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24 de abril de 2013: Daniel Defoe

 

Reunidos: Isabel, Lali, Toñi, Pilar G., María José, Seve, Luis, Josefina, Eugenio, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel lee algunos datos biográficos, empezando por que el autor nació en 1660 y murió en 1731, a lo que Luis puntualiza que el año de nacimiento no está muy claro, y que oscila entre 1659 y 1661. Isabel dice que Defoe fue muy prolífico, dejando más de quinientos títulos en su haber; fue hijo de un comerciante y hacia 1700 antepuso a su apellido la partícula “De”, dándole un toque aristocrático. Sus primeros pasos los dedicó al comercio textil, actividad que le procuró una experiencia muy variada, ya que viajó mucho y conoció diversos países; como enemigo declarado del monarca católico Jacobo II, participó en la fracasada sublevación de Monmouth, y más adelante, ya con Guillermo III en el trono, trabajó para el Gobierno, con su Ensayo sobre los proyectos, o sobre la Educación de las mujeres, y más concretamente con el poema satírico El verdadero inglés, dirigido contra aquellos que recelaban del monarca de la casa Orange-Nassau por su origen holandés (Mercedes indica que en este poema hay una crítica explícita de la iglesia anglicana); también menciona Isabel el libelo El medio más eficaz contra los disidentes, donde Defoe, en tono irónico, enumera las medidas a tomar contra quienes, como él, no comulgaban con el poder anglicano, en una reivindicación de tolerancia religiosa que, una vez descubierta su autoría, le valió la condena por difamación y una visita a la cárcel, de donde terminó sacándole el político Robert Harley a cambio de que ejerciera su retórica con fines propagandísticos a favor de su partido. Así inicia Defoe su carrera en el periodismo, desarrollada principalmente entre 1704 y 1713, mediante la composición de artículos y de una revista llamada The Review, donde emitía su opinión favorable a la política gubernamental, y la cual, comenta Luis, le fue posible mantener gracias al apoyo financiero de un mecenas; también al servicio del gobierno de entonces, cuenta Isabel que el autor emprendió campaña en favor de la unión con Escocia (estando en el trono la Reina Ana, subraya Luis). Isabel destaca que Defoe siempre estuvo perseguido por acreedores, y que agobiado por las deudas no le quedó otra que vender al mejor postor su talento literario; pero ya cumplidos los sesenta años de edad, comenzó a componer la obra que lo ha inmortalizado: de 1719 data la publicación de Robinson Crusoe, convertido con el tiempo en un gran clásico de la Literatura Juvenil; y entre otras muchas novelas destaca Moll Flanders, cuyo estudio de la naturaleza humana, de la motivación de los actos y de la repercusión de la pobreza en la vida de sus protagonistas la convierte, a juicio de muchos, en su mejor obra; y acerca del Diario del año de la peste, Isabel indica que en ella el autor manejó datos fidedignos, y Luis apunta que en ésta consolidó su espíritu periodístico y Lali apostilla que puede leerse como el diario de alguien que ha vivido una experiencia de ese calibre. Volviendo a su obra más conocida, Isabel enumera varias versiones cinematográficas de Robinson Crusoe, destacando la dirigida por Luis Buñuel en 1954, otra más reciente protagonizada por Pierce Brosnan y una serie de televisión realizada en 2008; en total, comenta, hasta trece películas, sin contar las de animación; Valentín indica que el Náufrago del actor Tom Hanks podría considerarse una especie de Robinson, y Mercedes dice que podría serlo aunque “ambientado en la actualidad”. Sobre su lectura de Robinson Crusoe, Isabel comenta que es un libro muy entretenido y que le ha gustado, a lo que Valentín recuerda que está en todas nuestras casas, junto a otros clásicos como La cabaña del tío Tom; añade Luis La isla del tesoro y Mercedes y Pilar nombran títulos de Jules Verne.

Pilar G. deduce de los datos biográficos que ha recogido de Internet que Defoe era un tanto vividor, y le ha llamado la atención que tuviera siete u ocho hijos. Acerca de su obra, destaca la novela histórica Memorias de un caballero, de 1720, donde el autor relata una serie de aventuras enmarcadas en la Guerra de los Treinta Años y las guerras civiles inglesas; Pilar G. se pregunta el alcance de estos enfrentamientos, en comparación con la Guerra Civil Española, a lo que Luis responde que sobre la Guerra Civil Española se han escrito muchos más libros que sobre cualquier otro conflicto bélico de la Historia, llegando a manejarse cifras desorbitadas como la que muestra Ricardo de la Cierva en una bibliografía hecha al respecto, donde asegura que existían doscientos mil títulos, cantidad que a Luis le parece algo exagerada; Lali opina al respecto que quizá en otras épocas no pudieron conservarse tantos testimonios, o no hubo personas con capacidad para trasladarlos al papel, y Pilar G. concluye suponiendo que, por alcance del desastre humanitario no sería, dado que una guerra que dura tres décadas tiene que ser por fuerza mucho más devastadora.

María José ha leído Moll Flanders y le ha encantado; ya había visto la película, pero dice que no tiene nada que ver la novela. Fue escrita entre 1721 y 1722 y se la ha relacionado con la novela picaresca española, de lo que María José deduce que el autor pudo trabar conocimiento con el género durante su estancia en España por negocios. María José lee el largo título original completo, donde se esboza todo el argumento, y comenta que todos los datos que maneja Defoe provienen de la vida de dos mujeres, que existieron realmente y habrían terminado siendo deportadas a las colonias, y que este género de las biografías de criminales fue muy común en la época, cuando las confesiones o últimos testimonios de los delincuentes condenados a muerte, se publicaban al día siguiente de la ejecución, convertidos en relatos que el público devoraba con avidez (señala Pilar que aquellos textos debían despertar el morbo de la gente). María José indica que a lo largo de la novela hay descripciones pormenorizadas del sistema legal que enmarca los hechos (el Bloody Code o Código Sangriento) según el cual se castigaba con la horca el simple robo de un chelín; Luis añade que estas penas dependían de la clase social a la que perteneciera el infractor, y Pilar subraya que esas diferencias clasistas perduran hoy en día, pues a cada cual la Justicia le puede tratar y condenar en función de su abogado. María José destaca a Defoe como uno de los inventores de la novela moderna, y sobre su lectura dice que ha sido muy entretenida, y que hay momentos para la risa y también para sufrir con la protagonista; Lali dice que a ella le ha encantado el prólogo que escribió el autor para esta novela, donde advierte que la vida del personaje no es modélica y que no debe ser imitada por los lectores; Isabel resalta que en el mismo año en que publicó Moll Flanders, Defoe escribió otras cuatro novelas más, y añade que a ésta se la relaciona con la posterior Roxana. Por último, María José sólo señala una pega a la novela, y es que los hijos que la protagonista va teniendo, terminan desapareciendo sin que se sepa nada más de ellos; Pilar añade que por estos descuidos recibió muchas críticas.

Seve ha leído Coronel Jack y le ha resultado una lectura muy entretenida, sencillo y fácil de leer. La define como una historia de rateros (diferenciando que no son ladrones, ya que comenten robos a pequeña escala) donde el protagonista, alguien no muy culto pero sí avispado, termina haciendo dinero; y cuenta la anécdota de un compañero del protagonista que visitaba la Bolsa para robar pagarés que después vendía a los firmantes por menos dinero de su valor, “y así todos contentos”. Finalmente, Seve indica que esta novela la escribió Defoe después de Moll Flanders.

Luis dice que la mejor obra de Defoe es Moll Flanders, y que es una novela muy divertida. Sobre el autor comenta que fue algo sinvergüenza, que hizo mucho dinero, sobre todo cuando estuvo negociando la unión con Escocia, pero que se lo gastaba pronto (Lali se pregunta por el mantenimiento de su mucha descendencia); dice que se significó al decantarse contra los jacobitas y los Hannover -en tiempos de la Reina Ana, quien reinaba cuando España salió tan desfavorecida por el Tratado de Utrecht y la pérdida de Gilbraltar-, desde su tribuna pública en The Review, a cuyo cierre se embarcó en otra (señala Mercedes que ésta financiada por un amigo). Luis resalta que el estilo de Defoe no es literario sino periodístico, y pone como ejemplos del mismo los de Tom Wolfe o Arturo Pérez-Reverte, oponiendo a éstos los de Javier Marías y Antonio Muñoz Molina, que define como plúmbeos, a través de los cuales la lectura sirve de aprendizaje sin que el lector sea consciente; añade también que Defoe narra de forma muy literal, con un realismo muy fluido y bien construido, pero insiste que de escasa calidad literaria. Lali se pregunta si el autor tuvo una cultura modesta, a lo que Luis responde que fue un hombre muy instruido y Pilar indica que sus conocimientos pudieron derivarse de su ingente actividad política. Acerca de ésta dice Luis que trabajó indistintamente para los dos partidos de la época, tories y whigs, y que a ambos engañó de igual manera. Concluye subrayando que Defoe es un autor a tener en cuenta en la historia de la literatura, aunque no fue un innovador; y que en política se ofreció al mejor postor, contando con la ventaja de haber manejado mucha información.

Josefina ha leído Coronel Jack y no le ha gustado mucho el estilo porque le parece de principiante; dice que la forma de escribir de Defoe no le ha llenado, y pone como ejemplo cuando crea alguna espectativa de la que anuncia que más adelante hablará y, cuando llega el momento, lo hace con demasiada brevedad. Le ha gustado la historia, y nos hace un resumen: nacido de una pareja bien situada, al protagonista lo dieron en adopción a un aya, que a su vez tenía a otros dos niños a su cargo, también llamados Jack, y que al morir les deja en la calle; sus hermanos se dan al robo pero él se niega, hasta que no le queda más remedio y entonces conoce a un maestro que le trata bien y le instruye en el oficio, hasta que lo cogen y ajustician, lo que obliga al protagonista a volver con uno de sus hermanos y ambos huyen de Londres, pero alguien les engaña y los vende como esclavos camino de Virginia, donde el protagonista, movido por la ambición, termina aprendiendo cuatro idiomas y se enriquece, hasta que se cruza con una mujer que empieza a gastarse su fortuna y hasta allí ha llegado, pues a Josefina le faltan aún unas cuantas páginas para concluir. Mercedes pregunta si esta obra tiene tintes autobiográfico, a lo que Josefina responde que no; y María José indica que los desheredados a quienes conoció durante sus estancias en la cárcel le contaban sus vidas y de ahí pudo Defoe tomar caldo para sus historias. A Josefina le resulta muy curioso cuánto escribió Defoe y en tan poco tiempo, amén de panfletos, revistas y otros textos; se plantea que quizá escribiera por necesidad, porque fue muy trabajador o porque tenía mucha afición a la escritura, y supone que no debía de encontrar tiempo para dormir; Mercedes se plantea si en el futuro no existirá alguna duda sobre la autoría de sus novelas, a lo que añade Josefina que parece ser que alguien le ayudó a escribir, una especie de secretario, y entonces se forma un debate donde se recuerdan las escuelas de ayudantes en actividades artísticas, sobre todo en pintura, donde señala Isabel que el maestro ponía la firma a los cuadros realizados por sus alumnos; extendiéndonos a otros ámbitos, Pilar menciona las tesis de catedráticos de universidad que fueron realizadas por sus alumnos. No obstante, añade Luis, autores más prolíficos que Defoe han existido, y nombra a Balzac, señalando que la fecundidad literaria depende mucho de las costumbres de trabajo de los autores: los hay que no dejan de corregir sus textos y los hay que con una primera redacción se conforman. Por último, indica Josefina que casualmente hoy, 24 de abril, es el aniversario de la muerte de Defoe.

Eugenio destaca que el autor no admitió el calificativo de “novelas” para sus obras literarias, al considerar que este término portaba una carga de ficción que rechazaba: Defoe reclamaba el apelativo de “historias” para ellas, y no cejaba de garantizar su veracidad. Eugenio ha leído un artículo de Virginia Woolf (editado en castellano por Lumen en El lector común) donde ésta subraya que por muy mundanos que fueran los temas y su tratamiento por parte del autor, en Defoe no encontramos banalidades; y acerca de las críticas que sobre su literatura se han vertido, respecto a la ausencia de análisis psicológico en los personajes -y que Eugenio resalta leyendo un fragmento del artículo del Diccionario Bompiani donde se habla de “evidentes incongruencias psicológicas”-, también se remite a Woolf, quien afirma que los personajes de Defoe no son simples, sino que nos son desconocidos salvo por sus actos y sus palabras, lo que a Eugenio le recordó algunos relatos de Faulkner donde es imposible conocer las intenciones de los personajes, cifradas bajo un estilo objetivo del que dice Luis que obliga al lector a no despistarse un sólo instante para no perder el hilo; Eugenio señala que a su juicio a Defoe no le falta capacidad de análisis psicológico, pues sin ella no le habría sido posible llevar a cabo su actividad pública, sino que más bien la ausencia de psicología en sus obras es consecuencia de la finalidad práctica que desea otorgarles, y en la cual toda subjetividad podría interferir. Volviendo a Virginia Woolf, ésta compara a Defoe con Homero, pues ella creció escuchando las aventuras de Robinson como piensa que debieron creer los niños griegos escuchando las de Ulises; también menciona Eugenio una cita de Educación de las mujeres donde el autor achaca la supuesta inferioridad intelectual femenina a la negación de oportunidades educativas, resalta que el articulista del Diccionario Bompiani niega la paternidad de la novela inglesa a Defoe -en concreto su calidad de “fundados de la gran tradición de la novela inglesa”- y se la otorga a Henry Fielding, y recuerda las múltiples secuelas del Robinson Crusoe que han surgido en otros países y culturas.

Pilar considera que el libelo El medio más eficaz contra los disidentes es un claro ejemplo del activismo político de Defoe, y respecto a su compromiso con la tolerancia también destaca que en su obra Capitán Singleton esboza una historia de amor homosexual entre hombres. Recuerda además que el autor fue condenado a padecer la picota, como consecuencia de un poema que escribió hacia esta forma de escarnio público, su célebre Himno a la picota, y durante el cumplimiento de la condena el público le lanzó flores y brindó a su salud. De la negociación que llevó a cabo en Escocia para lograr su adhesión política, deduce Pilar que Defoe fue un hombre ingenioso, astuto y persuasivo, ya que aprovechó el dolor generado por el conflicto para objetivar motivos en contra de la Unión y después exponer sus argumentación a favor, logrando convencer a sus interlocutores; también destaca las impresiones sobre comercio y población que vertió en su Viaje a través de la isla de Gran Bretaña, y resalta su defensa de la igualdad de género al haber afirmado que las supuestas diferencias intelectuales entre hombres y mujeres se deben a una distinción educativa, siendo de las primeras voces masculinas que se manifiestan públicamente a favor de la Coeducación.

Mercedes ha leído Diario del año de la peste y cuenta que Defoe, a raíz de su experiencia durante la epidemia de 1720, ideó un diario sobre el brote de 1665, que tuvo lugar siendo él todavía niño y fue más trágico y devastador; impulsado por la verosimilitud, creó un narrador en tercera persona como autor del diario, compuesto por datos estadísticos, estudio de la situación y crónica de los acontecimientos; resume Mercedes diciendo que al principio las autoridades pretenden ocultar el asunto para no alarmar a la población, ya que el brote se ha iniciado extramuros de Londres; pero finalmente el contagio se extiende por toda la ciudad y surge el caos. Destaca la división administrativa por parroquias, que sirve a las autoridades para concentrar sus medidas, y la organización a nivel de prevención y paliativos, a través de ordenanzas municipales, todo ello puntillosamente expuesto por el narrador, quien va aportando datos y describiendo las evoluciones de los oficios más movilizados: regidores, inspectores, cirujanos, etc.; surgen historias particulares, propiciadas por la clausura de las casas, y los riesgos y contagio de aquellos que supuestamente sanos, salen de los edificios en busca de víveres (entre éstas resalta la historia de un barquero que día a día lleva provisiones a todos los rincones a los que puede acceder a través del río, mediante el cual evita infectarse). También subraya Mercedes la superstición popular, y las manifestaciones de terror de la población, que Defoe a su juicio detalla muy bien; pero critica, al igual que Josefina, las historias que el autor deja para después y luego no trata al nivel de la espectación despertada. Como colofón, Isabel lee un fragmento donde se expone, minuciosamente salpicado de cifras, un análisis de la situación bajo la óptica del sentido común; Eugenio indica que este texto le recuerda a la parte de la novela de Bolaño 2666, que ocupa la mitad del volumen, donde se habla de la escalada de asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, enumerando uno por uno tantísimos casos, y de forma más o menos detallada en circunstancias y vivencias, que resulta abrumador pero consigue acercar al lector a la verdadera magnitud de los hechos, que en las simples cifras globales terminarían difuminando.

Lali inicia su intervención recordando que ayer 23 de abril, Día Internacional del Libro, hubo un mercadillo de trueque en la Biblioteca Municipal de Móstoles donde se cambiaron libros por alimentos; a continuación lee el texto biográfico sobre el autor que aparece en el Diccionario Garzanti. Destaca que Defoe recibiera una educación desordenada y que emprendiera diversas empresas comerciales sin éxito; en 1700 se afincó en Londres, donde comenzó su carrera como periodista, compaginada con la confección de libelos y alguna que otra labor de espionaje. Se le considera el fundador del periodismo moderno gracias a The Review, así como un novelista de renombre, principalmente por su Robinson Crusoe, que obtuvo un gran éxito inmediatamente después de su publicación (lo que propició que enseguida escribiera una segunda parte, de inferior calidad), y cuyo protagonista homónimo se convirtió en el héroe de la incipiente clase media británica, lectura obligada en años venideros junto a la Biblia. Lali indica que Defoe no siguió ningún modelo literario, sino que se inspiró en su rica experiencia vital; así, sus héroes y heroínas son fruto de la lucha por la vida, iluminados por la fe en sus propias fuerzas y el sentido común; didáctico, moral y de firme convicción democrática, el autor, avalado por su agudo sentido de la observación y una cada vez más común religiosidad práctica, se erigió en portavoz de su clase social, que no tardaría en dar al país una prosperidad sin precedentes. Respecto a la relación de Robinson con el indígena Viernes, Lali señala que se lo ha considerado una alegoría del colonialismo británico, y Eugenio recuerda la figura de Calibán en la obra de Shakespeare La tempestad; y a propósito de Moll Flanders, Lali indica que se la considera primera novela costumbrista de la narrativa inglesa, cuya protagonista anhela ser una dama y relaciona el logro de esta aspiración con el sencillo hecho de “aprender un oficio”; al hilo se vuelve a mencionar la picaresca española, a lo que Eugenio invoca como modelo concreto la Pícara Justina -que recuerda Luis que es obra de López de Úbeda-, y María José propone las obras de Solórzano, generándose un breve debate que termina cuando se nombra un caso de ferviente actualidad: Olvido Hormigos.

Toñi ha leído el Robinson “a secas”; habiendo visto alguna versión cinematográfica, y ha comparado éstas para averiguar cuál es más fiel al original, buscando los elementos que ella más recordaba, como el coco, el loro o el perro. Comenta que el protagonista, que sufre varios naufragios al comienzo del relato, termina apareciendo en una isla desierta y se ve obligado a construirse él mismo todo aquello que necesita para subsistir, desde velas a queso; al final, hasta una residencia de verano. Le ha parecido un buen modelo de aquello de que “el hambre agudiza el ingenio” (por otro lado, se pregunta por qué Robinson, siendo un hombre tan inteligente, no se dedicó a construir una barca para abandonar la isla). Siguiendo el argumento, Toñi nos cuenta la aparición de huellas de seres humanos que terminan siendo caníbales y la llegada de Viernes, convertido en sirviente de Robinson; hasta que ambos son rescatados y van hacia Burdeos donde el protagonista dejó ciertos negocios: este viaje lo realizan por tierra porque Robinson no quiere más barcos, y así atraviesan España y tienen que enfrentarse con un oso en los Pirineos (Luis indica que esto pertenece a la continuación que Defoe escribió ante el éxito del libro original).

Para cerrar la sesión, Isabel lee en voz alta algunas frases del autor recogidas de Internet.

 

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Daniel Defoe (1661?-1731)

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EL AUTOR

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