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William Thackeray (1811-1863) / LALI

Fue un escritor áspero y amargo. Quizás por su respeto a las convenciones victorianas, su sátira queda contenida por la exigencia moralista burguesa. Es probable que, debido a ese compromiso de fondo, y a pesar de sus enormes dotes de escritor, su maestría en la creación de caracteres, su dominio del lenguaje y de estilo, Thackeray nunca consiguiera establecer con sus lectores una relación tan inmediata como la de su gran rival Charles Dickens.

Su obra más famosa es La feria de las vanidades, que es un extraordinario cuadro satírico de la sociedad inglesa de principios del siglo XIX. La novela muestra con sutil complejidad, y a través de las vicisitudes de las dos protagonistas (la astuta arribista Becky Sharp, y la virtuosa pero ingenua e insípida Amelia Selley), las culpas de una sociedad que premiaba solo la hipocresía.

En Paris se casó, tras un breve noviazgo, con Isabella Shave, de 19 años. Esta persona fue prototipo de muchas dulces e indefensas figuras femeninas que aparecen en sus novelas. Una grave enfermedad mental la confinó por el resto de sus días en un manicomio. El dramático fin de su matrimonio constituyó el episodio central y fundamental de la vida del autor.

FRASES DEL AUTOR: – Una persona malvada es como una ventana sucia, nunca deja pasar el brillo. – Sin duda es mejor un amor prudente, pero es preferible amar locamente, a carecer de amor. – El humor es una de las mejores prendas que se pueden vestir en sociedad – El mundo es amigable para las personas que también lo son.

DEL LIBRO DE LOS SNOBS. (William Thackeray) El esnobismo: El autor hace un inventario de los diferentes grupos sociales en Inglaterra y en el extranjero, principalmente en Francia, así como de tipos de hombres, de quienes muestra con humor y virtuosismo que son víctimas de la misma enfermedad, el esnobismo. Este mal endémico adopta muchas formas, pero todas se basan en los mismos antivalores que Thackeray resumió en dos frases: -Dar importancia a cosas sin importancia. -Admirar mezquinamente cosas mezquinas.

ORIGENES DE LA PALABRA “SNOB”: Existe el verbo “to snub”, que es “mirar de arriba abajo, con desprecio”, que puede haber ayudado a la formación del término. Según nuestro Ortega y Gasset, el uso de la palabra “snob” procede de la contracción del término “sine nobilate”, explicando que en Inglaterra las listas de vecinos indicaban junto a cada nombre, el oficio y rango de la persona. Por eso, junto al nombre de los simples burgueses, aparecía la abreviatura “s.nob.”, es decir “sin nobleza”. Todo indica que este es el origen de dicha palabra. El snob es alguien que quiere hacer creer que pertenece a una clase social superior. En 1848, el sentido de la palabra cambió por el de “amarillo”. Hoy en día se ha vuelto a la acepción otorgada por Thackeray, o sea “snob” Un personaje de Thackeray se describe a sí mismo de forma humorística: se disfraza de snob para una cita, y se muestra de esta manera: -“Me reconoceréis a mí y a mi traje: un hombre joven, de maneras discretas, gran abrigo blanco, fular de satén carmesí, pantalón azul celeste, botines de charol, alfiler de corbata adornado con una esmeralda, un crespón negro alrededor de mi sombrero, y mi habitual bastón blanco de bambú con rico pomo de oro.” Sin querer quitar importancia al Libro de los snobs, de Thackeray, yo mencionaría la obra de Proust, En busca del tiempo perdido, en la que no pocos de sus personajes son unos snobs. Los que se sienten superiores a los demás, por fortuna, que no por clase, y los que con menos medios económicos, se comportan ridículamente para alcanzar el tan preciado título de snob”

LALI FERNÁNDEZ

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26 de marzo de 2014: William Thackeray

Reunidxs: Isabel, Lali, Maite, Consuelo, Luis, Eugenio, Mercedes y Valentín.

Isabel abre la sesión con datos sobre la vida del autor; indica que Thackeray fue un novelista del realismo decimonónico que nació en Calcuta en el seno de una familia de comerciantes, dato que Luis contradice señalando que el padre del autor era un alto funcionario de aduanas; Isabel dice que Thackeray inició su carrera en las letras como editor de un periódico, y residió durante un tiempo en París, donde estudió Arte. Su situación financiera fue muy precaria, agravada por la enfermedad mental que sufrió su mujer, por lo que se tuvo que dedicar a la composición de artículos para sobrevivir; entre los medios donde escribió destaca la revista humorística Punch. Alcanzó la cumbre de su actividad literaria al componer una novela, La feria de las vanidades, cuya primera edición se realizó por entregas; en ella, Thackeray realizó una aguda descripción de la situación social del momento, a través de la observación y recreación de una historia basada en otra época y lugar. También menciona Isabel Los virginianos, que fue su última novela concluida, y sobre la cual indica Luis que es la segunda parte o continuación de Henry Esmond, publicada cinco años antes. Isabel recuerda que Dickens fue el principal rival artístico del autor, señalando diferencias -entre los estilos novelísticos de ambos- que atañen a la naturaleza y finalidad social de la literatura. Thackeray trabajó en varias revistas y elaboró célebres ensayos humorísticos, tras el abandono de su trabajo como editor; de su obra destacan sus retratos exquisitamente irónicos sobre las clases altas de la sociedad británica, y como ejemplo nombra Isabel un personaje de La feria de las vanidades, Becky, convertida con el tiempo en modelo para otras heroínas literarias, que han servido para desenmascarar la hipocresía instalada en las clases pudientes. Finalmente comenta las singularidades de la época de la reina Victoria, con sus sesenta años de reinado, el más largo de la monarquía británica (señala Luis que fueron setenta los alcanzados en Francia por Luis XIV), periodo durante el cual Inglaterra pasó de la ruina económica al esplendor industrial, a lo que añade Luis que eso no sucedió sin permitir la explotación infantil, y Maite apostilla que son muchos los puntos oscuros en torno al desarrollo de la Inglaterra Victoriana, subrayando Luis que el éxito de sus políticas dependió más de los parlamentarios y miembros del Gobierno que del reinado de Victoria, iniciándose a continuación un debate sobre prácticas y despropósitos de los reinados que nos lleva hasta la España de Isabel II y culmina en la mención, por parte de Luis, de la serie de dibujos y coplillas satíricas que elaboró el poeta Bécquer junto a su hermano pintor, Valeriano, publicados a finales del siglo XX por El Museo Universal bajo el título de Los borbones en pelota.

Consuelo ha leído El libro de los esnobs, que califica de crítica satírica de la alta sociedad; comenta que fue escrito bajo seudónimo, y que el propio autor declara en sus páginas que no sabe si considerarse a sí mismo como un auténtico esnob. Indica que Thackeray fue el segundo novelista más leído en la Inglaterra de su época, tras Dickens, y que entre ambos existían determinadas diferencias y cierta rivalidad; señala que la obra de Thackeray es un verdadero inventario de grupos sociales, no sólo de su país sino también del extranjero, especialmente de Francia, y destaca su humor y el virtuosismo de su oficio. Acerca de El libro de los esnobs, comenta que hay muchas formas de esnobismo y que todas ellas se basan en idénticos antivalores, y pone como ejemplo el sentimiento de auténtica admiración hacia todo tipo de mezquindades; pero señala que su crítica social no se limita a este libro, y que también existe -y en grandes dosis- en su celebérrima novela La feria de las vanidades, un libro que califica de muy actual, tan actual que hay profusión de estudios universitarios centrados en analizarlo. También menciona Consuelo otro popular título de Thackeray, La suerte de Barry Lyndon, de la cual ha visto una versión de cine que obtuvo cuatro Oscars de Hollywood –entre ellos el de Mejor vestuario, y fue dirigida, como indica Valentín, por Kubrick. Concluye Consuelo recordando la enfermedad mental que aquejó a la mujer del autor, lo que no impidió a éste (o lo resolvió) a agenciarse una amante, como era propio de la época y, según evocamos a continuación, ha sido común en nuestro país, en determinadas esferas, hasta hace poco tiempo.

Luis comenta que Thackeray es un novelista del realismo que apenas tiene importancia en la actualidad, pero que en su época la tuvo y mucha, señalando que dio a conocer su obra fragmentada en publicaciones periódicas, sistema que durante este siglo se convertiría en habitual. Destaca sus bellas descripciones, pero también llama la atención sobre lo limitada que es su caracterización de personajes; al contrario que en Dickens, quien tenía mucha más imaginación para dotar de personalidad a las figuras de sus obras, Thackeray repetía éstas cometiendo incluso cambios contradictorios en su apreciación, lo que daría como resultado una producción muy mediocre, al margen de sus tres grandes novelas: La feria de las vanidades, Henry Esmond, y Los virginianos, entre las cuales destaca especialmente la primera que, advierte Luis, no debemos confundir con el best-seller del siglo XX La hoguera de las vanidades, cuyo autor es el estadounidense Tom Wolfe. También destaca la faceta pictórica del autor, que realizó esmeradas caricaturas, y su admiración por la cultura francesa, que conoció principalmente al cursar estudios de Arte en París.

Eugenio ha leído los comienzos de La feria de las vanidades y de El libro de los esnobs, y por el espíritu de la primera ha evocado el Tom Jones de Fielding, mientras el estilo del ensayo satírico le recordaba a Swift; comenta que estos dos autores le han gustado más que Thackeray, ya que ambos le han parecido menos retóricos en su prosa, más espontáneos. Por otro lado, indica que La feria de las vanidades gira en torno a dos personajes femeninos: una chica de buena familia que representa la inocencia y por cuya causa se le acumulan adversidades en la vida, y otra que comienza trabajando como institutriz con la primera y gracias a su falta de escrúpulos da inicio a una carrera arribista que la lleva al ascenso social en un entorno contaminada por la hipocresía. Por último, Eugenio añade que Charlotte Brönte comparó el estilo de Thackeray con el de Fielding, y su conclusión fue que el autor fue un novelista de mayor entidad; a continuación debatimos sobre la autoría de las novelas de las Brönte, llegando a la conclusión -insistentemente errónea- de que Jane Eyre es obra de Emily y Cumbres borrascosas fue escrita por Charlotte.

Mercedes centra su intervención en La feria de las vanidades, de la cual nombra el subtítulo -“una novela sin héroe”- y comenta que fue publicada entre 1847 y 1848, en primer lugar por entregas y al poco tiempo en una edición unificada y completa. Se trata de una sátira de la sociedad inglesa de su época, que se apoya en la novela alegórica escrita dos siglos antes por John Bunyan, El progreso del peregrino, que era muy leída en aquellos momentos; al hilo indica Eugenio que la popularidad de esta novela, que cuenta una educación religiosa bajo signo protestante, muestra la preocupación de la sociedad contemporánea por la reinstauración de valores morales extraviados, mientras Luis señala que el peregrino siempre ha tenido fama de libertino debido a su constante movimiento por diferentes lugares y Consuelo observa que la parada de un peregrino en una feria, que es la de las vanidades, da origen a la historia que cuenta Thackeray. Mercedes indica que el fundamento moral de la novela es la descripción de acciones pecaminosas encaminadas a la consecución de fines mundanos, y añade que existen varias versiones cinematográficas; por otro lado, menciona La rosa y el anillo, que es una novela juvenil del autor, donde aparecen hadas y príncipes y en la cual los objetos invocados en el título tienen poderes mágicos que otorgan belleza a quien los detenta, desarrollándose el argumento en torno al continuo cambio de poseedores. Por último, Mercedes lee unas frases de Thackeray recuperadas de una página web.

Valentín indica que Thackeray fue políticamente conservador (en oposición a Dickens, que tenía tendencias liberales), y en su literatura plasma su noción de lo que debían ser las virtudes adecuadas a una sociedad como la de su época. Añade otra diferencia respecto a Dickens, señalando que Thackeray fue un autor más realista que su rival, pero indica que utilizó en sus novelas técnicas del siglo XVIII, como por ejemplo disgresiones del narrador, lo que habría sido motivo para impedir que se convirtiera en fuente de la posterior escuela narrativa fundada por la obra de Henry James, quien habría rechazado la influencia del autor por esa causa; Luis subraya que el estilo de Thackeray es muy abundante, y que por ello su prosa raya en ocasiones la cursilería. A continuación, Valentín menciona las figuras femeninas de sus obras, y recuerda Rebeca y Rowena, que es una suerte de segunda parte del Ivanhoe de Walter Scott, donde el héroe, una vez recuperado de sus andanzas, visita al rey Ricardo; respecto a la visión que da de sus heroínas, parece que el autor opina que existe una cierta responsabilidad de las mujeres en el maltrato que hacen los hombres de las más humildes, dado que no aciertan a hacerse valer; añade entonces Valentín que Thackeray dividía las mujeres en dos tipos -las de carácter intrigante y las amorosas-, tras lo cual insiste Luis en que existe una copiosa crítica que cuestiona los personajes femeninos del autor, por ser demasiado similares entre sí, y porque el narrador de sus distintas obras mantiene una cambiante animaversión o simpatía por ellos, aun siendo el mismo; resalta Consuelo el talante veleidoso del autor. Por último, Valentín muestra una fotografía donde aparece una especie de jardinera con una inscripción mortuoria con los datos del autor, a lo que indica Luis que puede tratarse de un cenotafio, un monumento funerario cercano a la tumba del homenajeado, y que encontramos principalmente en catedrales.

Lali lee un texto sobre el autor donde indica que se casó en edad madura con una mujer de dieciocho años, y que el prototipo femenino que mima en sus novelas es el de una mujer dulce y delicada, por lo que destaca, frente a la ingenua insípida que coprotagoniza su novela más célebre, la Becky de La feria de las vanidades, como ejemplo de las nefastas consecuencias que derivan de una sociedad que premia la hipocresía, dibujando así en esta obra una sátira contenida que apela a la convención victoriana y a la moral burguesa; sin embargo, dice Lali, Thackeray no logra en su novela establecer una complicidad tan estrecha con el lector como alcanza su rival Dickens. Respecto al esnobismo, Lali señala que afecta a algunos hombres como si de una enfermedad se tratara, y que se manifiesta emn sus víctimas bajo variadas formas; remontándose hacia la etimología del término, cuenta que Ortega y Gasset lo sitúa en la expresión «sine nobilitate», es decir «sin nobleza», rúbrica que se anotaba en documentos oficiales junto al nombre de quienes tal condición tenía, y que por ello el sentido básico de la expresión es burlarse de a quien así se califica por su intención de aparentar una pertenencia social de la cual carece. A continuación, Lali lee un fragmento de El libro de los esnobs, donde un personaje se describe a sí mismo, ante lo que Isabel encuentra similitudes con el dandy y se abre un debate donde se exponen las divergencias entre ambas figuras, y donde Mercedes asegura que la elegancia del dandy no la tiene el esnob, Valentín resalta que la superioridad del esnob siempre es falsa y Consuelo aleja al dandy de la definición de esnob: “parecer lo que no eres”. Lali menciona a Proust, ya que su obra cumbre En busca del tiempo perdido contiene un auténtico catálogo de esnobs a los que el francés sorprende en comportamientos tan presuntuosos como ridículos, y por último Mercedes se pregunta si fue Thackeray el primero en analizar la figura del esnob.

Maite indica que Thackeray se consideraba a sí mismo un verdadero «realista», al contrario que Dickens, a quien tacha de sentimentalismo. En La feria de las vanidades, el autor elabora una sátira despiadada acerca de la sociedad de su tiempo, una obra que sigue siendo muy leída y admirada en Inglaterra; Maite ha leído algunas partes y le ha gustado bastante, considera que está muy bien ambientada y destaca sus dos personajes femeninos: Amelia, que es buena persona y, a pesar de su cuna, le crecen las dificultades, y Becky, seductora y manipuladora, que va acumulando triunfos en su escalada social; en lo referente a este personaje, Maite señala que en algunos momentos de la lectura llega a hacerse simpático, pues tiene mucha fuerza y sus acciones, por la osadía que a veces demuestra, se hacen especialmente atrayentes, a lo que Lali comenta que los malos de la ficción suelen ser más atractivos que los buenos. Maite lee a continuación una concisa relación donde menciona distintos personajes de la novela que ha ido anotando durante su lectura, y una breve descripción de cada cual; al mencionar de nuevo a Becky, se pregunta si estará inspirada en la abuela materna del autor; también habla del hermano de Amelia, que es un muchacho apocado que marchó a la India a amasar una pequeña fortuna que posteriormente pierde en manos de Becky. Finalmente Isabel lee un fragmento de la novela de Thackeray El viudo Lovel, y Mercedes se plantea las raíces de la pugna entre Dickens y el autor.

 

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William M. Thackeray (1811-1863)

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EL AUTOR

 datos biográficos de William M. Thackeray en Wikipedia

 datos biográficos de William M. Thackeray en El poder de la palabra

 datos biográficos de William M. Thackeray en Biografías y Vidas

 datos biográficos de William M. Thackeray en The Victorian Web

 William Makepeace Thackeray: 150 años muerto / Rebeca Viguri en Jot Down

 prólogo de José Donoso a El libro de los snobs / William Thackeray en Planeta de libros

 SU OBRA

 novelas de William Thackeray en Lecturalia

 reseña sobre La feria de las vanidades / William M. Thackeray en Solo de libros

 texto de La feria de las vanidades / William M. Thackeray en Universidad de Málaga

reseña sobre La suerte de Barry Lyndon / William M. Thackeray en HisLibris

reseña sobre Rebecca y Rowena / William Thackeray en Papel en blanco

reseña sobre La historia de Samuel Titmarsh y el gran diamante Hoggarty / William Thackeray, por José María Guelbenzu en Babelia

 texto de El Viudo Lovel / W. M. Thackeray en EduMec

 texto de Catalina / W. M. Thackeray en Cervantes Virtual

 Jordi Arbonès, traductor de La fira de les vanitats (1984) de William M. Thackeray / Marcos Rodríguez Espinosa en Universitat Autònoma de Barcelona

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