11 de octubre de 2017: Presentación del nuevo curso

Reunidas: Toñi, Consuelo, Luis, Eugenio, Carmelo, Mariajosé, Benita, Mercedes, Valentín, Cuca, Rufino, Isabel y Seve.

Abrimos esta primera sesión tratando de captar el modo en que vamos a desarrollar el nuevo curso, con el cambio temático y metodológico que supone la nueva propuesta. Isabel explica que cada una de las sesiones constará de un texto con el contenido y de una serie de cuestiones que servirán para evaluar los puntos más importantes de la lectura, así como para abrir el debate cuando el propio texto no nos empuje a ello.

Isabel comienza a leer el primer texto que, a modo de presentación y bajo el epígrafe “Las relaciones entre literatura y cine: Jerarquías y prejuicios”, expone una serie de pautas que anticipan el actual estado de la cuestión respecto a las relaciones entre la Literatura y el Cine. En primer lugar, se señala que cine y literatura constan cada una de sus propios y diferentes códigos, visual y verbal respectivamente, lo que no impide la complementariedad de los mismos y su mutua influencia; sin embargo, la cuestión principal que se debate es acerca de los prejuicios existentes a la hora de sentenciar que la obra literaria es por principio superior -intelectual, cultural o artísticamente- a la cinematográfica, sobre todo en los casos en que ésta es una adaptación de aquélla, ante lo cual indica Carmelo que toda comparación es complicada porque ambas técnicas difieren en sus tiempos narrativos y, como es lógico, no es posible mostrar la vivencia de la novela cuando la adaptación, por muy fiel que sea, en tiempo real no podrá extenderse más de un par de horas; al hilo, Luis comenta que el hecho de que una obra literaria no tenga demasiada calidad, no implica que su versión cinematográfica sea peor sino al contrario: probablemente superará sus carencias.

Por lo que respecta a las causas que desembocan en una mejor valoración de la obra literaria sobre la adaptación cinematográfica, Isabel menciona varios factores que el teórico estadounidense Robert Stam ha enumerado bajo el término “raíces del prejuicio”, entre las cuales el primero es el de veteranía, según el cual lo más antiguo es más valioso, y acerca de lo que Mercedes comenta que podríamos hablar de mayor valor del cine antiguo en el sentido en que los medios técnicos de aquella época hacían más meritoria la realización de largometrajes. El segundo de estos prejuicios es el del pensamiento binario, estructura del razonamiento que configura la definición de concepto en función de su comparación con algún opuesto; al respecto, Consuelo considera que lo binario dentro de la relación cine-literatura debe ceñirse al antagonismo de sus respectivos códigos de composición, esto es el visual y el verbal.

Otro de los puntos que tratamos es el de la insatisfacción de los autores literarios con la adaptación cinematográfica realizada de sus obras, y a propósito de ello Rufino lee un texto sobre la querella que enfrentó a Javier Marías con los Querejeta; al hilo, Eugenio comenta que no entiende cómo los escritores no tratan de controlar más, legal y artísticamente, la adaptación cinematográfica de sus obras, a sabiendas de que una versión incorrecta puede transformar completamente el sentido.

 

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