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23 de noviembre de 2011: ÉMILE MICHEL CIORAN

Reunidos: Isabel, Laly, Toñi, Sara, Rosa, Maite, María José, Luis, Eugenio, Pepe, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel abre la sesión leyendo algún fragmento de la biografía del autor editada en Wikipedia, y a continuación comenta otros datos biográficos recogidos en otras fuentes, especialmente en unas entrevistas al propio Cioran; le ha cautivado la relación de cincuenta años que mantuvo con su mujer Simone, el insomnio que sufrían ambos, las otras relaciones con mujeres que tuvo Cioran (a los setenta años se enamoró de una joven que tenía un hijo) y su muerte ahogada en el mar dos años después de morir el autor, un trágico suceso que no se sabe si fue accidente o suicidio. Se comenta la colaboración de Cioran con la Guardia de Hierro de ideología nazi, cuando era joven; Luis indica que además de Cioran, otros intelectuales rumanos tuvieron que ver con aquel grupo fascista: Ionesco, Eliade (comenta Luis que éste no echó una mano al novelista Mihail Sebastian, a quien tal abandono costó la vida); añade Luis que después Cioran marchó a París y a España, de donde le fascinaba Teresa de Jesús y tuvo contacto con Fernando Savater, Eduardo Subirast y Javier Marías, entre otros.

Maite ha leído la antología Adiós a la filosofía y otros textos, en edición de Alianza. No lo ha terminado, pues hubo momentos en que su lectura le resultaba demasiado deprimente; señala que el libro no sigue una trama, es sólo reflexión (comenta una frase de Cioran: “mis libros pueden hacer despertar”). A continuación, Maite cuenta la anécdota según la cual la madre de Cioran le habría confesado que de haber sabido que iba a ser tan infeliz habría abortado: señala Maite que ella ha escuchado en alguna ocasión interrogantes similares (“¿por qué te habré tenido?”) en momentos de acaloramiento en los cuales se puede llegar a renegar de los hijos; Pilar señala que hay que tener en cuenta que la afirmación de la madre deriva de los escritos pesimistas de su hijo, y Luis recuerda el negativismo del autor hacia la existencia. Maite da fe de este pesimismo, y recuerda su cosmopolitismo, su renuncia a una patria y el asco que decía sentir hacia la humanidad; pero también ha encontrado en Cioran signos positivos, como su amor a la música y a la amistad (aunque puntualizaba que se debe de tener cierta desconfíanza hacia los amigos; indica Pilar que esto demuestra su carácter contradictorio); también, añade Maite, escribió muy positivamente sobre el arte culinario. Concluye Maite su intervención declarando que tenía intención de leer un fragmento en la sesión, pero que prefiere no chafarnos el día; y añade: “Menos mal que tuve una buena semana”.

María José ha leído Silogismos de la amargura y ha tomado notas de su lectura; señala conceptos que se repiten (tiempo, historia, arte, solidaridad) e indica que destacaría en la obra de Cioran, la duda como criterio, el desengaño como actitud vital y un método que consideraba el autor adecuado para escribir con autenticidad: el descubrimiento de lo malo, destapando aquello que le avengüenza de sí mismo sin ningún pudor, para tomar conciencia de la totalidad. La obra que ha leído María José se divide en diez bloques, que ella enumera a continuación. Destaca aquellos que hablan de Occidente (a cuya civilización insta a conservar el prestigio mediante la expansión de su pestilencia), la soledad (para disfrutarla, el consejo de Cioran es hacerse odioso a los demás) y la música, cuyo texto, indica María José, goza de un lirismo formidable y cuenta, por ejemplo, que Beethoven jugó con los cambios de humor en sus composiciones e introdujo la cólera en la música; señala Luis al respecto que Cioran fue un gran amante de la música, y por ello amante de la espiritualidad; Isabel indica que fue la afición de su madre a tocar el piano lo que inculcó al autor aquella melomanía. Concluye María José reiterando que es un autor muy negativista, pero al tiempo muy profundo; Sara señala su añoranza de la infancia, que quizá influya en este carácter; Pilar habla de melancolía y Rosa indica que mostraba un ferviente odio hacia todo lo suyo.

Luis dice que Cioran no puede considerarse un filósofo propiamente dicho, pues carece de un sistema filosófico, y lo define como un pensador de la conciencia. Fue apátrida por convicción propia (indica Mercedes que logró que la ONU le otorgara el Estatuto), y aseguraba que era una gran ventaja para su actividad intelectual, que de esta forma tenía origen en tres lugares distintos: en Rumanía, de donde era su infancia, en Francia, donde estaba su lengua, y en España, donde habitaba su alma. Afirma Luis que su carácter contradictorio se muestra en sus lecturas, pues leía tanto al ruso Chestov (existencialista cristiano que sostenía que el conocimiento humano emana de la gracia divina) como a Kierkeegard, así como el Eclesiastés y el Libro de Job (indica Luis que, este último, probablemente por su descripción del Leviatán como acto de destrucción, simbiosis de la creación; al hilo de esto, señala Luis que deriva la comparación como forma de conocimiento, y pone el ejemplo de la infelicidad, de la cual somos conscientes sólo si antes hemos vivido en un estado de dicha excepcional). A continuación indica Luis que a Cioran le atraía mucho España por Toledo y por los místicos, y que durante un tiempo su obra, traducida por Savater, fue muy leída entre la juventud de nuestro país (recuerda Luis una anécdota del famoso programa de televisión Un, Dos, Tres, donde a la pregunta sobre “Filósofos célebres”, un concursante dio por respuesta “Cioran”). Finalmente dice Luis que Cioran fue un pensador muy racional, original y conciso, con una desgarradora energía en su prosa, y que hacía uso de la aporía como elemento filosófico, lo que en cierta forma le convirtió en antirracionalista y provocó sus discrepancias con Sartre.

Eugenio ha leído Paleontología, que es un texto incluido en El aciago demiurgo. El autor habla de una visita a un museo paleontológico, donde la visión de fósiles le hace evocar la permanencia del esqueleto en perjuicio de la carne, efímera, débil y corrupta; en un momento de la obra el autor hace apología de la vida monacal, que concibe idílica en su recogimiento, por posibilitar el empleo del tiempo en labores del intelecto y el aislamiento del mundo. Señala Eugenio que ha encontrado a Cioran muy vitalista, y por ello ha deducido que en su pensamiento diferencia el mundo que aborrece de la vida que adora; indica Eugenio que, dentro de esta contradicción en que vive Cioran, habitan por igual el vitalismo y el pesimismo, como dos caras de una misma moneda. Luis menciona el ingenio fértil del autor, que le permite desarrollar estas aporías, y Pilar comenta que en ocasiones es demasiado retorcido; al hilo se abre un pequeño debate sobre cómo podía ser tan agradable su compañía, teniendo en cuenta los muchos años de relación con su mujer (Isabel señala que era su carácter afable y bondadoso, pues todos los que le conocieron tienen muy buena opinión de él).

Pepe ha leído el Breviario de los vencidos. No ha profundizado mucho en el autor, ni en su biografía ni en su filosofía, y sólo tiene la lectura de este libro; dice que todo cuanto iba leyendo se convertía en sopapos hacia su forma de entender la vida (Pepe comenta que él siempre tiene más en cuenta lo positivo, lo bello, pues lo malo ya lo va encontrando día a día sin buscarlo). A Pepe le ha parecido un autor demasiado atormentado, que menosprecia todos los valores y sólo busca el lado negativo de las cosas; también muy contradictorio, y señala al respecto que en algunos pasajes afirma la inexistencia de Dios para más adelante recurrir a su figura como consuelo. Indica Pepe que no es una obra lineal ni tiene un hilo conductor, pero se centra en la visión de un país en decadencia; entonces lee un fragmento sobre la tragedia de haber nacido en Rumanía, y señala que Cioran carece de sentido de la patria, hecho que sorprende a Pepe quien, pese a haber padecido la miseria de nuestra posguerra, aprendió a valorar la importancia de sentir apego al lugar donde se ha nacido. Finalmente, Pepe lee otro párrafo que versa sobre la condición humana, y al que encuentra un sentido más cercano, pues, señala, “todos en algún momento hemos sufrido una fatalidad”.

Pilar confiesa que ha tenido que reflexionar mucho; que es un personaje muy contradictorio, que siendo hijo de un sacerdote ortodoxo, se hizo agnóstico pero ensalzaba a Dios; a Pilar le parece que Cioran no se encontraba bien integrado en la vida. Señala el hecho de que no admitiera críticas de su mujer sobre sus escritos (lo que a Laly le parece una actitud muy coherente, y a Rosa le recuerda que Juan Ramón Jiménez hacía lo mismo); la impresión que ha causado a Pilar es la de ser una persona inconformista, miedosa, rebelde y triste. Sobre la anécdota de su madre y el aborto, Pilar ha encontrado que el autor aseguró que los hijos que nunca tuvo le debían el favor de no haberlos tenido; Rosa comenta que le parece una actitud egoísta, ya que un hijo suyo perfectamente podría haber sabido disfrutar de la vida. Sobre su obra, Pilar ha leído un texto sobre la timidez donde otorga a ésta un matiz religioso, y otro donde Cioran reflexiona sobre la vida en las grandes ciudades, donde dice que es más difícil ser feliz; señala también Pilar su exaltación de la música y su defensa de la tristeza, cuyos efectos compara, por su utilidad emocional, con los que produce la embriaguez o la fe; por último, comenta Pilar unas declaraciones del autor sobre la “erre” francesa, de la que se habló en la sesión sobre Julien Gracq: decía Cioran que se sentía incapaz de pronunciarla y que incluso a veces no podía ni escribirla. Para terminar, Pilar señala que le ha gustado leer a Cioran pues dice cosas muy interesantes sobre la existencia, y sobre la anécdota de la madre evoca aquellas personas que en la ancianidad sienten la necesidad de cuestionarse la vida en función de su inevitable final; señala Luis que la tristeza del pensamiento de Cioran también viene determinada por el propio acto del ensimismamiento, que produce tan lánguidos efectos.

Mercedes ha leído los Cuadernos (1957-1972), editados por Tusquets, que son esbozos, ideas por desarrollar, retazos de su vida y pensamiento; cuenta que los dejó para destruir (dice Luis que los guardó Simone), y que una anticuaria los encontró en el piso donde vivían y fueron publicados; actualmente hay un pleito interpuesto por los herederos. A continuación, Mercedes lee un artículo de Luis Antonio de Villena sobre los Cuadernos, donde afirma que es Cioran en estado puro; señala que a Cioran no le interesaba el diario íntimo y que algunos de los apuntes terminaron siendo libros independientes. Está de acuerdo Mercedes en la melancolía que destila el autor, pero dice que sobre todo destacaría su coherencia, incluso en lo contradictorio, pues le parece que Cioran sabe muy bien lo que quiere (y lee una frase del autor: “soy amargo por la voluptuosidad de la amargura”). Finalmente lee Mercedes algunos fragmentos en los que Cioran habla de Emile Dickinson y de Teresa de Jesús, se acuerda de Ibiza (los Cuadernos de Talamanca, señala Luis), narra alguna anécdota con Ionescu, una exposición de Klee o menciona a Chopin y a Nietzsche (Luis comenta que a Cioran le encantaba el músico español Chueca).

A Valentín no le parece tan pesimista como diestro en el manejo del humor negro; destaca que haya dicho que en vez de suicidarse prefirió escribir En las cimas de la desesperación, que escribió aforismos por ser demasiado perezoso para desarrollar sus ideas; o que no se considere a sí mismo escritor sino un simple provocador que va contra lo establecido, contra el dogmatismo; o que dijera que la razón es una enfermedad; a Valentín le parece un estilo contundente. Señala que fue acusado de nihilista y anticlerical, y que dijo que se consideraba ciudadano del mundo, y sintiera apego a su lugar de nacimiento pero no le afectara el exilio. Por último, comenta Valentín que le ha gustado la idea esgrimida por Cioran de que escribir le hiciera la vida más soportable, así como su intención de activar a los lectores de sus textos, de hacerles despertar; a Valentín no le ha resultado un autor pesimista, sino más bien “un tío con ganas de vivir”.

Laly lo califica de filósofo del pesimismo, que ha llevado al límite las ideas de Nietzsche y de Schopenhauer. Señala que la traducción literal del título Desgarradura es mucho más tajante: “Descuartizamiento”, lo que no evoca como el título en español a un filo punzante, sino a un instrumento de tortura medieval. Señala que el autor dijera que la historia más interesante es la de aquellas culturas que son inestables, ya que esto ha recordado a Laly que los franceses de a pie saben opinar como hombres de Estado (ella ha visto en la televisión francesa a amas de casa opinando sobre política con un nivel aceptable; comenta Isabel que Cioran decía que le daba más importancia a la opinión de un frutero que a la de un filósofo). Laly ha leído Ese maldito yo, de la que lee algunos fragmentos; señala que es una obra sembrada de ironía y sarcasmo, que dice grandes verdades sobre la vida cotidiana. Lee a continuación un poema sobre el insomnio, a lo que señala Isabel que trabajar de noche cambia completamente tu capacidad de percepción. También cuenta Laly una anécdota sobre un título de Zola, La bestia humana, que al parecer quedó grabado en la memoria de un adolescente Cioran, que nunca pudo olvidar el momento y lugar en que lo vio. Señala también Laly que siendo el autor tan irreverente con la religión, diera en algunos textos tantas muestras de piedad, a lo que Rosa comenta que él creía en la necesidad del sentimiento religioso, Pepe, que lo tiene siempre presente, y Luis, que no debemos olvidar que Cioran manejaba la retórica con maestría. Finalmente, Laly señala que el autor dijo que prefería el carácter femenino al de los hombres porque le resultaba más imprevisible y cínico, más fecundo, quizás por la esclavitud milenaria que han sufrido las mujeres. En resumidas cuentas, a Laly le ha parecido un autor muy profundo y maduro, aunque a veces no se entiende bien y es fácil perderse en su lectura.

Toñi se muestra de acuerdo con todo lo dicho. Ha leído fragmentos de Desgarradura y ha encontrado un pensamiento aplicable a la actualidad; destaca sobre todo la idea de que se abandone tan habitualmente la búsqueda de la felicidad para buscar cosas de menor relevancia. Concluye señalando que hay que leer a Cioran muy reposadamente, que es un autor al que debe dedicarse mucho tiempo.

Sara ha leído Historia y utopía y le ha resultado muy pasional, pesimista y agresivo, con una mirada despiadada hacia Occidente. Dice Cioran que odia la Historia porque Europa del Este ha estado siempre maltratada, y que su amor hacia España y Portugal no es sino simpatía por la desgraciada historia de ambos países, similar a la de su Rumanía natal; en este libro también analiza los regímenes liberal y comunista. Sara cree que Cioran eligió mirar desde el punto de vista del sufrimiento, y para corroborarlo lee un texto sobre la Libertad en el cual dice el autor que incluso cuando el ser humano tiene a su alcance los beneficios que produce la libertad, no es capaz de sacarles el provecho y se ve sobrepasado, concluyendo que no está preparado para disfrutarla; señala al hilo Valentín que Cioran afirmaba que la Historia es obra del diablo. Concluye Sara que es un autor al que cuesta mucho entender.

Rosa indica que, como filósofo que es, su literatura hace pensar; señala que le gusta polemizar, y que domina la ironía y todos los recursos estilísticos. Ha leído Desgarradura, y a raíz de lo comentado por Laly sobre el título original (“Descuartizamiento”), dice Rosa que en efecto esta obra recuerda a un carnicero que despieza una res y se mancha con la sangre que salpica. La obra está dividida en cuatro ensayos: el segundo sobre personajes históricos y la labor del historiador (señala Pepe que es una labor siempre teñida de ideología) y el cuarto, un compendio de aforismos: indica Rosa que Cioran domina muy bien el género, y que algunos son francamente divertidos. Lee Rosa en voz alta algunos; por ejemplo, “No lucho contra el mundo, sino contra mi fatiga de él”, al que Pilar comenta que Cioran realmente no se adapta al mundo, y Rosa concluye que no lo acepta; también lee Rosa: “Entre bofetada y falta de delicadeza, prefiero bofetada”. Finalmente, Rosa indica que al principio del libro se cuenta la tradicional lucha bíblica entre los arcángeles y el Dragón, y en la cual hubo ángeles que no se decidieron a participar y por ello fueron enviados a la Tierra, dando origen a la raza humana.

Isabel lee algunos aforismos más, menciona la relación de Cioran con Savater y Subirats, y señala la idea del suicidio, que al autor hace la vida más tolerable (indica Laly que lo debe considerar una salida abierta). Por último, Mercedes lee un texto que escribió Cioran sobre su relación con su madre, editado en los Cuadernos (1957-1972).

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Emil Michel Cioran (1911-1995)

EL AUTOR

E. M. Cioran en Wikipedia

Cioran o ¿la estética del dolor? en Abraliteradura

Cioran, ¿pensamiento reaccionario? / Héctor Subirats en Biblioweb de Sin Dominio

Conversaciones con Emil M. Cioran en Instituto de Tecnologías Educativas

Un documental sobre Cioran en Blog de Jesús Silva-Herzog

Un hombre asombrado… y asombroso / Fernando Savater en El País

Mucho más que un maldito / Christopher Domínguez Michael en Letras Libres

La broma póstuma de Cioran / Andrés Hoyos en El Malpensante

Buda y Cioran: verdad y sufrimiento en El vuelo de la lechuza

Los amores secretos de Cioran / Alina Diaconú en La Nación

100 años del nacimiento de Emil Cioran en Algún día en alguna parte

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Cioran , la tentación de existir / Juan Malpartida en ABC

Cioran y la ironía en Akantilado

Las mujeres de Cioran / Jaime Panqueva en Letras Libres

Blog en español sobre Cioran por Guillermo da Costa

El inconveniente de ser Cioran / Augusto Silva en Los archivos del Mandril

SU OBRA

E. M. Cioran en Lexia

Silogismos de la amargura (frag.) / E. M. Cioran en Herreros

El último delicado / E. M. Cioran en Ignoria

Genealogía del fanatismo / E. M. Cioran en Ignoria

Retrato del hombre civilizado / E. M. Cioran en Ignoria

Saint-John Perse o el vértigo de la plenitud / Emile Cioran en Ignoria

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