18 de febrero de 2015: J. M. Barrie

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, María José, Consuelo, Maite, Eugenio, Josefina, Pilar, Mercedes y Valentín.

Eugenio abre la sesión leyendo los datos sobre el autor publicados en Wikipedia, que afirman que Barrie fue un dramaturgo y novelista escocés creador del famoso personaje infantil Peter Pan, y que la muerte de su hermano mayor a los 13 años (cuando el autor tenía seis) hundió a su madre en una profunda depresión de la que no se recuperó, lo que produjo en el autor la sensación de ser un niño no querido, que pudo afectar a su estatura, ya que apenas medía metro y medio de altura; de la misma manera, se podría achacar a este trastorno psíquico su fracasada vida sentimental. Destaca la relación profesional y de amistad que mantuvo con escritores de la talla de Doyle, Stevenson y Hardy, así como su estrecha relación con el productor teatral Frohman, que pereció en el hundimiento del Lusitania. Entre sus primeras creaciones, varias novelas y una parodia de la obra teatral Ghost, del célebre danés Ibsen, a quien Barrie apreciaba mucho; pero el éxito le llegó con la saga de Peter Pan, que se estrenó a principios del siglo XX en un teatro londinense; ambientada en el “País de Nunca Jamás”, que es un reverso de la Inglaterra victoriana finisecular, obtuvo una buena apreciación crítica de su contemporáneo Shaw. Eugenio añade que, a pesar de sus complejos, Barrie fue un hombre socialmente activo y participó en la resistencia que el gremio de dramaturgos opuso a las intenciones censoras de Lord Chamberlain; por otro lado, la fuente principal de inspiración para su obra más aplaudida es la familia Llewelyn Davies, a cuyos cinco hijos adoptó cuando quedaron huérfanos, y que gradualmente se fue ensombreciendo tras sucesivas tragedias, como la desaparición de uno de los chicos en el frente militar de la Primera Guerra Mundial, otro ahogado quizás por voluntad propia junto a un posible amante de su mismo sexo y un tercero, que en la madurez escribió un libro de memorias sobre el entorno familiar y terminó sus días arrojándose al suburbano londinense. Finalmente menciona dos largometrajes biográficos y una obra del argentino Rodrigo Fresán, Los jardines de Kensington, que evoca la figura de Barrie en su ámbito natural.

Isabel señala que la primera representación de Peter Pan tuvo lugar en 1904, y que este personaje ha dado nombre a un síndrome que consiste en obstinarse en seguir siendo niño. Recuerda la versión cinematográfica del mito que realizó Spielberg en 1991, con Julia Roberts y Dustin Hoffmann como Campanilla y Garfio, y protagonizada por Robin Williams pese a que la intención inicial fue que el papel principal lo interpretara el cantante Michael Jackson, como ejemplo de “niño que no quiere crecer”; pero él lo rechazó al enterarse de que el Peter de la película es un adulto que no recuerda su infancia; también menciona Isabel la versión cuyo elenco encabeza Johnny Depp, que también tiene a adultos por protagonistas, y rememora la versión en dibujos animados de Disney, que es su favorita, sobre todo la escena con el señor Smith y el cocodrilo, cuyo tic-tac pone histérico a Garfio.

Mercedes ha cogido de la Biblioteca El pajarito blanco, que es la primera novela en que aparece Peter Pan (en sucesivas, añadió el autor al resto de personajes), pero no ha terminado de ponerse a leerla; lo que le ha llamado la atención es que, aparte del trauma infantil que le provocó la trágica muerte de su hermano, aún hubo algo oscuro en su vida, según se dice por Internet, así como las desgracias que sucedieron a la familia Llewelyn Davies; al hilo recuerda Valentín que en ellos se basó Barrie para los personajes de Peter Pan. Mercedes añade que siendo ella pequeña sentía atracción por los dibujos animados de Peter Pan, a lo que Isabel recuerda que la película de Disney se estrenó en EE UU en 1953, y aquí algo más tarde, como indica Lali en los cines de barrio que por entonces existían, por lo que a continuación enumeramos varias salas de la época, hoy desaparecidas o transformadas. Por último, Mercedes destaca que Barrie recibió el título de Baronet y fue Rector de la Universidad de Edimburgo.

Valentín se limita a leer una frase del autor, “No hay recuerdo sin fantasía”,

a lo que Lali responde señalando que ella no está de acuerdo, y que además no le gustan las fantasías literarias, como Peter Pan o Alicia en el País de las Maravillas, y ni siquiera las disfrutó cuando era pequeña; sin embargo, no le resta mérito al autor, sobre todo teniendo en cuenta la fama alcanzada a nivel mundial, que tiene gran valor por sí misma. De la Enciclopedia Garzanti ha extraído unas notas, y cuenta que Barrie llevó al teatro muchas anécdotas divertidas de su experiencia, y colaboró con el propio Doyle en una comedia donde se reían de la banalidad de los lugares comunes de sus colegas contemporáneos. Respecto al éxito de su obra cumbre Peter Pan, recuerda que sucedió en la última etapa de la era victoriana, cuando se celebraba en los escenarios el teatro de tratamiento psicológico de los mencionados Shaw e Ibsen. Añade Mercedes que el personaje de Alicia le parece más sugerente que el de Peter Pan, y Toñi señala que en Carroll hay más fantasía, a lo que Isabel puntualiza que en Alicia en el País de las Maravillas brilla el absurdo; Mercedes insiste en que Peter Pan es una historia enfocada a los adultos, y Lali cierra su intervención recordando que en su niñez hubo más hueco para Julio Verne que para estos autores.

Toñi ha leído el segundo libro donde aparece Peter Pan, y también vio hace tiempo la película, que comienza igual que la novela pero no recuerda más. En el libro los protagonistas se traen del “País de Nunca Jamás” hasta un total de diez niños (señala Consuelo que ésta era la cantidad de hermanos de Barrie), pero el padre se queja de que son muchos para la casa, hasta que la madre les apaña bien para que duerman todos y se organizan. Toñi también cuenta que el cocodrilo se ha comido la mano de Garfio con el reloj, y por eso tiene que buscarlo cada vez que necesita saber la hora; también recuerda a Campanilla, que está enamorada de Peter y no deja de hacer trastadas por despecho. Por último, no le ve sentido a que la niñera sea una perra que habla, a lo que Lali recuerda la novela ejemplar de Cervantes, El coloquio de los perros. Toñi añade que a ella sí le gusta la fantasía y va a terminar de leerse el libro.

Rufino no ha leído ningún libro del autor ni ha tenido acceso a la película, ni siquiera de niño, ya que a su pueblo sólo llegaban, si acaso, las cintas de Joselito y Marisol; añade que intentó hacer una lectura del pdf colgado en nuestro blog, pero no le entraba; María José sólo comenta que ella ha visto las películas de Disney (toda la colección) cuando le ha tocado acompañar a sus hijos.

Consuelo señala que no ha leído ninguna obra de Barrie pero ha visto la versión cinematográfica de Disney; comenta que a su juicio tanta dosis de fantasía llega a manipular la infancia de quienes la padecen, y alterar su desarrollo pudiendo estancarles en la inmadurez. Por ello se ha informado en Internet acerca del “Síndrome de Peter Pan”, y encontró un interesante artículo de Rafael Sánchez Mateo y Jaime Cuenca donde se destapan los valores de la sociedad victoriana basados en ciertas supremacías discriminatorias por sexo, raza y clase, denunciando además la comercialización hecha con el mito, desde Disney hasta la mismísima industria de Playboy. Por último, Consuelo recalca que no ha encontrado nada que insinúe que en las relaciones de Barrie con los niños hubiera episodios de pedofilia.

Maite destaca datos de la biografía del autor, entre los cuales subraya que la estatua que hay en Londres en homenaje a Peter Pan está situada en una zona que ambienta muy bien el sentido de la historia; indica que no debe achacarse la falta de desarrollo al exceso de fantasía, porque ella no ve nada negativo en las películas infantiles, a lo que Toñi confiesa que ella prefiere ver películas para niños en vez de la programación diaria que echan por la tele. Concluye Maite narrando una anécdota personal con su nieta, que tiene una mascota sobre la que deposita todos los cuidados, aunque la llena de suciedad por la calle mientras la pasea atada a un cordel; recuerda entonces Lali que de mayores nos quitan esta inocencia, y Maite señala que es la misma vida la que nos la obliga a perder. Finalmente hablamos de juguetes: el huevo de dinosaurio que eclosiona y un potato que termina su ciclo vital notablemente peludo.

Eugenio no ha leído nada de Barrie, pero considera que a él se debe una nueva versión del mito de la eterna juventud, así como una forma de explotar la virtud adulta de conservar un niño en el interior. Recuerda que gran parte de la mundialización de Peter Pan se debe a la difusión del acervo cultural inglés durante el siglo XX, y respecto a las similitudes con Alicia en el País de las Maravillas, cree que ésta es una obra enfocada a difundir la riqueza de las matemáticas haciendo chistes con las paradojas del lenguaje. No obstante, también ve en la obra de Barrie una intención didáctica, que responde al objetivo común de mucha literatura decimonónica inglesa, aunque las raíces podrían estar en Francia, con Perrault; al respecto, Lali recuerda las obras de la Condesa de Ségur, y advierte que las fábulas de Samaniego no llegaban a Francia, a lo que Consuelo señala que en Alemania se disfrutan las travesuras de Max y Moritz, obra de Wilhelm Busch; por último Maite recuerda nuestros tebeos.

Josefina ha tenido en las manos una edición de Valdemar que incluye las tres obras de Peter Pan; está bellamente ilustrada, y comenta que es ideal para niños.

A Pilar no le ha llamado atención este autor, aunque señala que nos puede resultar muy impactante el hecho de que los niños se nieguen a crecer. En torno a la biografía de Barrie, señala que tuvo una vida muy complicada, y a tenor del trauma que le generó la obsesión de su madre por el hijo muerto, recuerda que no es nada extraño que exista favoritismo de los padres entre los hijos; añade que el autor pudo tener muchas dificultades para relacionarse con personas de su edad y se sintiera a gusto con niños, tal como parece habernos transmitido a través de su obra, y como puede demostrar el estrepitoso fracaso de su matrimonio y que hiciera lo posible por adoptar a unos huérfanos a quienes no le unía ningún tipo de parentesco.

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