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OTOÑO SIN LUZ (Una tarde con Verlaine) / Rosa

No quiero primaveras

con flores de colores

y crepúsculos rosas.

Me abrasan los veranos,

los inviernos me hielan

la carne hasta los huesos.

La luz fría del otoño

hiere mi corazón.

Todo me aflige y cansa.

No me conmueve nada.

Igual que a la hoja muerta,

zaleando por el suelo,

un mal viento me lleva,

y soporto mi llaga

cansada de vivir.

Agoniza una estrella

en mi cielo desierto.

Sin valor, ni esperanza;

tengo miedo a morir.

Rosa María Ramos Fernández

20 de Octubre de 2010

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PAUL VERLAINE / Laly

En Francia es, sin lugar a dudas, con Villon, Baudelaire, Rimbaud, y quizás Apollinaire, el más leído de los poetas, incluso hoy.

Su vida fue una constante provocación para un país sin embargo muy permisivo, y una época en que el público francés se había acostumbrado a los excesos y libertinajes de sus poetas malditos. Alcohol, drogas, desórdenes y escándalos de todo tipo. Homosexualidad exhibida, violencia en todas sus relaciones, llegando a amenazar de muerte a su madre varias veces, y a disparar sobre Rimbaud, el hombre que proyectó una sombra fatal sobre Verlaine,y que fue su obsesión y gran amor. Sus épocas de paz íntima  y desahogo económico fueron escasas, y se vio a menudo en la indigencia.

Se puede decir que Verlaine fue, poéticamente hablando, magníficamente dotado, y melancólicamente disperso.

Pronto manifestó una especie de dualismo existencial, alternando delicadas efusiones sentimentales e imprevisibles brutalidades y desórdenes sexuales. Sus “Poemas Saturnianos” evidencian la influencia de Baudelaire, y la pesimista concepción de la vida que se atribuye a los hombres nacidos bajo el triste signo de Saturno. Pero paralelamente, Verlaine cultivaba en sus “Fiestas galantes” una vena más propia del siglo XVIII, en los límites de la frivolidad, pero impregnada por una inquietud decadente.

La poesía de Verlaine es al mismo tiempo la pena o la alegría más familiar. Es la permanente melancolía del recuerdo, la cercanía de la muerte. Son transportes religiosos y explosiones de una sensualidad tan llena de ternura como de perversidad. Amargura, nieblas y luces del alcohol, reflejos cambiantes de amores desgraciados, celosos y apasionados. Los versos de Verlaine tienen la facilidad y la riqueza desconcertantes de una pluma prodigiosamente refinada, voluptuosa, a la par que violenta. Tuvo una vastísima producción, y prefería los versos breves (ocho sílabas o menos) y las figuras fluidas e irregulares.

Laly,

enero de 2011

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VERLAINE EN LA CAMA / Eugenio

¿Sombras del futuro desolado?, ¿son ésas las que nublan mi mirada anhelante?

¿O es el brillo atroz, súbito, desconsiderado con la ceguera ausente de los días nuestros, lo que mi peso con el peso exacto del temor que late me oprime esta mañana?

¿Me cuesta levantarme por un ayer vacío o por el lleno absoluto de lo que viene?

No quiero lujos, más allá de ese brillo atroz que retumba en la bruma de mi existencia; porque mi lujo es ser, yo, poeta asistido en asilo de asistencia pública.

Un hospital, un asilo como el de Antonio, donde Antonio es enfermo a quien se arrebata la última ilusión de libertad, la que ya no renace, la que se sabe postrera en el destino único del olvido al despertar,

el sueño que acaba,

el sueño sin amanecer que ahora empieza.

Como un hostal en el camino,

no es origen de hilarantes aventuras cabalgando un odre de vino,

es la desembocadura de la odisea por donde veo el pasado burlón de la fantasía hecha historia para nuestra ignorancia

y veo que el camino odiseo no tiene telares, ni pretendientes, ni obstáculo alguno porque no tiene retorno.

Tengo que aprender a mirar con indiferencia las caras que dibujan desprecio, devolver el saludo hiriente con…

no,

mejor no devolver ningún saludo ni consideración alguna hacia el ojo de soslayo,

el rictus ausente en mi presencia, el mohín sin respeto hacia mí,

yo, el indeseado.

Y decir sí, con la cabeza y con la voz, sí soy, existo; de dónde vengo no sé y menos aún hacia qué lugar me dirijo;

pero incluso si fui entre paños holgados furia cerril de recién nacido,

incluso si fuera sudario grasiento moribundo gris seco en alcoba nívea de hospital,

soy ahora y aquí para siempre.

Hacerme oír, aun sin voz, aun sólo a mis propios oídos.

Eugenio,

enero de 2011

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Paul Verlaine (1844-1896)

 

Paul Verlaine (1844-1896)

DATOS BIOGRÁFICOS:

Paul Verlaine en Escritos desde la Oscuridad

Paul Verlaine en A media voz

Paul Verlaine en Wikipedia

Paul Verlaine en El poder de la palabra


POEMAS:

Aria de Antaño en Escritos desde la Oscuridad

Arte poética en Diario de un dragón

Mi sueño familiar en Las egerias

Varios poemas de Verlaine en Literatura francesa y traducción

Varios poemas en A media voz


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