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20 de junio de 2012: MICHEL ONFRAY

Reunidos: Isabel, Toñi, Rosa, María José, Luis, Eugenio, Pilar, Mercedes, Valentín y Laly.

Isabel lee algunos datos biográficos extraídos de Internet, que señalan que Onfray ha escrito más de treinta libros, tiene un proyecto “hedonista ético”, ha creado la Universidad Popular de Caen y sigue la corriente individualista anárquica, bajo influencia del pensamiento cínico y epicúreo. En el Tratado de ateología, el autor confiesa su intención de contribuir a la descristianización de la sociedad occidental; en el ámbito político, se muestra partidario de un socialismo libertario con cierto tinte ecologista, y públicamente ha mostrado su apoyo al activista José Bové. Concluye Isabel indicando que, en una entrevista en vídeo, ha comprobado que el autor se expresa con mucha desenvoltura.

Toñi ha leído algunos textos de Antimanual de filosofía y le ha gustado mucho (lo ha encargado en la librería para tenerlo); el libro consta de varios capítulos organizados de la siguiente manera: reseña sobre el pensador que analiza, una reflexión sobre la filosofía que trató de transmitir y algunos fragmentos de su obra; Toñi señala la comparación que el autor hace entre el ser humano y el chimpancé, un epígrafe acerca de la antropofagia y el relato sobre un preso de Auschwitz a quien la ropa queda grande y tiene que estar sujetándose los pantalones con una mano, lo que provoca que pierda su cuchara y se le caiga encima la sopa, circunstancias que le llevan a implorar a Dios que le provea de una cuerda que usar como cinturón. Luis recuerda las reflexiones del autor en torno a la escuela, donde los alumnos se plantean el motivo por el cual no se  masturban en el patio del colegio ni asesinan al profesor, y añade que la edición en español (a cargo de Taurus) está prologada por José Antonio Marina, pensador católico; señala Mercedes que de vez en cuando ella escucha a Marina por la radio. Por último, evoca Toñi la narración sobre una reproducción de La Gioconda que el abuelo del narrador tenía en el salón, e Isabel indica que le resulta una forma de aprender filosofía muy amena.

Rosa ha visto las entrevistas que colgamos en nuestro blog, y entre los temas que se tratan en ellas destaca las reflexiones acerca del santoral, ideas que tratan de explicar -desde la óptica atea del autor- la vida y obra de los santos, concluyendo que la existencia de estas figuras es más que improbable; señala Luis que de muy pocos hechos sobre los santos y su realidad se tiene constancia histórica, y que tal vez sólo tengamos seguridad en la existencia de Pablo de Tarso, quien por lo demás introdujo en la ideología de la Iglesia una feroz misoginia, producto de su impotencia sexual. (A continuación, haciendo un festivo paréntesis en la sesión, Rosa lee uno de los dos relatos de su mano que se han publicado en la edición impresa que el taller de escritura creativa al que ha acudido este año ha realizado de la obra de sus alumnos; después hace lo propio Laly, quien también participó en el taller.)

María José ha leído el Tratado de ateología, que desde su óptica de creyente le ha gustado mucho. También ha leído ¿Ateos o creyentes?, obra escrita por el autor en colaboración con Paolo Flores D’Arcais -empirista naturalista y existencial- y Gianni Vattimo -cristiano caritativo-, cada uno de los cuales aporta su propia posición a los diálogos que componen el libro, que tratan diversos asuntos filosóficos, políticos, éticos y científicos. María José ha identificado a cada uno de los autores con un elemento de la constitución humana: a Flores D’Arcais lo identifica con el cuerpo, a Onfray, que lo racionaliza todo, con la mente, y finalmente a Vattimo, quien se declara creyente por tradición, lo relaciona con el alma. Indica que el autor muestra constantemente su espíritu crítico, dudando de todo, lo que no siempre genera conclusiones cuando entra en oposición con cuestiones sujetas a la fe. María José concluye que, en su opinión, es más sencillo ser ateo que creyente, pues en el primer caso te evitas reflexionar sobre la naturaleza de los asuntos que la religión te obliga a dilucidar; esta afirmación genera un encendido debate en el que se termina planteando el carácter histórico, ficticio o metafórico de los hechos narrados en la Biblia.

Luis señala que Onfray no sólo trata sobre religión, desde su punto de vista ateísta, sino que engloba todos los campos de la filosofía, aunque no se le puede considerar un filósofo al uso, con un sistema propio, sino más bien un comunicador del filosofar ajeno. En concreto, el autor ha divulgado dos escuelas del pensamiento antiguo: la cínica y la epicúrea. Respecto a los cínicos, Luis advierte que debemos olvidar la acepción que hoy en día se le da a este adjetivo, según el cual consideramos cínicas a aquellas personas que afirman y defienden argumentos en los cuales no creen; la doctrina cínica de los clásicos se sitúa en el polo opuesto a la hipocresía, pues se basa en la no aceptación de ninguna norma cuyo cumplimiento pueda ocasionar contradicciones con el sentido común; Luis menciona a su fundador, Antístenes, y a su máximo exponente Diógenes, de quien cuenta diversas anécdotas; añade, por último, que los cínicos eran identificados con perros, bien en el sentido de que, para un griego, este animal representa la impudicia que nosotros identificamos con el mono, bien porque se reunían en un gimnasio que llevaba el nombre de “Perro Ágil” (Cinosargo). Por otro lado, la divulgación que hace Onfray del pensamiento de Epicuro recupera la denostada teoría del placer, cuya máxima manifestación, según el filósofo griego, no son el sexual o el culinario, sino la conversación con amigos.

Eugenio ha leído el primer volumen de la Contrahistoria de la Filosofía, subtitulado Las sabidurías de la antigüedad, donde se trata de la época clásica, y en concreto del materialismo original, corriente filosófica que el autor considera maltratada por el idealismo imperante en la cultura cristiana, hasta el punto de que los pensadores que la abrazaron han sido insultados, ignorados y ninguneados en favor de la filosofía de Platón (pone Onfray como ejemplo que se considere “presocráticos” -esto es anteriores a Sócrates y por tanto a Platón– a autores que fueron contemporáneos de ambos), y todo porque la doctrina platónica de las Ideas se ajustaba perfectamente a la teología cristiana y a los intereses de la emergente religión. Para tratar de concebir el efecto nocivo que a su juicio ha provocado el idealismo en el pensamiento occidental, Eugenio pone como ejemplo el mundo de la moda, que establece en la conciencia colectiva un ideal de belleza ante el cual muchas personas se sienten intimidadas, desplazadas y frustradas.

Pilar ha visto un documental que revive una jornada completa en Caen, lugar donde el autor ha fundado una Universidad Popular, de participación libre y gratuita; Pilar explica que Caen es un complejo abierto levantado con lonas sobre un espacio cedido por el Ayuntamiento, y que en la jornada que ha sido inmortalizada en la grabación, Onfray está preparando una lectura sobre el Marqués de Sade; también señala que el autor da clases de cocina, pues es un gran aficionado a la gastronomía, pasión que le viene de la importancia que le otorga a la alimentación derivada de ser hijo de un agricultor. Pilar cuenta que Onfray no está casado, pero tiene pareja desde hace treinta años, y no tiene hijos por decisión propia; el autor afirma que murió a los diez años de edad, cuando fue recluido en un internado durante cuatro, y que es rebelde por convicción, tras contemplar la resignación con que su padre soportaba el ser explotado en su trabajo. Respecto a su Tratado de ateología señala Pilar, a quien la lectura le ha resultado muy didáctica -lo que corrobora señalando que tiene más de veinte páginas de bibliografía-, un fragmento en el cual Onfray afirma que ningún mandatario de ninguna iglesia monoteísta da ejemplo con sus propios actos de la doctrina que esgrime como única verdadera. Finalmente, subraya la manipulación sistemática a la que han sido sometidos todos los libros que se consideran sagrados, y recuerda la historia de Hypatia de Alejandría, recientemente llevada al cine por Alejandro Amenábar en Ágora, filósofa griega que fue perseguida en la época de auge del cristianismo, cuando se destruyeron miles de libros que discutían, se oponían o simplemente ignoraban la nueva religión.

Mercedes ha leído El sueño de Eichmann, que trata de un nazi que deportó judíos a campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial; la obra está escrita en forma de diálogo en el cual Eichmann conversa con Kant ante la presencia de Nietzsche, que es un mero espectador que se limita a apostillar irónicos comentarios (Eugenio cree que introduciendo la figura de Nietzsche, el autor trata de desmarcar su filosofía nihilista del nazismo, con el cual se ha estado relacionando durante todo el siglo XX). Eichmann existió realmente, y la ficción de Onfray está basado en las declaraciones que hizo durante el juicio, donde justificó la matanza de judíos por conveniencia con la Ley que regía, postura propia que según el acusado estaba acorde con los postulados de la Doctrina del Derecho de Kant (en esta obra, el filósofo de Königsber afirma que la vida de un hijo ilegítimo, nacido de una unión ilegal, no se encuentra protegida por una ley de la que se haya al margen). Mercedes cuenta que Eichmann se refugió en Argentina, donde dijo marcharse huyendo de la venganza, no de la Justicia; como muchos dirigentes nazis, al país sudamericano llegó, según explica, gracias a la ayuda prestada por el Vaticano.

Valentín ha encontrado en Internet varios textos firmados por Onfray y también sobre su figura, y destaca una entrevista en la cual el autor es preguntado sobre su visión de las religiones y la esencia de la duda que le hace considerarse ateo: responde que él creería en la posibilidad de la existencia de un dios, según el mismo principio por el cual creería en la posibilidad de existencia de extraterrestres o de unicornios; señala también que Onfray se ha pronunciado contra la Semana Santa sevillana, criticando que cada año se siga festejando de ese modo un asesinato. Valentín ha encontrado una reseña retractora sobre el libro que el autor publicó en torno a la vida y obra de Freud, donde se asegura que Onfray está muy desinformado respecto al psicólogo alemán. Finalmente, a propósito de las afirmaciones del autor sobre la falta de rigor histórico de la figura de Jesús de Nazaret, que Valentín considera no exactas y menciona para corroborarlo las cartas escritas por Poncio Pilatos donde se le nombra, Luis añade que la existencia real de Jesucristo no está reflejada en ningún documento, salvo en aquellos que pueden considerarse dogmáticos y por tanto no científicos.

Laly ha picoteado un poco del libro sobre Freud, El crepúsculo de un ídolo, e indica que la ilustración de la cubierta de la edición en español de Santillana, es muy significativa de su contenido: un frágil castillo de naipes frente a la foto del psicólogo; el autor denuncia que Freud plagió algunas ideas de Nietzsche, amén de haber sido oportunista y estar trastornado por el sexo. Luis señala que el autor  trata de desmistificar al padre del psicoanálisis, y al hilo comenta que su discípulo Adler lo superó en la aplicación de esta doctrina terapéutica de tan hondo calado en el siglo pasado. Laly comenta que muchas de las conclusiones de Freud, como los celos infantiles o el complejo de Edipo, ya habían sido interpretadas y comprendidas por otros, y concluye que no aportó tanto a la cultura occidental como sostienen sus incondicionales.

Finaliza la sesión Isabel citando un texto de Onfray en el cual éste lanza una dura crítica a aquellos que, en los distintos referéndum que en su día se celebraron en distintos países de la Unión Europea, votaron en contra del Tratado de Maastricht.

 

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