literatura, de la gemelidad; afirma que el autor hizo uso de la polifonía, construyendo siempre sus creaciones en torno a un dualismo, dos hilos conductores de la narración que desarrollaba de forma paralela y entre los cuales siempre subyace la oposición Mito-Realidad. Acerca de El rey de los Alisos, señala Luis que la novela por la cual recibió el Premio Goncourt versa sobre el enfrentamiento entre el ogro raptor de niños que narra Goethe en su (precisamente) El rey de los elfos, y la figura del santo protector de la infancia, que no es otro que San Cristóbal; pregunta Eugenio si es cierto que ya no se reconoce la santidad de esta figura, y responde Luis que la de San Cristóbal es una leyenda luterana. Dice Luis que Tournier es un autor curioso de leer, y destaca su tratamiento del mito de los efebos, propio de la cultura griega y que hoy sería considerado cercano a la pedofilia; también resalta la educación pangermánica del autor, su lectura de Holderling y Goethe entre otros, y hace referencia -por un texto que ha leído Pilar y ésta le indica- a la obra de Nietzsche, inspirado en Wagner, El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música. Concluye Luis indicando que la cultura alemana siempre ha encontrado en el mundo mediterráneo la luminosidad que le falta en su lugar de origen.

Eugenio ha leído fragmentos de El viento paráclito (que explica Luis que es aquél que transporta al espíritu santo) y quiere hacer hincapié en la filosofía dualista que despliega el autor, sobre todo en El espejo de las ideas, serie de ensayos estructurados en torno a diferentes oposiciones; indica Luis al respecto que Tournier quiso desterrar todo pensamiento filosófico de la cultura. A Eugenio le ha sorprendido la ambigüedad del autor, capaz de moverse entre un idealismo extremo, que le posibilita la creación de inmutables unidades a las cuales regresa siempre que su aventura reflexiva precisa un descanso, y una sensualidad manifiesta en toda su narrativa, pero escandalosamente confesa en El viento paráclito, donde habla de la represión que sufre la infancia al serle negado el contacto físico más allá de la lactancia y de los juegos o actividades lúdicas, experiencias que el autor reivindica con vehemencia. Concluye Eugenio señalando que Tournier ha construido su propio mundo tomando como base el simbolismo, la semiótica y el estructuralismo, que no utilizó como métodos de conocimiento sino como andamiajes de su literatura personal, a los cuales nutre de sus vivencias particulares; y finalmente lee un texto propio inspirado en tal imagen de Tournier.

Pilar ha leído El espejo de las ideas y está entusiasmada con su experiencia. Destaca la escritura sencilla del autor y su tratamiento ingenioso acerca de los temas más variopintos y cotidianos. La obra se basa en la oposición de contrarios, y menciona un texto sobre la elaboración del azúcar para consumo, que tendría un precio mucho más elevado en el mercado si no fuera producido por esclavos, y le hizo evocar lo mencionado en la sesión precedente respecto a las esponjas que cuenta Jacqueline Cervon. Pilar menciona varios ejemplos de estos ensayos: sobre el amor y la amistad (ésta que sin la reciprocidad sería imposible, mientras aquél se alimenta del rechazo), sobre el tenedor y la cuchara (que representan al diablo y a la infancia, respectivamente, la agresividad de uno frente a la ternura del gesto maternal de dar de comer, de la otra), sobre el sótano y el desván (símbolos la rata y la paloma, uno donde habitan las provisiones y el otro donde están los recuerdos, el estómago y el alma; Rosa sugiere que todos tenemos un desván y un sótano en nuestro interior); indica Pilar que en estas oposiciones, el autor siempre se decanta por uno de los extremos (en estos casos, por la amistad, la cuchara y el desván). Concluye Pilar diciendo que la prosa de Tournier le ha llegado: la han cautivado su formidable sensibilidad y la fuerza positiva de su voz.

Mercedes ha leído Medianoche de amor, título que recomendó a Rosa y a Sara. Resalta una escena en la que un escultor forma su obra en la arena de la playa, simbolizando con ello la patética fragilidad de la vida, y lee sus apuntes de lectura,
donde destaca algunos cuentos que tratan sobre la música, la danza y los perfumes, con un especial lirismo. Rosa indica que es esta obra invita a reconsiderar las rupturas de pareja, y Mercedes finaliza su intervención subrayando que le han encantado todos los relatos, y que la estructura “in crescendo” de la obra le ha parecido especialmente genial.

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Michel Tournier (1924-)

EL AUTOR

Michel Tournier en Wikipedia

Entrevista a Michel Tournier en Project Núm.02

SU OBRA

El Urogallo de Michel Tournier en Los libros robados

Viernes o los limbos del pacífico de Michel Tournier en La Ananda de Ariadna

Viernes o la vida salvaje de Michel Tournier en Darabuc

El rey de los Alisos de Michel Tournier en El síndrome de Chéjov

El Rey de los Alisos de Michael Tournier en Sibelius

El espejo de las ideas de Michel Tournier en Extancia

El espejo de las ideas de Michel Tournier en Tres dependientes

Día del maestro (fragmento de El viento Paráclito de Michel Tournier) en Huellas digitales en el aula

Michel Tournier y los reyes magos en Scriptorium de las Cinco

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