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13 de marzo de 2013: Thomas Hobbes

Reunidos: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, María José, Seve, Luis, Eugenio, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel abre la sesión leyendo los datos biográficos acerca del autor recogidos de Internet. Señala que fue longevo (murió con 91 años), y un profundo estudioso de la filosofía política pero gran conocedor de otras áreas del conocimiento, desde la Historia a la Geometría; destaca que siempre dijo que había nacido bajo el signo del miedo, pues estando embarazada de él, su madre, como media Inglaterra de la época, temía una invasión de la Armada Invencible española. Hobbes sufrió cierta persecución, debido a sus enfrentamientos con miembros de la Iglesia Anglicana y de la Universidad de Oxford, acoso que llegó al extremo de sufrir la quema de libros suyos en 1666, bajo acusación de ateísmo. Añade Isabel que la visión del autor describe la realidad de su tiempo, y que perteneció a la Real Sociedad de Londres, de carácter científico. Su pensamiento político fluye entre dos corrientes que lo cercan: la de los monárquicos, que defienden el derecho divino, y la de los parlamentarios, que abogan por la soberanía popular; con ninguna de estas bases teóricas está de acuerdo, pues el fundamento filosófico de Hobbes es el materialismo mecanicista, con un tajante rechazo de la existencia del alma, cuestión que lo diferencia de Spinoza: el autor concibe ese mecanicismo como un movimiento continuo (acercamiento a lo favorable y alejamiento de lo desagradable, tanto en el ser humano como en las sociedades que éste conforma), que asemeja el comportamiento del hombre al de una máquina. Su obra más célebre es Leviatán donde, partiendo del análisis de la naturaleza humana, esboza el funcionamiento de la sociedad bajo una firme autoridad gobernante, que garantizaría la convivencia pacífica; para estructurar esta teoría política, Hobbes maneja los conceptos de contrato social y derecho natural, que sujetan respectivamente a los ciudadanos y al monarca, sentando la base para el posterior desarrollo que hubieron de darle Locke (mediante sus Ensayos sobre el Gobierno Civil) y Rousseau, principalmente en El contrato social. La opinión de Isabel respecto al autor es que su obra es densa pero tremendamente interesante, y lo que ha leído le sugiere que viene avalada por la lógica que concatena su prosa; ha visto en Internet un vídeo de Fernando Savater donde se muestra la figura de Hobbes bajo pinceladas del filósofo español, que va señalando la actualidad y vigencia del Leviatán, e indicando que hoy en día aún es leída por políticos; Luis replica que ésta será una vigencia relativa, pues no quedan en el mundo monarquías absolutas, a lo que propone Rufino que puede que sí que existan, pero disfrazadas bajo otro nombre; por otra parte, Eugenio se pregunta si la actualidad del Leviatán no estará reflejada en el polémico debate en torno al control de Internet. Finalmente, Isabel dice que le ha parecido muy interesante el artículo sobre Hobbes publicado en la bitácora filosófica El vuelo de la lechuza.

Pilar abre su intervención interrogando a los presentes sobre el origen del término «Leviatán», a lo que responde Luis indicando que es un monstruo marino, un demonio, que aparece en el bíblico Libro de Job y sirve a Hobbes para representar una visión puritana del Estado; Isabel por su parte señala que una leyenda dice que Dios creó un macho y una hembra de la misma especie, pero que mató a la hembra para evitar su procreación y con aquel cuerpo dio de comer a los honestos. Pilar señala que su interés personal no es tanto por la teoría política como por la práctica, pero que una lectura lenta de aquélla, apoyada por el apunte explicativo de alguien que sepa lo que significa, le resulta muy atractiva. Acerca de la biografía del autor, destaca que sus libros fueron objeto de las llamas en dos ocasiones (uno estando vivo y otra tras su muerte), y le parece que fue un hombre coherente que vivió en una sociedad muy contradictoria; también califica a Hobbes de ingenioso y astuto, y ha llegado a esta conclusión tras leer el prefacio que escribió a su obra De Cive (cuyo fragmento Pilar lee a continuación), donde confiesa el autor que antes de publicar esta obra quiso saber las distintas opiniones que sobre ella pudieran fundarse los lectores, y para su crítica y corrección la difundió entre conocidos y amigos: hubo objeciones muy duras como las que lo acusaban de haber otorgado demasiadas atribuciones a los poderes civiles, o que había elaborado de forma muy restringida la objeción de conciencia, pero señala el autor que las primeras le vinieron de sectores eclesiásticos mientras éstas procedían de los más sectarios, por lo que concluyó que tales analistas decían lo que convenía a su propio interés y ello provocó que consolidara sus posturas y se reafirmase en sus tesis.

Mercedes ha leído El Estado, una antología de textos del Leviatán editada por Fondo de Cultura Económica, y ha escrito un texto propio con su interpretación tras la lectura. Cuenta que ha sido mucha la influencia de Hobbes sobre el desarrollo de la Filosofía Política occidental, y que es un teórico del Absolutismo político, partícipe de una moral utilitarista y partidario del materialismo; conoció a Galileo durante un viaje a Florencia y a Descartes cuando estuvo en París, y se mostró muy crítico con los abusos que veía cometer a los miembros de la Corte inglesa. Hobbes consideraba que las bases del desarrollo social debían asentarse sobre un conocimiento cuyos pilares fueran la Razón y la Ciencia, y deprobaba las guerras, sosteniendo que eran consecuencia de pasiones naturales sin control, aunque tuvo sus reservas respecto a la defensa de un país en caso de invasión; popularizó la expresión “El hombre es un lobo para el hombre, condición que obliga a los colectivos humanos a forjar pactos entre sus miembros para instaurar un poder al que todos se sometan a cambio de protección; puntualiza Mercedes que el autor consideraba este poder autoritario, pero advertía de diferentes posibilidades de acceso a él, entre la herencia y la elección. También expone una frase de Hobbes que viene a decir que no debe existir un monarca rico allí donde sus súbditos son pobres, a lo que Pilar puntualiza que ese rey es rico a costa de la pobreza de su pueblo. Por último, señala Mercedes que Hobbes, aunque absolutista, era contrario a la tiranía, forma de gobierno que equiparaba a la anarquía por ser inválida para garantizar la seguridad de los ciudadanos; también afirma que fue un pensador muy avanzado para su época, a lo que Luis añade que sobre sus hombros se apoyaron después Locke, Hegel y todos los hegelianos hasta Marx.

Lali ha leído De Cive y destaca que, en esta obra, Hobbes hace un tratamiento sistemático sobre la naturaleza humana, partiendo de la teoría fisiológica que identifica vida y movimiento (explicada a través de ejemplos como el latido del corazón) y haciendo, entre otros, un esbozo de dióptrica como principio extensible, desde la visión, al estudio del alma y de la imaginación; siguiendo este cauce, tras el abandono de la fisiología el autor aborda el análisis del lenguaje (resalta Lali la enigmática relación entre el sonido articulado y el objeto externo al que designa); de ahí se sigue la investigación sobre las pasiones, la ley y la religión (en lo que se refiere a la ley, el interés se centra en la identidad que se establece entre ésta y la realidad que pretende regular; respecto a la religión, Lali indica que el autor la considera tanto manifestación individual como colectiva, hallando cierta similitud entre la conducta religiosa íntima del individuo y su reflejo en el comportamiento público, a lo que Pilar discute que sobre ello pueda generalizarse, señalando la existencia de determinados fingimientos en algunas personas), hasta abordar la ciencia como el conocimiento de las causas y acerca de lo cual, el autor afirma que incluso la física deja de ser una ciencia cuando para confirmar sus postulados se ve obligada a forzar la realidad (indica Luis que Hobbes se refiere a la física aristotélica, que es la dominante en su época). Por último, Lali se muestra en desacuerdo con una afirmación del autor por la que se da a entender cierto carácter traumático de los recuerdos, indicando que no cree que lo que nos queda en la memoria se establezca por la intensidad de la vivencia; al hilo, señala Eugenio que Hobbes muestra la naturaleza empírica de la base de nuestro conocimiento, y Luis apunta que el autor no puede ser considerado un filósofo empirista, pero que su obra dará pábulo al verdadero empirismo, culminado por Locke y, sobre todo, por David Hume.

Toñi destaca la animaversión del autor hacia Aristóteles y se pregunta el motivo, a lo que Luis indica que Hobbes se enfrentó al aristotelismo que predominaba en las universidades y Eugenio puntualiza que Aristóteles consideraba al ser humano como animal social, obligado por su naturaleza a convivir con sus semejantes, mientras que Hobbes concibe la sociedad como un producto completamente artificial creado mediante pactos. Toñi ha leído una biografía sobre el autor escrita por Norberto Bobbio, donde el filósofo italiano expone la teoría política de Hobbes al tiempo que da pinceladas sobre su vida; indica Toñi que, como ha dicho Pilar, para poder comprender esta filosofía sería necesario alguien que lo interprete o explique (Luis añade que, “a ser posible, alguien de su época”), y a continuación se inicia un breve debate sobre la comprensión de las obras del pensamiento, acerca de lo cual señala Luis que no puede entenderse sin dedicarle su tiempo, que son muchos años, mientras Isabel defiende que con algo de interés se puede alcanzar una pequeña aproximación que sirva para al menos conocerlo y saberse de acuerdo o en contra. Destaca Toñi que Hobbes no practicó ningún tipo de actividad de carácter político, y menciona al Padre Marsene, quien concentraba a su alrededor grupos de controversia científica que el autor frecuentó durante su estancia en París (Luis recuerda que son un antecedente de los salones de Holbach, donde se fraguó la rama más radical de la Ilustración francesa). Para terminar, Toñi cuenta que Hobbes no se exilió de Inglaterra contra su voluntad, sino que se marchó del país huyendo de una situación política que le resultaba adversa.

Rufino ha comenzado a leer Del ciudadano y Leviatán, una antología de textos de las obras homónimas de Hobbes, en edición prologada por Enrique Tierno Galván y traducida por el “viejo profesor” y por Manuel Sánchez Sarto, y ha buscado más información en las noticias publicadas en nuestra bitácora; dice no encontrarse de acuerdo con varias afirmaciones del autor, y lee un texto propio con sus impresiones. Acerca del desarrollo de la política occidental, comenta Rufino que en aquella época en Inglaterra tenía lugar un encarnizado debate entre los partidarios de la legitimidad divina del monarca y aquellos que abogaban por la soberanía única del Parlamento, y que entre ambas posturas se hallaba la del autor, defensor de un absolutismo que consideraba el ejercicio de la autoridad suprema bajo el mandato de la ley natural. Rufino añade que Hobbes se mostró firme opositor de las políticas burguesas que surgían en aquel momento, reflejadas en los parlamentaristas, y deseó inaugurar una ciencia política igual que Galileo había dado origen a una nueva física; rechazaba el dualismo cartesiano (es decir, no creía en la existencia de un alma separada del cuerpo) y consideraba al ser humano como un “poder en potencia”, capaz de formar sociedades pacíficas bajo el requisito de la justa asociación entre semejantes; pero acerca de la naturaleza humana, el autor consideraba que ésta se encuentra supeditada a su propio egoísmo, y que las pasiones inclinan a los individuos hacia la parcialidad, el orgullo y la venganza, de manera que la mencionada asociación entre semejantes sólo es posible en torno a una ley cuyo objetivo es la supervivencia y cuyo fundamento material es un Estado fuerte que haciendo uso de la coerción hacia sus súbditos permita el funcionamiento de la economía. Acerca de la afirmación del autor, contraria al dualismo cartesiano, negando la existencia del alma, se forma un debate donde Lali menciona la novela de André Maurois El pesador de almas, Luis comenta que es San Miguel, cuya imagen es frecuente en los frontispicios de las catedrales, el encargado de ponderar las almas de los mortales y Mercedes invita a ver la película 21 gramos, cuyo título hace alusión a la magnitud de tan polémica sustancia.

A María José le ha encantado el Leviatán: a pesar de su volumen, sólo le ha faltado el final, donde el autor aborda su Filosofía del Derecho. Destaca las referencias al mecanismo del pensamiento y la parte en la que Hobbes reflexiona sobre el lenguaje, que a María José le ha parecido “maravillosa”. Recuerda su autoexilio, gracias al que conoció personalmente a Galileo y a Descartes, y durante cuya etapa parisina trabajó como preceptor de los jóvenes Cavendish, que indica Luis que era una casa señorial de elevada alcurnia. La teoría epistemológica de Hobbes, cuenta María José, se basa en la noción de sociedad como organismo o cuerpo artificial que para ser estudiado debe diseccionarse en sus unidades más esenciales, a raíz de lo cual se inicia un análisis que parta de la zona inferior o manifestación inmediata hasta alcanzar las más complejas estructuras generales; comenta que el autor habla de educar a los ciudadanos ilustrándolos acerca de las nefastas consecuencias que la ausencia de leyes depara, y fundamenta la convivencia en una moral racionalista, necesaria para que se cumplan las condiciones que posibilitan la cooperación, como pautas que previenen y evitan toda amenaza a la paz social. Sobre el concepto de Leviatán, María José indica que tal es el Estado, como institución necesaria para mantener la paz y la seguridad, en torno a la hipótesis de que ningún ciudadano es lo suficientemente fuerte como para poder afrontar solo el miedo a la muerte violenta, implícito en el estado natural. Acerca del egoísmo connatural que mencionó Rufino, añade María José que viene provocado por el temor a la escasez, que en última instancia termina generando la guerra de todos contra todos en defensa o recuperación de unos derechos que el individuo, para integrarse en sociedad, se garantiza tras ceder lo suficiente como para no sentirse amenazado o convertirse en amenaza; y acerca del carácter autoritario del absolutismo postulado por el autor, aclara que el Leviatán es un Estado absolutista, pero tanto monárquico como administrativo, quedando como única condición del ejercicio del poder que éste se supedite a la ley natural, que tal como la concibe Hobbes emanaría de Dios. Recuerda Luis que será después de esta magna obra cuando surja el despotismo ilustrado, uno de cuyos puntales será el Rey Sol (señala Mercedes que la Francia de Luis XIV fue próspera, pero replica Luis que esta prosperidad fue posible a costa de la miseria de otros); Lali sostiene que ningún régimen político o económico da la felicidad a todo el mundo, y que por ello la felicidad ha de buscarla cada cual, lo que da pie a un nuevo debate donde Pilar dice que los seres humanos siempre tendremos algún motivo para estar insatisfechos y María José lee una cita de Hobbes, quien no ve posibilidad a una “continua prosperidad” ya que ningún estado puede alcanzar la estabilidad completa: no existe la “perpetua tranquilidad de ánimo” porque, según la ley natural mecanicista, la pauta la dicta el movimiento continuo.

Seve comenta que todo le está resultando muy interesante, pero que le cuesta un poco entenderlo; adelanta que la semana que viene no podrá asistir a la reunión porque tiene médico y durante la siguiente, en plena Semana Santa, estará de vacaciones en Denia, adonde se dirige en busca de descanso y no quiere saber nada de lecturas.

Luis menciona De corpore, un extenso tratado fundamental para comprender la filosofía de Hobbes; indica que al fin está siendo traducido al castellano, de cuya versión recientemente se ha publicado el primer volumen; alude Luis a que éste es el título donde confluye todo el pensamiento de Hobbes, plasmada en sus páginas su teoría de materialismo mecanicista, extensible desde el organismo más sencillo hasta el Estado como institución última donde los seres humanos alcanzan la máxima colaboración; pero insiste en recordar que el autor es partidario del absolutismo, lo que no deja de ser un escollo para que su filosofía política pueda alcanzar algún tipo de vigencia en la actualidad. Al respecto, Luis señala que nuestro sistema político es inevitablemente representativo, y ya no hay posibilidad de lo contrario: el ejercicio del poder y la toma de decisiones debe efectuarse mediante delegación de unas partes de la sociedad a otras; sin embargo, la importancia actual de De corpore proviene del desarrollo de la idea de que toda institución, como todo colectivo o unidad vital, es un órgano natural que fluye (indica María José que de esta noción puede sustraerse que los súbditos ceden derechos al poder de forma natural, y de ello podría seguirse necesariamente que el gobierno lo ejerza como autoridad absoluta, a lo que Eugenio recalca que siempre que esta autoridad tome su criterio de la ley natural, y no de su propia voluntad). Luis corrobora que Hobbes no fue un incondicional partidario de la monarquía absoluta, pues emigró de Inglaterra al estar en desacuerdo con los Estuardo y regresó al tomar Cromwell el poder; aunque para decepcionarse cuando comprobó que éste actuaba, precisamente, como un tirano.

Eugenio señala que el materialismo de Hobbes tiene su base en lo que aprendió del filósofo Gassendi, enfrentado a Descartes, durante su estancia en Francia; indica que Gassendi redescubrió el atomismo clásico que desde Demócrito (y Leucipo, añade Luis) hasta Epicuro, fue difundido por Lucrecio Caro en su obra (apostilla María José que en el famoso poema De rerum natura). Eugenio también indica los métodos científicos de Galileo y Francis Bacon, que sigue Hobbes para componer sus teorías, y para tratar de explicarlos se apoya en lo indicado por María José al hablar del Leviatán: como ella dijo, el autor considera que el estudio de la sociedad debe afrontarse disolviendo el organismo compuesto en sus unidades más esenciales, que según Eugenio se corresponde al método analítico-sintético de Galileo (descomponer el objeto de estudio en sus elementos constitutivos y proceder después a su recomposición lógica); además, como indicó María José, se experimenta partiendo del acontecimiento inmediato hasta llegar al nivel superior: cree Eugenio que este método corresponde con la inducción defendida por Francis Bacon, quien un siglo atrás se había enfrentado al método deductivo de los aristotélicos, quienes derivaban de las ideas generales la naturaleza de los fenómenos particulares, oponiéndoles como verdaderamente científico el procedimiento exactamente contrario: sólo desde lo particular, se puede conocer lo general.

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