19 de octubre de 2016: Christopher Isherwood

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Consuelo, Eugenio, Mariajosé, Benita, Mercedes, Valentín y Rufino.

Antes de comenzar la sesión, Lali nos anuncia que ha compuesto un texto a propósito de la concesión del último premio Nobel de Literatura al cantautor estadounidense Bob Dylan, y comenta que quisiera leerlo después de la sesión, para que lo discutamos entre todos. Añade que lo ha titulado «Descolocada», pues así ha quedado ella tras conocer la noticia, ya que se no había imaginado que pudieran dar el Nobel de Literatura a un músico, a lo que señala Eugenio que ya hace varios años que se viene barajando a este autor, como apuesta de alcance mediático. Consuelo indica que algunos textos de Dylan han sido editados en libro.

Isabel abre la sesión leyendo una muy breve reseña biográfica acerca de Christopher Isherwood, escritor angloestadounidense que estudió en Cambridge, lugar donde conoció al también célebre poeta inglés Auden, a quien le unió una estrecha amistad. Isabel nombra varios títulos de su cosecha (de entre los cuales destaca Christopher y los suyos, obra de carácter autobiográfico que fue una confesión abierta de su homosexualidad); menciona su interés por la filosofía hindú y advierte de varias versiones cinematográficas de sus novelas, entre las cuales destaca Cabaret y Un hombre soltero. Isabel dice que ha leído diversos textos del autor en la web, uno de los cuales es fragmento de La violeta del Prater donde el autor escribe en torno a los tipos de miedo, desde los más cotidianos hasta el que denomina “archimiedo”: el miedo a tener miedo, del que dice que no hay escape; Isabel destaca el tono poético y corrobora que le ha encantado su lectura. Por último lee otro fragmento, esta vez de la novela El mundo al atardecer; y añade que parece que lo estás viendo, que su prosa es muy visual.

Toñi ha leído El mundo al atardecer y cuenta que el argumento le ha parecido muy similar a Stoner, novela de John Williams a la que precisamente ayer se dedicó el encuentro de este mes de los Ciclos Literarios Juan XXIII. La novela de Isherwood trata de un hombre casado con una mujer aficionada a aparentar y a liarse con quien le place, engañándolo en cuanto tiene ocasión; en una fiesta en la que esto sucede, él la sorprende y decide abandonarla y marcharse a otra ciudad, lo que da inicio en su vida a una etapa de reflexión acerca de sí mismo que le lleva a reconocerse homosexual; pero ello no impide que vuelva a casarse, esta vez con una escritora. Toñi indica que, con el paso del tiempo, el protagonista termina conviviendo con estas dos mujeres, a quienes sin embargo parece no comprender, además de mantener una estrecha relación con un chico hindú; la impresión que a ella le queda es que el personaje vive una vida que no es la suya, a lo que Mercedes indica que en sus relaciones con estas mujeres algo más que convivencia habría tenido, y que esta parece una constante que se repite en otras de sus novelas; Lali menciona la complejidad de toda vida sentimental, y acerca del autor recuerda la relación que éste mantuvo durante su madurez con un chico más joven, lo que demuestra que no escondía su homosexualidad; por último, Isabel destaca la ingente producción literaria surgida de escritoras y escritores homosexuales.

Consuelo destaca que la producción literaria de Isherwood tiene un marcado carácter autobiográfico, y que el personaje principal es normalmente su alter-ego; indica que su narrativa es clara y rica, y que cierta autoinculpación de carácter social reside en sus contenidos. A este respecto, Isherwood confesó celos hacia su padre, lo que ha sido fruto de análisis psicoanalítico que ha propiciado que una psicóloga muestre su obra como ejemplo de evolución del “hombre al artista”. En torno Adiós a Berlín, que junto a El Sr. Norris cambia de tren y Crónicas berlinesas, conforma el testimonio de sus vivencias centroeuropeas, Consuelo ha leído un artículo en «Der Spiegel» donde se dice que el autor sale de sí para penetrar en el protagonista y que estos relatos surgen de la experiencia de Isherwood en el Berlín de Entreguerras, donde la libertad que se disfrutaba en su vida nocturna, mezcla de ambientes y clases sociales, no tenía comparación posible con la rígida Inglaterra que él conocía; también menciona un artículo registrado en la Universidad de Almería, firmado por Redondo Olmedilla, donde se indica que la república de Weimar que conoció Isherwood se sustentaba sobre un fondo de laxitud y falsa libertad provocada por la desintegración social que dio origen al destino fatal de todos conocido. Consuelo ha leído además sobre El cóndor y las vacas, que es un diario de su viaje por tierras latinoamericanas -en compañía de un fotógrafo que también dejó constancia de su presencia- para el cual Isherwood se había informado previamente sobre la religión y costumbres de la zona; esta preparación documental ha sido, a juicio del propio autor, motivo de que ésta sea su mejor obra, en cuyo prólogo él mismo explica el sentido del título: el cóndor es el emblema de los Andes, símbolo de ancestrales ritos religiosos, y la vaca representa las amplias llanuras argentinas.

Eugenio ha ojeado los dos diarios de viaje de Isherwood: Viaje a una guerra y El cóndor y las vacas; sobre el primero señala que fue un encargo editorial que les hicieron a él y a su compañero Auden, que dio como producto esta obra de colaboración en torno a la guerra chino-japonesa, que en aquel momento sufría un recrudecimiento con la invasión nipona del territorio continental; Eugenio comenta que pese a lo poco que ha leído de la misma, le ha chirriado mucho un comentario del narrador que pretende ser elevado y sin embargo queda bastante ligero, cuando, a propósito de un periodista occidental enviado a la zona que está harto de los bombardeos japoneses sobre Cantón, afirma que un periodista decepcionado es “el Byron, el Hamlet romántico de nuestro mundo moderno”. Respecto al segundo libro, El cóndor y las vacas, comenta Eugenio que, al igual que el Viaje a una guerra, le ha parecido escrito en una prosa comparable al Kapucinski de más adelante, o al escritor holandés Nooteboom en su Hotel Nómada; y a continuación habla de El Señor Norris cambia de tren, novela que ha leído en su totalidad y de la que destaca positivamente el retrato que del protagonista Arthur Norris, vividor y aventurero que resulta ser un estafador, hace el narrador-autor, así como la voz de éste cuando describe los encuentros con el resto de personajes, óptica que califica de perspicaz y con la que se combina la visión irónica que muestra en sus diálogos; sin embargo, cuando aparece la trama de espionaje que constituye el nudo de la novela, Eugenio confiesa cierta decepción, pues le ha resultado muy simple e ingenua. Al hilo de esto señala también que no le ha parecido acertada la visión de Isherwood como testimonio del Berlín de la época, no al menos a la altura de Una princesa en Berlín, de Solmssen, que es posterior a la Segunda Guerra Mundial pero probablemente más cercana, ya que este autor es de origen alemán; al respecto, Consuelo indica que reconstrucciones expresionistas como la que hizo Doblin en Berlin Alexanderplatz son por necesidad más fieles a la realidad social y política de la época, pero la de Isherwood tiene su validez como descripción de la vida nocturna al alcance de un extranjero acomodado, y añade que por el contrario en La violeta de Prater menciona el nacionalismo austríaco, algo que no existe como tal, salvo si se fuerza una asociación de ideas entre la figura de Hitler y su lugar de nacimiento. Por último, Eugenio menciona la ocultación que hizo Isherwood de su homosexualidad en sus primeras novelas, que sólo desvelará de forma explícita a partir de Christopher y sus amigos, aunque, según escribe Gregory Woods en su Historia de la literatura gay, el autor no trató de contrarrestar esta suspensión de la sinceridad convirtiendo sus relaciones homosexuales en heterosexuales, como hizo Proust, sino simplemente transformando al protagonista en un ser asexuado; respecto a Proust, comenta Lali que éste, en efecto, nunca confesó su inclinación erótica, y que si introdujo en sus novelas a gente de manifiesta homosexualidad, lo hizo manipulando los elementos que podían hacerles reconocibles, aunque aun así fue demandado por algún aristócrata que se sintió aludido.

Mariajosé comenta que ha leído un artículo enlazado en nuestra bitácora donde se habla del «queer», que es un término con que en otros tiempos se apelaba despectivamente a los no heterosexuales, y del cual los actuales movimientos LGTBA se han apropiado para reivindicarse; en el citado artículo se habla de Adiós a Berlín, que se define como un diario-novela fruto de los años de vivencias de Isherwood en Berlín, donde destaca el contraste entre dos mundos bien opuestos: el «queer» y el que genera el auge del nazismo. Acerca de la vida del autor, Mariajosé afirma que tenía ascendencia aristocrática y estudió Medicina, dato que Mercedes matiza señalando que no terminó la carrera, lo que Consuelo corrobora. Volviendo a su obra, Mariajosé destaca que en la célebre película Cabaret, confluyen varios relatos de Isherwood que giran en torno a lo que ella denomina “noche canalla”; Isabel recuerda que el guión cinematográfico fue fiel a los relatos, y Lali indica que los años 20s en París, comparados con los 30s berlineses, tuvieron un tinte más frívolo. Al hilo tercia Mercedes que está viendo la serie Sonata del silencio, que salvando distancias tiene cierta similitud con estos otros ambientes de Entreguerras, a lo que Mariajosé subraya que en esta serie se retrata el hampa del Madrid de la época y Lali evoca el ambiente literario en que vivieron su juventud grandes autores españoles como García Lorca y Buñuel; finalmente, Mariajosé recuerda la Barcelona en que sobrevivió y tuvo su inspiración el francés Genet, como vimos en esta tertulia hace algún tiempo.

Mercedes ha leído Un hombre soltero (Isabel comenta que existe versión cinematográfica de 2009, interpretada por Colin Firth), que es una novela que Isherwood publicó en 1964; el protagonista es un homosexual declarado, ya que acaba de perder a su compañero víctima del atropello de un camión. La trama se desarrolla en un tiempo narrativo de veinticuatro horas, y tiene como eje central a un profesor universitario de literatura en California, de quien la narración muestra su soledad y da prueba de su reflexión pesimista sobre la vida pasada; socialmente es antipático y está constantemente malhumorado, le molestan los ruidos de los vecinos, los niños del barrio y también sus alumnos, para los cuales no tiene paciencia. En la novela se vislumbran atisbos de la política internacional del momento, con la crisis de los misiles en Cuba como fondo, aunque toda ella está construida sobre la reflexión del protagonista; por último, el desenlace de la narración se precipita cuando el hombre se reúne con una antigua amiga que le comunica que va a abandonar el país para volverse a su origen, porque su hijo ya es mayor y no la necesita; entonces él se encuentra casualmente con un alumno con quien ha tenido antes un contacto anecdótico, a propósito de un malentendido por un sacapuntas: en compañía de este chico terminará la jornada. Mercedes dice que el libro es ameno y le ha gustado, y que es corto y puede descargarse a través de Internet; Mariajosé comenta que en vez titularse Un hombre soltero, debiera llamarse Un hombre viudo.

Lali no ha leído nada de Isherwood, pero tiene un texto sobre el autor del que saca varios datos: durante su residencia en Berlín se abrieron las puertas de su creatividad, ya que pasó de un ambiente familiar poco inspirativo a la independencia, con cierta libertad sexual que califica de “apocalíptica”, imposible en la Inglaterra de la época; cuando Isherwood sale de Europa hacia América, es cuando este estado idílico se ha desmoronado, en 1939. Adquirió la nacionalidad estadounidense en 1946, al tiempo que Auden, su amigo de tiempos universitarios, que habría de convertirse en un poeta “neoclásico y superficial”, ante lo que Isherwood antepuso su incombustible curiosidad y cierta inquietud innata para la búsqueda de nuevas direcciones. Lali añade que en colaboración con Auden escribió piezas teatrales y el Viaje a una guerra mencionado más arriba; y a propósito del espíritu libertario de Isherwood, señala también que una determinada simpatía por el comunismo y su homosexualidad fueron vías de acceso hacia la libertad. Por último, define su obra como una exploración autobiográfica, donde los títulos más explícitos son Catherine and Frank (de 1972, en torno a la memoria de sus padres) y Christopher y sus amigos, de 1976.

Rufino no ha leído nada del autor, pero ha visto Cabaret en innumerables ocasiones, principalmente atraído por su banda sonora. Comenta que la historia está basada en el Berlín en que se gestó el nazismo, cuando los alemanes temían más a los marxistas que a los seguidores de Hitler. Rufino describe varias escenas de la obra, destacando que el protagonista, que es inglés y se dedica a dar clases de literatura, comienza a recibir en la pensión donde vive, las visitas de un acaudalado admirador de su amiga artista, y que ésta le advierte que a quien busca ligarse el señorito es a él.

 

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