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8 de mayo de 2013: Margaret Cavendish

Reunidos: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, María José, Pilar G., Josefina, Eugenio y Mercedes.

Isabel lee la entrada de la Wikipedia sobre la voz /Aminta/ y nos cuenta las circunstancias que rodearon la elección de este nombre para la Asociación: tiene origen griego, significa protectora, se refiere a una diosa de la libertad y existe un drama pastoril del siglo XVI firmado por el italiano Torcuato de Tasso; también nos invita a la convocatoria de este año del Certamen de Pintura 100×100, donde ella ha participado en otras ocasiones, obtenido en alguna de ellas un premio y logrado vender alguna de sus obras; Toñi comenta que ella también pinta, que actualmente está copiando una gorda de Botero saliendo de la bañera y que va a exponer una de sus obras en la próxima Exposición de pintura que se va a realizar en las salas del Centro de Mayores de Río Genil, en Móstoles.

Sobre la autora del día, Margaret Cavendish, Isabel indica que hay muy poca información en castellano sobre ella y que ninguna de sus obras se ha traducido a nuestro idioma. Lee algunos datos biográficos: murió con cincuenta años y su nombre de soltera fue Margaret Lucas; fue la segunda esposa del Marqués de Newcastle, una prolífica escritora y dama de honor de la reina Enriqueta-María de Francia; tras la Restauración de la dinastía jacobita, el nuevo rey Carlos II convirtió a su marido en Duque y, por extensión, ella se convirtió en Duquesa. Comenta Isabel que fue muy famosa en su tiempo por participar en las discusiones científicas que su marido organizaba, llegando a ser la primera mujer que entró en las dependencias de la Royal Society de Londres (Eugenio señala que ninguna otra mujer lo hizo hasta trescientos años después, y que si Cavendish pudo hacerlo fue porque su marido tenía un importante poder financiero sobre aquella sociedad científica). Margaret Cavendish publicó sus obras sin seudónimo, por lo que causó mucho escándalo y recibió muchas críticas; sin embargo, obtuvo el apoyo del rey, quien autorizó su enterramiento en la Abadía de Westminster; su marido, el Duque de Newcastle, murió tres años después de fallecer ella (Isabel se plantea cuál pudo ser la causa de su muerte, ya que ésta no se encuentra en ninguna de las fuentes consultadas, y especula si no sería envenenada, dado que le sobrevino a una edad relativamente temprana; Lali indica que, en su opinión, Aphra Behn fue una mujer mucho más molesta para el establishment de la época, y sin embargo nadie trató de liquidarla). Isabel señala que la novela más relevante de Cavendish es The New Blazing World, considera por muchos la primera novela de ciencia ficción, de corte fantástico y visionario que antecede a Jules Verne, y donde aparecen hombres-pez (y hombres-pájaro, añade Mercedes); María José explica que la novela trata de otros mundos de características diferentes al nuestro a los cuales se accede a través del Polo Norte, y Lali señala que le recuerda un correo electrónico que ha recibido hace poco donde se enumeran los posibles avances técnicos que el futuro nos deparará, en frentes como la cura de enfermedades o las comodidades domésticas, a lo que Isabel responde advirtiendo las contraindicaciones que todo avance trae consigo; finalmente se abre debate donde surgen las lavadoras y la higiene corporal. Por último, Isabel subraya que la autora le ha parecido una mujer muy creativa y sofisticada.

Eugenio dice que al primer contacto con Cavendish le ha parecido excesivamente excéntrica, del tipo de personas que opinan sin saber bien lo que dicen, alardeando de criticar el experimentalismo, vanguardia de la ciencia en aquellos tiempos gracias a Francis Bacon, cuestionamiento que normalmente se hace desde una posición idealista o religiosa radical; pero que luego ha descubierto que no es el caso de la autora (Pilar G. señala que ella ha encontrado una contradicción entre la colección de telescopios que poseía, según parece superior a la que tenía la propia Royal Society, y su advertencia sobre el engaño al ojo humano que tanto telescopios como microscopios pueden provocar). Eugenio indica que la lectura del texto de Lucas Margarit que ha encontrado en Internet le ha hecho cambiar de opinión respecto a la autora, y ha comenzado a verla como una mujer osada que, sin disponer de un acervo cultural de importancia, supo discutir las teorías científicas en boga en su tiempo; respecto a su crítica del experimentalismo, cree Eugenio que Cavendish advertía de la necesidad de interpretar lo que se viera con el uso de aquellos instrumentos, y acerca de su postura respecto a la teoría atómica, la posición de Cavendish era más cercana a Lucrecio (del clásico poema De rerum natura pudo hacer concebido su idea de otros mundos posibles) y si hizo frente al mecanicismo determinista de Gassendi, no lo hizo gratuitamente sino defendiendo la autonomía total de la materia, contra la idea de aquél de que existiera un Primer Motor de corte aristotélico que diera movimiento al universo. Por otro lado, a Eugenio le ha gustado la ironía que emplea Cavendish a la hora de disculparse ante los filósofos en el prólogo de sus Atomic Poems, pidiendo que le perdonen su ignorancia, y que para ello tengan en cuenta que siendo mujer no tiene capacidad suficiente para razonar a la altura de ellos; indica Eugenio que cree que Cavendish era muy consciente de sus limitaciones, pero que consideraba que éstas se debían a carencias por la educación recibida, consecuencia ésta y no aquéllas de su condición femenina. A continuación, Eugenio lee un texto propio que ha escrito para la ocasión, donde destaca que la teoría científica de la autora es ante todo imaginativa, lo que no invalida que pueda ser apreciada como cualquier otra visión, y recuerda que en nuestros días todavía se discuten puntos que el experimentalismo y la observación de la naturaleza no terminan de aclarar, y que los grandes avances de la Ciencia no lo son tanto del pensamiento científico como de la tecnología, poniendo como ejemplo a Einstein, cuya teoría de la relatividad es en sentido estricto una especulación (y cuyo renombre, señala Rufino, se debe sobre todo a la famosa fórmula que termina llevando a la bomba atómica); al hilo, María José recuerda que actualmente se investiga para demostrar la existencia del bosón de Higgs, Isabel recuerda las cuestiones planteadas por un reciente Nobel de Física, Rufino señala el cuestionamiento sobre los efectos del cambio climático, Eugenio indica que las estadísticas se suponen una herramienta científica fundamental pero muchas veces no son respetadas a la hora de tomar decisiones, Mercedes recuerda que los famosos neutrinos iban a echar a Einstein por los suelos y Rufino se hace eco de un anuncio de envío de parejas a Marte para colonizarlo, en un viaje sin retorno que compara con la anécdota de Hernán Cortés quemando las naves para no regresar del Nuevo Mundo (ante esta noticia, Lali opina que habría que arreglar primero nuestro mundo y después irse a conquistar otros, e Isabel evoca El Planeta de los Simios, que según Lali posee el final más espectacular de la historia del cine, a lo que Josefina recuerda la cantidad de ratas que existen y pueden convertirse en amenaza y, Toñi, las crecientes funciones de los robots). Como conclusión, Eugenio lee un fragmento de un texto sobre la autora escrito por Virginia Woolf, quien la criticó por su excentricidad, pero sin dejar de reconocer su mérito.

Mercedes dice de la autora que fue una mujer muy lanzada y de mente abierta, y lee un texto propio elaborado sobre los datos que ha ido recogiendo. Destaca que formó parte de la Corte del Rey Sol, cuando se exilió con los jacobitas a Francia, y que siempre tuvo un gran interés en pertenecer a la sociedad científica de su tiempo, destacando esos salones que formaban el círculo de debate en torno al conocimiento. Recuerda que los retractores de Cavendish la llamaban “Madge la loca”, y que ella no tenía ningún pudor en rebatir a Hobbes, a Descartes y a los experimentalistas, opiniones propias que expresó por escrito sin ocultar su identidad. Acerca de la novela The New Blazing World, Mercedes indica que los hombres-pez y hombres-pájaro que aparecen en ese otro mundo más allá del Polo Norte, terminan invadiendo Inglaterra, apoyado su ataque con bolas de fuego; en relación con los Atomics Poems, dice que participan de la controversia en torno a la teoría atómica, que quieren ser una alternativa al mecanicismo dominante y que puede decirse que Cavendish insertó con ellos el feminismo en el universo que describe De rerum natura (recuerda María José que ya cuando vinos a Hobbes, el poema de Lucrecio estuvo muy presente). A Mercedes le ha gustado la idea que expone la autora de que la mujer, ya que parece destinada a la costura, debería dedicarse a tejer su propio cerebro, y como conclusión lee un texto de Virginia Woolf donde se describe a Cavendish con todas sus extravagancias, desde la huida del laboratorio con las enaguas ardiendo a aquel célebre grito con que llamaba a su amanuense (se dice que lo contrató porque su cabeza iba más deprisa que su mano): “John, corre, ven: ¡tengo una idea!”.

Rufino indica que la autora se casó con un duque treinta y un años mayor que ella, y se pregunta si no pudo encontrar un hombre más joven, a lo que Eugenio supone que se sintió atraída por la posición intelectual y los conocimientos de quien habría de ser su marido. Dice Rufino que Cavendish empezaba a especular sobre cualquier cosa que estimulara su inteligencia, y que por eso se dedicó con tanta afición a la física, que en aquella época se denominaba “filosofía natural”; en 1653 se publican los Atomics Poems, cuyos elementos básicos son ensoñaciones acerca de las teorías atómicas en boga; menciona que apareció un día en el teatro con un vestido de encaje que dejaba adivinar sus pezones, a lo que indica María José que ella misma se hacía su ropa y la de sus criados. Rufino señala que la autora se quejaba de haber recibido una educación paupérrima (“música, baile y saber estar”), acorde con su condición de mujer y no con su capacidad intelectual, y también denunciaba la subordinación política y el desamparo al que estaban sometidas socialmente las mujeres, y por lo que se la ha situado más cerca del feminismo que de la actividad científica; Lali comenta que en España y en la misma época, y al margen de otras circunstancias políticas y religiosas, no había mujeres que se entregaran a la actividad científica en vez de optar por el misticismo. Rufino recuerda el experimento de Boyle al que asistió Cavendish en la Royal Society (y del que Eugenio cuenta que consistió en un experimento químico en el cual Boyle introducía un cordero en ácido sulfúrico) y se hace eco de una frase de la autora, quien habría asegurado que era “preferible ser ateo antes que supersticioso”. Rufino señala el gusto por la fama de la autora y que formó una tertulia con personas de su entorno denominada “Atomic Circle”; indica Mercedes que en aquellos tiempos la física estaba de moda y eso le dio a la autora más popularidad, y María José insiste en que Cavendish se alimentaba en “el jardín de su marido”.

María José indica que existe en la actualidad una Sociedad Internacional Margaret Cavendish, surgida tras una Conferencia Cavendish celebrada en Oxfort en 1997, y cuyo objeto es la difusión de la obra de esta autora. Señala que el Atomismo era muy popular en el s XVII y recuerda el contenido de la introducción que Cavendish escribió a sus Atomic Poems, donde expone su teoría: existen cuatro elementos formados por átomos de variadas formas y actividad, aunque iguales en peso y materia; estos átomos y los cuatro elementos que componen, coexisten en armonía o se relacionan caóticamente, generando respectivamente salud o enfermedad; señala María José que el sistema físico de Cavendish es básicamente cooperativo, lo que asocia con su toma de postura en asuntos políticos y religiosos. Respecto a la estructura de los poemas, María José indica que son pareados rimados y que ha leido algunas traducciones y le recuerdan mucho a Gloria Fuertes (Eugenio comenta que usa un lenguaje muy sencillo y al tiempo muy didáctico, y que a él le parece una buena manera de enseñar a los niños esta teoría científica, que hoy es considerada como la más cercana a la realidad); María José lee alguno de estos poemas, extraídos del estudio realizado por Pilar González Duranza (indica Lali que hay una teoría que dice que el cuerpo humano está compuesto de estrellas y por ello nuestro origen es cósmico, a lo que Mercedes señala que no es difícil alcanzar el saber suficiente para conocer nuestro origen; por último, María José evoca la lírica teoría que afirma que “estamos hechos de la materia de los sueños”).

Pilar G. indica que a la autora la tenían por loca en la Corte, pero sin embargo fue sepultada con todos los honores, de donde deduce que fue muy estimada por Carlos II. Señala que las críticas que recibió venían de aquellos que no deseaban que una mujer tuviera acceso al terreno que consideraban exclusivo de los hombres, y que por eso se burlaban de sus extravagancias, de sus poemas de corte científico, de su novela fantástica y de la escuela de confección que creó.

Concluye Mercedes indicando que le habría gustado mucho conocerla, y Eugenio recuerda una de sus obras, Female Orations, donde pone voz a distintas mujeres en un debate sobre la condición femenina en el que cada una de ellas va exponiendo sus argumentos contrarios o a favor de la emancipación.

 

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Maggie imagina / EUGENIO

Imagino a Margaret Cavendish que imagina el mundo que otros imaginaron mientras eludían de su imaginación todo brote de imaginación. No necesitaba extravagancias, pues ya su sola presencia era extravagante, pero imagino que utilizaba su presencia extravagante, no para llamar más la atención, sino para que hartos de contemplar su imagen anunciadora del mundo resplandeciente que imaginó posible, volvieran los ojos cegados hacia sí mismos y allí, en el mismo lugar donde ella en sí misma descubrió un día que con imaginación podría, no sólo crearse un mundo, sino aún con más razón inventárselo y todavía con más razón -la razón imaginaria- crearlo, allí descubrieran, ellos cegados y ellas tan deslumbradas (a veces), descubrieran que toda la ciencia, como antes la poesía, la literatura, la política y la religión, no podría consistir más que en un acto de la imaginación, un efecto imaginario al que ella, como mujer loca y extravagante, podía llamar por su nombre. Imagino que su condición noble, su título y la mucha imaginación que le echó a la manera en que podía ser famosa sin abandonar su vanidad, su buen humor, su actitud provocativa y, en fin, su imaginación, favorecieron en mucho el éxito de su empresa, pero las causas, como en una fantasía de átomos, quedan en segundo plano. ¿No hemos construido hoy, ilustrados y más científicos que nunca, un mundo por completo imaginado? ¿Ha sido más eficaz el método de Francis Bacon o lo hubiera sido el de la duquesa de Newcastle, a la hora de establecer paradigmas y organizar y guiar a la sociedad? Más valiosa que toda experiencia en un mundo de fatalidad y contradicciones, parece ser la imaginación. Imagínense.

No culmina avance científico en los albores del Tercer Milenio

Todo parece dislate tecnológico

Bajo la arrogante supervisión religiosa

Que es, precisamente,

La mortal enemiga de la verdadera ciencia

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Margaret Cavendish (1624-1674)

cavendish color portrait

Margaret Cavendish en Wikipedia

Margaret Cavendish, excéntrica y genial en Más que Ciencia

Margaret Lucas-Canvendish, Duquesa de Newcastle en Retratos de la Historia

Margaret Cavendish, Feminista en La nave va

Margaret Cavendish, Mujeres científicas en Igual.es

Con dos… El círculo de Cavendish en La ciencia de tu vida

Margaret Cavendish en Engines of our ingenuity

Visión de la ciencia en la poesía inglesa de Margaret Cavendish / Pilar González Duranza en Gobierno de Canarias

La duquesa extraordinaria / Pola Oloixarac en Página 12

La atomización del lenguaje poético (sobre Cavendish) / Lucas Margarit en Scribd.es

La extravagante duquesa de Newcastle en Retratos de la historia

poemas de Margaret Cavendish musicalizados en MySpace

texto de The Blazing-World [en inglés] / Margaret Cavendish en University of Pennsylvania

The Atomic Poems [en inglés] / Margaret Cavendish en Emory Women

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