26 de abril de 2017: Memorias de un cortesano / Benito Pérez Galdós

Reunidxs: Valentín, Rufino, Mercedes, Mariajosé, Consuelo, Carmelo y Eugenio.

Abre la sesión Eugenio, que comenta que ha leído últimamente que Galdós estuvo influido por el krausismo, que define como una corriente pseudorreligiosa que se instauró en España gracias a Giner de los Ríos, quien materializó la doctrina en la Institución Libre de Enseñanza; señala que dada la ideología que se le presupone a Galdós, le ha resultado muy probable que sus tendencias filosóficas estuvieran influidas por el krausismo, al igual que durante el siglo XX lo estuvieron gran parte de las corrientes políticas progresistas, hasta nuestros días. Añade que, a su juicio, el krausismo es una especie de protestantismo con tintes místicas y aires filosóficos, que a él particularmente le resulta poco atractivo, sobre todo teniendo en cuenta que surgió en la Alemania del siglo XIX donde, entre Goethe y Nietzsche, se generaron pensamientos mucho más estimulantes.

Consuelo enlaza su intervención con lo expuesto anteriormente y señala que Galdós pudo haber entendido el alemán, pero que el idioma extranjero que dominaba era el inglés, ya que tradujo a Dickens; también aporta su sorpresa por la relación sentimental que tuvo el autor con la escritora Emilia Pardo Bazán, de lo que ella nada sabía. Y centrándose ya en el libro que tratamos, Consuelo señala que las Memorias de un cortesano le han parecido uno de los Episodios Nacionales con menos contenido de los leídos hasta ahora, en el sentido de que no está completo y apenas hay referentes al reinado de Fernando VII, que es el eje principal de la historia. Lee algún fragmento de la reseña en el blog Mis lecturas clásicas, donde se trata de los aires cómicos y de sainete que tiene la novela, y se lamenta que este rey no recibiera de Galdós una crítica mayor, dado que fue el peor rey en la Historia de España (Carmelo puntualiza que probablemente los haya habido peores); al hilo señala Consuelo que el autor del blog, Antonio Ponce, introduce una cita del libro donde se habla de la nariz encorvada del monarca, lo que enlaza con el famoso verso de Quevedo. A continuación, Consuelo habla del final de la novela, que para ella fue completamente inesperado; en este sentido, Mercedes pregunta si los personajes que confluyen en esta escena son ficticios o pertenecen al ámbito histórico, a lo que Consuelo responde que son del crisol galdosiana; entonces Mariajosé destaca el tratamiento humorístico que el autor da a la narración, acentuado en este título, y Eugenio se pregunta cuál es el momento histórico exacto de los hechos, si durante la primera gobernanza de Fernando VII o después de que convocara a los ejércitos extranjeros para eliminar la oposición que fue generándose contra su reinado, a lo que Consuelo recuerda que había eliminado la Constitución nada más acceder al poder y Mariajosé señala que recibió el apoyo inicial del pueblo, gracias a que abogó por el tradicionalismo y apeló a los anhelos más trasnochados de la ya muy decadente España Imperial. Por último, Consuelo indica que el argumento fundamental de la novela es el nepotismo existente en aquella Corte, y Mariajosé recuerda que este sistema de gobierno es muy español, alcanzando la cumbre de nuestro inmediato pasado la reciente era del Sociolismo.

Mariajosé insiste sobre el arribismo dominante en la época, reflejado en la novela a través del protagonista, de quien dice que le ha recordado a Urdangarín, a lo que Consuelo señala que es lo de siempre y Mercedes se pregunta si esto ocurrirá en otros países, al hilo de lo cual Eugenio opina que el nivel de corrupción va en consonancia con la dependencia económica del país, y así como una república bananera tiene un dictador mantenido por las potencias foráneas que expolian sus recursos naturales, a un país con autonomía económica le es imprescindible mantener un cierto grado de equidad para crecer. Carmelo señala a continuación que la corrupción no depende de los países, sino que es un mal que acompaña a todo ejercicio del poder humano, y Valentín indica que un país tan adelantado como Suecia tiene prohibiciones absurdas como la de no poder tirar de la cadena a partir de las diez de la noche; a ello responde Consuelo que en Alemania hay que mantener silencio en el vecindario de una a tres de la tarde, y eso que no suelen echarse la siesta, y Mariajosé indica que para leyes absurdas las de Estados Unidos, a lo que replica Rufino que no será tan absurdas para ellos, ya que existen. Así nos enfrascamos en un debate sobre las normas de convivencia y buena vecindad y navegamos entre el ruido de las aspiradoras y los sonido onomatopéyicos del somier en marcha.

Eugenio regresa a Galdós para comentar que leyó hace tiempo La Fontana de Oro y recuerda que en esta novela, también en tono satírico, se inspiraba el autor en la represión de las conspiraciones contra el rey en la Corte de Fernando VII, a través de un tío del protagonista que es encargado de reprimir a los rebeldes. Carmelo comenta que tratar a Fernando VII con ironía es una manera de ridiculizarlo, de demostrar lo nefasto que fue para España, y Mercedes señala que Galdós trató con igual rasero la vida política española en el resto de Episodios leídos hasta ahora. Por su parte, Rufino indica que el proptagonista se hace llamar Juan de Pipaón y en su origen no fue sino un “pobre covachuelista”, a lo que Mariajosé asiente y dice que vivía en un antro y que se cambió el apellido, que era “Bragas”, por otro más digno; añade además que este Juan fue un segundón en la anterior novela (el Equipaje), a lo que Mercedes señala que ya tenía aires de trepa y Carmelo recuerda que la figura de Godoy, quien de ser soldado pasó a gobernar gracias a los favores de la reina, muestra que el trepa es muy común en nuestra vida política. Al hilo, Eugenio recuerda haber leído algunos comentaristas de la Historia Patria que defienden a Godoy, a lo que Valentín afirma que habrá sido gente que de una u otra forma fueron favorecidas por él, y Carmelo recuerda que con Franco aún pasa lo mismo; Rufino se refiere a la adulación hacia los jefes, que se da en cualquier trabajo, y Eugenio supone que las empresas funcionan del mismo modo que los países donde se afincan. Y desde aquí nos sumergimos en un interminable debate sobre la corrupción en España: Carmelo recuerda que la formación del Estado durante la Transición se vendió bajo el “café para todos”, Rufino indica que las Autonomías creadas en aquel proceso se han evidenciado onerosas y Valentín cree que algún día se hará realidad aquella visión de Carrillo sobre un altar, capaz de hacer milagros.

Mariajosé reanuda la sesión leyendo un texto sobre su lectura de la novela, donde identifica a Juan Bragas con la tradición picaresca, ya que el personaje presume de haber llegado hasta la intimidad de la Corte sin poseer apenas cultura. Sobre ese mundo del reinado de Fernando VII, recuerda que hizo retroceder la corona borbónica a los peores usos de la Monarquía Absoluta, y por último volvemos al debate sobre la actualidad política, lamentando que el dinero robado por los cargos públicos, que probablemente solucionaría lo más lamentable de nuestra crisis económica, aliviando la deuda exterior que por los mismos motivos se ha engordado, no vaya a ser devuelto, y que nadie aparecerá que obligue a hacerlo.

 

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