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16 de noviembre de 2011: JULIEN GRACQ

Reunidos: Toñi, Laly, Valentín, Mercedes, Pilar, Eugenio, Luis, Seve, María José, Maite, Rosa y Sara.

Valentín abre la sesión leyendo la biografía que ha sacado Maite de la Wikipedia. La propia Maite inicia los comentarios, mencionando la escasez de datos que sobre la vida privada de Gracq ha encontrado, acentuando el carácter discreto del autor, a lo que Pilar señala que fue una persona muy hermética. Valentín destaca el rechazo del Premio Goncourt y su fidelidad al pequeño editor con quien publicó toda su obra; también comenta que Gracq le ha parecido el contrapunto de Genet, por ese alejamiento de la vida pública y esa discreción que ha subrayado Maite. Sobre su escritura, Valentín ha percibido que Gracq parte de un tema concreto que comienza a desarrollar, llenando los huecos con elementos derivados de su acervo o de imaginación. Luis puntualiza que la literatura de Gracq es como una ensoñación llevada a la práctica, y que es muy importante conocer el origen de sus escritos, saber de dónde viene y cuál es su intención, para aprender a entenderlo; pone el ejemplo de su novela En el castillo de Argol, que más adelante explica. Toñi comenta que ella no entendió muchos fragmentos de El mar de las Sirtes, y Laly, que Los ojos del bosque también es complicada. Luis señala que Gracq tiene una forma muy personal de dar cuenta del mundo, tal y como puede apreciarse en unos cuadernos de muy reciente traducción al español: A lo largo del camino, editado por Acantilado.

Laly ha leído Los ojos del bosque, ambientada durante la Segunda Guerra Mundial en Las Ardenas, en la frontera con Bélgica. Destaca que el protagonista, destinado a un acuartelamiento, termina viviendo una agradable rutina que le posibilita olvidarse de que está movilizado por una guerra, aunque en ocasiones recupera la sensación angustiosa de la espera por algo desconocido que se intuye inminente. A Laly le han encantado las descripciones del bosque, una penetración de la naturaleza que le ha recordado al estadounidense Thoreau; define el estilo de Gracq como una bella prosa que engancha, aunque en ocasiones cuesta seguirla. Finalmente, Laly subraya la carencia de sentimientos que se muestra en el protagonista, que mantiene una relación amorosa con una joven viuda con quien pasa las tardes, pero a quien no une más que un indiferente deseo sexual, sin enamoramiento ni pasión alguna. Al hilo de la intervención, Luis comenta que el autor es básicamente un escritor para escritores y que a través de su literatura enriquece aquello que el lector ya conoce; Laly sugiere que, en efecto, la obra de Gracq completa lo que se ha leído con anterioridad.

Toñi ha leído El mar de las Sirtes, novela que narra la historia de un militar recién graduado que pide destino como ojeador en una isla apartada de la metrópoli, desde donde envía informes a ésta; narra la rutina en el cuartel y describe la naturaleza del entorno, por lo general fea. Le ha gustado el estilo, que en muchos momentos le recuerda a Jules Verne, como en la descripción de la isla, donde le asaltaron reminiscencias de El rayo verde. Pero, añade Toñi, hay muchos pasajes que no ha entendido bien, dado el carácter excesivamente denso de la prosa, lo que considera una pena dada su belleza.

Sara ha leído En el castillo de Argol, donde destaca las descripciones de la campiña de Bretaña y del castillo que da título a la obra. Tiene un tinte dramático, a raíz de un triángulo amoroso que se forma entre el habitante del castillo y una pareja que llega a quedarse unos días. Le ha parecido muy bien escrito pero algo raro, le ha gustado la historia pero, en ocasiones, no sabía por dónde se andaba la trama, perdiendo detalles que más adelante echaba en falta; corrobora esa observación Toñi, confirmando que el barroquismo de la prosa a veces despista. Luis señala que el argumento de En el castillo de Argol está basado en el mito de Parsifal, y que la protagonista, Heide, representa en realidad a Kundry; subraya que hay que entender así este personaje para poder comprender la obra en su totalidad; comenta Luis que la clave de Gracq es saber mirar desde la óptica desde la que él mira, en este caso la del Parsifal, porque sus novelas, fundamentalmente, son literatura para la reflexión.

Rosa destaca las bellas metáforas, la prosa muy poética y el lenguaje culto del autor (en varias ocasiones ha tenido que consultar el diccionario para aclarar algún significado); Luis comenta que la proliferación de vocabulario es muy enriquecedora, y señala la gran pérdida que supone la limitación del lenguaje por la falta de afición a la buena lectura (pone como ejemplo curioso la expresión “Te cagas”, que se usa tanto para reprobar como para celebrar). Rosa ha leído En el castillo de Argol (de la que lee un fragmento) y ha encontrado una obra gótica y misteriosa (un ambiente enigmático a lo Poe), que a veces transmitía mucha desidia, el aburrimiento de los protagonistas en una atmósfera tan densa. Destaca Rosa que esta obra es una especie de adaptación de un clásico de la mitología escandinava, y señala, respecto al estilo, la escasez de diálogos, que acentúa aún más la ausencia de fluidez; y respecto a la trama, el hecho de que la mujer, Heide, pase a un segundo plano a medida que avanza la novela e incida el narrador en la relación entre los dos hombres. Laly señala, a juzgar por lo que acaba de leer Rosa y por lo que ella misma ha percibido en Los ojos del bosque, que en las descripciones las mujeres se dibujan como seres etéreos, como si levitaran; Mercedes indica al respecto que en las descripciones de hombres, ella también ha notado esa volatilidad que señala Laly, al menos en la descripción de Albert (Mercedes ha leído la misma obra que Rosa y que Toñi). Luis puntualiza que el personaje de Albert arrastra una angustia patológica que le viene determinada por ser la representación del Amfortas herido de Parsifal; Luis insiste en el simbolismo de la obra, una reflexión sobre la temporalidad y, retomando el asunto de la dificultad de leer a Gracq, indica su tremenda originalidad; Pilar subraya este hecho señalando que las innovaciones siempre son difíciles aceptar.

Maite comienza su intervención señalando de nuevo el recelo del autor respecto a su vida privada, acorde con su estilo minoritario. Ha leído El mar de las Sirtes, cuya lectura no le resultó sencilla (al igual que Rosa, ha consultado en varias ocasiones el diccionario, sobre todo para lo relativo a vocabulario del argot de la navegación); no obstante, Maite considera que está maravillosamente escrito, y le ha gustado, sobre todo las descripciones de Orsenna, que le recordaba a Venecia (Toñi señala que no sería por su belleza, y Maite confirma que era la situación geográfica lo que le evocaba la ciudad italiana) y también a Macondo, no tanto por su hálito misterioso como por la atmósfera de espera (y esperanza) que impregna a sus habitantes. Maite cuenta que el protagonista es un joven de familia adinerada que tras su graduación militar pide destino en un puerto marítimo fronterizo con un desconocido enemigo de ultramar; Aldo disfruta la rutina del Almirantazgo, sus paseos por el lugar y alrededores, y destaca sobre todo la descripción de la Sala de Mapas, donde Maite se ha sentido como si estuviera presente, gracias al detalle de los olores, la humedad, etc.; y habla también del personaje del Capitán Marino, que es un hombre de vuelta de todo, y del cual Toñi recuerda los negocios que se trae entre manos con lo lugareños, que a Maite no le parecieron de carácter lucrativo, sino debidos al interés en ocupar su ocio; a raíz de este debate, Rosa indica cómo a cada una de ellas ha dado distinta impresión a un mismo hecho de la novela. Maite señala, por último, que en un momento determinado Aldo traspasará el límite preceptivo a las expediciones por el mar y sentirá miedo a las consecuencias, quebrándose su tranquilidad. Laly indica que en Los ojos del bosque hay una escena en que el protagonista tiene que ir a París y pasa una breve estancia en una ciudad que le produce tal desagrado que está deseando volver a su bosque, lo que a Laly le transmite la placidez del protagonista en su cuartel, que trasciende lo material como en un viaje interior, lo que, deduce, se halla en todas las novelas del autor. Maite vuelve a señalar lo introvertido y solitario del carácter de Gracq; Mercedes recuerda que dejó la ciudad al jubilarse y Pilar corrobora que se retiró a un pueblo.

María José ha leído algunas reseñas sobre el autor, y en la sesión lee un texto donde ha destacado el panfleto La literatura en el estómago contra la parafernalia promocional del mundo de la edición en la Francia de su época. Señala también que en la obra de Gracq adquieren gran relevancia el paisaje y la obsesión por el tiempo, componiendo la ilusión de frontera indecisa entre lo real y lo fantástico u onírico.

Seve leyó La literatura como bluff (que Eugenio confirma que es el mismo texto que La literatura en el estómago, en una traducción distinta) y ha indagado en el significado de este término, que tras breve debate se traduce como cosa sin importancia o trascendencia. Sobre el panfleto de Gracq, confiesa que su lectura ha sido muy difícil y no ha entendido el sentido del ensayo.

Luis puntualiza los datos sobre el seudónimo utilizado por el autor, del cual Julien vendría del nombre de pila del protagonista de El rojo y el negro de Stendhal, Julien Sorel, y Gracq de los Gracos, dinastía de Tribunos de la Plebe que descollaron por sus leyes contra los privilegios de los patricios; ya desde su propio seudónimo, muestra el autor su íntención transgresora, señala Luis. Es un autor complicado, y una de las claves de su comprensión es conocer sus intenciones; por ejemplo, en En el castillo de Argol recrea la leyenda de Parsifal que Wagner había adaptado al imaginario alemán (tratando de transformar la mitología escandinava en pangermánica) sobre la búsqueda del Santo Grial; exaltación del Viernes Santo, Wagner la había situado en la España musulmana del siglo X (se supone que el Santo Grial se encontraría en la Catedral de Valencia), en Montsalvat, que sería Montserrat. De la misma manera, las Sirtes sería una parábola sobre la Guerra Fría, la espera de un acontecimiento que nunca llega pero siempre está ahí, amenazante. Sobre lo dicho antes por Toñi, también Luis indica la influencia de Jules Verne, manifiesta en la entrada en El castillo de los Cárpatos, con el sonido que poco a poco va envolviendo al personaje y anuncia la preparación de la ceremonia. Señala Luis la naturaleza gótica de la prosa de Gracq, así como que sea una mezcla de simbolismo y misticismo, donde se nota la influencia de Holderlin, de Rilke, etc. Finalmente, Luis recuerda las notas de Gracq sobre diversos asuntos, que fue editando bajo el nombre de Letrinas.

Eugenio ha leído La_literatura_como_bluff, que es una crítica a la mercantilización del mundo editorial, a la estructura comercial que deja en segundo plano la literatura para fijarse en el escaparate de ventas; habla del escritor novel que sin apenas experiencia es soltado a la palestra como un producto más, y del consagrado que se dedica a dar su opinión personal sobre temas públicos de diverso carácter que nada tienen que ver con la literatura. Destaca de ello que Gracq siempre quiso ocultarse tras su obra, pues consideraba que era a ésta y no a su propia imagen a lo que se debe el escritor. Por último, lo dicho hasta ahora le ha sonado a existencialismo en un estado mucho más literario que el existencialismo oficial (Camus, Sartre, etc.); viene al caso, comenta Eugenio, por lo que se ha dicho sobre el aburrimiento, la espera, lo inevitable del paso del tiempo o la indiferencia hacia los sentimientos que alteran una vida reposada.

A Pilar le ha parecido un escritor atípico, un poco raro, y reconoce que le faltan lecturas para comprenderlo. Lee datos biográficos sobre Gracq, y destaca que fuera tan aristocrático y elitista: le da la impresión de que sólo quiso que le leyera una minoría de privilegiados; señala también su rechazo a premios y protagonismos, que en cierta forma denotan su aversión a la popularidad (aunque se pregunta Pilar si no sería aquello más bien una pose). Lee un fragmento de Leyendo escribiendo en el que Gracq hace apología en defensa de la lengua francesa, que ve amenazada por la influencia cultural anglosajona (por ejemplo, el sonido de la erre francesa, tan característico y que tanto cuesta pronunciar al hispanohablante; señala Laly que se pronuncia mejor si se tiene frenillo, y destaca la riqueza y belleza del idioma francés, que irónicamente queda maltratado en las infieles traducciones que se han hecho de alguno de los títulos de Gracq); al hilo se abre un pequeño debate sobre cuidado del lenguaje, donde Eugenio señala que Lázaro Carreter en sus Dardos también muestra esa preocupación por la influencia anglosajona que se cuela a través de la cultura popular y no siempre deviene enriquecedora; entiende por ello que Gracq dé la impresión de elitismo, pues Eugenio cree necesaria cierta firmeza contra las vaguedades del habla popular para defender el idioma. Finalmente, Pilar indica la influencia que la música clásica ha ejercido sobre el autor, donde destaca como muestra el Parsifal wagneriano.

Mercedes ha leído En el castillo de Argol, que define como una versión maléfica de Parsifal, citando al crítico Julián Mateo Ballorca; de la obra destaca las descripciones del bosque y del castillo, que le han dado la impresión de luminosidad, al contrario del carácer gótico señalado antes; Rosa aclara que no identifica lo gótico con el ambiente, sino con el misterio que envuelve el desarrollo argumental; indica Mercedes que, en efecto, ha experimentado cierta confusión en la comprensión de la trama, y que en muchas ocasiones los personajes son como fantasmas que se aparecen sin que pueda dilucidarse si es un sueño o la realidad. Señala también Mercedes el hecho de que no se hicieran ediciones de bolsillo de sus títulos, que ella considera, no fruto del elitismo del autor, sino motivo de estrategia editorial; y finalmente menciona la expresión “escritor funcionario” que Gracq acuñó para hablar de esos escritores que forman parte de la nómina de un editor.

Luis concluye el perfil de Gracq comentando que su literatura explota el concepto de variación musical, pues no otra cosa son sus obras: variaciones de mitos, búsqueda de otras dimensiones y de un no-lugar. Indica Luis que nada es accidental, como señaló Leibniz frente al empirismo inglés: ya está todo dicho y todo es inefable. La obra de Gracq explora la transustanciación del alma, que es una forma de reencarnar al ser humano en algo material, siguiendo el concepto que ha configurado el argumento ontológico de San Anselmo.

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