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Frasecillas sobre Percy Shelley / EUGENIO


Varado en la orilla de la vida no distingues

la obligación de ser humano no se posa en ti

y las olas se llevaron desde tu habitación de lujos

toda conciencia de mantener lo que tienes

más allá de tu único deseo


Te falto comprender que las risas han de perdurar

y que un hombre no es tan poeta como para cambiar

el mundo

Porque hay deberes que no terminan en quien se los apodera

sino que empiezan en uno y lentamente se depositan

en los demás


Pero tú tenías el ímpetu romántico, la juvenil arrogancia,

la pluma brillante

y creíste deslumbrar al ciego mientras sordos y cojos

soñaban tus suspiros

y tuviste que lamentar la muerte a tu alrededor

amado hasta que la muerte misma te besó


No te inquiete el sufrimiento que dejaste porque

aquellos que por eso te escupen no te olvidan

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12 de febrero de 2014: Percy B. Shelley

 

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, Consuelo, Eugenio, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel abre la sesión comentando que Percy Shelley nació en 1792 y muere veintinueve años después, en un accidente en que se ahogó; su familia pertenecía a la alta burguesía acaudalada y además era descendiente de un conde, por lo que recibió en su hogar una buena educación que concluyó al ingresar en Oxford, donde sin embargo sólo estuvo un año, ya que fue expulsado por hacer público un panfleto a favor del ateísmo; escribió alguna novela gótica y se fugó a Escocia con la hija de un posadero, dando inicio a una vida muy ajetreada. Isabel abre debate sobre el ateísmo a través de la lectura de una bitácora que habla del Congreso Mundial de Ateos, y comenta que Shelley fue uno de los primeros que defendió la postura atea públicamente, planteándose qué sentido tiene serlo (Consuelo comenta que se basa en que no hay manera de demostrar si hay un dios o no, y Rufino observa que es una cuestión de convencimiento personal); la entrada leída por Isabel gira en torno al libelo “La necesidad del ateísmo” que escribió el autor, y a propósito indica que existe desde 1940 un Centro Ateo de ámbito mundial (Mercedes se pregunta dónde se encuentra) que trata de combatir la superstición, promover la educación de adultos, rehabilitar criminales y dar acogida a mujeres maltratadas; señala Isabel que se basa de un ateísmo positivo, por oposición a otro negativo que se limitaría a atacar el monoteísmo, y nombra al etólogo Richard Dawkins como uno de los máximos exponentes, quien invita a cuestionar abiertamente la existencia de dios, tema que considera tabú; al respecto, Mercedes opina que la política es hoy en día algo más tabú que la religión y Valentín se declara agnóstico, que ni cree ni deja de creer. Isabel declara que ella cree en la energía, y retoma uno de los argumentos de Shelley, que se preguntaba cómo es posible que exista un dios habiendo tanto sufrimiento en la tierra; indica que ésta es la fuente de inspiración de La reina Mab, y lee un texto donde se menciona a un dios vengador en su trono de oro, que victorioso convierte a los seres humanos en esclavos del destino. Se abre un denso debate acerca del ateísmo en el cual se plantea la relación entre política y religión, y cómo los poderosos se apoderan de las ideas religiosas del pueblo para dominarlo; también se habla del miedo al infierno inculcado en los niños y Lali recuerda que es la Iglesia como institución, y no el propio sentimiento religioso, lo que provoca estos traumas; Consuelo indica que recibimos una educación represiva, pero en nuestra mano puede estar escapar a ella cuando eres persona adulta capaz de reflexionar por ti misma; por último, Rufino señala que nos hemos salido del universo romántico del autor y Lali apostilla que Shelley era un idealista.

Rufino lee en voz alta dos textos: el primero es un fragmento de Prometeo liberado que describe el símbolo que representa este titán de la mitología griega que robó el fuego a los dioses para entregárselo a los mortales, y Shelley lo trata como un ensueño donde se desvela su anhelo por la liberación de la humanidad; tras la lectura comenta Lali que el estilo expresivo del autor es “puro romanticismo”. En el segundo texto, que es un poema titulado Oda a la libertad, el autor expresa su malestar porque la mayoría de las personas deban trabajar por un sueldo que condificultad le satisface el simple objetivo de mantenerse con vida, y llega a decir que los hijos de los trabajadores están muriendo de hambre mientras él habla; también arremete Shelley contra el dinero, al que considera garante de la esclavitud y causa de que el ser humano pierda el control de su propia voluntad, concluyendo con una exhortación a sus lectores: “dejad caer al suelo vuestras cadenas”. Pilar celebra la denuncia social del poeta, que no puede permanecer indiferente ante las injusticias, y Rufino concluye manifestando que ha evocado a Miguel Hernández, pero que él, personalmente, prefiere a Lorca, a lo que Consuelo asegura que ambos son estilos completamente distintos.

Consuelo a su vez lee un texto de Adonais, que es un poema que escribió Shelley impresionado por la prematura muerte de Keats, rindiéndole homenaje. Lali destaca que en este fragmento el autor diga que “Dios iluminó el caos”, lo que considera contradictorio con el ateísmo que manifestó en su etapa estudiantil, a lo que Pilar replica que más que manifestar ateísmo, su panfleto fue una provocación juvenil y un intento de crear polémica en la Universidad. Consuelo también opina que Shelley no era un verdadero ateo, sino que trató de abrir debate filosófico para demostrar que la existencia o no existencia de dios es un asunto que no puede probarse. También destaca la película sobre el romanticismo que dirigió Gonzalo Suárez, Remando al viento, y por la cual obtuvo la Concha de Plata al Mejor Director en el Festival de San Sebastián de 1988: trata de la apuesta que hicieron los integrantes del círculo de Shelley durante una noche lóbrega, en torno a la composición de un relato de terror gótico, y de donde surgió el germen del Frankenstein que dio celebridad a la mujer del autor, Mary W. Shelley, y también el famoso cuento de vampiros cuyo autor se presenta bajo el inquietante nombre de Doctor Polidori. Por último, Consuelo menciona el suicidio de la primera mujer de Shelley, Harriet, y comenta que ella se quejaba de haber sido perseguida a causa del ateismo del autor.

Eugenio destaca la ingenuidad del autor, quien creyó que podía cambiarse el mundo mediante la poesía (añade Lali que también marchó a Irlanda con el objeto de instigar a los nativos, y se encontró con una oposición católica mucho más virulenta que la protestante que abandonaba), y opina que él tampoco considera a Shelley como ateo, ya que los principios religiosos de los románticos tienden hacia el panteísmo. Lali se pregunta si Shelley habría cambiado con el tiempo, a lo que Eugenio contesta que él cree que no en el sentido en que cambió Wordsworth, que pasó de admirar la Revolución Francesa a renegar de ella y volverse políticamente conservador; comenta que, a su juicio, el autor habría mantenido su compromiso social, ya que a la vuelta de la esquina estaba el empeoramiento de las condiciones del proletariado que trajo la Revolución Industrial. Acerca del poema Adonais, indica que el autor quedó fuertemente impresionado por la temprana muerte de Keats, a quien pocos de los poetas contemporáneos reconocían algún mérito; comenta que Shelley fue el único que supo ver el valor de su obra. Añade que el autor ha sido muy maltratado por la crítica, y recuerda la habladuría que asegura que se emparejó con Mary para estar cerca de su padre, Godwin, de quien admiraba el pensamiento político; añade Eugenio que en todo caso este asunto no debería ensombrecer la obra literaria de Shelley. También cuenta la anécdota según la cual su corazón habría sobrevivido intacto a la cremación de su cadáver, y que habría sido recogido por Byron, que estaba presente; y menciona una definición sobre el autor que da Cortázar en su Imagen de John Keats, donde el escritor argentino llama a Shelley “arquitecto fracasado”, por su pretensión de construir un nuevo mundo a través de su poesía. Finalmente, Eugenio lee un texto sobre el autor donde describe sus anhelos como caprichos y alguno de sus actos como irresponsables, a lo que Lali recuerda que se arrepintió profundamente de haber abandonado a Harriet.

Pilar le algunas frases del autor y destaca que se califique su ateísmo de positivo, poseedor de valores (Rufino distingue entre ateo y agnóstico, y lee un texto donde se define al primero como quien también cree en algo que no puede ser demostrado, y al segundo como alguien más racional que no está dispuesto a creer en lo indemostrable). Pilar menciona un texto que le ha llamado especialmente la atención, sobre Ozymandias (Ramses II) y el Egipto que el autor no pudo visitar; y a propósito de una anterior mención a la Iglesia, cuenta la anécdota de un cura que va al banco a ingresar las limosnas recibidas y el cajero se sorprende por los muchos pecados cometidos en el barrio, a lo que indica Mercedes que más que pecados, lo que hay en el barrio es dinero, y Rufino señala que las donaciones desgravan. Pilar confiesa su admiración por la rebeldía del autor, quien a pesar de poder llevar una vida fácil, fue valiente y consecuente con sus ideas, implicándose en la sociedad en que vivía, como lo demuestra el panfleto por el que le expulsaron de la Universidad y la poesía leída por Rufino; Consuelo comenta que Shelley se atrevió a expresar lo que pensaba, y Pilar concluye que la historia se repite y de nuevo en nuestros días sufrimos las mismas inquietudes que en aquella época, y también la misma necesidad de seguir luchando; a propósito de los temas renuentes a través del tiempo, Eugenio recuerda que Cortázar comenta que no es que los autores se influyan unos a otros con los años, sino que existen correspondencias entre ellos que superan la distancia, a lo que Isabel añade que es el poder de la palabra.

Mercedes ha leído la introducción y algunos versos de Epipsychidion, en versión de Rafael Lobarte editada por Visor, y lee un texto sobre su lectura. Recuerda que tras el escándalo desatado por su liberlo a favor del ateísmo marchó a Edimburgo con Harriet, con quien contrajo un matrimonio que fue muy desgraciado debido sobre todo a la promiscuidad de Shelley, y que terminó con el suicidio de ella. De su relación con la hija de Godwin y Mary Wollstonecraft, Mary, destaca la influencia que sobre el autor ejerció el pensamiento libertario del primero, y que viajaron a Italia (por Roma, Pisa, Florencia…), hasta que tuvo lugar el naufragio en el que perdió la vida. Mercedes señala que Keats definió a Shelley como “siempre jadeante, siempre joven”, y que este vitalismo y su generosidad caracterizan su personalidad y su estilo, junto a la propensión a la melancolía que padecía (señala que son rasgos del romanticismo, cuya primera etapa se extendió entre Blake y Coleridge, frente a una segunda que tiene como exponentes a Byron, el propio Shelley y Keats); también indica la imaginación de que hizo gala el autor, la libertad como una meta que persigue en aquel momento de fuerte censura y el interés que tenía por la temática pagana y, en particular, por Grecia, sin haber llegado a conocerla; interés compartido con Byron y cuya máxima muestra es el poema Epipsychidion, escrito en 1821 en Pisa y publicado anónimo, que fue incluido por Mary en una miscelánea que ésta preparó en 1839. En este poema mezcla Shelley el amor con elementos biográficos, místicos y libertarios; lo llama “exaltada celebración de la poesía” y lo escribe tras conocer a la hija del Gobernador de Pisa, que estaba encerrada en un convento por no haber accedido a contraer el matrimonio de conveniencia que le organizó su padre. Mercedes indica que hay cierto paralelismo entre esta obra y el Tristán e Isolda de Wagner, aunque en el poema de Shelley destacan el sentimiento de un anhelo inalcanzable y el optimismo utópico. Finalmente señala que sus cenizas fueron enterradas en Roma, a lo que añade Consuelo que al Mediterráneo había marchado por culpa de un leve brote de tuberculosis.

Valentín destaca la vida viajera del autor, que en estos desplazamientos compartiera tanto con Byron y que mantuviera con su pensión la vida de tantos y tan importantes personajes (el propio Byron, William Godwin, Mary Shelley…). Subraya la importancia de su expulsión de Oxford a causa del panfleto La necesidad del ateísmo, a lo que indica Pilar que tras haber perdido la ocasión de cursar estudios universitarios, se puede considerar a Shelley como un autodidacta; y también destaca Valentín que esta expulsión le acarreó una serie de problemas con su padre que terminaron en la total ruptura. De la reunión en que Mary Shelley y Polidori escribieron sus famosas obras, indica que el autor escribió Los asesinos, que es un relato que no suele incluirse en la bibliografía de su producción literaria; acerca de ésta, Valentín señala que sus tres grandes obras (Los Cenci, Prometeo liberado y Adonais) fueron escritas en Italia, y recuerda que en este país perdió la vida tras naufragar en un paseo en barca, a lo que Lali indica que en la barca iban otros dos y murieron todos. Por último, Valentín lee un poema donde el autor se hace juramento de no volverse cómplice de los mentirosos, de los manipuladores ni de los explotadores.

Lali ha leído la biografía del autor que escribió André Maurois, y fruto de ello ha escrito un texto que lee a continuación. Dice que Shelley fue un excéntrico desde que era pequeño, y que recibió una educación encaminada a domar el ardor de los adolescentes a través de la lectura de Homero y Virgilio, y de Horacio expurgado; a propósito del afán que entre los ingleses educados existía por citar a los clásicos, cuenta la anécdota de una sesión del Parlamento en la que el orador olvida el final de la frase que está citando y el resto de la cámara se pone en pie y la concluye al unísono. Tras la expulsión de Oxford, Shelley se fugó con Harriet a Irlanda, lo que dio lugar a que su padre se enojara tanto con él que no se lo perdonó nunca y no volvieron a verse; más adelante conoció al pensador anarquista William Godwin, que le inspira La reina Mab y se convierte en su suegro; ya emparejado con Mary pasó muchas calamidades, hasta que el abuelo de Percy muere y le lega una renta vitalicia; no obstante, indica Lali, siempre vivieron endeudados. Esta vida en común con los Godwin-Wollstonecraft fue muy ajetreada: Shelley propuso a su antigua mujer Harriet, que estaba atravesando serias dificultades y vivía en la penuria, que se fuera a vivir con ellos, pero ella lo rechazó; también acogieron a Claire, hermana de Mary, y a la hija que aquélla tuvo con Byron, a la cual finalmente el padre ingresó en un convento donde murió con cinco años de edad. Lali también destaca que la concepción, composición y publicación de sus grandes obras tuvo lugar en Italia, y añade que la temática de las mismas gira en torno a mundos imaginarios, la evasión de la realidad y el anhelo de libertad. Concluye afirmando que Shelley es el prototipo -que no exponente- del romanticismo inglés, y advierte que hay diferencias entre esta manifestación local y la que se dio en otras zonas, como Italia, Francia, España o Alemania; Mercedes añade que Byron es más conocido en España que el autor, y Eugenio supone que quizás se deba a que recreó en su Don Juan el mito español por excelencia.

Toñi ha leído Los Cenci en una edición en castellano traducida por Gregorio Cantera y publicada por Áqaba, que incluye tres versiones de la misma historia: una de Dumas, otra de Stendhal y la tercera de Shelley. El argumento gira en torno a la leyenda de una familia compuesta por una pareja y los cinco hijos que él aportó de un primer matrimonio; él es un padre y marido déspota que coge tremendas borracheras y maltrata a todos, pero sus actos no tienen ninguna consecuencia porque es muy generoso con Iglesia y tiene mucha influencia; envía a dos de los hijos varones a estudiar a Salamanca sin darles recursos y al tercero lo prepara para clérigo mientras destina a sus dos hijas a satisfacer sus inconfesables deseos, aunque la mayor, Beatrice, que es la protagonista de la obra, logra que la pequeña ingrese en un convento y así impide que su padre abuse también de ella; finalmente, entre la mujer, el hijo mayor y Beatrice, matan al padre, y como consecuencia de ello la protagonista será ejecutada. Toñi comenta que Shelley conoció la leyenda en que se basa la historia en Roma, donde era muy popular, por medio de un retrato de la tal Beatrice que le llevó hasta el manuscrito del cual extrajo la trama que convirtió en tragedia; añade que en aquella época estaba muy reciente la muerte de su hijo, a lo que puntualiza Eugenio que sólo le sobrevivió uno de los cuatro que tuvo. Concluye Toñi indicando que la versión dramatizada de Shelley le parece la menos cruda de las tres (la más dura es la de Stendhal), que el autor trató de conseguir que una actriz londinense de moda y que le gustaba especialmente, fuera quien hiciera el papel protagonista, y que a ella esta pieza teatral de Shelley le ha gustado mucho.

Para cerrar la sesión, Isabel lee un poema dedicado a Fanny Godwin (indica Lali que esta hermanastra de Mary también vivía con ellos, pero que no se supo muy bien de quién era hija y estaba en la casa como criada) y un fragmento del libro de poemas No despertéis a la serpiente.

 

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Shelley, Percy Bysshe (1792-1822)

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datos biográficos de Percy Shelley en Wikipedia

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Percy Bysshe Shelley, el ideal de poeta romántico / Javier Memba en El Mundo

El Romanticismo español en una traducción inglesa: La Bruja del Atlas de Percy B. Shelley / María Teresa de Miguel Reboles en FUEsp

Materialismo e idealismo en la poética y en el pensamiento político de Percy B. Shelley / Pablo San Martín Varela en SCielo

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Shelley en verso castellano / Ricardo Gullón en Cervantes Virtual

La naturaleza en dos poemas de Shelley / Antonio Blázquez Ortigosa en CSIF

Percy Shelley: ¿el escritor fantasma del Moderno Prometeo? / Louisa Thomas en Opera Mundi

sobre La necesidad del ateísmo / Percy Shelley en Hipótesis

La naturaleza en Alastor, Childe Harold y Endymion / Arsenio Sánchez Calvo en Universitat d’Alacant 

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