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3 de abril de 2013: John Dryden

Reunidos: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, María José, Josefina, Luis, Eugenio, Pilar y Valentín

Antes de comenzar la sesión, Isabel recomienda una exposición de grabados de David Hockney que se puede visitar en la Fundación Canal de Madrid hasta el 14 de abril; a continuación, cuenta que ha buscado en Internet algún vídeo sobre Dryden en castellano pero no ha encontrado nada, y lee una reseña biográfica: el autor vivió sesenta y nueve años (entre 1631 y 1700) y, nacido en el seno de una familia puritana, fue poeta, dramaturgo y crítico; estudió en Cambridge y una vez terminada su etapa universitaria marchó a Londres, donde llegó a trabajar como secretario del Lord Chambelán de Cromwell, de quien escribiría una elegía a su muerte; por estas mismas fechas, compuso un panegírico a la coronación de su sucesor, el monarca anglicano Carlos II. A partir de 1662, Dryden se dedicó a escribir obras teatrales, con el objeto de ganar dinero, convirtiéndose en el más destacado dramaturgo inglés durante 20 años; Isabel destaca que una de sus obras, El guardián del rey, fue prohibida por indecente, y eso a pesar de la permisividad reinante durante la época de la Restauración. Su mejor pieza teatral sería All for love (Todo por amor), una nueva versión del Antonio y Cleopatra de Shakespeare, y uno de sus poemas más conocidos Annus mirabilis, donde se ensalza la victoria naval obtenida por la armada inglesa sobre Holanda y el incendio de Londres, entre otros acontecimientos de aquel “año milagroso”; siguiendo con lo mejor de su producción, Isabel también menciona el Ensayo sobre la poesía dramática, que otorgaría a Dryden el honor de ser el fundador de la crítica literaria inglesa, y la sátira escrita en 1681, Absalón y Ajitófel, mediante la cual habría tomado parte activa en la sucesión de Carlos II; esta sátira inauguró una serie de poemas de carácter polémico entre los cuales se incluye su ataque a Shadwell, otro literato de la época. En 1685, a raíz de la subida al trono de Jacobo II, Dryden se convirtió al catolicismo, y dos años después hizo público su poema La cierva y la pantera, una alegoría en torno al enfrentamiento entre religiones; durante la década de los noventa, una vez denostado de sus cargos públicos tras la llegada al poder de los protestantes liderados por Guillermo III, escribió óperas y odas a Santa Cecilia y, un año antes de su muerte, publicó sus Fables, versiones de fábulas de clásicos latinos y griegos (Ovidio, Virgilio, Homero), cuyo prólogo es hoy en día considerado uno de los ensayos sobre la traducción más importantes.

Rufino ha leído alguno de los poemas que enlazamos en la bitácora, traduciéndolos del inglés, pero no le han transmitido nada especial; comenta que el autor es uno “de los más relevantes de las letras inglesas” y que fue una de las figuras literarias de la Restauración anglicana de los Estuardo, pero que ya antes se había ganado el favor de los gobernantes, en concreto el del puritano Cromwell. Con la reapertura de los teatros tras el lapsus acontecido entre 1642 y 1660, Dryden logró convertirse en uno de los dramaturgos más destacados, y del prólogo a su versión de las fábulas clásicas mencionado por Isabel en que hizo su importante estudio sobre la traducción, destaca Rufino la división tipológica de ésta: metáfasis, paráfrasis e imitación. Señala también que la época de Dryden se considera “la de la sátira”, y que éste fue un gran poeta satírico; acerca de Shakespeare, Dryden vierte en An Essay of Dramatic Poesy un elogio a su ilustre predecesor, señalando que los ataques que ha recibido debido a su falta de estudios no son sino un elogio: sin haber gozado de formación académica de relieve, nos ha legado semejante obra. Rufino lee una frase de Dryden que le ha gustado especialmente (“La locura es un cierto placer que sólo el loco conoce”), menciona el suceso de su apaleamiento a las puertas de un pub, por un ajuste de cuentas a propósito de algún hecho de su vida y obra que no ha conseguido aclararse (indica que el pub junto al cual le agredieron aún existe, que Dickens lo frecuentaba y que en la actualidad sus dueños han homenajeado al autor, poniendo su nombre a uno de los mostradores; señala a propósito Lali que ya sabemos un lugar más que hay que conocer cuando visitemos Londres, y Luis indica que podemos seguir el ejemplo de Lezama Lima, quien a través de la Literatura conocía perfectamente muchos lugares del mundo sin haber salido de Cuba), y, finalmente, comenta Rufino que tras su propia experiencia traductora ha llegado a la conclusión de que no sólo se debe traducir el significado de las palabras de un idioma a otro, sino que hay que darle un sentido acorde con la cultura a la cual se traslada el texto y, en concreto en poesía, tener una sensibilidad determinada para expresarlo.

María José ha leído los enlaces que hemos colgado en la bitácora, y también destaca las tres maneras que menciona Dryden para hacer una traducción; le ha llamado mucho la atención la calidad literaria de sus versiones de obras clásicas y la agudeza que empleó en sus prólogos que, junto a sus ensayos, le han otorgado relevancia como fundador de la crítica literaria; al hilo comenta Luis que el autor logró institucionalizar en cierta manera la crítica literaria, pero que en este ámbito también debe ser tenido en cuenta su contemporáneo Samuel Butler; Lali busca a este autor en el ejemplar de la Enciclopedia de la Literatura de Garzanti, editada en español por Ediciones B, y lee en voz alta el artículo sobre Butler que contiene, donde destaca que es autor de un poema que toma como modelo al Quijote. Por último, María José menciona la entrada de la Wikipedia sobre la Literatura de la Restauración inglesa y puntualiza que la agitada carrera profesional de Dryden, con tanta y tan oportuna conversión religiosa, le ha parecido un poco deshonesta.

Luis comenta que Dryden fue un buen dramaturgo para la tragedia (y como tal venerado), pero un pésimo autor de comedias, para las cuales tuvo muy mal gusto; como representantes de la mejor comedia inglesa de la época, menciona a Francis Beaumont y John Fletcher, creadores de una obra que no recibió la influencia del arte teatral francés. Sobre influencias recibidas por Dryden, Luis menciona de nuevo a su contemporáneo Samuel Butler, quien le habría acercado el interés por lo español, de lo que el autor dejaría constancia de sus obras teatrales sobre las conquistas de México y Granada. A continuación, indica que Dryden fue saltando entre credos religiosos a medida que éstos variaban en los detentadores del máximo poder político en su país, hasta llegar al reinado de Guillermo III, quien de nuevo habría sido protestante y además de raíz holandesa; finalmente, Luis destaca la influencia recibida por Dryden de Juvenal, a quien tradujo y cuyas sátiras inspiraron en el autor un renacer del género que contagió a todo el mundillo literario inglés, y se hizo extensible al siglo siguiente.

Eugenio comenta que, en su Historia de la Literatura inglesa, Esteban Pujals dice que Dryden sobrevivió sus últimos años de vida traduciendo a los clásicos, y que no comenta nada acerca de una nueva conversión religiosa del autor tras llegada al poder de los puritanos de Guillermo III, calificando su conversión al catolicismo de “sincera”; también destaca una anécdota algo maliciosa, pues al ser despojado del título de Poeta Laudeado tras la entronización de los Orange-Nassau, en su lugar fue nombrado Thomas Shadwell, quien había sido víctima de varias de sus sátiras. Acerca de la poesía de Dryden, Eugenio comenta que su ejercicio, como destacó Samuel Johnson, fue muy técnico y depurado, casi perfecto, pero nada lírico sino más bien centrado en la alabanza o la crítica; menciona una división por periodos que expone el propio Pujals, quien señala tres: un primero que llama “laudatorio e histórico-narrativo”, que sería hasta 1667 en que compone Annus mirabilis; un segundo de sátiras y polémicas, desde 1681; y un tercero a partir de 1688, con sus célebres traducciones y las odas en honor de Santa Cecilia. Indica Eugenio que, ordenando las fechas de que datan sus obras, ha comprobado que Dryden fue alternando su actividad poética con la dramatúrgica, en función de lo que más le convenía realizar, y que ese carácter técnico que destaca Johnson de su literatura, lo ve extensible a su actividad profesional y descarado en sus sucesivas conversiones religiosas (indica María José que su obra literaria se iba adaptando a los gustos del público, y señala Eugenio que de la misma manera acoplaba sus creencias religiosas; concluye Luis señalando que Dryden gozó de una gran erudición, pero su vida carecía de consistencia social). Eugenio señala que se considera a Dryden el fundador de la sátira moderna, y destaca la que le reportó gran fama, Absalón y Ajitófel, basada en una fábula bíblica donde identifica a los protagonistas de una conspiración para apartar al duque de York de la sucesión de Carlos II (no lo aceptaban por católico), con el hijo rebelde del rey David y sus acólitos; por último, lee un párrafo de Pujals donde se insinúa que la renovación de la escena inglesa se debe al modelo francés que los exiliados en París reportarían a la isla en su regreso con la Restauración, recordando los dieciocho años de clausura de los teatros ingleses (Luis indica que se inició por una epidemia y consolidó por la censura puritana de Cromwell, a lo que Isabel recuerda la mencionada prohibición de una obra de Dryden por obscena y Luis evoca los sonetos de Aretino como ejemplo de lenguaje de alto contenido sexual; se inicia un breve debate sobre las diferencias existentes -o no- entre el erotismo y la pornografía).

Pilar señala que Dryden le parece un autor muy inteligente, y aporta un par de apuntes sobre lo leído acerca de él y lo ya comentado hasta ahora; se remite a lo dicho por Luis sobre su escaso talento para la comedia, y añade que Dryden tenía un alto concepto de su obra teatral porque sugirió en alguna ocasión que su talento se malgastaba por culpa del público al que iba dirigida; Eugenio comenta que esta afirmación podría corroborar lo contrario e insinuar que, al tener que adaptarse a unos gustos mediocres, no terminaba de sentirse satisfecho con el resultado, a lo que Lali indica que esta supuesta afirmación del autor es una frase que admite diversas interpretaciones y Luis señala que es una anfibología. Por otro lado, Pilar lamenta no haber podido leer las sátiras de Dryden, al no haber encontrado traducción* al castellano, e Isabel subraya la escasez de traducciones y críticas en nuestro idioma acerca del autor; Luis recomienda la lectura de Juvenal, de quien el autor se nutre para su labor satírica y Rufino recuerda que hay muchas obras literarias que no pueden entenderse si no es en el idioma y entorno cultural que las origina, y pone por ejemplo una versión de Los pelegrinitos de García Lorca para los ingleses, a quienes les costaría mucho entenderlo. Finalmente, Pilar menciona que unos años después de su muerte, Dryden recibió el homenaje de ser inaugurada en Westminster a su nombre una escuela donde se enseña el arte de la retórica; lee una definición de Retórica y destaca sus usos: deleitar, persuadir, conmover; Isabel añade que Dryden también ha sido ensalzado como renovador de los estilos retóricos.

Lali ha leído los datos biográficos que sobre Dryden contiene la mencionada Enciclopedia de Literatura de Garzanti, y los comparte en voz alta: señala que fue el dramaturgo oficial de la «King’s Company», que como Poeta Laureado durante los primeros años de la Restauración, fue afín a la monarquía y a los ambientes cortesanos, tanto de la época anglicana como durante la católica; que su catolicismo le viene de la subida al trono de Jacobo II en 1685, aunque ya antes lo hubiera apoyado como Duque de York heredero a la corona, y posteriormente ponderó aún más su nueva religión con el poema La cierva y la pantera, donde la primera representaba a la religión de Roma y la segunda a la protestante. Lali también lee y subraya que la defenestración de Dryden del ambiente político aconteció con el triunfo whig en 1688 (la Revolución Gloriosa); y acerca de su obra poética, destaca que inspiró el dístico heroico que después consumaría Alexander Pope, su gran sucesor, y que su poesía es grande (citamos textualmente la edición en castellano de Guillermo Carceres publicada por Ediciones B) “no por su sensibilidad o tensión metafórica, sino por el ardor rítmico, la mordacidad satírica, lo directo y pegadizo del lenguaje: si bien sus temas, entre los cuales sobresalen la defensa de la autoridad y los peligros de la oposición, tienen escaso aliento moral y fantástico, la poesía de Dryden alcanza, en algunos casos, una admirable fusión de desenvuelta elegancia e incisivo poder dramático”.

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* Remitimos a Pilar (y a quien lo desee) a leer la versión en español de Absalom and Achitophel realizada por Mercedes Vella Ramírez, de la Universidad de Córdoba, disponible en la web de AnMal (Analecta Malacitana), Revista de Filología de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga: http://www.anmal.uma.es/numero29/Absalom.htm.

 

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