Archivo de la etiqueta: MICHON

18 de abril de 2012: PIERRE MICHON

 

Reunidos: Isabel, Valentín, Toñi, Sara, Rosa, María José, Seve, Luis, Eugenio, Pilar, Pepi y Enrique.

Isabel ha recogido diversos datos biográficos sobre el autor: cuenta que él y su madre fueron abandonados por el padre, que trabajó en una compañía de teatro y que no ha tenido oficio ni profesión fija; respecto a su Vidas paralelas, comenta que es una especie de autobiografía no confesional, y en lo que se refiere a su acervo literario, dice que a Michon le obsesiona la figura de Rimbaud; por otro lado, a Isabel le ha resultado atractiva la “expresión angelical” que le ha visto en fotos, a lo que comenta Rosa que detrás de ese semblante hay un pasado vividor. Isabel ha leído Los Once, cuya lectura le ha gustado por expresiones como “abultado tontillo”, para nombrar este complemento del vestuario femenino de la época, pero sobre todo porque ha sido origen de un proceso investigador en busca de más datos sobre la Revolución Francesa, y sobre el pintor de aquella época, Jacques-Louis David, autor de La muerte de Marat, que constantemente se menciona (acerca de este artista, lee un texto). Confiesa Isabel que esta curiosidad despertada tras la lectura de Los Once viene motivada por el deseo de separar los personajes reales de aquellos inventados por Michon: cuenta que en una visita que hizo a Versalles, estuvo en un museo donde se conserva toda la memoria sobre la invención y uso de la guillotina, símbolo de aquel periodo de terror que se saldó con la escalofriante cifra de cuarenta mil muertos; también nombra el Café Procope, donde pueden contemplarse los retratos de múltiples personajes de aquella época; María José señala que, además, esta obra contiene un interesante análisis de la política de aquel momento crucial de la Historia Moderna de Francia; al hilo, Luis indica que Michon es autor de varios textos sobre pintores, entre ellos Goya; indica Isabel que la ilustración de la cubierta de la edición de Anagrama de Los Once es un fragmento de un retrato que hizo Goya de Fernando Guillemardet, embajador francés en España. Por último, comenta que le ha parecido un autor muy culto a quien desea volver a leer.

Sara ha leído El origen del mundo, publicada en 2012, que ya tenía apuntada entre sus lecturas pendientes, tras leer la crítica aparecida el pasado mes de enero en Babelia; Luis comenta que Rafael Conte, crítico de El País fallecido hace tres años, era un entusiasta del autor. Indica Sara que la prosa de Michon es muy descriptiva, de frases precisas, que reclama tener a mano un diccionario; y sobre la novela que ha leído, dice que no se trata exactamente de una historia de amor, pero que gira en torno al amor que siente un joven profesor de veinte años hacia dos mujeres del pueblo adonde llega a trabajar: una posadera que le trata muy bien y la estanquera, por quien comienza a sentir cierta pasión: la trama se centra en esta última atracción, que será truncada por la presencia de un pescador que se desvela amante de la estanquera, y culminará cuando el protagonista, presa de los celos, suspenda al hijo de ella por desquite. Lo que más destaca Sara del libro es la descripción que hace el autor de la estanquera, Ivonne: dice que es un párrafo fabuloso; también le ha dejado huella la lluvia presente a lo largo de toda la obra, en un constante repiqueteo en los cristales; lee un fragmento al respecto. Pilar pregunta a qué se debe el título, cuál es el “origen del mundo” que menciona; Sara señala que a su juicio es el deseo que impregna cada página, a través de las pulsiones del joven profesor; Luis indica que el título hace referencia al cuadro homónimo de Gustave Courbet, que representa la vagina de una mujer.

Sobre El origen del mundo, Rosa ha leído algunos fragmentos; le ha parecido una prosa muy poética, y destaca también las descripciones, que le parecen intensas, preciosas; hace mención a los matices que salpican la narración (indica Sara que, en efecto, vives el paisaje); sobre su lenguaje, dice Rosa que es caudaloso, y acerca del estilo señala que el autor comprime mucho, que su prosa es muy densa y hace necesario cierto bagaje cultural para entenderlo; comenta Luis que la prosa de Michon sirve al lector para irse introduciendo en la alta cultura. Rosa ha indagado en otros títulos del autor, y leído un texto de Jesús Ferrero que es una enorme alabanza del autor, comparándolo con Borges; dice Luis que Abades, es el mejor título de Michon, y aclara Rosa que Jesús Ferrero elogia este libro, que es una recreación de la Edad Media. Finalmente, Rosa indica que Michon empezó a escribir tarde, que fue autodidacta y tuvo problemas con el alcohol (Enrique dice que, según ha leído en Internet, se hizo educador pero se dio a la bebida).

María José ha leído Los Once, y escribió un texto al respecto. El libro gira en torno a un cuadro que hay en el Louvre, pintado por François-Élie Corentin, que representa a los once miembros del que fuera Comité de Salud Pública durante la época del Terror, en el año II de la Revolución Francesa; menciona también el Juramento del juego de pelota de David, que se nombra en el libro, y sobre fecha y autorías se entabla un pequeño debate. María José señala que en Los Once hay un candil cuadrado semejante al del cuadro de Goya Los fusilamientos del tres de mayo y una mesa que hace evocar al narrador una especie de sagrada cena laica (indica Isabel que también se hace alusión a la Trinidad, insinuándola en los tres grupos en liza: los ortodoxos jacobinos, los moderados y los exagerados), y también una primera parte del libro donde se esboza la biografía del pintor con ciertos tintes autobiográficos; añade a ello la reflexión social y política sobre la situación de aquel momento histórico, y cuenta que el encargo del cuadro tenía como fin disponer de un “comodín” que sirviera para cualquiera de las dos opciones: que Robespierre lograra su objetivo de alcanzar el máximo poder o que fracasara en el intento. Finalmente dice María José que no existieron ni el cuadro ni el pintor.

Luis dice que Michon es un autor de culto, cuyo público mayoritario son otros escritores, y que su obra más lograda es Abades, una pequeña joya, pintura visionaria del siglo XI, donde la maestría del autor funde manuscritos y música en plena simbiosis de las artes. Respecto a la época previa a la Revolución Francesa, en polémica abierta respecto a la importancia de determinados personajes surgida en un debate precedente, Luis recomienda leer el recién publicado estudio del historiador alemán Philipp Blom, Gente peligrosa, que reúne la visión más reciente sobre aquel momento de gestación de la ideología burguesa en los Salones de París, donde intervienen las ideas de Newton y Hume, domina la figura colosal del Barón de Holbach y se forjan las filosofías de Rousseau y Diderot.

Eugenio ha leído Los Once y le ha gustado mucho; la novela está dividida en dos partes: la primera es una especie de biografía del protagonista en la cual se describen tres o cuatro escenas determinadas en torno a las cuales fluye la semblanza; en la segunda se relata la escena del encargo que le hacen para que pinte el cuadro motivo de la obra. Destaca Eugenio la estructura en forma de bucle de muchos párrafos, que el autor comienza con una imagen, de ella deriva una anécdota, unos trazos del pasado, y finalmente regresa a la imagen que dio origen a lo antecedente (habla Rosa de una estructura ondulante en la narrativa de Michon); también señala Eugenio la circunstancia que rodea al narrador, que se sitúa junto al lector en la sala de exposición del cuadro, desde donde se dirige a él como si estuviera guiándolo en su contemplación. Habla también de los lemosines, los trabajadores que aparecen en la primera parte, que son para el protagonista poco más que animales que sólo existen para trabajar, y a los cuales en la segunda parte transforma en los sans-coullote, quienes con su silenciosa presencia le recuerdan sus aristocráticos (y ahora vergonzantes) orígenes. Al hilo de la mención que hizo María José de la mesa de la sagrada cena y del candil del cuadro de Goya, presentes en toda la segunda parte, Eugenio rememora también otros iconos que se repiten y confluyen para componer la escena total: los relinchos de los caballos en la improvisada cuadra, las campanas descolgadas en espera de ser fundidas o los restos de una santa que, sacados de un relicario enviado a la fragua, son finalmente arrojados a la chimenea. Finalmente, Eugenio lee un texto que escribió Laly sobre la lectura de Ourania de Le Clézio, y que hasta ahora, por obligada ausencia de su autora, no sonó entre estas paredes.

Pilar ha leído El emperador de Occidente, editado en España por Alfabia junto a Mitologías de invierno; no lo ha terminado porque estos días le ha faltado el sosiego necesario para poder leer, y al pie de este comentario se origina un debate sobre cuales sean las condiciones idóneas para una lectura calmada y provechosa. Respecto al comentario de Isabel sobre la encantadora fisionomía del autor, menciona Pilar una entrevista de José Manuel Fajardo donde lo describe como enjuto, de rasgos marcados y portador de fino humor e ironía (lee un fragmento). Cuenta también una anécdota de la vida del autor: al parecer, cuando murió su madre sintió la necesidad de hacer algo especial por ella y se le ocurrió recitarle al cadáver la Balada de los ahorcados de Villon; añade Pilar que los seres humanos, aunque no crean en Dios, siempre sienten la necesidad de recurrir a algo superior para ampararse de las vicisitudes de la vida. Por último, Pilar cree que Michon reclama más atención, Luis indica que su lectura requiere mucha paciencia y Toñi sentencia que es un autor complicado.

Enrique hace referencia al “abultado tontillo” que mencionó Isabel, y se inicia un pequeño debate acerca del famoso miriñaque: Toñi evoca la canción Doña Mariquita, Pilar menciona que se ocultaban las caderas y las piernas pero se resaltaba el pecho, e Isabel dice que el “estilo imperio” fue el punto final de la moda, a lo que Toñi opone su redescubrimiento en España durante el siglo XIX.

Valentín dice de Michon que enlaza las palabras como quien hace ganchillo, y lo comparan con Julien Gracq; también se hace eco de las voces que lo definen como “narrador”, negándole la condición de novelista. De entre sus títulos, destaca Abades, situada en la abadía de Saint-Michel, y, al margen de vítores y elogios, menciona la presencia en Internet de algunos retractores, como es el caso del Lector-Malherido, en su crítica a El origen del mundo: “va de follar en el pueblo”. Concluye Valentín afirmando que para entender con más plenitud la literatura de Michon hay que aprender a leerlo, y recuerda el Diccionario de mitología que ha necesitado Pilar durante su lectura.

Toñi ha leído Vidas minúsculas, que está compuesta por ocho relatos sobre diversas vidas de gente sencilla; recalca la presencia constante (y asfixiante) de cementerios y miserias varias, así como la recreación de los comportamientos de una juventud rural que da sus primeros pasos en la existencia. Toñi resalta el relato que habla de los abuelos, Eugene y Clara, y recoge la experiencia de regresar al pueblo tras la muerte de la abuela. Luis matiza que a Michon hay que leerlo de tal forma que se pueda apreciar lo que subyace tras la trama, esto es: no buscando en sus obras un estilo novelesco; Rosa señala que Vidas minúsculas, por su carácter autobiográfico, hace un recorrido por los infiernos que movilizan la condición del escritor y se reflejan en su oficio.

Deja un comentario

Archivado bajo REUNIONES

Pierre Michon (1945-)

EL AUTOR

Pierre Michon en Wikipedia

Pierre Michon en El poder de la palabra

Dos obras maestras de Pierre Michon / Jesús Ferrero en El País

Las metonimias de Pierre Michon / Rafael Conte en El País

SU OBRA

sobre Abades / Pierre Michon en Vicente Luis Mora

sobre El origen del mundo / Pierre Michon en Revista de letras

sobre Los Once / Pierre Michon en Libros del crepúsculo

sobre El origen del mundo / Pierre Michon en El Boomeran(g)

sobre El origen del mundo / Pierre Michon en Un puñado de letras

sobre El origen del mundo / Pierre Michon en El mar de letras

El origen del mundo [fragmento] / Pierre Michon en Fernando Nombela

Volvemos a la Vulgata / Pierre Michon : un texto sobre Rimbaud en Ignoria

Deja un comentario

Archivado bajo Literatura francesa, Novela, Siglo XX