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28 de noviembre de 2011: MARGUERITE DURAS

Reunidos: Isabel, Laly, Toñi, Sara, Rosa, Maite, María José, Luis, Eugenio, Pepe, Pilar y Mercedes.

Isabel comienza leyendo la biografía de la autora editada en Wikipedia, pero encuentra algunas imprecisiones y prefiere remitirse a la biografía editada en Escritoras y Pensadoras. Se abre un pequeño debate en torno a quién fue el padre de su único hijo, que murió a los dos años de edad, y a continuación Luis aborda la cuestión del alcoholismo de Duras; Rosa comenta que era alcohólica pero no borracha, pues se cuidaba mucho de mostrarse ebria en público; Laly indica que la autora tenía un serio problema con el alcohol. Isabel nos remite a una entrevista en vídeo publicada en la web en ocho partes.

Rosa ha leído Escribir, editado por Tusquets; contiene ensayos y cuatro relatos. En el libro se muestra su visión de la escritura, con la que Rosa coincide; opina que Duras escribe muy bien, pero que la belleza de su prosa es más patente en sus novelas. Lee un texto donde la propia autora hace referencia a su alcoholismo; Rosa subraya que el alcohol ayudaba a Duras a sentirme mejor y le llenaba cierto vacío interior; añade que prefería beber en compañía de hombres, ya que esto le daba un aire más intelectual, y que siempre controlaba el consumo cuando se encontraba en público. Relata Rosa el ritual para escribir que seguía la autora: se peinaba y vestía, hacía la cama porque no podía soportar, desde que pasó una larga temporada recluida, ver una cama deshecha, y se preparaba un vaso de whisky; otra costumbre que tuvo fue centrarse en el libro que estuviera escribiendo, sin interferencia de otros proyectos. Rosa destaca el tratamiento que hace Duras de los personajes, de quienes domina perfectamente la psicología; señala que siempre tenía como referente una persona real. En Trouville, que fue durante un tiempo residencia de la autora, ha estado Rosa, a quien resultó un lugar muy bello. Sobre los relatos del volumen, Rosa comenta sus argumentos y nos indica impresiones: uno en que cuenta la desventura de un piloto derribado que queda atrapado con su avión en un árbol, y otro donde Duras desarrolla una ficticia conversación sobre cine con un desconocido con quien se cruza en la calle. Finalmente, Rosa lee un fragmento de un texto sobre la muerte de una mosca; Luis indica que es la observación paciente de la agonía del insecto y Laly lo considera cargado de simbolismo; Rosa señala que la escritura de Duras es ella misma, a lo que añade Isabel que es un estilo muchas veces incorrecto; indica Rosa que da la impresión de construir su prosa a golpes, y Laly señala: “a sacudidas”.

Maite ha visto India song, que es una película escrita y dirigida por la autora; también ha leído el guión. Maite comenta que la historia de India song enlaza con la de El vicecónsul; le encantó la ambientación, aunque sólo aparecieran dos habitaciones y un mismo paisaje en toda la obra (dice que la estética de la época colonial le recordó lo que Laly nos ha contado de su propia experiencia en el Marruecos francés). Destaca la proliferación de monosílabos en los diálogos, que sin embargo se pronuncian con tanta dulzura que resulta muy agradable al oído; Maite afirma que es una obra muy musical, por el idioma y por la banda sonora, y también por unas voces en dialecto incomprensible que se escuchan de fondo. Ha recogido un texto en Internet sobre la obra, del que lee varios fragmentos; la define como dos días de historia de amor “inmovilizada en un punto culminante de la pasión”, con la miseria y el Monzón como escenario. Maite subraya el talento de la autora para ser capaz de expresarse de igual forma en cine y en novela; Sara señala el mérito que esto tiene.

María José ha leído Outside, que es una recopilación de cincuenta y nueve artículos escritos entre 1957 y 1969, etapa que dedicó la autora al periodismo como forma de abandonar la intimidad de su literatura, de “salir fuera” (expresión que, cuenta María José, da título a este libro); otros dos motivos que esgrime Duras en la confección de estos artículos, son el pecuniario y la denuncia de injusticias, que, observa María José, es una constante en su obra y también en su vida (recuerda su actividad en la Resistencia francesa, su activismo político en el Partido Comunista (PCF) y su apoyo a la independencia de Argelia). Como ejemplo indica María José un artículo donde la autora relata un altercado que tiene un vendedor de flores argelino a quien la policía derriba en plena calle la mercancía por carecer de licencia, con la posterior compra de la misma por unos transeúntes solidarios. Finalmente, María José indica que entre los artículos abundan los retratos de personas famosas y populares como pintores, actores y actrices, cantantes de ópera, incluso delincuentes. Comenta Rosa la forma en que los escritos de la autora se van construyendo, a saltos, como pensamientos que se van relacionando a medida que fluye la escritura, e indica Maite que la ambientación de los mismos es una de sus mejores cualidades.

Luis señala que Duras no se encuentra entre las cien plumas del siglo porque carecía de una técnica narrativa depurada. Señala que normalmente escribía bajo los efectos del alcohol, excepto El arrebato de Lol V. Stein, que escribió tras una cura de desintoxicación y es una bellísima composición sobre su obsesión por el temido abandono de un amante; pero esta obra adolece de una mala construcción, con cambios de narrador que no están justificados, cierta ilógica argumental y una simbiosis confusa entre sueño y realidad en la que algún crítico quiso encontrar una aplicación del psicoanálisis lacaniano a la literatura. Señala Luis que su estilo es muy grato, y que tuvo una infancia difícil pues su madre la vendía por ingente necesidad de dinero tras la compra de un terreno para plantar arroz que no servía a tales fines (Isabel lee un texto donde la autora habla de ello). Indica Luis que pese a haber recibido el Goncourt por El amante, la nueva recreación que hizo de esta historia en El amante de la China del Norte es literariamente muy superior; subraya Laly que cuando escribió ésta, el chino protagonista ya había muerto y por ello la autora contó más cosas. Luis señala que escribió cosas atroces contra su madre, pero Isabel constata que en la entrevista que ha visto habla muy bien de ella; Mercedes comenta que la madre no conocía su relación con el chino y Pepe indica que la madre no quería enterarse; se plantea un pequeño debate sobre qué es verdad y qué ficción en lo que cuenta Duras en sus novelas. Finalmente, Luis indica que una de las obras que más fama le reportó, Hiroshima mon amour, es una mezcla de literatura, teatro y cine que muestra cómo el séptimo arte estuvo siempre muy presente en el concepto de literatura que manejaba la autora; Laly no ve justificado el Goncourt y Mercedes comenta que ya con Un dique contra el Pacífico se lo iban a dar, pero su militancia en el PCF enturbió la elección.

Eugenio menciona la confusión entre la narración autobiográfica y ficción, que se da en la literatura de Duras; señala que es difícil dilucidar a qué ámbito pertenecen los datos y, por ello, es suficiente considerarlos invención y disfrutarlos como tal. Recuerda Eugenio que Duras fue enmarcada dentro de la nouveau roman, y aunque en un prólogo de la traductora Ana María Moix, ésta indica que la autora nunca estuvo de acuerdo con ello, el texto sobre la agonía de la mosca al que hizo referencia Rosa durante su intervención, hace pensar a Eugenio que Duras practicó las teorías de Robbe-Grillet acerca de la objetividad como agotamiento descriptivo de la realidad. Respecto a la biografía, Eugenio ha investigado sobre su expulsión del PCF, ya que en las dos biografías reseñadas por Isabel hay disparidad en la fecha en que se consumó aquélla, y señala que ha encontrado bastante información sobre una polémica suscitada a raíz de la expulsión de Duras y otros compañeros del PCF a causa de la presunta implicación del recientemente fallecido Jorge Semprún (unos dicen que acusó, otros que votó en contra de la decisión del comité, otros que Semprún no se pronunció…), que ése negó siempre; indica Eugenio que en la biografía de Laure Adler sobre la autora, la biógrafa prefirió no pronunciarse al respecto. Finalmente, Eugenio ha leído Yann Andrea Steiner, obra de madurez de Duras donde ésta exacerba su peculiar estilo de confusión de narradoras y mezcla varios cuentos, unos dentro de otros; en esta obra, indica Eugenio, manifiesta un odio visceral a los alemanes.

Pepe ha leído El amante, y le ha resultado amena; destaca el pragmatismo de la familia protagonista, fracasada económicamente en la colonia francesa, y también que la madre, viuda, reparte el cariño entre sus hijos de forma desigual. El argumento gira en torno a la hija, una adolescente muy precoz que se entrega a la pasión y los placeres (indice Laly que su amante chino la ha marcado), y a su relación con un chino rico, que ella niega a su familia, aunque luego se aproveche de él para que ellos disfruten de banquetes y bailes. Destaca Pepe la relación que tiene ella con cada uno de los miembros de su familia (el hermano mayor, el pequeño y la madre), y la mezcla de prejuicios con pragmatismo que detecta en la familia, quienes sienten rechazo por la raza del amante pero interesadamente aceptan sus invitaciones. Isabel señala que una de las partes que más le ha gustado de la novela ha sido la descripción de su indumentaria que al comienzo del libro hace la narradora.

Pilar señala que el apellido de Duras lo ha tomado la autora del pueblo natal de su padre, que fue comunista hasta que comprendió que quienes controlaban el Partido habían dejado de serlo, y que lo que la dominó durante su vida fue la soledad. Ha leído la obra de teatro El cine Edén (especie de continuación a Un dique contra el Pacífico), donde también habla de su estanción en Indochina, esta vez centrándose más en su madre, quien trabajó de pianista en el cine que da título a la obra; señala Pilar que el mal que aquejaba a su madre era la ruinosa adquisición de un terreno destinado a plantar arroz, pero que periódicamente se anegaba de agua del mar (Mercedes menciona que eran concesiones que ofrecía el Gobierno y Pilar sentencia que era un engaño del que era víctimas los colonos más pobres). También aparece en esta obra el amante chino, con quien la madre trata de casarla para obtener beneficio económico, pero él se niega; en torno a este noviazgo, hace acto de presencia un diamante que termina obsesionando a la madre, pues piensa que con él conseguirá el dinero suficiente para levantar diques y hacer fértiles sus propiedades. Señala Pilar que en la obra hay unas indicaciones de la propia autora exigiendo determinadas pautas para su escenificación; juzga Pilar a propósito que Duras debió de tener una fuerte personalidad, y fue muy reivindicativa a juzgar por sus denuncias de la injusticia, no sólo en la persona de la madre, sino también describiendo las infructuosas luchas de los nativos por su supervivencia. Finalmente, Pilar comenta, sobre su alcoholismo, que Duras lamentaba sus noches de borrachera por considerarlas estériles; a esto indica Isabel que dijo que las compañías la hicieron alcohólica, y Rosa señala que también tuvo que acompañarla algún vacío interior.

Mercedes ha leído El amante (comenzó El dolor pero lo dejó, pues le resultaba demasiado trágico); comenta que empezó a escribir El amante por encargo tras una cura de desintoxicación, y que en principio iba a llevar por título La fotografía absoluta. Mercedes lee unas anotaciones propias tomadas durante la lectura, donde destaca que vistiera de lo adquirido en “las rebajas rebajadas”, o que reconociera que tenía el “rostro del placer sin conocerlo”, o que su hermano mayor fuera un “asesino sin armas”; también ha destacado las triquiñuelas de éste por manipular el testamento de la madre, la escena de felicidad durante la limpieza de la casa o el hecho de que cuando la protagonista ya está viviendo en París, la llamara su antiguo amante. Sobre el relato acerca del derribo de un aviador que contó Rosa, Mercedes ha visto indicios del trauma que arrastraba Duras por la muerte de su hermano pequeño, que cree también que asoma en la escena de la novela que narra el suicidio de un joven que se arroja por la borda del barco. Al hilo de los hechos narrados por Mercedes, Toñi comenta que la historia es exactamente la misma que en El amante de la China del Norte; señala Luis que esta segunda es más rica, y dice Laly que en efecto es mejor novela la segunda. Finalmente Mercedes lee datos de una entrevista donde destaca que Duras consideró que su no elección para la Academia tuvo que ver con su condición alcohólica y con el hecho de haber narrado sin pudor hechos de su precoz adolescencia; Pilar añade que también su militancia comunista tuvo que afectar en ello.

Laly lee un texto que comienza resaltando Indochina como el escenario de la literatura de Duras, no sólo por ser su lugar de nacimiento, sino también, y más importante, por ser el espacio interior donde habita la autora; señala que Duras se movió entre esos dos mundos (el asiático de su nacimiento y el francés de su lengua y su cultura) y que ninguno de ellos la aceptó jamás del todo (se dice que “murió en París a orillas del Mekong”); indica Laly que ha encontrado muchas similitudes con su propia experiencia en el Protectorado Francés de Marruecos, por las gentes, las costumbres, etc. Señala que su obra gira en torno a idénticos ejes, (la espera, la locura, la incomunicación) y que debe considerarse con cierta distancia de su biografía, pues no se sabe qué es cierto y qué no de los datos que utiliza. Ha leído El amante de la China del Norte, que es una segunda versión más cuajada que la obra que le dio el Goncourt, ya que los recuerdos en ella son más nítidos. Resalta la figura de la madre, que pese a su actitud contemplativa sufre; indica que encuentra mucho sufrimiento en la novela, que considera Laly que ha sido escrita pensando en hacer con ella una película, por la minuciosidad descriptiva de planos largos (como al describir una habitación) y cortos (en la descripción de los rostros). Finalmente menciona Laly el guión que escribió en 1960 para Hiroshima mon amour, que es otra versión de su relación con su amante chino (Pepe indica que se invierte la relación, y es un norteamericano con una nativa japonesa víctima de la radiación); destaca Laly la paciencia y madurez que en esta obra se atribuye al pueblo japonés, manifiesta tras las dos bombas atómicas que pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial, virtudes que Laly cree (y así lo hace constar en un pequeño texto que ha escrito para la ocasión y lee en voz alta) que han quedado de nuevo demostradas tras el reciente desastre nuclear en Fukushima.

Toñi ha leído El amante de la China del Norte y comenta que ya se ha dicho todo sobre ella (“¿qué añado sobre el chino que no se haya dicho ya?”). Le ha resultado una historia entrañable, a veces muy triste; y le ha gustado mucho. Recuerda a vuelapluma algunas imágenes, como el ansiado diamante, o los arrozales echados a perder, o el viaje que siempre aparece como forma de huida o promesa de prosperidad. Señala Toñi que la protagonista es una niña muy pícara (Isabel indica que es una lolita), y que tiene unos pensamientos muy raros y perversos, como ese deseo que imagina de llevar a su amiga para que su amante la disfrute (Mercedes comenta que ella tenía cierta atracción por la amiga, y Pepe indica que era muy morbosa.

Sara ha leído Los ojos verdes, que es una recopilación de 1980 de textos sobre cine, publicados periódicamente en una revista especializada. A Sara no le parece que su prosa sea fértil, no al menos tanto como otros autores que hemos visto anteriormente; eso sí, destaca su estilo, que es inconfundible. En el libro que ha leído hay retratos sobre diversos actores y directores, y una conversación con Raymond Queneau sobre la escritura; pero sobre todo destaca Sara los muchos textos referidos al cortometraje Aurelie Steiner, que trata de la vivencia de una niña judía durante el holocausto nazi, y donde se denuncian los hornos crematorios y la inhumana supervivencia que sufren los presos; indica Sara que esta obra debió de marcar mucho a la autora, pues es minuciosa en su descripción de la idea, de la escritura del guión, del rodaje, de la realización, etc.; Mercedes señala que a Duras le marcó la Segunda Guerra Mundial, y Pilar incide sobre la rebeldía de la autora ante las injusticias, que no podía soportar. Finalmente indica Sara que buscó la película en Internet, pero que, al menos subtitulada en español, no la encontró.

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