Archivo de la categoría: REUNIONES

26 de abril de 2017: Memorias de un cortesano / Benito Pérez Galdós

Reunidxs: Valentín, Rufino, Mercedes, Mariajosé, Consuelo, Carmelo y Eugenio.

Abre la sesión Eugenio, que comenta que ha leído últimamente que Galdós estuvo influido por el krausismo, que define como una corriente pseudorreligiosa que se instauró en España gracias a Giner de los Ríos, quien materializó la doctrina en la Institución Libre de Enseñanza; señala que dada la ideología que se le presupone a Galdós, le ha resultado muy probable que sus tendencias filosóficas estuvieran influidas por el krausismo, al igual que durante el siglo XX lo estuvieron gran parte de las corrientes políticas progresistas, hasta nuestros días. Añade que, a su juicio, el krausismo es una especie de protestantismo con tintes místicas y aires filosóficos, que a él particularmente le resulta poco atractivo, sobre todo teniendo en cuenta que surgió en la Alemania del siglo XIX donde, entre Goethe y Nietzsche, se generaron pensamientos mucho más estimulantes.

Consuelo enlaza su intervención con lo expuesto anteriormente y señala que Galdós pudo haber entendido el alemán, pero que el idioma extranjero que dominaba era el inglés, ya que tradujo a Dickens; también aporta su sorpresa por la relación sentimental que tuvo el autor con la escritora Emilia Pardo Bazán, de lo que ella nada sabía. Y centrándose ya en el libro que tratamos, Consuelo señala que las Memorias de un cortesano le han parecido uno de los Episodios Nacionales con menos contenido de los leídos hasta ahora, en el sentido de que no está completo y apenas hay referentes al reinado de Fernando VII, que es el eje principal de la historia. Lee algún fragmento de la reseña en el blog Mis lecturas clásicas, donde se trata de los aires cómicos y de sainete que tiene la novela, y se lamenta que este rey no recibiera de Galdós una crítica mayor, dado que fue el peor rey en la Historia de España (Carmelo puntualiza que probablemente los haya habido peores); al hilo señala Consuelo que el autor del blog, Antonio Ponce, introduce una cita del libro donde se habla de la nariz encorvada del monarca, lo que enlaza con el famoso verso de Quevedo. A continuación, Consuelo habla del final de la novela, que para ella fue completamente inesperado; en este sentido, Mercedes pregunta si los personajes que confluyen en esta escena son ficticios o pertenecen al ámbito histórico, a lo que Consuelo responde que son del crisol galdosiana; entonces Mariajosé destaca el tratamiento humorístico que el autor da a la narración, acentuado en este título, y Eugenio se pregunta cuál es el momento histórico exacto de los hechos, si durante la primera gobernanza de Fernando VII o después de que convocara a los ejércitos extranjeros para eliminar la oposición que fue generándose contra su reinado, a lo que Consuelo recuerda que había eliminado la Constitución nada más acceder al poder y Mariajosé señala que recibió el apoyo inicial del pueblo, gracias a que abogó por el tradicionalismo y apeló a los anhelos más trasnochados de la ya muy decadente España Imperial. Por último, Consuelo indica que el argumento fundamental de la novela es el nepotismo existente en aquella Corte, y Mariajosé recuerda que este sistema de gobierno es muy español, alcanzando la cumbre de nuestro inmediato pasado la reciente era del Sociolismo.

Mariajosé insiste sobre el arribismo dominante en la época, reflejado en la novela a través del protagonista, de quien dice que le ha recordado a Urdangarín, a lo que Consuelo señala que es lo de siempre y Mercedes se pregunta si esto ocurrirá en otros países, al hilo de lo cual Eugenio opina que el nivel de corrupción va en consonancia con la dependencia económica del país, y así como una república bananera tiene un dictador mantenido por las potencias foráneas que expolian sus recursos naturales, a un país con autonomía económica le es imprescindible mantener un cierto grado de equidad para crecer. Carmelo señala a continuación que la corrupción no depende de los países, sino que es un mal que acompaña a todo ejercicio del poder humano, y Valentín indica que un país tan adelantado como Suecia tiene prohibiciones absurdas como la de no poder tirar de la cadena a partir de las diez de la noche; a ello responde Consuelo que en Alemania hay que mantener silencio en el vecindario de una a tres de la tarde, y eso que no suelen echarse la siesta, y Mariajosé indica que para leyes absurdas las de Estados Unidos, a lo que replica Rufino que no será tan absurdas para ellos, ya que existen. Así nos enfrascamos en un debate sobre las normas de convivencia y buena vecindad y navegamos entre el ruido de las aspiradoras y los sonido onomatopéyicos del somier en marcha.

Eugenio regresa a Galdós para comentar que leyó hace tiempo La Fontana de Oro y recuerda que en esta novela, también en tono satírico, se inspiraba el autor en la represión de las conspiraciones contra el rey en la Corte de Fernando VII, a través de un tío del protagonista que es encargado de reprimir a los rebeldes. Carmelo comenta que tratar a Fernando VII con ironía es una manera de ridiculizarlo, de demostrar lo nefasto que fue para España, y Mercedes señala que Galdós trató con igual rasero la vida política española en el resto de Episodios leídos hasta ahora. Por su parte, Rufino indica que el proptagonista se hace llamar Juan de Pipaón y en su origen no fue sino un “pobre covachuelista”, a lo que Mariajosé asiente y dice que vivía en un antro y que se cambió el apellido, que era “Bragas”, por otro más digno; añade además que este Juan fue un segundón en la anterior novela (el Equipaje), a lo que Mercedes señala que ya tenía aires de trepa y Carmelo recuerda que la figura de Godoy, quien de ser soldado pasó a gobernar gracias a los favores de la reina, muestra que el trepa es muy común en nuestra vida política. Al hilo, Eugenio recuerda haber leído algunos comentaristas de la Historia Patria que defienden a Godoy, a lo que Valentín afirma que habrá sido gente que de una u otra forma fueron favorecidas por él, y Carmelo recuerda que con Franco aún pasa lo mismo; Rufino se refiere a la adulación hacia los jefes, que se da en cualquier trabajo, y Eugenio supone que las empresas funcionan del mismo modo que los países donde se afincan. Y desde aquí nos sumergimos en un interminable debate sobre la corrupción en España: Carmelo recuerda que la formación del Estado durante la Transición se vendió bajo el “café para todos”, Rufino indica que las Autonomías creadas en aquel proceso se han evidenciado onerosas y Valentín cree que algún día se hará realidad aquella visión de Carrillo sobre un altar, capaz de hacer milagros.

Mariajosé reanuda la sesión leyendo un texto sobre su lectura de la novela, donde identifica a Juan Bragas con la tradición picaresca, ya que el personaje presume de haber llegado hasta la intimidad de la Corte sin poseer apenas cultura. Sobre ese mundo del reinado de Fernando VII, recuerda que hizo retroceder la corona borbónica a los peores usos de la Monarquía Absoluta, y por último volvemos al debate sobre la actualidad política, lamentando que el dinero robado por los cargos públicos, que probablemente solucionaría lo más lamentable de nuestra crisis económica, aliviando la deuda exterior que por los mismos motivos se ha engordado, no vaya a ser devuelto, y que nadie aparecerá que obligue a hacerlo.

 

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19 de abril de 2017: Doris Lessing

Reunidxs: Isabel, Consuelo, Mariajosé, Eugenio, Carmelo, Rufino, Lali, Mercedes, Valentín y Pilar.

Isabel abre la sesión leyendo los datos sobre la biografía de la autora publicados en «El poder de la palabra», que indican que Lessing fue una ciudadana británica nacida en Persia en 1919, criada en Zimbabue y fallecida a los ochenta y tantos años de edad. Señala su interés por la psicología, con el análisis de la locura en sus novelas, entre las cuales destaca la pentalogía Los hijos de la violencia y el carácter autobiográfico de la mayoría de ellas, por lo que Martha Quest sería álter-ego de la autora; pero la obra más célebre de Lessing es El cuaderno dorado. Isabel añade que, a través de su trabajo, la autora reflexionó y se preocupó de buscar y definir una identidad para las mujeres, y que sus primeras ficciones describen su experiencia en el África colonial.

Mariajosé ha leído El quinto hijo y cuenta su argumento: una pareja se conoce en un baile de sociedad y se prometen amor eterno, planificando una vida familiar tradicional, lejos de aquélla que causa sensación entre sus contemporáneos (años sesenta del siglo XX): deciden construir un hogar victoriano y tener lo menos ocho hijos. Pero ya antes de nacer, el quinto, que se llamará Ben, se les tuerce, y si ya físicamente es raro, como de otra especie, con aspecto de gnomo y poco inspirador de confianza, su carácter no resulta menos inquietante y resulta ser un niño desalmado, hasta el punto de que su aire demoníaco termina sembrando el terror en la casa. Mariajosé cuenta una escena del libro y después destaca el ritmo vivaz de la narración, gracias a la proliferación de diálogos y a la limpieza de su escritura; por último, confiesa que ha pasado miedo visualizando al niño, ante lo que Carmelo recuerda el riesgo de empatizar en la lectura, lo que a él en ocasiones le ha motivado estados de enojo, a causa de algún personaje desagradable.

Mercedes se pregunta si la autora recibió el premio Príncipe de Asturias y a continuación Isabel lee su palmarés; luego retoma la palabra para comentar que no ha leído ninguna de las obras por falta de tiempo, aunque intentó hacerlo con alguna de las que componen Cinco novelas cortas, pero sin éxito por lo que ha leído los datos biográficos publicados en la Wikipedia, y sobre ellos destaca que los padres de Lessing se conocieron debido a que él era un militar mutilado durante la Gran Guerra y ella fue una de las enfermeras que lo atendió, que la pequeña nació en Irán y cuando tenía seis años se desplazaron a Rodesia, y que durante su vida adulta se casó y divorció en dos ocasiones y tuvo tres hijos. Mercedes señala que Lessing terminó siendo seguidora de las doctrinas sufistas y que El cuaderno dorado se convirtió en obra emblemática para una generación de lectoras atraídas por el feminismo, ya que en ella se tratan las inquietudes y meditaciones de dos mujeres, Anna y Molly, la primera escritora y madre de una hija, la segunda actriz y con un hijo; en los diversos cuadernos que componen este libro, se desarrollan los sentimientos, las emociones y reflexiones de las protagonistas.

Consuelo comenta que hace tiempo leyó Diario de una buena vecina, que le causó gran impacto (Lali manifiesta que ella también ha leído esta obra), y que en esta ocasión ha empezado la lectura de El cuaderno dorado, aunque no la ha concluido aún debido a las dimensiones de la obra. Acerca de ésta indica que una de las protagonistas, Anna, ha escrito una novela sobre su experiencia africana, titulada Fronteras de la guerra, y que probablemente pueda corresponderse con los Relatos africanos de la autora; acerca de este conjunto de cuentos, Consuelo comenta que abarca vivencias en una granja donde se acoge a población oriunda más desfavorecida, y en particular habla de un niño que llega enfermo al lugar y una vez curado pretende quedarse para ayudar, dispuesto a trabajar cuanto sea necesario; pero dadas las circunstancias es rechazado y entonces se rebela. A continuación, Consuelo habla algo acerca de El cuaderno dorado, sobre el que dice que está compuesto de cuatro diarios de distintos colores, así como de una novela: Mujeres libres; acerca del primero de los cuadernos, el “cuaderno negro”, Consuelo señala que la narradora habla de su ex marido alemán y de la experiencia comunista que vivió con él, lo que sirve de excusa a la autora para mostrar el comportamiento político variable y tratar de explicarlo, al tiempo que identifica las fallas en la amistad de las protagonistas, cada una de las cuales está impregnada de su propia cultura. Dice, por último, que en El cuaderno dorado esgrimió Lessing una crítica al comunismo, al hilo de lo cual señala Carmelo que la autora sufrió un desengaño similar al que aquejó a muchos intelectuales de la época, decepcionados por el rumbo tomado en la Unión Soviética bajo el mando de Stalin.

Eugenio comenta que en la primera parte de El cuaderno dorado hay una reflexión sobre la escritura que le ha llamado la atención y la lee a continuación, destacando que la autora parece hacer tratado de virar el rumbo de su oficio pasando de una novela de carácter testimonial y periodístico a otra más filosófica o de tesis, que en el texto compara con las de Thomas Mann, a quien califica de último de los escritores en el sentido antiguo. Eugenio señala que, junto al valor documental que la literatura posee acerca de la época en que es concebida, podría destacarse también y con mayor intensidad el hilo extemporáneo que atraviesa algunas, convirtiéndolas en obras imperecederas; en este sentido, advierte del hastío que puede llegar a generar la literatura contemporánea en los lectores, toda vez que su abundancia (sobre todo de la inglesa, que controla la industria) y frecuente reiteración y mediocridad, termina desmotivando las lecturas; a juicio de Eugenio, este hartazgo no se da cuando se consigue disfrutar de los clásicos.

Para cerrar la sesión, Isabel lee un fragmento editado en «El poder de la palabra», de Instrucciones para un descenso al infierno, que califica de ciencia ficción y donde se cuenta que hay una conferencia interplanetaria para exponer los problemas de equilibrio ecológico que sufre la Tierra, en la que participan representantes de Marte y Venus, y donde se concluye, sin abandonar la esperanza en la autorregulación de cierto equilibro natural, que los seres humanos gestionamos el medio con escasa responsabilidad.

 

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5 de abril de 2017: El equipaje del rey José / Benito Pérez Galdós

 

Reunidxs: Rufino, Isabel, Pilar, Eugenio, Mercedes, Valentín, Toñi y Lali

Isabel abre la sesión con la lectura de los datos que sobre la novela recoge la wikipedia: se trata de la primera entrega de la segunda serie de los Episodios Nacionales de Galdós, que sirve como presentación de los nuevos personajes y trama a desarrollar en el resto de la serie, y comienza en el año 1813, cuando se vislumbra ya el final de la Guerra de la Independencia contra Francia; el protagonista es Salvador Monsalud, quien debido a su pobre condición se ve obligado a alistarse en el ejército napoleónico para sobrevivir. Isabel señala que si en la primera serie la voz del narrador fue la de Gabrielillo (salvo escasas excepciones), en esta segunda el autor, aunque en algún momento adopte la voz de alguno de los personajes, opta por la narración en tercera persona, y también emplea un mayor esfuerzo en las descripciones históricas. Pero la historia narrada continúa siendo folletinesca, incluso se acentúa, a juicio de Lali; pues en este caso, el eje central es el enfrentamiento a muerte entre dos hermanos que no saben que lo son, antagonistas en sus posiciones políticas y también rivales en el amor de una mujer. Concluye Isabel señalando que el escenario de la novela es el último capítulo de la Guerra de la Independencia, y que Galdós vuelve a denunciar, como era habitual en las novelas precedentes, los abusos de las tropas invasoras y la belicosidad de los guerrilleros del norte, combatividad que anticiparía la crudeza de las Guerras Carlistas.

Rufino lee un texto encontrado de Internet donde se habla de la novela en términos similares a los anteriores, destacando que el año de composición de la misma fue 1875 y que ha sido considerada un buen comienzo para la nueva serie. El tema principal de El equipaje del rey José es la persecución a los afrancesados tras la expulsión de quienes habían posibilitado que lo fueran; en este caso, Salvador Monsalud, protagonista principal, se había puesto al servicio de los invasores por necesidad, ya que fue inmigrante en la capital sin hallar otra forma de ganarse el pan. Rufino destaca el triángulo amoroso entre Salvador, Carlos y Genara, que muestra la intención folletinesca del autor al inventar que los dos hombres son hermanos sin saberlo; y por último habla de la batalla de Vitoria, detonante de la huida de los franceses, y de la que destaca la descripción que hace el autor de la situación geográfica, cuya intensidad, según el firmante del artículo, facilita una pérdida de atención en el seguimiento de la historia: también hay una crítica a que el rey José apenas aparezca en la novela, echando de menos el haber leído una interpretación de Galdós acerca de sus sentimientos en la hora de la derrota.

Toñi ha leído la novela y comenta que el equipaje al que se refiere el título hace mención al botín de joyas y oro que robados en la capital llevan los franceses en retirada. Cuenta que cuando el protagonista Salvador visita a su madre (Fermina), ésta se desmaya al verlo vestido con el uniforme del ejército invasor, y él justifica su destino lamentando que cuando llegó a Madrid tuvo que alistarse para poder comer. Isabel comenta entonces, citando una sinopsis de los capítulos que integran la novela, que Genara ―cuyo nombre, señala Lali, es diminutivo de Generosa―, antigua novia de Salvador, se ha convertido en una nacionalista radical y ahora es pretendida por Carlos, cuyo padre es don Fernando, que es el cabecilla de los absolutistas antifranceses y, parece ser, el que dejó embarazada a Fermina, campesina pobre madre de Salvador, tras violarla. La historia en el pueblo natal de Salvador, donde lo aborrecen, se desenvuelve sobre ésta que es como indica Toñi una tragedia; y el cruel asesinato del cura de la partida que sale de allí para terminar de expulsar a los invasores, se presenta como germen del Carlismo. Mercedes comenta que la batalla de Vitoria supone el cierre de la Guerra de la Independencia, y Lali destaca, como rasgos folletinescos mentados por Toñi, los desmayos y muestras de histerismo de las mujeres, preguntándose entonces a qué sería debido que en aquella época esto fuera tan común: a ello responde Rufino que podría ser deberse a la desnutrición, mientras Eugenio comenta que sólo son tópicos literarios del momento, Isabel lo califica de paripé intencionado para llamar la atención y Mercedes habla de moda en pos de la satisfacción de determinados intereses inconfesables; por último, Valentín lo achaca al uso y abuso del rapé.

Isabel continúa leyendo la sinopsis de la novela, y añade Toñi que Salvador se quita al fin el uniforme francés cuando una paisana se lo arranca, y que las tropas inglesas llegan en el instante álgido del saqueo (corrobora Lali que en este capítulo de la novela, todos sin excepción son malos). Finalmente, Pilar pone la violencia de género sobre la mesa e Isabel nos muestra su preocupación por la convivencia vecinal, asunto que se nos antoja más complicado que nuestras relaciones con Francia.

 

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15 de febrero de 2017: Lawrence Durrell

Reunidxs: Mariajosé, Consuelo, Toñi, Rufino, Isabel, Eva, Eugenio, Luis, Pilar, Lali, Mercedes, Valentín y Maite.

Isabel abre la sesión leyendo los datos biográficos publicados en la web «El poder de la palabra», donde se empieza etiquetando al autor como “novelista y poeta británico”, a lo que Marijose señala que esto es un error porque Durrell, según varias fuentes, nunca tuvo la nacionalidad británica; pero Eva comenta que la India, donde nació, pertenecía en aquel momento a Gran Bretaña y por ello se le puede considerar «británico», y Luis advierte entonces que no debemos confundir a Lawrence con su hermano Gerald, que también tiene una cierta celebridad literaria aunque sus inquietudes pertenezcan al mundo de la ciencia, ya que en sus libros muestra el comportamiento de los animales humanizándolo y haciéndolo así comprensible al lector de cualquier edad, a lo que Pilar añade que Gerald fue biólogo. Isabel continúa con la lectura de la reseña biográfica sobre Lawrence Durrell y menciona que desde temprana edad escribía poesía y novelas, entre las cuales la primera en destacar fue El cuaderno negro, escrita sobre su experiencia en París e influida por la lectura del Trópico de cáncer de Henry Miller; Isabel añade que el autor realizó actividades diplomáticas en diversos lugares, como Grecia o Egipto, a lo que Luis recuerda que Durrell no era un diplomático, sino agregado cultural y de prensa, y su labor fue periodística. Sobre la tetralogía que le ha dado celebridad, Cuarteto de Alejandría, Isabel menciona que fue publicada entre 1957 y 1960, y que la trama se desarrolla en diversas intrigas, tanto amorosas como políticas, estructuradas bajo la evocación de la ciudad de Alejandría durante las épocas limítrofes de la Segunda Guerra Mundial; resalta que su originalidad reside en tratar desde puntos de vista distintos, los mismos acontecimientos. Finalmente, añade que el autor también escribió ensayos en torno a sus viajes, describiendo la vida contemporánea en las islas mediterráneas de Corfú y Chipre, por ejemplo.

Rufino lee fragmentos de un artículo publicado en La Vanguardia y disponible en su hemeroteca virtual, titulado «La tortuosa vida de un genio», firmado por Teresa Amiguet; cuenta que a los doce años de edad, el autor fue enviado por sus padres a Londres con el objeto de que estudiara en Cambridge, pero él terminó escribiendo poemas en las mesas de los garitos adonde iba a escuchar jazz. Menciona que Durrell sedujo a una hija suya por culpa de lo cual ésta se suicidó, a lo Lali señala que el incesto no parece hacerse demostrado. Rufino también menciona un comentario de la autora del texto que está leyendo, sobre la descripción que del autor hace su hermano Gerald en Mi familia y otros animales, donde éste plasmó las vivencias de los Durrell en Corfú; respecto a la obra de Lawrence Cuarteto de Alejandría, el texto indica que la autora del mismo leyó la obra durante su adolescencia y la considera un fértil cultivo para la comprensión de los sentimientos humanos y el amor, desde una perspectiva poco convencional, añadiendo que Durrell trató el tema con el aporte científico de la Teoría de la Relatividad, usando ésta como inspiración técnica para la escritura; también llama al amor “jeroglífico”, pues consistiría en un desciframiento constante. Por último, Rufino indica que la familia del autor fueron colonos de clase media: su padre ingeniero de ferrocarriles y su madre de ascendencia irlandesa.

Mariajosé ha leído un artículo en la web «Opera Mundi» donde se califica al autor de “apóstol  del sexo promiscuo”, y a través del texto del mismo comunica que el primer título conocido de Durrel es una novela de tintes autobiográficos llamada Pied Piper of Lover, que su niñez la pasó entre la India natal y la Inglaterra académica y que la vida en Corfú, que compartió con Nancy Hodgkin, le acercó una copia clandestina del Trópico de Cáncer de Henry Miller cuya lectura daría un rumbo más acertado a su singladura literaria. Menciona el sexo como receta contra el aburrimiento y señala que en 1937, ya en París, tuvo contacto con Anais Nin -de quien resalta sus Diarios- y con el propio Miller, con quien el autor mantuvo una fértil correspondencia; también llama su atención la amistad que le unió al poeta inglés T. S. Eliot, que ejerció tareas editoriales para Durrell en Londres, y a quien debe, según indica Luis, la expresión «tierra baldía» que tanta fortuna ha deparado a aquél. Mariajosé lee también que Durrell se sintió un refugiado del clima griego, que se hizo cargo de su hija tras la separación conyugal y que la escritura del Cuarteto de Alejandría la llevó a cabo en Francia, cuando ya se encontraba en compañía de su tercera esposa. Por último, indica que Henry Miller lo llamó “genio amargado”.

Toñi ha leído Justine, la primera de las novelas que componen el Cuarteto de Alejandría, y le ha gustado: dice que es una lectura agradable y sorprendente. Destaca las descripciones que hace el autor del entorno natural, tanto de la ciudad como de la playa, resaltando la imagen de las dunas y la mezcla de culturas y razas; al respecto señala Luis que Alejandría en aquella época era una ciudad como Tánger, libre de controles, y Lali añade que también la Casablanca de su infancia fue zona franca, como mostró el cine. Toñi habla del argumento y define la novela como un “jaleo de amoríos”, donde hay constante cabida para la sensualidad y el erotismo; resalta entre los incidentes de la trama cuando a Nessim, el marido de Justine, le comunica Melissa, rival de aquélla en el corazón del narrador, que su esposa le es infiel; entonces él pregunta a la confidente cuánto dinero quiere a cambio de su silencio.

Lali también acaba de leer Justine (comenta Luis que ésta es la mejor obra del Cuarteto: al menos la más inspirada, cuya trama se desarrolla con mayor fluidez, frescura y elegancia) y tiene la impresión de que ya la había leído antes, pues algunos pasajes le han sonado familiares; destaca la escena cuando Nessim y el narrador acuden a rescatar a Justine de un burdel donde se prostiuye a niñas. Señala que el ambiente literario y biográfico de Durrell le ha evocado a los escritores estadounidenses de los siglos diecinueve y veinte, a quienes ella llama “borrachines“, y pone como ejemplo a Scott Fitzgerald; al hilo pregunta Eugenio si la prosa del autor no le ha recordado también a Proust, pues a él le ha parecido que Durrell, a la hora de afrontar las emociones, parece más francés que inglés; Mercedes comenta que ella ha leído sobre las similitudes entre Proust y Durrell, y que también se compara al autor con Joyce, a lo que Eugenio cree que quizá se pueda hallar un parecido entre ambos por el tratamiento del espacio, al que dan importancia superior a la perspectiva temporal, pero en ningún momento él ha sentido reminiscencias del irlandés. Entonces Luis, siguiendo con referencias intertextuales, recuerda la admiración de Durrell por Cavafis, el poeta alejandrino de cultura musulmana pero ascendencia occidental (su padre era un griego comerciante), de quien Eugenio dice que es abundantemente citado por el autor en Justine, llamándolo “viejo poeta” y, que él recuerde, nunca mentándolo por su nombre; a continuación Mariajosé recuerda que Cavafis recibió el Premio Nobel. Lali recupera la palabra para insistir en que Durrell rompió moldes, al igual que el propio Joyce o el checo Kafka, ya que el Cuarteto de Alejandría está compuesta de cuatro novelas independientes en torno a la misma historia, pero desde diversos puntos de vista (apunta Eugenio que las tres primeras cuentan la misma historia, pero la cuarta, Clea, es la continuación de las anteriores), con el objeto de intentar aproximarse algo más al conocimiento de la naturaleza humana, a la cual el autor califica de “inasible”; quiere entonces Lali rescatar sinónimos de este adjetivo, entre los que Mariajosé dice inabarcable, Luis incomprensible y Rufino ofrece una definición que busca en Internet y que dice que inasible lo es algo “por ser demasiado sutil”. Seguidamente, Lali habla de la descomposición de la sociedad europea durante el periodo de entreguerras, que es el escenario en que vive y escribe Durrell, y menciona el Quinteto de Avignon, su obra más ambiciosa, como intento por descubrir las claves de la confrontación entre Occidente y Oriente, y donde el autor investiga sobre la unión de los destinos con una “vívida prosa expresiva”; por último, nos informa de que tiene en casa un libro de viajes titulado Las islas griegas, edición ilustrada con fotos en blanco y negro y textos de Lawrence Durrell.

Eva llama la atención sobre el hecho de que Durrell sea un escritor del espacio, destacando los viajes que realizó en vida y los que plasmó en sus novelas; al hilo Mariajosé comenta que viajar es una práctica muy británica, y Lali recuerda el encanto que el Mediterráneo ha despertado en los artistas ingleses a partir del siglo XVIII. Eva añade que el tratamiento que da el autor en el Cuarteto de Alejandría a la historia, la idea que concibe y desarrolla en esta tetralogía, es impresionante, muy ambiciosa, aportando una visión innovadora y atrevida sobre temas que algunos escritores tratan de soslayo y muy pocos se deciden a expresar abiertamente, a lo que Rufino señala que más bien habría que decir que muy pocos se deciden a divulgarlo, porque realmente cuando se escribe, se escribe sobre cualquier asunto y se le da el tratamiento que se quiere, pudiendo quedar lo hecho en la intimidad del autor. Finalmente, Eva indica que Durrell trató de repetir en el Quinteto de Avignon la complejidad formal de su obra más célebre, pero lo hizo sin éxito, a lo que Eugenio señala que quizá ese intento le salió bien y quedó satisfecho, pero aún la crítica y los lectores no lo hemos descubierto.

Luis subraya que Durrel fue un buen escritor que recibió la herencia de Proust, Musil y Kafka, entre otros, aunque no llegó a alcanzar la grandeza de éstos; señala que la novela moderna se ha construido sobre tres pilares decimonónicos que son las obras fecundas de Dostoievski, Dickens y Balzac, de la misma manera que éstos consolidaron en la novela burguesa la vía abierta por Cervantes, y añade que en el periodo entre las dos guerras mundiales del siglo XX, fue Kafka el más influente, y el que más ha crecido en la segunda mitad del siglo pasado y comienzos de éste, a lo que Eugenio recuerda la deuda de Eduardo Mendoza con el escritor checo, y Luis menciona del barcelonés La verdad sobre el Caso Savolta. A continuación recuerda la atracción que ejerció Henry Miller sobre Durrell, que Mariajosé llama “amistad íntima” y Luis recalca como lío amoroso donde la clave es Anais Nin, de cuya obra destaca los diarios entre los cuales la autora de origen español narró detalles del incesto con su padre, que Luis define como escabrosos aunque añade que no hay que rechazar la literatura por su contenido, ya que la lectura de cualquier tema no implica la asunción de lo leído; pone como ejemplo a Sade. Finalmente menciona El cuaderno negro (del que dice Isabel que no pudo editarse en Inglaterra hasta treinta años después de escrito, dado la moral victoriana aún imperante antes de la Segunda Guerra Mundial) y nombra a Alma Mahler y Lou Andreas-Salomé como mujeres destacadas de la época, que también lograron socavar la moralidad trasnochada.

Eugenio ha leído Justine y señala que le ha gustado mucho, que es de lo mejor que ha leído últimamente de los autores de nuestra tertulia, añadiendo que conocía a Durrell gracias a la obra de su hermano pequeño, quien transmitió una cómica imagen del autor en su estancia en Corfú, a través la mencionada Mi familia y otros animales. Le ha resultado burda la crítica que se ha vertido contra Durrell por haber sido malísimo con sus mujeres, y sobre todo le parece prudente no manifestarse acerca de la seducción de su hija, aunque comenta que sea cual sea la vida privada de un escritor, según biógrafos, críticos e intérpretes, lo que como lectores llegaremos a conocer de ellos sólo será su obra, y el prestigio académico de muchos suele ser poco digno de confianza. Eugenio destaca que Durrell pretende hacer literatura en base a su experiencia personal, pero buscando nuevas formas y, sobre todo, tratando de construir la novela con aplicación de los principios de la Cábala y otros conocimientos gnósticos, tal y como se muestra en el contenido del Cuarteto y evidenció en la estructura del Quinteto; en este sentido, lo que subraya de la perspectiva ficcional de Durrell es la importancia del espacio a la hora de desarrollar la narración, marginando la prevalencia del orden cronológico propio de la novela del diecinueve, aún dominante en la época del autor y aun en nuestros días, como demuestra la literatura de consumo; también cree Eugenio que en Durrell hay un escritor sincero, en contraste con la falta de sinceridad que precisamente reprochaba hace un par de sesiones a William Golding. Por último, Eugenio lee un par de fragmentos de Justine: en el primero se hace una breve apología del hombre promiscuo, en boca del personaje más vividor de la novela (“el del parche en el ojo”, recuerda Toñi), como ser completamente impotente ante el influjo de un rostro femenino, y en la segunda el autor cita a Tolstoi: la impresión que éste llevó ante los niños y niñas que encontró en las escuelas destinadas a las clases empobrecidas de su tiempo.

Mercedes reitera que Durrell nunca tuvo la ciudadanía británica, a lo que Luis insiste en que este dato no se sabe a ciencia cierta; entonces Mercedes recuerda que el autor no quiso tener ninguna relación con la metrópoli de la Commonwealth, y establece una comparación entre Inglaterra y el Mediterráneo o la India, su tierra natal, a lo que Luis recuerda que T. S. Eliot tomó “tierra baldía” -término con que tituló su poema más conocido- de lo que a Durrell le parecía Inglaterra, y que la vida espiritual de la religión hindú, para alguien con inquietudes como él, es mucho más atractiva que la del anglicanismo. Mercedes comenta que ha estado ojeando Limones amargos, la obra que el autor basó en su experiencia en Chipre a comienzos de los años cincuenta, y de cuyo título argumenta Consuelo que compara el exprimir limones con la miseria que sufren los refugiados; Mercedes añade que en la época en que Durrell estuvo en esta isla, el lugar estaba en plena ebullición independentista, a lo que Luis recuerda que Chipre aún no es independiente, ya que se encuentra ocupada a partes iguales por Grecia y Turquía; Rufino hace mención entonces al arzobispo Makarios III, muy popular en aquellos momentos.

Pilar lee algunos pasajes del texto de Teresa Amiguet sobre el autor y destaca que fuera un hombre torturado, con hondo desequilibrio interior y, según palabras a él mismo atribuidas, “náusea de su propia obra”; también subraya que la obra de Durrell pueda servir para “angustiar a los bienaventurados”, y comenta que posiblemente Durrell no haya logrado la comprensión de la crítica.

Consuelo cuenta que ha leído Clea, la última de las novelas que forman el Cuarteto de Alejandría, y que la historia parte de cuando el narrador principal regresa con la hija de Melissa a Alejandría; comenta que una vez allí aparca a la niña en el puerto y no se vuelve a saber de ella, a lo que Luis recuerda que esto puede haber sido un sencillo recurso literario, pero también podría tratarse de un descuido del autor, como el que cometió Cervantes en la primera parte del Quijote con el asno que le roban a Sancho. Consuelo confiesa que le ha costado conectar con la trama porque el autor da por hecho que quien lea Clea ya ha leído las anteriores, en las que todos los personajes que van saliendo han sido presentados, pero finalmente ha disfrutado de la lectura. Destaca las descripciones, de paisajes y de la belleza humana, y evoca la Alejandría de aquel momento como una urbe ecléctica donde las razas y culturas se mezclan y conviven. Acerca de la forma de expresión, dice que Durrell no usa un lenguaje obsceno sino, al contrario, es muy poético, y le han gustado especialmente las explicaciones que da sobre la vida sentimental, además de la exposición que hace de los ritos y del santoral. Respecto a la versión cinematográfica de Justine (de la que dice Isabel que fue dirigida en 1969 por George Cukor), Consuelo ha leído en Internet que el papel femenino principal tuvo varias candidatas, pero ninguna actriz parecía idónea; por otro lado, también se ha dicho que esta película simplificó tanto la novela que el resultado fue más bien un melodrama sin repercusión. Consuelo añade, finalmente, que dada la descripción que hace Durrell de las personas, tampoco ella entiende que fuera un hombre cruel con las mujeres, a lo que Toñi evoca la escena en que Justine narra su violación.

 

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8 de febrero de 2017: Gerona / Benito Pérez Galdós

Reunidxs: Isabel, Eva, Carmelo, Luis, Eugenio, Mercedes, Consuelo, Pilar, Toñi, Valentín, Mariajosé, Benita y Lali.

Mariajosé abre la sesión leyendo un texto donde ha escrito sus impresiones sobre la lectura de esta séptima novela de la primera serie de los Episodios Nacionales de Galdós; señala que en ella Gabriel ha dejado de ser el protagonista principal para pasar a un segundo plano como oyente de la historia que cuenta su amigo Andrés, a quien escucha relatar las vicisitudes de la estancia de éste en la capital catalana que da título al libro, durante el duro asedio a que acaba de ser sometida por el ejército francés; la narración de Andrés es recibida por Gabriel después de que él haga lo propio con el relato sobre su estancia en Zaragoza que fue motivo de la anterior entrega, durante el viaje en que ambos van camino de Cádiz, huyendo de las fuerzas invasoras. Mariajosé recuerda que el acontecimiento que sirve de excusa fue el segundo sitio de Gerona por las tropas napoleónicas, producido tras la derrota que éstas sufrieron en Bailén, y el argumento se desarrolla entre la historia personal de Andrés y las horribles consecuencias que sufren los habitantes de la ciudad sitiada, cuya defensa se encuentra liderada por el general Álvarez de Castro, de quien evoca Mercedes su homenaje en el nombre de una glorieta madrileña. En torno al drama provocado por el cerco, Mariajosé destaca la hambruna que sufre la población, donde hay quienes llegan a plantearse la antropofagia, toman sopas hechas de la cocción de cuero y comen libros (en sentido no figurado); también hay anécdotas con la plaga de ratas, que en un momento dado llegan a pelearse entre ellas, batalla que narra Galdós y en la cual la rata más gorda con la que nadie puede recibe el nombre de Napoleón. Esta escena encantó a nuestra compañera, quien lamenta sin embargo que en la novela el autor se aleje de la historia entre Gabriel e Inés, aunque, al contrario que en anteriores novelas, haya componentes más humanos que bélicos; entonces cuenta Mariajosé la historia de un médico que se está volviendo loco por la enfermedad de su hija, a quien obviamente no puede dar de comer como debería, y empieza a acechar a algunos vecinos con intención de matarlos para conseguir alimento. Por último, indica que los sitiados se rinden cuando Álvarez de Castro cae enfermo, a lo que Luis añade que éste fue un militar de los más importantes de la época.

Carmelo indica que la ciudad de Gerona ha sido sitiada muchas veces a lo largo de la Historia, que él sepa hasta once, dos de ellas por los franceses; el periodo histórico en que Gerona ha sufrido más asedio fue durante la Guerra de Sucesión. Al hilo, pregunta Lali si los sucesos que narra la novela que tratamos la hacen tan interesante, a lo que Mariajosé recuerda que la mayor parte son terribles y Toñi replica que en la narración de Zaragoza todo es aún más terrible, a lo que recuerda Carmelo que de la huella de la batalla en la capital aragonesa aún quedan marcas en calles y edificios. Entonces pregunta Mercedes si cambiará el tono de los hechos en la segunda serie de los Episodios Nacionales, a cuya lectura nos estamos acercando, y Luis recuerda que Araceli desaparece de escena, y que otros personajes que apenas han aparecido hasta ahora comienzan a tomar protagonismo, añadiendo que éste es uno de los encantos de la saga histórica de Galdós, pues en cada episodio se solapan personajes dando mayor interés a la trama.

Eva se presenta al resto del grupo en su primer día con nosotrxs y a continuación comenta que lo que más le ha llamado la atención de lo leído es la crítica a la lucha contra Napoleón que ha descubierto en la narración, desde la actuación desordenada de los guerrilleros hasta la migración de mujeres hacia Andalucía; Mercedes observa que, en todas las novelas de la serie, el autor hace crítica del desenvolvimiento del gobierno en esta crisis; tras ello, Lali indica que sería una crítica relatada y Mariajosé subraya que no es una crítica explícita, a lo que Luis recuerda que los liberales se trasladaron a la Isla de León donde fundaron las Cortes de Cádiz, y que el problema de la lucha española es que se libró en vano contra Napoleón, ya que las victorias de éste eran aplaudidas por el Rey Felón en el exilio, mientras los afrancesados tenían a un Pepe Botella poco popular y, por cierto, bastante abstemio, que se encargó de asear y modernizar cuanto pudo la capital, siendo también conocido, señala Carmelo, bajo el apelativo del “rey plazuelas” por las muchas que mandó construir. Luis recuerda no obstante el heroísmo de la lucha popular contra los invasores, y señala entre otras la figura del Empecinado, destacando que los ataques guerrilleros lograban la conquista de montura y víveres, incursiones esporádicas que cosecharon tanto éxito que un siglo más tarde, tras la Guerra Civil, espeañoles dieron conferencias en la Moscú soviética sobre la guerra de guerrillas que sirvieron, por ejemplo, en la defensa de Vietnam, del mismo modo que fueron la base táctica para las incursiones de los Marines, que invaden tierra desde la costa. Eva retoma el asunto que tratamos y comenta que el rey español se dejó engañar a la hora de ser invadido el territorio, a lo que Luis recuerda que Fernando VII, tras el golpe de Riego en 1820 que lo desplazó del poder despótico, consiguió recuperarlo tres años después gracias al apoyo de los célebres cien mil hijos de San Luis que atravesaron los Pirineos para devolverle la corona, inaugurando una época de represión y tiranía llamada Década Ominosa, y dio origen a la Calle del Humilladero en Madrid, llamada así por los padecimientos del reo en su camino hacia el cadalso situado en la Plaza de la Cebada; en otro punto etimológico, Luis señala que al Empecinado se le llamaba así, no por ser muy cabezota, sino por lo moreno de su piel, comparada con el negro de la pecina; así ocurría también que a Beethoven, de la misma época, se le llamaba “el español” no por su mala leche, sino por su tez picada de viruelas, ya que ésta era una pandemia en nuestro país. Volviendo al Empecinado, Luis añade que la biografía que sobre su figura escribió Gregorio Marañón (El Empecinado visto por un inglés) es una obra de arte, así como la de Antonio Pérez y otros tantos textos del erudito médico que, comenta, descubrió la tumba de Enrique IV y escribió un importantísimo estudio sobre la impotencia de este rey castellano cuya paternidad por la Beltraneja dio origen a una guerra contra Portugal; Luis indica que Marañón describe las secreciones como si fueran verdaderas narraciones literarias, y ello evoca a Lali una anécdota de su infancia en Marruecos, cuando un adolescente del grupo de amigos cogió una profunda depresión que le empujó a encerrarse en su habitación y no comer sino la cal de las paredes; el chico fue llevaron por sus padres a Madrid a la consulta del doctor Marañón, y éste lo curó en una sola sesión de media hora que duró la conversación que con él sostuvo.

Consuelo comenta que hay que verse en la situación de un asedio para saber cómo reaccionaríamos nosotrxs, circunstancia excepcional que le ha parecido similar a la que vivían los niños en El señor de las moscas, del que hablamos la semana pasada. En torno a Gerona, Consuelo indica que el médico con aspiraciones caníbales persigue a una de las protagonistas, que se refugia en la casa abandonada de un canónigo, y al final se arrepiente de sus intentos homicidas y su hija termina recuperándose y convirtiéndose a su vez en su cuidadora; y acerca de la escena de la batalla entre ratas, recuerda que las ratas se enfrentaban entre ellas ante la escasez de recursos. Al hilo de todo ello, Carmelo señala que cuando hablamos de hambre nos referimos a ‘tener hambre’ y no a ‘pasarla’, por lo que no podemos saber cómo reaccionaríamos ante circunstancias de este tipo. Consuelo destaca la crueldad de la guerra y de sus daños colaterales, y a continuación entablamos debate sobre el problema del hambre en el mundo, acerca de lo que Lali opina que los recursos son abundantes pero mal gestionados, Eva recalca que la gente está buscando comida en la basura durante las guerras y posguerras y también en nuestra época de crisis, y Mercedes advierte la mucha comida que tiramos sin consumir, ante lo que varixs estamos de acuerdo en seguir flexibilizando nuestro respeto por las fechas de caducidad.

Pilar ha leído la novela y recuerda cuando el médico enajenado da para comer a su hija enferma verdadera porquería, pero pintándoselo bonito; también rememora la derrota española y la huida a Cádiz, a lo que Luis señala que en Bailén perdieron los franceses y se marchó el rey José, pero después volvieron a entrar en la Península. Carmelo indica que los franceses llegaron a invadir Portugal, con lo que Luis no se muestra de acuerdo: finalmente concluimos que la invasión francesa de Portugal se produjo unos años antes, estando Godoy en el gobierno, en la que se denominó Guerra de las Naranjas, y que afectó directamente al pueblo de los antepasados de Carmelo.

 

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1 de febrero de 2017: William Golding

Reunidxs: Isabel, Carmelo, Eugenio, Valentín, Consuelo, Toñi y Seve.

Isabel abre la sesión comentando su lectura de la obra más famosa del autor, El señor de las moscas, de la cual ha visto también las dos versiones cinematográficas: una del 1963, que desconocía, y la más reciente de 1990, en color y de nacionalidad norteamericana; destaca que el título proviene de un apelativo que en tono burlón daba la cultura hebrea al dios Baal, durante cuyos sacrificios los fieles dejaban que la carne del holocausto se pudriera, de manera que sus templos estaban siempre llenos de moscas. Isabel cuenta a continuación el argumento de la novela de Golding, y señala que los niños que quedan atrapados en una isla desierta tras un accidente aéreo son cadetes de una escuela militar estadounidense, a lo que Consuelo señala que no todos eran cadetes, pues en la novela aparecen niños de seis años y en la primera versión que se hizo para el cine, algunos de ellos salen desnudos. Isabel resalta que la trama de la novela se desenvuelve en torno a las diferencias que existen entre los niños a la hora de afrontar la situación del naufragio, y que deriva en un enfrentamiento abierto entre quienes defienden que deben unirse, por medio de ciertas normas convivencia consensuadas, para lograr la supervivencia hasta que los adultos les rescaten, y quienes prefieren entregarse a la satisfacción de sus instintos, empezando por irse a cazar jabalíes para divertirse; así, se forman dos bandos: el que mantiene la disciplina y el de los cazadores, que entran en un enfrentamiento que termina convirtiéndose en competición por hacerse mutuo daño; esta circunstancia recuerda a Consuelo la naturaleza del buying, que parece inevitable entre los jóvenes de todas las épocas, a lo que Eugenio advierte la importancia de la mala educación recibida. Isabel destaca por último la escena del descubrimiento del cadáver del piloto y subraya que la novela trata sobre la naturaleza humana, desde una visión que se pretende alternativa a las tesis que Rousseau defendió en el Emilio acerca de la bondad innata de los seres humanos; al hilo menciona la película dirigida por Narciso Ibáñez Serrador, ¿Quién puede matar a un niño?, que le ha venido a la memoria a raíz del libro de Golding.

Eugenio comenta que a su juicio Golding es un moralista impregnado por la ética protestante, cuya visión de la humanidad es netamente etnocéntrica; así, los estados que difieren respecto al actual momento civilizatorio del modelo occidental, estarían menos evolucionados, en vías de desarrollo o serían directamente salvajes, como pretende demostrar en El señor de las moscas, en el grupo de niños que sigue a Jack; por eso considera que esta novela no describe la naturaleza humana, ni siquiera trata de teorizar sobre ello, sino que sólo refleja la simpleza de un mito de carácter maniqueísta según el cual el mundo es un continuo combate entre el bien y el mal, además de servir de propaganda política para la cultura anglosajona, ya que el salvajismo que refleja en sus escenas sería producto de un retroceso que van sufriendo la mayoría de los niños hacia los oscuros orígenes de la humanidad, donde en algunos casos la falta de control civilizatorio desembocaría en la maldad; Eugenio señala que el motivo de esta degeneración en los comportamientos sería la poca solidez de la educación que esos niños están recibiendo en los colegios ingleses. Al hilo, Consuelo hace referencia a la figura de Ralph como personificación del espíritu del diálogo, y por ello tolerante con toda opinión ajena, mientras Jack sería el del abandono al instinto espontáneo, incapaz de imaginar las consecuencias de la consumación de sus deseos, y ofrece la dicotomía como esencial a la naturaleza social del hombre por lo que a su parecer es una visión pesimista de la humanidad; ante ello confirma Toñi que el autor trata lo mismo en el libro que ha leído ella, la trilogía titulada La oscuridad visible, e Isabel evoca que el padre de Golding fue un científico racionalista y su madre una luchadora por el sufragio femenino, así como resalta que durante la Segunda Guerra Mundial, en la que el autor fue movilizado, quedó éste muy impresionado por las consecuencias de los enfrentamientos bélicos, a lo que Eugenio señala que dada su obra, esa impresión no tiene comparación con la que se hizo crítica antibelicista en varios autores que padecieron la Primera Guerra Mundial, como el caso de Wilfred Owen, a quien vimos hace casi un año; Consuelo señala que los dos bandos de El señor de las moscas bien pueden reflejar los de la Segunda Guerra Mundial, a lo que Eugenio visiona a Jack como un trasunto de Hitler, mientras Consuelo resalta la brutalidad de los bombardeos aliados sobre la Alemania derrotada, a lo que Carmelo recuerda que el de Gernika fue primero que se perpetró contra una población civil.

Al hilo de la referencia a la Segunda Guerra Mundial y al bombardeo de Gernika, Valentín destaca la proliferación de anécdotas sobre la Guerra Civil y su posguerra que han quedado en el imaginario de nuestras historias familiares, aunque recuerda que no se ha contado tanto como se debiera o quisiera, quizás por afán de olvidar o quizás por miedo; así, menciona una anécdota de su familia localizada durante la Batalla del Ebro, antes de qie Isabel recuerde los intercambios entre soldados de cada bando, de artículos de primera necesidad como el tabaco y el papel de fumar, y Seve haga un guiño al humorista Gila para recordar aquellas conversaciones que éste tenía con el enemigo a través del teléfono, para ponerse de acuerdo en la hora a la que había que parar la guerra para facilitar las tareas cotidianas. También Carmelo cuenta la historia del violinista rojo que fue avisado por un rival de que le estaban buscando, y la de las excursiones dominicales que se hacían en el Madrid de la guerra para ir a disparar un tiro al Alcázar de Toledo, sitiado por el bando republicano.

Consuelo comenta que ha estado detrás de La lengua oculta, que es una obra póstuma del autor, pero no ha podido leerla así que habla sobre El señor de las moscas, de la que dice que hoy en día ningún autor ganaría el premio Nobel gracias a su escritura; destaca los momentos en que Ralph, que representa el espíritu civilizado, está pensando la manera de mejorar el funcionamiento del grupo, y entonces comete el error de ceder el mando, probablemente  por ser demasiado pusilánime o condescendiente; en este haz de reflexiones, Consuelo destaca que el miedo nunca abandona los pensamientos de los protagonistas, y que ese miedo mal enfocado genera odio hacia los que no comparten o piensan igual que uno; también considera que la aversión de Jack hacia Ralph puede ser consecuencia de cierta envidia que aquél siente hacia éste. Isabel añade la anécdota de las gafas de Piggy, que le son arrebatadas porque con ellas se puede hacer fuego, y la respuesta de Ralph al robo, asegurando que si se las hubieran pedido, el chico las habría prestado. Por último, Consuelo resalta el ensañamiento con que Jack mata al jabalí y Carmelo subraya que la novela es una metáfora de la condición humana, ya que, por regla general, el ser humano es malo; a continuación nos entregamos a un intenso debate sobre la existencia o no de una naturaleza humana y su tonalidad.

Toñi ha leído la trilogía titulada La oscuridad visible, de la cual indica que trata sobre la maldad, y donde los tres relatos que la componen se entrelazan; sobre el primero de ellos dice que el protagonista es un niño víctima de una bomba que le destroza la cabeza, que después le es reconstruida y cuyas secuelas son una deformación que sin embargo no le impide afrontar la vida sin complejos, aunque los prejuicios de los demás se la complican; Isabel comenta que el rechazo a esa deformidad podía haber generado odio en el protagonista, a lo que Toñi dice que no se vuelve malo. Isabel destaca entonces que hay una investigación neurológica sobre la posibilidad de que determinadas anomalías congénitas en el cerebro inclinen a quienes las padecen hacia el mal, a lo que Carmelo resuelve que se han encontrado anomalías craneales similiares en psicópatas y asesinos, ante lo que Eugenio comenta que ese tipo de investigación sólo termina justificando la eutanasia sobre quienes supuestamente son susceptibles de ser malos, a lo que Carmelo indica que las consecuencias serían más bien terapéuticas e Isabel recuerda el tratamiento al que algunos violadores, muchos de ellos voluntariamente, se someten para mitigar sus tendencias violentas; este tema deriva en un pequeño debate sobre si los avances hacia una mejora de nuestra convivencia deben ser más científicos que educativos, del que salimos cuando Toñi recupera el argumento del libro leído y cuenta la historia de un colegio de huérfanos donde uno de los regentes es un despiadado pederasta; concluye diciendo que esta obra de Golding condimenta la tragedia con episodios tremebundos.

Seve recuerda su lectura de El señor de las moscas desde la sorpresa, pues él esperaba una historia de niños; respecto a la naturaleza humana, señala que a su juicio no hay forma de saber si la maldad de algunas personas es consecuencia de su vida o de unas condiciones previas al nacimiento, ante lo que Toñi afirma que los niños son más o menos buenos o malos en función del ambiente en que se crían.

 

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21 de diciembre de 2016: Napoleón en Chamartín / Benito Pérez Galdós

Reunidxs:  Isabel, Consuelo, Toñi, Carmelo, Eugenio, Seve, Benita, Mariajosé, Rufino y Lali.

Isabel abre la sesión señalando que Napoleón en Chamartín es la quinta novela de la primera serie de los Episodios Nacionales de Galdós, y que continúa la historia con Gabriel como protagonista. Toñi señala que ésta no le ha gustado tanto como las anteriores, porque cada vez hay más guerra, y añade que la leyó en una edición ilustrada a lo que Rufino, que confiesa que aún no la ha terminado pero le está gustado y piensa llegar hasta el final, replica que la edición que él está leyendo consta de quinientas y pico páginas.

Mariajosé se encarga de desgranar el argumento leyendo un texto propio donde señala que el interés de los acontecimiento básicamente históricos es menor en esta novela que tiene como fondo la entrada de Napoleón en Madrid, y el entramado gira sobre la preparación de la defensa de la capital por parte del ejército y el pueblo españoles, que no están demasiado preparados para afrontar la llegada de los franceses a cuyas tropas aguardan armados con palos, arma más común incluso cuando desfilan; pero el orgullo les impulsa a la superación del pesimismo y prolifera la patriota creencia de que España todavía puede ser aquel imperio donde no se ponía el sol (Toñi recuerda que algunos cartuchos los rellenaban con mezcla de arena y pólvora). Mariajosé cuenta que el protagonista de la serie, Gabriel, llega a la capital del reino tras la pista de su enamorada Inés, a quien también pretende un tal Diego, que es hombre de alcurnia; sobre esta relación oscilan el resto de personajes, algunos de los cuales ya habían aparecido en novelas anteriores y ahora van llevando sus respectivos caminos, desde los bajos fondos de la urbe a la inflamada vida cortesana. El episodio concluye en el momento en que Gabriel es desterrado por culpa de una conspiración en su contra, a juicio de Rufino porque su instigador, Santorcaz, piensa que Gabriel posee unas cartas que delatan la ascendencia de Inés, dato que a aquél le interesa ocultar.

Isabel comenta que Gabriel marcha hacia Madrid al comienzo de esta novela después de formar parte en la victoria de Bailén, del anterior episodio. El sentido del título de esta quinta entrega es que Napoleón instaló su cuartel general en Chamartín, con intención de quedarse hasta dejar a su hermano como rey; y las intrigas ficticias se desenvuelven a partir de Santorcaz, de quien se sospecha que ha sido espía de los franceses, y de la Condesa, quien se propone hacer ascender a Gabriel en la Corte a lo que él se resiste, tanto por honestidad como porque ella le exige que cesen sus encuentros con Inés. Después de la capitulación de la corona, Santorcaz adquiere un buen cargo en el aparato represor del nuevo monarca y entonces Gabriel es perseguido, se le arresta y lo destierran, momento en que finaliza el episodio, dejando a Inés más o menos integrada en la nueva corte de José Bonaparte. Mariajosé recuerda que en esta novela ya hay una leve introducción de las logias masónicas, a lo que Rufino comenta que la masonería se tiene por algo nefasto pero su existencia no es necesariamente negativa; Carmelo añade que son como una secta formada por gente con mucho poder, tanto económico como cultural, y Eugenio los califica de lobby, mientras Rufino recuerda la enorme influencia política que ejerce el Opus Dei en nuestro país y Mariajosé evoca el reciente libro de Arturo Pérez Reverte, Hombres buenos, donde aparece un conde de Aranda embajador en París que logró financiación para su causa gracias a una señal hecha con su mano y reconocida por su interlocutor como fraternal signo masón.  Carmelo destaca entonces la ayuda mutua que se proveen los masones entre ellos y Eugenio recuerda que es falsa esa imagen enigmática donde los rituales iniciáticos revelan saberes esotéricos; por último, Lali cuenta que un tío político suyo fue encarcelado durante mucho tiempo por masón, a lo que Eugenio señala que hoy en día también hay presos por pertenecer a grupos de ideología anarquista, a lo que Carmelo indica que no cree que existan ya presos políticos en España, a lo que Eugenio recuerda que Alfon fue detenido en la parroquia de su barrio en Vallecas junto a mucha gente que se expuso para acompañarlo, lo que a su juicio es una prueba suficiente de que su encarcelamiento proviene de un montaje policial y su condena es producto de la estrategia que para atemorizar a ciertos colectivos promueve el Estado, acción que él considera política aunque nada tenga que ver con ideologías (también menciona a Nahuel), abriéndose a continuación un largo e intenso debate en torno a lo que consideramos que es política y qué no lo es tanto.

Rufino destaca el ambiente popular que describe la novela, y recuerda que Diego es un vivalavirgen y que las tabernas son foco de reunión donde es fácil terminar con un par de azumbres de vino en el cuerpo. También habla de los fusiles que por escasez son compartidos cada dos soldados (lo que Lali califica de “Ejército de Gila”) y de que en aquel momento están de moda los masones, señalando a continuación que la simbología de este grupo lleva la escuadra y la plomada en homenaje a su origen entre albañiles y constructores medievales. Rufino insiste en que no ha terminado la lectura, pero piensa hacerlo porque le está resultado muy interesante.

Finalmente, Isabel narra que ayer estuvo en el Centro de Mayores Juan XXIII asistiendo a la exposición que Lali y Paco hicieron en torno a Carta de una desconocida y a su autor, Stefan Zweig, tras la cual Lali leyó además un cuento de su cosecha que promete traernos para la próxima sesión. Al hilo recuerda la propia Lali el olvido en que cayó Zweig durante años, ahora recuperado, indica Eugenio que en castellano gracias a la labor editora de Acantilado -y a lo que añade que Zweig sólo es la punta del iceberg de la impresionante cultura que floreció en los últimos años del Imperio Austro-húngaro-, a lo que Carmelo recuerda la emblemática recuperación que del olvido hicieron los de la Generación del 27 respecto a Góngora, en especial Dámaso Alonso.

 

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