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La monja, de Aphra Behn / LALI

Todos somos más o menos capaces de imaginarnos la vida de un escritor de época. Pero no la vida de una escritora de época. Pues no tenemos apenas constancia de quienes eran, de cómo vivían, ni sobre qué escribían las mujeres en el pasado.

Puesto que es la literatura escrita por hombres la que a lo largo de los siglos se ha vendido y ha perdurado, es esa misma literatura la que ha contribuido a construir un referente cultural, ideológico y social que es el que hemos heredado y el que asociamos al pasado histórico. Así, somos espectadores constantes a través de lo que leemos, de una forma de mirar el mundo, fundamentalmente masculino. El mundo de las emociones, la pasión, la intimidad, el amor y las relaciones, todo está impregnado de la mirada del hombre, y de la forma que tiene de gestionar su universo emocional.

Hasta ahora hemos tenido que asumir que el ámbito de la literatura, como el de la música, la pintura, etc… era, siglos atrás, patrimonio de los hombres. Y sin embargo, desconocemos en realidad qué número de mujeres se dedicaban a escribir y si, de haberse favorecido la publicación de obras escritas por mujeres, nos hubiéramos llevado alguna singular sorpresa capaz de desbaratar las creencias de toda la vida. Así, rescatar la obra de escritoras de antaño es útil para consignar y constatar el hecho indudable de que a lo largo de los tiempos las mujeres actuaron, investigaron, se equivocaron, acertaron y crearon, mano a mano con los hombres, el mundo que hoy heredamos.

Sirve además para explicarnos-mediante testimonio verídico, el atormentado y extenuante recorrido que la mujer ha tenido que arrostrar hasta llegar al presente y, sobre todo, los prejuicios y obstáculos contra los que se ha debido enfrentar para defender su forma de pensar y de sentir, para lograr construir sus aspiraciones y materializarlas.

La literatura tiene mucho que ver con la moral y con su cuestionamiento o transgresión. Y tal vez eso explique por qué la mujer ha sido reprimida en la expresión libre de su sexualidad como en la de su creatividad. Así, la literatura era para las mujeres una forma de rebelarse y de construir un territorio de libertad, un territorio donde poder reparar su identidad castrada.

Por eso es especialmente estimulante acercarnos a esta inquietante escritora, Aphra Behn, de otro tiempo, cuyos oscuros orígenes y detalles de gran parte de su vida, siguen envueltos en un romántico misterio. Al quedarse viuda, se vio obligada a ganarse la vida con la escritura, convirtiéndose quizás en la primera mujer inglesa que lo hizo. Durante 20 años produjo una asombrosa variedad de obras literarias y destacó, junto con Dryden, Rochester y otros, como una de las principales poetas y dramaturgas de la Restauración. Nuestra escritora muestra en sus narraciones a unas heroínas inquietas, y que no se acomodan al mundo tal cual está diseñado, y que hacen todo lo posible por escapar de esa cárcel de puritana censura, de convenciones y prohibiciones que someten a la mujer al calvario del aburrimiento y de la ignorancia, a la renuncia de la expresión de la libido. Esta novela, La monja, muestra las claves más íntimas y esenciales del universo femenino, sus necesidades más apremiantes, su sed de experiencia. Y también, el ingenio requerido para burlar la vigilancia de sus carceleros. Y aunque no siempre las cosas salían del todo bien, y a pesar de que el precio a pagar por la osadía de querer ser distinta era tan alto como la deshonra, el exilio o la condena, las aventuras de estas féminas nos ofrecen a un tiempo divertimento, amenidad en la lectura, y honda reflexión. En el siglo XX se ha reconocido a Aphra Behn como una importante figura literaria y se ha convertido en un modelo de mujer escritora, pionera de la independencia y realización literaria femenina.

LALI FERNÁNDEZ

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10 de abril de 2013: Aphra Behn

Reunidos: Isabel, Toñi, Josefina, Rufino, María José, Seve, Eugenio, Mercedes, Valentín, Luis y Lali.

Isabel nos muestra un folleto de la exposición El despertar de la escritura femenina en lengua castellana que está celebrando la Biblioteca Nacional, en su sede del Paseo de Recoletos de Madrid, hasta el próximo 21 de abril, y a continuación abre la sesión dedicada a la autora inglesa Aphra Behn, de quien dice que nació en el año 1640, hija segunda de un barbero e inmigrante de muy niña a Surinam, donde habría presenciado varias rebeliones de esclavos africanos; tras la pérdida de la colonia inglesa en manos de los holandeses, Behn regresó a Europa y se unió en matrimonio a un comerciante alemán que moriría a los tres años de la boda, dejándola sin renta alguna, por lo que tuvo que ganarse la vida: primero lo intentó a través de conquistas amorosas, entre las cuales se hizo amante de Carlos II y fue destinada a una misión de espionaje en Holanda, con el seudónimo de Astrea, tras cuya experiencia volvió a Inglaterra cargada de deudas y estuvo en prisión; luego trató de sobrevivir escribiendo, y tuvo más éxito. Gracias a su talento literario entabló relación con Dryden y firmó unas veinte comedias, alguna novela, varios poemas y traducciones que la han convertido, según algunos, en la “madre de la novela inglesa” y autora de la primera novela antiesclavista. También menciona Isabel que Aphra Behn ha sido convertida en personaje de ficción, en una serie de narraciones de Philip José Farmer, en concreto en el volumen titulado El laberinto mágico; y concluye afirmando que la autora fue una mujer muy independiente y comprometida con su época y su condición, que pasó más de un siglo silenciada y ha sido finalmente redescubierta por Virginia Woolf, quien afirma en su paradigmático ensayo Una habitación propia que ella misma, y en general todas las mujeres, deben llevar flores a la tumba de Behn, en agradecimiento por lo que esta autora ha hecho por sus reivindicaciones.

Josefina no ha leído nada de Behn, pero ha subrayado diversas notas de Internet; comenta que fue una mujer muy adelantada para aquellos años, una buena escritora en cuya vida hubo de enfrentar situaciones extremas como trabajar de espía por poco dinero, lo que le generó muchas deudas que dieron con ella en la cárcel. Destaca su peculiar relación con los hombres, que le han dado fama de libertina, y lee un texto donde se destaca que Behn estaba fascinada por las relaciones entre sexo y poder, ya fuera en el ámbito de la vida personal como en el terreno político. Josefina señala que la autora fue muy conocida en su época, a pesar de carecer de la autoridad de un marido, necesaria para no ser despreciada, y que le supuso innumerables ataques, tanto literarios como de carácter político; sin embargo, la autora sería enterrada en la Abadía de Westminster, al hilo de lo que se pregunta Isabel cuál sería la causa de su muerte, recibiendo por respuesta, no un dato concreto que nadie ha encontrado, sino un aguacero de suposiciones de las cuales deducimos que debió padecer una enfermedad de naturaleza común en aquella época. Josefina también subraya las palabras de Virginia Woolf, y matiza que sus reivindicaciones de tintes feministas no son tanto por la libertad de costumbres sexuales como por el derecho a expresar las propias ideas; Luis añade que Behn fue una transgresora y que entraría en contradicción con la libertad de otras célebres mujeres del siglo XX, como Salomé o Ada Mahler.

Mercedes ha intentado leer algo de Behn, pero no quedaban libros disponibles en la Biblioteca y sólo ha podido acceder a los textos que sobre la autora se encuentran en Internet; en concreto un artículo de Luis Antonio de Villena -escrito a propósito de la publicación de una antología de poemas de Behn traducidos por Balbina Prior– llamado “La libertina ilustrada”, que a Mercedes le parece un título muy apropiado. Indica que fue coetánea de Sor Juana Inés de la Cruz, que también fue una escritora muy consciente de su condición femenina, de la necesidad que tenían las mujeres de tomar la palabra y expresarse (recuerda María José las Redondillas de Sor Juana Inés, sátira donde critica las pretensiones represivas de los hombres); que fue una mujer decidida y valiente, cualidades que Mercedes atribuye a la experiencia de Behn durante su estancia en la Guayana; y que el sobrenombre de Astrea no sólo le sirvió para ocultar su identidad durante su labor de espionaje, sino que también lo utilizó como seudónimo literario. Respecto a los poemas de la compilación, destaca que son notables, pone como ejemplos la elegía dedicada a la memoria del Conde de Rochester y la sátira destinada a Dryden donde critica su hipocresía al situarse indistintamente de parte del poder (recuerda Eugenio, que a pesar de este ataque, Dryden y ella debieron de llevarse bien, a juzgar por la petición de colaboración que el versátil autor le hizo con vistas a un proyecto de traducciones de Ovidio), y señala que algunos son fragmentos extraídos de su obra teatral. Destaca las palabras del poeta posterior Alexander Pope, quien decía que Mrs. Behn siempre situaba a sus personajes en la cama. Por último, Mercedes subraya que, después de la de Dryden, la obra de Behn es la más prolífica de la época, a lo que Luis señala la posibilidad de falsas atribuciones y casos de plagio, al orden del día durante aquellos años anteriores a la legislación de derechos de autor (Toñi recuerda que la autora fue en una ocasión acusada de plagio); y que en la actualidad existe una Sociedad Aphra Behn a través de la cual se realizan intercambios culturales.

A Valentín le ha gustado la figura de Aphra Behn, y no sólo por esa aureola de libertinaje que la envuelve. Indica que hizo avanzar la pantomima hacia su forma moderna, y destaca entre sus obras las sátiras destinadas a denunciar el disparate de los matrimonios por conveniencia; también se hace eco de las palabras de Virginia Woolf en Una habitación propia, y, de la mencionada novela de Philip José Farmer que ha convertido a la autora en un personaje de ficción, destaca el nombre de los barcos que aparecen. Valentín advierte que la obra de Behn no es sólo una de las primeras de tintes feministas de la Historia más reciente, sino también la primera que aboga por la abolición de la esclavitud, resaltando la dignidad de los esclavos; la autora también muestra su reprobación hacia el doble rasero sexista que, a la hora de evaluar las mismas circunstancias, rige en la sociedad, y nombra como ejemplo el etarismo, del cual son principales víctimas las mujeres que a medida que pasa el tiempo son señaladas por el decaimiento de su lozanía. Por último, Valentín lee un texto firmado por Alda Facio, quien lamenta que la autora haya estado durante tanto tiempo silenciada pues su obra, de haber sido conocida antes, no habría tenido el feminismo que reformularse tantas veces, habiendo avanzado con mayor velocidad; Alda Facio también se pregunta a cuántas otras mujeres que hoy nos son desconocidas habrán borrado de la Historia los cánones masculinos.

Lali ha leído La monja, un relato que califica de ameno y bien escrito, cuya lectura atrapa; también ha realizado un breve trabajo sobre la autora, como mujer y como escritora, y advierte, antes de leerlo en voz alta, que no ha tratado de censurar o criticar a los hombres sino de exaltar y alabar la lucha de todo ser humano por su derecho a expresarse libremente y a disfrutar una vida independiente. Partiendo de la suposición de que haya existido una buena parcela de obras literarias -la mayoría escrita por mujeres- que no han perdurado, Lali señala cómo el acervo cultural que heredamos convierte tantas veces a las mujeres en meras espectadoras del mundo masculino, donde las relaciones y la gestión del universo emocional se supedita a los puntos de vista de los hombres, y donde el patrimonio artístico termina siendo construído con sólo una aportación anecdótica por parte de la mujer; indica los incontables obstáculos que por ello se interponen en el progreso hacia la madurez de las formas de pensar y sentir propiamente femeninas, y de sus posibilidades de expresión y de análisis, y pone como ejemplo el campo de la moral, donde la óptica masculina cultiva con especial ahínco el desgaste de otras formas de valorarlo, reprimiendo de la libre expresión de su sexualidad por las mujeres. Lali señala que el arte y la literatura son medios impagables para reconstruir la identidad mutilada y, en el caso concreto de Aphra Behn, afirma que a través de su obra edifica, con asombrosa variedad de recursos, un universo (cuyas claves, apostilla, se reúnen en La monja), que armoniza su enigmática existencia con la osadía de querer ser, representada por esos personajes femeninos que son inquietas heroínas siempre dispuestas a escapar del entorno hostil; subraya Lali el hecho de que hasta el siglo XX no haya sido la autora reconocida como pionera de la independencia femenina, e insiste en las pocas mujeres que hoy en día se destacan en cualquier recopilación literaria de cualquier época, a lo que Luis indica que sólo son nombradas aquellas que ha sobresalido especialmente, como Teresa de Ávila o Hildegard, pero que no se debe olvidar que la consecución del sufragio femenino en España trajo un enfrentamiento entre Clara Campoamor y Victoria Kent, y como consecuencia una victoria de la derecha, motivada según Eugenio por el voto de las religiosas obligadas por las directrices jerárquicas y, añade María José, por el de tantas mujeres sujetas aún a la voluntad de sus maridos. Al hilo, Lali lamenta que hoy en día existan en el mundo tantísimos pueblos y culturas donde las mujeres todavía significan menos que nada.

Toñi ha leído la biografía que sobre la autora ha publicado Jorge Figueroa en Ediciones del Orto, y cuenta las líneas principales del argumento de Oroonoko, la novela más conocida de Behn. Está de acuerdo con Josefina en que fue una mujer muy adelantada a su época, y que se ganó la vida como bien pudo, por medio del espionaje, o habiéndose encomendado a algún amante con posibles o, finalmente, dedicándose profesionalmente a la escritura (Josefina cree que sus flitreos de vida alegre no fueron tanto consecuencia de la necesidad de dinero o de ser mantenida, como del placer que obtuviera con ello). Destaca Toñi que la autora no tuviera ningún título ni estudio universitario y sin embargo su literatura alcanzara gran éxito durante su vida; de su obra resultan paradigmáticas sus tragicomedias sobre los matrimonios de conveniencia, y de entre ellas narra Toñi la historia de dos hermanas, una de las cuales acepta ser desposada por interés económico de sus padres pero la otra se niega, y en una de esas noches en que sale a divertirse conoce por sí misma a un pretendiente que lo que pretende es llevarla directamente a la cama, lo que ella no acepta, se mantiene firme y termina consiguiendo que él la pida en matrimonio. Concluye Toñi indicando que en la edición que ha leído se incluyen unas cartas de la autora donde explica cómo era Oroonoko; afirma que le ha resultado muy interesante y le ha gustado mucho.

Rufino destaca la versatilidad de Behn, quien habiendo trabajado como espía bajo el nombre de Astrea, se convirtió en madre de la novela inglesa, antecedente de Daniel Defoe y de su Robinson Crusoe, reconocida ésta como la primera novela moderna escrita en inglés; indica que según algunas fuentes la obra de la autora es una anticipación del realismo, con su exaltación de los placeres mundanos y su enfoque populista, que fue correspondido por el éxito alcanzado entre el público. Dice que es una escritora versátil y fecunda, autora de comedias, calificadas de licenciosas por sus contenidos, y de poemas de temática amorosa donde, sin embargo, no se destila dulzura o un carácter tierno en la expresión, sino un tono sarcástico que Rufino subraya; también Behn cuestionó el poder autoritario y reivindicó nuevas formas de gobierno que fueran más justas y equitativas. Para terminar, comenta la noción de escritura que transmite la autora, como mujer, conversión de un acto de locura, extravagante manifestación de su personalidad, en una actividad de enorme utilidad práctica, corroborada por haberse convertido en su medio de subsistencia; y lee un poema, El desengaño, donde Behn describe “un gatillazo”, versos que generan un pequeño debate de naturaleza estética por el uso de la palabra “jugueteo”, que Luis juzga carente por completo de naturaleza poética y Lali considera idóneo para definir los preliminares amorosos.

María José ha leído El príncipe Oroonoko, en una edición de Siruela que acompaña al que da título al conjunto con otros relatos breves, y escrito un texto propio donde describe el argumento de la que es obra de Aphra Behn más conocida hasta la fecha: el Rey de la tribu a la que pertenecen los protagonistas, donde rige la poligamia, envía el símbolo de petición de enlace íntimo, el “Velo Sagrado”, a la mujer de la que Oroonoko está enamorado -y es correspondido-, para descubrir la relación que sostienen sus dos subditos ante lo cual decide venderla a ella como esclava; Oroonoko es capturado por los mismos traficantes de esclavos, que les envían a Surinam, donde son rebautizados con nombres cristianos, separados por su nuevo amo y destinados a trabajar en las plantaciones de caña de azúcar; a continuación se produce una rebelión de esclavos que será sofocada bajo la promesa de una amnistía general a los amotinados, condición que no es cumplida por los esclavistas y trae como consecuencia el azotamiento de, entre otros, el protagonista, quien resentido asesina al Gobernador y, antes de ser condenado, y temiendo que su amada y el hijo que lleva dentro sufran las consecuencias de su rebeldía, decide con el consentimiento de ella sacrificarla (señala María José que ésta es una escena terrible y emotiva al tiempo); por último, Oroonoko es ejecutado mediante desmembramiento, durante el cual fuma una pipa y se muestra indiferente, a lo cual comenta Isabel que parece una escena digna del surrealismo. Destaca María José que la autora es testigo de los hechos, al ser a un tiempo narradora y también personaje (La mujer como sujeto en Oroonoko / Mercedes Alonso), que por primera vez en este relato se resalta la belleza de una mujer negra y que ha encontrado un error en el dato de que el protagonista sea un experto en la caza de tigres, ya que estos animales no habitan en África ni en América, sino en Asia. Acerca del resto de relatos que componen el volumen, indica que tratan sobre distintas variantes de matrimonios de conveniencia, en todas ellas invariable el acto de rebeldía de las mujeres y sus fugas para evitar la condenación; sostiene María José que la temática termina saturando. Por último, señala que todas las obras de Aphra Behn están dedicadas a nobles -que las dedicatorias con carácter póstumo fueron firmadas por los editores- y que en las descripciones de los protagonistas resaltan las cualidades físicas, maravillosas, de todos ellos.

Seve ha leído algunos relatos de los publicados en el mismo libro que María José, y cuenta la historia de uno de ellos, donde los padres de una niña 16 años pretenden casarla con un amigo pudiente de la familia, que tiene 63; entonces ella dedice fugarse, trabajará como criada y, al final, conocerá a un hombre, también con dinero pero mucho más joven que el primero -y “de su gusto”- con quien se casa. Comenta Isabel que este tipo de historias de acuerdos matrimoniales de los padres con el pretendiente masculino son muy repetidas en la obras de ficción, a lo que añade Lali que son todo un clásico en la literatura novelesca. Seve termina subrayando que la autora participa en los relatos, de una forma u otra, a lo que añade María José que Aphra Behn es “testigo de todo”.

Luis destaca la importancia de la autora como la primera novelista inglesa, y señala que sin embargo tuvo la desgracia de haber tenido que competir con la obra de los grandes autores que la precedieron, como Shakespeare y otros de relevante entidad. Corrige una apreciación anterior de los datos biográficos e indica que el marido de Behn era holandés, no alemán, circunstancia esta que le procuró un acercamiento a aquel país que la hizo idónea para ser contratada en su momento como espía; y respecto a su supuesto activismo político, Luis recalca que el término “activismo” no es del todo exacto, puesto que en la época de las Monarquías Absolutas no estaba permitido ningún tipo de oposición política de tal calibre, bajo amenaza recibir un duro castigo. Indica que Daniel Defoe reconoció haberse sentido influenciado por la autora a la hora de escribir sus novelas, pero señala que en la Historia de la Literatura de Cambridge apenas se dedican a Aphra Behn unas pocas líneas, dada la escasa consideración que hacia las escritoras se ha tenido desde siempre en los ambientes académicos y eruditos, afirmación que da lugar a debate acerca de la misoginia dominante durante muchos siglos en la formación del legado cultural de la humanidad.

Eugenio resalta, con Josefina, que la libertad que reivindica la autora no es la sexual sino la intelectual, y matiza que el supuesto carácter licencioso de su obra va acorde con la época durante la cual compuso, pues precisamente la Restauración inglesa es célebre por el carácter disoluto de sus costumbres (recuerda que la censura actuó contra el propio Dryden acusando una de sus obras dramáticas de obscenidad). Sostiene que el de Aphra Behn es un caso evidente de ocultamiento de la obra de una mujer por parte de la crítica venidera, y señala lo extraño que de lo contrario parece que la autora fuera ignorada durante gran parte del siglo XVIII y la totalidad del XIX, hasta su recuperación por Virginia Woolf ya iniciado el siglo XX, cuando su novela Oroonoko es señalada como antecedente de la “primera novela inglesa” de Defoe, aquella misma se considera hoy precursora del concepto del “noble salvaje” que inspira a Rousseau su célebre Emile y una de sus obras más extensas, sus Love-Letters Between a Nobleman and His Sister, es pionera del género epistolar que tanta popularidad alcanzó durante el siglo XVIII; Eugenio considera que estos tres hechos serían suficientes para inmortalizar la obra de cualquier autor-hombre, y corrobora su denuncia del sexismo dominante en los cánones literarios leyendo el final del artículo dedicado a la autora en el influyente Diccionario Bompiani de Literatura, donde el redactor N. D’Agostino asegura de Behn que “su defecto en cuanto artista no fue la inmoralidad, sino la facilidad y la incuria con que intentó conquistar el éxito”. Por último, Eugenio añade que ha leído Una habitación propia de Woolf y se hace eco de su tesis acerca de la decisiva importancia que tienen las condiciones y posibilidades materiales en la gestación de una obra literaria (el título del ensayo hace referencia a la carencia de un espacio aislado y propicio que habrían padecido tradicionalmente las mujeres, frenando el desarrollo de su talento artístico), y ha recordado -a tenor de lo escrito por Lali– un comentario de Virginia Woolf que insinúa que tal vez las obras anónimas de literatura oral que se transmitieron en la mayor parte de las culturas del planeta, fueron obra de mujeres; y concluye su intervención leyendo un fragmento del texto dedicado a Behn en este libro, donde con tono irónico Woolf apunta que después de irrumpir la autora para ganarse la vida con la literatura, las jóvenes ya podrían decir a sus padres que no necesitaban ser mantenidas, pues podrían trabajar como Aphra Behn, a lo cual responderían ellos, atónitos: “¡Sí, viviendo la vida de Aphra Behn! ¡Antes la muerte!”.

Cierra la sesión Isabel leyendo dos frases de la autora: “El amor cesa de ser un placer cuando deja de ser secreto” y “El dinero habla un lenguaje que entienden todas las naciones”; y recordando que el 18 de junio de 2012, en el programa radiofónico Vidas de tantos que emite Radio 5, se dedicó un hueco a Aphra Behn.

 

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Aphra Behn (1640-1689)

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LA AUTORA

Aphra Behn en Wikipedia

Datos biográficos sobre Aphra Behn en MCN

The Aphra Behn Page

Aphra Behn, la libertina ilustrada / Luis Antonio de Villena en LAdeV

Aphra Behn a través de Virginia Woolf (capítulo 4 de Una habitación propia; trad. Laura Pujol) en  Convdocs

Aphra Behn : de espía a escritora en Artistas o guerreras

Aphra Behn : Escritora, Aventurera y Espía en Mujerícolas

Aphra Behn, escritora y espía en Mujeres de leyenda

Aphra Behn: una precursora casi olvidada en Jorge Alberto Collao

Aphra Behn y su escritura impropia / Teresa Sosa en Palabra de Mujer

Aphra Behn. La Primera en Muchas Cosas en El dragón de Hipatia

Balbina Prior traduce a la poeta Aphra Behn en Diario de Córdoba

Y SU OBRA

La decepción / Aphra Behn en Punto en Línea

La religión tu vida entera desdeñaste : de Aphra Behn a Dryden (trad. Balbina Prior) en Poesía Castellana

extracto de la introducción a edición en castellano de Oroonoko / Aphra Behn en Siruela

La mujer como sujeto en Oroonoko / Mercedes Alonso en Facultad de Filosofía y Letras de la UBA

Poemas de Aphra Behn (en inglés) en Poetry Archive

Obras de Aphra Behn (en inglés) en Poetry Foundation

Obras de Aphra Behn (en inglés) en University of Toronto

BUSCAR Obras de Aphra Behn (en inglés) en Proyecto Gutenberg

BUSCAR Obras de Aphra Behn (en inglés) en Europeana

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