Archivo de la etiqueta: KHADRA

23 de mayo de 2012: YASMINA KHADRA

 

Reunidos: Isabel, Laly, Toñi, Maite, María José, Luis, Eugenio, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel lee algunos datos biográficos extraídos de la Wikipedia: el autor fue hijo de un enfermero oficial del Ejército francés en Argelia, donde él también sirvió y a cuyas órdenes combatió en la Guerra Civil de la colonia; en 1973 escribió su primera novela, que no sería publicada hasta once años después, y el éxito le alcanzó tras publicar, bajo seudónimo femenino (con los nombres de su mujer (señala Pilar que Yasmina Khadra significa “Jardín verde”), Morituri, que logró gran eco internacional y provocó un escándalo cuando se supo que no era obra de una mujer argelina, sino de un oficial del Ejército francés; en su defensa, el autor escribió poco después La impostura de las palabras. Finalmente, Isabel indica que el autor es también polémico por haber elegido el francés como idioma de sus textos, lo que él excusa asegurando que de niño su profesor de árabe le acusaba de hacer mal uso de esta lengua.

Laly ha leído, en francés, Lo que el día debe a la noche, y ha compuesto un texto a propósito de su lectura donde señala que la novela trata de un chico, Jonás, que por la miseria en que nace es enviado por sus padres a vivir con sus tíos, que regentan una farmacia en Orán; allí traba amistad con chicos europeos, con quienes mantiene una relación propia de sus edades hasta que estalla la Guerra Civil y les enfrenta; los europeos han de huir de la localidad y sólo años después se produce un reencuentro teñido de nostalgias. En la novela señala Laly una historia de amor que le ha resultado el típico amorío de novela rosa, que para ella sobraba embutido en un tema más serio que resume en un fragmento de conversación entre el protagonista y un terrateniente francés, después de la guerra: el terrateniente, nieto de colonos, reivindica la tierra que sus antepasados han trabajado y hecho fértil y provechosa, a lo que Jonás opone que antes de que llegaran los colonos, el pueblo nativo al que él pertenece vivía seguro y feliz con lo que tenía; subraya Pilar (quien también ha leído este libro) que en esta conversación se encuentra la esencia de la novela, y que es realmente complicado decantar la razón por alguno de los dos contertulios; al respecto, comenta Toñi que los colonos pondrían la iniciativa y el afán de progreso, pero que los indígenas pusieron la fuerza de su trabajo. A continuación, Laly lee un texto donde evoca su propia experiencia en Casablanca: comenta que ninguna emigración se puede olvidar y recuerda un atentado que se produjo en aquella época; señala que Marruecos fue abandonado por Francia sin mediar un conflicto de la magnitud del que se produjo en Argelia, y para ilustrar las diferencias entre estos dos países menciona la economía de pequeñas granjas de explotación familiar que predomina en Argelia, similar a la del levante español, y la cual se hace notar al final de la novela, cuando colonos con pequeñas propiedades pagan los abusos comentidos por los terratenientes. María José recuerda la llegada al poder de los islamistas allá por los años noventa, y al hilo indica Luis que en vísperas de la Guerra Civil hubo encuestas sobre las elecciones que daban por vencedores a los islamistas, y que a raíz de esto se dijo que algunos atentados que habían precedido al conflicto fueron responsabilidad de grupos paramilitares, cuya intención fue desestabilizar el país. Finalmente, Laly comenta que el autor le ha gustado, pero que le ha parecido un poco tendencioso, pues defiende lo suyo a ultranza.

Toñi ha leído El atentado, que trata de un médico de Tel-Avi que tras un atentado descubre que éste ha sido provocado por su propia mujer; a raíz de ello, el protagonista, que no se puede explicarse lo ocurrido, vuelve a Jerusalén para intentar averiguar los motivos que impulsaron a su mujer a inmolarse y, una vez que se entera de que ella vivía bien pero no podía ignorar que su pueblo sufría, se pregunta por qué su mujer no le confió esta inquietud; al final se produce un nuevo atentado, que Toñi considera que es el mismo que al comienzo, la misma explosión y el mismo llanto infantil: el comienzo del libro es en realidad el final, concluye Toñi, quien finalmente destaca la relación que tiene el médico con una enfermera que fue su compañera de estudios y le sirve de apoyo para superar su tragedia.

Maite también ha leído El atentado, que dice que pertenece a una trilogía que se completa con Las golondrinas de Kabul y Las sirenas de Bagdad, que tratan el mismo tema pero en diferentes lugares; describe el fanatismo que se apodera de una persona hasta llevarla al terrorismo suicida, y también su entorno. En El atentado, el protagonista regresa a sus raíces -Jerusalén- para saber qué ha ocurrido; tiene una idea muy concreta del progreso dentro de la escala social, pues él es de origen humilde y aún así ha logrado ser médico, trabajar en un gran hospital y vivir en una zona residencial de la capital -por otro lado, considera que ha hecho feliz a su mujer, a quien ha dado todo cuanto considera que puede desear-; cuando se produce el atentado, él cree que ella se encuentra en Belén con su abuela, y tras el mismo sólo recibe la ayuda de la enfermera (que mencionó Toñi), pues sus compañeros le desplazan; él piensa que un primo influyó en su mujer, y cree que entre ambos había una relación amorosa: esa especie de celos (comenta Maite que no son exactamente celos, porque lo que al médico angustia es lo que pudo él haber hecho mal) llegan a amargarle más que la propia muerte de ella –Toñi indica que su rabia viene producida por cierto complejo de inferioridad-; hasta el final de la novela no se aclara la relación que unía a la mujer con el primo, y cuando en el pueblo le convencen de que eran motivos políticos, se serena y comienza a evocar sus raíces, hasta que otro familiar provoca un nuevo atentado y la policía, como represalia, destruye la casa. Isabel indica que la novela narra la lucha política e indaga las causas del terrorismo, aunque Maite subraya que el protagonista no se interesa en ningún momento por lo que está ocurriendo, y que lo único que muestra es la presencia del fanatismo como motivo principal que empuja a las personas a cometer atentados suicidas; comenta Eugenio que el protagonista también es una especie de fanático por el éxito económico en la vida, ya que esto le impidió percibir las preocupaciones de su mujer por lo que está viviendo su pueblo. Luis indica que nada de cuanto es humano nos puede resultar ajeno, y pone como ejemplo cuando alguien se lleva las manos a la cabeza ante una atrocidad y la califica de “inhumana”: dice Luis que, en efecto, es una atrocidad, pero no hay que olvidar que fue cometida por seres humanos. Por último, Pilar recuerda la respuesta sangrienta de Estados Unidos tras los atentados del Once de Septiembre.

María José ha leído La parte del muerto, que es una novela policíaca con todos sus ingredientes: una mujer fatal, un policía bueno, un asesino en serie, un enamoramiento del policía por la mujer fatal, quien a su vez es amante de un jefecillo ambicioso, y un comisario que cree ciegamente en su subordinado. La trama se teje en torno a una conspiración hacia el jefecillo, y el texto denuncia la corrupción de los cabecillas de la independencia argelina, que María José compara con los caciques españoles tras nuestra Guerra Civil. Respecto al estilo narrativo, señala María José que se lee fluido.

Luis dice que Khadra es básicamente un autor de novela negra que, por requerimiento de sus editores y bajo fines comerciales, escribe novelas de temas candentes, lo que no parece gustarle mucho ya que en ocasiones toca cuestiones demasiado polémicas que a él mismo implican, por su pasado en el Ejército: dice Luis que a veces le han preguntado sobre su participación en los montajes paramilitares que mencionó más arriba. Comenta que es una literatura sencilla, sin giros lingüísticos ni triquiñuelas de ningún tipo, y habla de la Semana Negra de Gijón, que dirige Paco Ignacio Taibo y donde recuerda Pilar que el autor ha estado invitado. Acerca del fanatismo religioso, dice Luis que las propias religiones lo rechazan, pero que son los hombres quienes en su práctica las contaminan; Mercedes indica que el autor asegura que, al denunciar su situación oprimida, las mujeres sacaron a la luz pública las atrocidades del integrismo, y se pregunta si Khadra ha tenido intención de dar a conocer con sus novelas distintos asuntos de actualidad, a lo que Luis responde que en su opinión sólo hay interés comercial, y finaliza asegurando que no le gusta la novela negra, y que, de leerla, sólo serían clásicos del género, como Chandler o Hammett.

Eugenio comenta que el fanatismo, religioso o del tipo que sea, sólo es capaz de atentar o perjudicar de alguna forma a un colectivo, cuando cuenta con una infraestructura y recursos de los cuales los pueblos supuestamente fanáticos no disponen ni por asomo, que tras ese fanatismo que tanto se denuncia sólo hay una forma de manipular a la gente por parte de minorías que persiguen intereses propios, oligarquías de la misma naturaleza que las que nos gobiernan a nosotros; al respecto, algo que ha evocado cuando Luis comentó las sospechas que se ciernen sobre la actuación del Ejército francés en los supuestos atentados integristas que precedieron a la Guerra de Argelia, dice que en la actualidad hay un caso evidente de manipulación por ambas partes, en Siria, donde la prensa occidental acusa al presidente de estar masacrando a su población, mientras medios de comunicación afines a Rusia hablan de la responsabilidad terrorista de un Al Qaeda organizado por EE UU desde Libia. Acerca de la polémica desatada al darse a conocer quién se escondía tras el seudónimo de Khadra, Eugenio opina que estas situaciones no darían lugar a ningún tipo de polémica si fuéramos conscientes de que las novelas, y la literatura en general, son ficciones cuyo parecido con la realidad es sólo aparente; por el conrario, se encuentra generalizada la creencia de que la novela testimonial, por ejemplo, o la histórica, describen hechos reales que el autor denuncia o sobre los cuales expone su propia tesis.

Pilar ha leído Lo que el día debe a la noche, y reflexionando sobre el título, opina que lo que el día debe a la noche son los sueños no cumplido; Laly, que ha leído el mismo libro, cree que la noche es la guerra y el día sus consecuencias. Dice Pilar que, entre las desgracias de la guerra, se da una historia de amor imposible entre Jonás, el protagonista, musulmán, y una francesa, Emili, a quien él abandona sin dar explicaciones –Laly indica que se había acostado con la madre de ella, y que por eso pensaba que podía haber incesto-; con el tiempo ella muere y él, avisado por un hijo de la difunta, regresa a llevar a su tumba unos pétalos secos que habían metido en un libro en tiempos de su relación. Finalmente, Pilar menciona una escena de despedida en el aeropuerto, que para Laly marca de nostalgia la novela, y el paralelismo que ha encontrado con Doctor Zhivago, ya que, al igual que en la novela de Pasternak, se revive una historia de amor en medio de innumerables desgracias.

Mercedes ha leído Morituri, que es el primer título de la Trilogía de Argel, el primero que escribió bajo seudónimo y el más importante. Se desarrolla en la época del integrismo incipiente, que a Mercedes le ha recordado cuando en España estaba ETA en plena actividad; el protagonista trata de averiguar una trama político-financiera, lo que le provocará amenazas de muerte y costará la vida a su hija; tiene muchos personajes, lo que en algún momento produce cierta confusión. A Mercedes no le gustado; considera que exige conocer determinadas circunstancias previamente y, por otro lado, como novela policíaca le ha parecido algo simple.

Valentín ha tomado varios datos de Internet, por ejemplo que Alianza Editorial publicó Lo que sueñan los lobos sin saber que Yasmina Khadra era un hombre. El autor no está arrepentido de su pasado militar, aunque confiesa no haberlo superado; también afirma que las crisis políticas se producen por el desconocimiento de los colectivos que no saben disociar los gobiernos y sus pueblos. Sobre la Guerra Civil argelina, Valentín ha encontrado una cifra de víctimas mortales, doscientas mil, y recuerda la famosa fotografía de un bebé; preguntado el autor si la Democracia es la solución a los problemas de los países árabes, responde que existen muchos conflictos de intereses, y que todos los pueblos deberían unirse para hacerles frente; y acerca de la caída en el terrorismo de muchos jóvenes normales, señala que la participación en actos terroristas no indica tanto una patología en la persona como una consecuencia sobre ella de la opresión y la frustración que genera el sistema. También hace Khadra referencia al doble rasero empleado por Occidente a la hora de juzgar a los países árabes, sobre todo cuando utiliza las propias convenciones culturales para establecer lo que después considera “valores universales”. Finalmente, respecto a los regímenes corruptos que degeneran la sociedad que los sufre, el autor indica que la labor del Estado es la de proteger a sus ciudadanos, y no la de generar impunidad para sus mandatarios; subraya que esto es caldo de cultivo ideal para el integrismo.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo REUNIONES

Yasmina Khadra (1955-)

 

EL AUTOR

Yasmina Khadra en Wikipedia

Página oficial de Yasmina Khadra (en francés)

Entrevista de Juan Manuel Villalobos a Yasmina Khadra en Letras Libres

Sinfonía argelina / Ignacio Cembrero en El País

Yasmina Khadra e Ingrid Betancourt en El hilo de Ariadna

¿Qué lleva a un hombre a firmar su obra con un seudónimo femenino? en El Correo

 

SU OBRA

Reseña sobre El atentado / Yasmina Khadra en Lugares con encanto y más

Reseña sobre El atentado / Yasmina Khadra en Literaturas

Deja un comentario

Archivado bajo Literatura africana, Literatura magrebí, Novela, Siglo XX