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07 de noviembre de 2012: Muriel Barbery

Reunidos: Isabel, Toñi, Rufino, María José, Seve, Luis, Eugenio, Pilar, Mercedes, Valentín y Maite.

Isabel lee algunos datos biográficos, entre los que destaca que Barbery ha sido profesora de Filosofía y obtuvo un gran éxito con su novela La elegancia del erizo, que ha estado durante treinta semanas entre los libros más vendidos; sobre esta obra, comenta Isabel que fue llevada al cine por Mona Achache.

Seve ha leído Una golosina, pero a pesar de su suculento argumento, dice no haberle sacado mucha sustancia. Trata de un crítico culinario y de los premios que se entregan a los gourmets. Seve comenta que para su gusto lector es preferible una narración más convencional, ya que formas como la de esta novela le hacen complicado captar el sentido.

Luis no ha leído nada de la autora, y desconocía su existencia hasta que no fue propuesta como lectura en nuestro taller. Por ello echa mano de su experiencia inmediata y nos narra las vicisitudes padecidas durante su reciente estancia en el hospital, donde estuvo leyendo la obra de Julio Caro Baroja sobre su familia, Los Baroja; indica que ahora le cuesta continuarla, porque le recuerda a aquel confinamiento durante el cual evocó, debido al ambiente y a sus circunstancias, a Kafka y a Jorge Manrique.

Eugenio ha indagado sobre la autora en los enlaces del blog, y le ha llamado la atención que el argumento de Una golosina y de Rapsodia Gourmet sean tan similares, a lo que Pilar indica que es porque son el mismo libro; María José matiza que la versión publicada por Seix Barral (Rapsodia Gourmet) es una nueva traducción realizada tras éxito de La elegancia del erizo (y añade que la autora, aprovechando los beneficios obtenidos con estas dos novelas, se ha ido a vivir a Kyoto con su pareja, pues ambos desde siempre son amantes de la cultura japonesa). De esta obra destaca Eugenio que su lectura estimule otros sentidos distintos a los activados habitualmente a través de la literatura, en concreto el gusto (recuerda Isabel otros casos, como la película Chocolat), y por ello le vino a la memoria El perfume, de Patrick Süskind, novela que centra toda su evocación en el olfato; a raíz de esto, reflexiona Eugenio sobre la importancia de los sentidos en las formas culturales y opina que, de la misma manera que en la actualidad el cerebro humano está siendo modificando por las telecomunicaciones audiovisuales, cabría prever un gran cambio cultural de darse la posibilidad de envío y recepción a distancia de olores y sabores.

Pilar ha leído Rapsodia Gourmet y dice que su lectura le ha sido muy amena y le ha llegado; dice que ella tiene una gran afición a la cocina, que le gusta guisar y saborear la comida, y que sabe distinguir el tipo de aceite que se ha utilizado en los fritos. Sobre la novela, comenta que trata de un crítico gastronómico que al final de su vida rememora los distintos sabores que le han ido marcando, y con varios ejemplos de entre ellos Pilar nos ilustra: que considera que en función de los platos se determina la clase social, como en el caso de los espagueti para los pobres y la sopa para el ricachón; que en Tánger había descubierto el pan y los tajines, que son alimentos “pletóricos”; que como en casa no se come en ningún sitio (con lo que todos estamos de acuerdo) o que el desayuno americano es el más adecuado para cargar el cuerpo de energía por la mañana temprano. A propósito de los recuerdos de niñez que puede evocar un sabor, Pilar ha recordado el chocolate con pan que le trae a la memoria la figura de su abuela, igual que en la novela, durante una reunión de gourmets (indica María José que es la que sirve de bautizo profesional al protagonista), el narrador cuenta, acerca de la degustación colectiva de un sorbete cuya sensación provoca en todos alabanzas, que el protagonista prefiere el de su abuela. Sobre la memoria gustativa y la multitud de sensaciones que revive, se entabla un pequeño debate que concluye Pilar mencionando el gran sabor de la vida del protagonista de la novela de Barbery, que después de tanta exquisitez y excelencia resulta ser un buñuelo de fabricación industrial, todo grasiento y cutre, que le recuerda a su adolescencia (subraya María José que la felicidad de saciar el hambre a la salida del colegio); al hilo comenta Toñi que a ella le ha gustado la descripción que la autora hace del pan, y Luis quita hierro indicando que, a pesar de tantas delicias, todo termina en un repudiable bolo alimenticio.

Mercedes ha leído en parte La elegancia del erizo y cuenta que trata de una niña muy despierta e inteligente que tiene cierta tendencia a pensar que la única salida digna a la realidad que conoce es suicidarse, a lo que matiza Eugenio que en esas circunstancias de tedio, la única vía factible para una mente despierta y aún adolescente siempre parece el suicidio. Isabel comenta que la protagonista hace buenas migas con la portera del edificio donde vive, y que la base del libro son los diálogos entre ellas; Eugenio bromea indicando que da la impresión de que la novela trata de una niña y una portera que dedican su tiempo libre a criticar al resto de vecinos.

Valentín hace referencia a la memoria olfativa de la que se ha hablado con anterioridad, y tiene en su retina imágenes de antaño, como la preparación de los chorizos tras la matanza, colgados dentro de la chimenea, o la panadería donde se veía meter en el horno la masa que una vez cocida se convertía en canteros que sin miga y con aceite y azúcar hacían la delicia de cualquier mortal; añade a ello la tertulia en compañía de una bota de vino, lo que Luis define como “quintaesencia del acogimiento” (no obstante, Luis matiza que en la literatura no se ha planteado tanto el comer como el libar, ya que ésta es acción más de dioses que la comida, e insiste en señalar que tras el banquete viene la digestión y otras funciones corporales -no menos escatológicas- que se desarrollan en nuestro nauseabundo interior).

Toñi ha leído Una golosina y le ha gustado mucho (señala que ha sido “una bendición”, después del libro de la semana pasada), pues le ha hecho rememorar sabores de su infancia. Sin embargo, Toñi señala una nota negativa: el carácter del protagonista, que se muestra cariñoso con su mujer, pero es muy desagradable con sus hijos (María José indica que no los quiere). Del argumento destaca Toñi que el protagonista es un importante crítico cuyo renombre, por medio de un informe desfavorable, es capaz de hundir cualquier restaurante (Pilar se acuerda de las “estrellas Michelín”). Por último insiste en que la autora ha realizado unas jugosas descripciones de comida, y que leyéndolas se te hace la boca agua; Maite habla del té con hierbabuena, y Rufino recuerda que en la novela se nombran los tres vuelcos que hay que darle a la infusión, según la costumbre magrebí.

Rufino siente no poder compartir el entusiasmo despertado en la mayoría por Una golosina, ya que él ha estado a punto de abandonar su lectura tres veces; en definitiva no le ha gustado, y cree que tal vez sea porque no siente mucho interés personal por las cuestiones culinarias. Además, Rufino reprueba que la autora, a pesar de que el protagonista dice haber atravesado España, ignore en su novela la paella y la tortilla de patata (y el cocido, añade Pilar); también le llamó la atención la idea de que restaurantes de alto copete se dediquen a plagiar sabores y platos. Finalmente, Rufino se ofrece a traer unas pastas en la próxima sesión, aunque tendremos que perdonarle que no sean de fabricación propia; a propósito de esta propuesta, Isabel dice que habría que añadir un vino dulce como acompañamiento y Maite concreta que el oporto es ideal.

Maite ha indagado algo sobre la autora, y confiesa tener mucho interés en leer La elegancia del erizo, pues le han llegado comentarios muy favorables a su lectura; pero hasta ahora no le ha sido posible y queda pendiente. Acerca del tema de los sabores, Maite opina que es algo muy subjetivo, que la noción de “lo exquisito” depende de la apreciación que le dés a lo que tomas, de la compañía, del sitio, etc.; por ejemplo, dice que a ella no le gusta comer en mantel de plástico. Respecto a la comida española, Maite comenta que es rica y nutritiva, pero los platos suelen tener una mala presentación que no invita a degustarla; a raíz de ello, surgen comentarios sobre los productos de casquería (gallinejas, criadillas, sangre encebollada…) y se entabla debate: Luis comenta que los gustos culinarios también dependen del hambre que tengas o de la afección de problemas gástricos, e insiste en que al final todos los sabores quedan hermanados en una misma combustión.

María José lee un texto propio sobre su lectura de Rapsodia Gourmet (o Una golosina), que define como un recorrido por los recuerdos de un crítico gastronómico profundamente egoísta; a lo largo de toda la novela, el protagonista busca situar el recuerdo de un sabor (su favorito) que no termina de reconocer; además de sabores, María José añade que toda la obra está plagada de olores, perfumes y fragancias; también comenta que en ella habla hasta el gato, y que hay una aparición de la portera protagonista en La elegancia del erizo. Respecto a la autora, María José indica que lleva una página web junto a su marido donde editan textos experimentales, caligramas, juegos de palabras, etc. Finalmente, al hilo de los debates gastronómicos suscitados durante la sesión, María José declara que lo pasaría muy mal sin aceite de oliva.

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Muriel Barbery 1969-

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reseña de La elegancia del erizo / Muriel Barbery en La caja de Pandora

reseña de La elegancia del erizo / Muriel Barbery en La Página 17

reseña de La elegancia del erizo / Muriel Barbery en Lo que leo lo cuento

reseña de Rapsodia Gourmet / Muriel Barbery en Rincón de crítica literaria

reseña de Rapsodia Gourmet / Muriel Barbery en Club de Lectura AB

reseña de Rapsodia Gourmet / Muriel Barbery en Libreta de Apuntes

reseña de Rapsodia Gourmet / Muriel Barbery en Librería Canaima

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