26 de octubre de 2016: Trafalgar / Benito Pérez Galdós

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Pilar G., Consuelo, Seve, Luis, Eugenio, Mariajosé, Benita, Mercedes y Valentín.

Isabel abre la sesión leyendo la reseña biográfica sobre Galdós publicada en «El poder de la palabra», donde se indica que este novelista y dramaturgo canario fue uno de los máximos representantes de la literatura española decimonónica, junto a Clarín y Emilia Pardo Bazán; de ésta añade que fue su pareja, a lo que Luis comenta que ella lo terminó sustituyendo por Lázaro Galdiano. Isabel señala que Galdós, décimo hijo de un coronel, nació en Las Palmas de Gran Canaria pero de allí se desplazó a la península para no volver jamás, atraído por la forma de vida que una prima suya que estuvo de visita le descubrió; en Madrid estudió Derecho, tomó contacto con el Krausismo a través de Giner de los Ríos y comenzó una intensa actividad intelectual interesándose por la vida social y política de la ciudad y participando en las tertulias del Ateneo; más adelante aumentó sus expectativas, visitó París y tradujo a Dickens, hasta que a finales de siglo fue diputado con Sagasta, aunque nunca llegó a defender un discurso en el Congreso. Galdós fue un gran observador, escritor realista dotado de intuición que describía con solvencia los ambientes de sus novelas y construía vivos retratos de sus personajes, a cuyos diálogos dotaba de un lenguaje acorde con la condición de cada cual; se definía como progresista y anticlerical, tal como demostró desde sus primeras novelas, que se califican de “tesis maniqueas” porque los caracteres buenos y malos están muy marcados: La Fontana de Oro -primera obra publicada, cuya edición costeó con dinero prestado por una tía-, Gloria, La Familia de León Roch y Doña Perfecta. Su periodo de máxima actividad creativa fue la década de los ochenta, cuando comenzó la redacción de los Episodios Nacionales, grupo de novelas de carácter histórico que dividió en cinco series de diez títulos cada una, la última de las cuales dejó en seis; la temática de estas novelas es la Historia de España desde 1807 (Luis puntualiza que desde 1805, pues éste es el año de la batalla de Trafalgar) hasta la Restauración borbónica, y su estilo es innovador, riguroso y objetivo y, aunque Galdós hizo gala de cierto idealismo consecuencia de su fe en el progreso, estaba lejos del acostumbrado romanticismo que en aquella época se imprimía al género. Las dos primeras series tratan de la Guerra de la Independencia y del reinado de Fernando VII, y en ellas destacan Trafalgar, Bailén, Napoleón en Chamartín y La familia de Carlos IV. En una tercera etapa de la obra del autor, en la que se difuminaron los planteamientos políticos y hay mayor constancia de las miserias de la gente, Galdós experimenta con diversas técnicas narrativas y se esfuerza en presentar los acontecimientos sin juzgarlos; entre ellas, Isabel menciona El amigo manso (que anuncia las futuras nivolas de Unamuno, concepto que Luis explica a continuación), Miau (sobre la burocracia de la administración estatal y la alternancia de empleados públicos en función del partido gobernante), Torquemada (donde Galdós denuncia la usura), Nazarín (acerca de la cual Luis nombra la versión cinematográfica que hizo Buñuel, quien también realizó otra basada en Tristana), Misericordia (de la que comenta Isabel que es una de sus mejores novelas, retrato descarnado de la pobreza) y, finalmente, la más célebre: Fortunata y Jacinta. En el anecdotario de la vida de Galdós, Isabel menciona la escena en la que un grupo de modernistas llevó en volandas el coche donde viajaba; también habla de su colaboración con el fundador del Partido Socialista, Pablo Iglesias, así como del hecho de que no recibiera el premio Nobel por ser considerado izquierdista. Isabel concluye los datos biográficos señalando que el entierro del autor fue multitudinario y que acudieron a despedirlo –como que no era muy normal en la época- hasta las mujeres, a lo que Luis añade que Galdós no se portó demasiado bien con ellas, en general, ya que era muy mujeriego; al hilo señala Lali que tuvo una hija, a lo que dice Luis que sólo una que fuera reconocida por él, y a continuación menciona al biógrafo Ortiz Armengol; no obstante, añade, Galdós ha sido considerado buena persona y muy buen amigo de sus antagonistas ideológicos, como Pereda, que era muy católico pero le invitaba a pasar el verano en Santander, y Menéndez Pelayo, con quien se enfrascaba en constantes disputas aunque éste leyera a Voltaire a escondidas. Acerca de su lectura de la novela, Isabel comenta que se ha reído mucho, ya que los diálogos son muy ingeniosos; y recuerda otra novela de nuestra época que la homenajea, Cabo Trafalgar de Arturo Pérez Reverte, gracias a la cual éste recibió la Medalla de Oro de San Telmo que otorga la Fundación Letras del Mar.

Lali insinúa que Galdós debió de tener gran éxito con las mujeres, a juzgar por la fotografía de un atractivo varón que aparece en la edición que ella ha leído, que no es otra que la de Obras completas publicada hace bastantes años por Aguilar, y de la cual asegura Luis que se encuentra totalmente descatalogada y es una de las mejores; no obstante, Lali se queja de que esté impresa a dos columnas y sea complicada su lectura, aunque lamenta con mayor insistencia que tanto ésta como otras ediciones que ella y Paco han reunido en su biblioteca, no serán aprovechadas en el futuro por su descendencia, ya que lectores lo son poco. Acerca de los Episodios Nacionales, comenta que este proyecto abarca más de un siglo de una Historia de España narrada con gusto y amenidad, y que al tiempo constituye la mitad de la obra galdosiana, cuya extensión en títulos es comparable a la de los grandes novelistas europeos que fueron sus contemporáneos Balzac, Dickens y Zola; sobre la no concesión del premio Nobel al autor, Lali añade que la animadversión de los sectores más conservadores de la intelectualidad española fue no sólo responsable de este oprobio: también acumuló culpa en el hecho de que Galdós no ingresara antes en la Academia de la Lengua, y tuviera ésta que esperar a los últimos años del siglo para disfrutarlo. Respecto a Trafalgar, Lali indica que le ha sorprendido el manejo de terminología y conocimientos sobre las artes navales que ostenta el narrado, teniendo en cuenta que Galdós no hizo carrera ni tuvo empleo como marinero; también destaca que la narración no decae en ningún momento de la obra, así como el sentido del humor de que hace gala y la mezcla de personajes ficticios e históricos, considerando todo un logro de objetividad, que ensalce los caracteres buenos y sea condescendiente con los malos. Por último, Lali confiesa que queda impaciente a la espera de las nuevas andanzas de Gabrielillo.

Toñi ha leído la novela y le ha gustado mucho, aunque para su gusto hay demasiada agua; a su juicio, Galdós narra muy bien la historia, y también los conocimientos marítimos del autor la han sorprendido, a lo que Luis señala que hay detrás una labor de investigación y el buen oficio de saber informarse. Toñi destaca la infancia del protagonista, que lo pasa muy mal hasta que encuentra a sus nuevos amos, con quienes puede vivir más a gusto y gracias a los cuales conoce a Rosita, que es su primer amor; en torno a la batalla naval que es el eje principal de la novela, Toñi comenta que resultan muy graciosos algunos diálogos de los personajes, sobre todo los del padre de Malaspina que es un mentiroso redomado; pero que la magnitud de la tragedia no tiene gracia, a lo que señala Luis que aquella batalla fue causa de la muerte de Nelson y Gravina, junto a quienes añade Pilar G. a Churruca.

Pilar G. ha leído también la novela y recuerda que el protagonista es un huérfano desamparado, tras perder primero a su padre y poco más tarde, cuando ya comienza a tener conciencia, a su madre, quedando a expensas de un tío de quien huye para encontrar en otro lugar (en Vejer de la Frontera) a sus nuevos amos, don Alonso y doña Paquita, y a un ex marinero compañero inseparable del primero, Marcial, del que dice Isabel que cuenta batallitas. Pilar G. destaca las intervenciones de doña Paquita, que critica el ansia guerrera de su marido y del amigo, a quienes llama vejestorios y trata de hacer verles que el Rey no aún les debe dinero, y que nunca podrá pagarles ni una mínima parte de lo que ellos han dado por el país. Entre los personajes históricos destaca la religiosidad de Churruca, su desacuerdo con el responsable de la expedición que se enfrentó a los ingleses, llamado Villenueve, cuyas decisiones, según los españoles, propiciaron la derrota, a lo que comenta Consuelo que el francés se había enterado de su futura destitución por Napoleón y se encontraba muy poco motivado. Pilar G. comenta que España perdió más que Francia en esta batalla, a lo que Luis subraya que para nuestro país supuso la pérdida definitiva de su condición de potencia naval, Lali señala que tanto don Alonso como Marcial eran puro optimismo hasta que vieron in situ el panorama y Luis recuerda el historial de piratería que escribieron los ingleses contra la flota española, a quienes asaltaban aquellos famosos corsarios, de donde indica Lali que proviene la “patente de corso”; evoca entonces Consuelo el botín que se recuperó hace poco de costas gaditanas, a lo que Toñi cuestiona a quién pertenecía y Luis recuerda que la Ley de percios obligaba a la empresa estadounidense que lo encontró, a entregarlo a España, pues se hallaba en sus aguas territoriales. Finalmente Pilar G. recuerda que en la batalla se salvó el Santa Ana.

Antes de iniciar su intervención, Consuelo desea resolver una duda: aunque ella está convencida de que en la época de Galdós existían ya los premios Nobel, el otro día le surgió una duda que ahora aclara Isabel confirmando que estos galardones se entregan desde 1901. A continuación, Consuelo cuenta que ha leído Trafalgar en una edición ilustrada que incluye la biografía de los personajes históricos y otras informaciones muy interesantes en torno a los hechos, y que la flota francoespañola estaba menos preparada para la batalla que la más modernizada de los ingleses. Añade que le gusta el modo en que Gabriel describe la situación bélica, y pone como ejemplo cuando afirma que la crecida de olas hace más amenazante a la Naturaleza que peligrosas las artimañas del enemigo; acerca de esto insiste en que la descripción de los preparativos y de la batalla son excelentes, ante lo cual Lali destaca el acertado detallismo del narrador, para lo que menciona la infancia callejera del protagonista, corroborando Luis acto seguido que Gabriel es el protagonista de los Episodios Nacionales que tiene más carisma. Por último, Consuelo menciona un vídeo que ha visto en Internet donde un viajero español acerca su cámara a los transeúntes de Trafalgar Square para comunicarles que los leones de tan célebre plaza londinense fueron fabricados con el bronce de los cañones españoles requisados en Trafalgar.

Seve comenta que no ha podido leer Trafalgar, pero lo hizo en su momento con Misericordia y Miau, y que Galdós es un viejo conocido de anteriores sesiones, a lo que recuerda Eugenio que en su caso el acercamiento ha sido producto de los desvelos en su favor que aportó nuestro compañero Enrique.

Luis señala la mucha importancia de la batalla de Trafalgar, a lo que Valentín recuerda que la hoja de coca que decora los uniformes de almirantes se instituyó en memoria de Nelson, y que no sólo para la marinería inglesa; Luis subraya que Nelson fue un héroe nacional, por su victoria sobre Napoleón, y que por las heridas sufridas en Trafalgar murió en Menorca, a lo que Mercedes pregunta si Menorca era inglesa en aquel momento y Luis responde que a lo largo de los siglos, las guerras dinásticas y los impuestos de los reyes han facilitado que muchas poblaciones prefieran la dominación de metrópolis extranjeras, como ocurre hoy en día con Melilla y Gibraltar. Destaca el anticlericalismo de Galdós reflejado sobre todo en Nazarín y en La Familia de León Roch, y acerca de la mención por Isabel de Cabo Trafalgar, comenta que Pérez Reverte ha defendido la grandeza literaria de Galdós contra aquellos que pretenden descalificar su obra bajo el apelativo de «garbancera», y que si bien es cierto que hay novelas suyas –como Gloria– en las cuales se nota que el autor tenía cierta prisa por terminar (quizás apremiado por algún editor impaciente), la obra del escritor canario merece todo el respeto y quienes lo infravaloran tienen más motivos políticos que literarios. Por último, recuerda que con la próxima novela que leeremos, La familia de Carlos IV, podremos desplazarnos a Aranjuez.

Mariajosé señala que Trafalgar está narrada en clave de crónica periodística, y que une los tintes autobiográficos de su protagonista con la mezcla de ficción e historicidad. Por otro lado se pregunta si la estampa mutilada de Marcial no será un guiño a Blas de Lezo, militar español distinguido en la defensa de Cartagena de Indias; y concluye mostrando una imagen de la reproducción del Santísima Trinidad que podemos encontrar fletado en Alicante, a lo que Pilar G. inquiere si en el Museo Naval se encuentra el Santa Ana y Consuelo constata que es el Trinidad.

Eugenio dice que aún no ha terminado la lectura de Trafalgar, pero está en ello y tiene intención de hacerlo porque le está gustando el pulso narrativo que mantiene Galdós. Comenta que como documento no le parece interesante por lo que pueda aportarnos en cuanto a conocimientos históricos, aunque indirectamente lo haga por usar datos de lo que ha sucedido, sino por lo que respecta al punto de vista popular sobre esos acontecimientos, como en el caso de las descripciones de la situación política en boca de doña paquita o Marcial; resalta que a esto lo podemos considerar intrahistoria, pues a la narración de los sucesos históricos no se les da el acento épico de otras épocas, sino una óptica más humana. Por último, comenta que hace tiempo leyó La Fontana de Oro y Doña Perfecta, y que discrepa un tanto de los comentarios que ha leído Isabel en la nota biográfica, pues la primera no es tanto una ficción política desde el punto de vista progresista frente a los defensores de Fernando VII, como una amalgama de intrigas de ambos bandos por las que el protagonista termina desengañado de todo compromiso; así mismo, señala que no entiende que los sectores tradicionalistas se sintieran heridos por Doña Perfecta, pues la trama llega a resultar pueril, casi paródica, a lo que Luis indica que la intención del autor con esta novela era captar la atención de aquellos lectores que pudieran albergar dudas en torno a la jerarquía eclesiástica, y que para hacerlo más exitosos se empleó en una trama simple y directa.

Mercedes comenta que no ha terminado aún la lectura de Trafalgar, y que el ambiente de la novela la ha desplazado a sus visitas al Museo Naval; añade que allí se puede asistir a la proyección de vídeos donde se reconstruye la batalla, conocer detalles de las naves que allí estuvieron y contemplar un listado confeccionado en memoria de los fallecidos, con sus nombres; también menciona monedas y otros objetos valiosos que formaron parte del botín recién recuperado.

Valentín señala que la batalla de Trafalgar no tuvo lugar por casualidad, ni siquiera por interés estratégico, sino que había por medio un pique entre Nelson y Villeneuve; comenta que España quedó hecha polvo por culpa de la alianza con Napoleón, en principio obligada por las circunstancias económicas del momento, poco propicias para que nuestro país pudiera conservar las rutas comerciales con América. Hace mención a vídeos explicativos de la colocación de los barcos durante la batalla, y da varios motivos que propiciaron la derrota de los aliados: que los barcos de su flota estaban muy separados, que la pólvora llegada de El Ferrol era de baja calidad, que había gran cantidad de marineros mal pagados y otros tantos eran presos y maleantes reclutados por la leva, holgazanes y sin experiencia, o que a pesar de los buenos barcos que se tenían -de hasta cuatro puentes-, los ingleses entraron en dos filas y desbarataron totalmente esta ventaja. Valentín lee a continuación un texto donde se dice que la derrota de Trafalgar no fue un mero accidente en el curso de la decadencia del Imperio español, sino culminación de una lenta agonía consecuencia de los errores de gobernantes incapaces; indica que Gravina no quería abandonar el puerto de Cádiz, y que un motivo de la rigidez de respuesta francoespañola al ataque enemigo pudo ser el estricto cumplimiento disciplinario de las órdenes, ante lo cual los oficiales ingleses estaban menos atados. Lali rememora entonces la sentencia que dice que “la victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana”, y Pilar G. subraya que Napoleón se desentendió del asunto a lo que Valentín insiste en que Napoleón tenía que haber estado y Luis recuerda que Napoleón estaba pendiente de mantener litigios por el mundo entero. Por último debatimos sobre los motivos de la decadencia española, y la conversación gira en torno a varios polos, entre las puntillas de la noche de bodas que lucía Francisco de Paula con más profusión que Isabel II, hasta la famosa copla sobre el Duque de Lerma, de quien se dijo que «Para no morir ahorcado, el mayor ladrón de España se viste de colorado», en alusión al ordenamiento como cardenal que disfrutó el nefasto valido de Felipe III, que de esta manera logró incumplir la ley.

 

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