11 de febrero de 2015: Arthur Conan Doyle

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, Maite, Consuelo, Luis, Eugenio, Josefina, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel abre la sesión con los datos biográficos del autor, de quien cuenta que murió a la edad de setenta y un años y fue médico y escritor, creador del célebre detective Sherlock Holmes; también compuso obras de teatro y poesía, así como novelas históricas y de ciencia ficción. Señala que estudió con los jesuitas gracias al apoyo económico de sus tíos, y que desde muy joven emprendió viajes, hasta Austria en sus primeros años y después por mar trabajando en balleneros y otros buques, una vez hubo terminado sus estudios de medicina en Edimburgo, donde conoció a un profesor universitario que le sirvió de modelo para el personaje principal de sus obras de éxito. También recuerda la amistad que le unió a Barrie, creador de Peter Pan, y que antes de encontrar la estabilidad profesional, se dedicó a escribir innumerables relatos inspirados en las expediciones marítimas de sus años de aprendizaje; así mismo, Isabel destaca las facultades físicas del joven Doyle, que practicaba varios deportes competitivos. Acerca de su vida sentimental, indica que tuvo dos hijos con su primera esposa, de la que enviudó para contraer segundas nupcias con otra mujer, que le dio tres hijos más y le sobrevivió. Ya afincado en Londres, regentó una clínica de oftalmología, y la muerte de uno de sus hijos lo acercó a la práctica del espiritismo, en boga por aquella época, afición por la cual se vio involucrado en diversas polémicas. Por último, Isabel recuerda que en la capital inglesa hay al menos un Bar-Museo dedicado a Sherlock Holmes, y varias rutas literarias que atraviesan la ciudad con los motivos de las andanzas del detective; acerca de las versiones cinematográficas que se han hecho de las obras de Doyle, dice que son incontables y enumera como clásicas las de 1939, 1942 y 1970.

Eugenio no ha leído nada de Doyle y se disculpa asegurando que no le atrae la novela de detectives; considera que ésta está sujeta a una lectura lineal que exige poco al lector, salvo la atención debida de quien desea descubrir los entresijos del misterio antes de que le sean desvelados. También lamenta que los personajes de estas obras estén idealizados y señala que esta literatura se basa en cierto culto a la lógica deductiva.

Josefina ha leído alguno de los relatos que se incluyen en la recopilación editada en español por Alba, titulada La lámpara roja. Sobre el primer relato cuenta que trata de un estudiante de Medicina que acude a ver una operación por primera vez, y está tan nervioso que termina desmayándose antes de que comiencen las incisiones; cuando recupera la conciencia dice que se ha mareado de imaginar cómo se vería el interior de una persona, y el compañero le dice que su desmayo ha sido inútil porque al final los cirujanos no se decidieron a intervenir; Josefina añade que el resto de relatos se desarrollan sobre la misma traza, y destaca que el monarca británico Eduardo VII fuera ávido lector de Sherlock Holmes y otorgara el título de Sir al autor, por los servicios prestados a la Corona por éste durante la Guerra de los Boers; Isabel indica entonces que Doyle alcanzó una gran fama, y Luis recuerda que su literatura es de la que calificamos “de evasión”. En torno a la celebridad alcanzada por el personaje, Josefina comenta que fue mayor en Estados Unidos que en la propia Inglaterra, a lo que advierte Consuelo que Doyle quiso ser una continuación de Poe, a lo que Eugenio señala que en Doyle hay cierta técnica para elaborar relatos de suspense, pero no se acerca a la pasión literaria que puso el norteamericano en su literatura. Por último apostilla Consuelo que en Alemania hay un actor que ha hecho versiones de Poe con gran éxito, y sin embargo Sherlock Holmes apenas es conocido, y Josefina concluye señalando que si aquel profesor universitario sirvió a Doyle como modelo para su detective, el mismo autor pudo haberse retratado en el ayudante Watson.

Pilar ha leído El perro de los Baskerville y comenta que no le ha gustado, que es un género al que no encuentra atractivo y, aunque considera que no está mal escrito, que es de lectura sencilla y el argumento engancha, no se siente cautivada por la fantasía que destila esta historia de un perro al que utilizan para conseguir una herencia. Señala que al final de la novela se desvela cómo el detective protagonista ha llegado a las conclusiones acertadas para descubrir el enigma, y añade que es un libro entretenido, con el que se puede pasar el rato, pero que su lectura no deja poso.

Mercedes advierte que a ella tampoco le gusta la novela policíaca, pero ha leído el Estudio en escarlata, que es la primera novela de Doyle en la que aparecen sus célebres personajes. Lee notas tomadas de la introducción de la edición de que ha dispuesto, donde, entre otra información, se dice que la obra fue escrita por el autor cuando éste tenía veintisiete años de edad, y la primera edición se publicó con ilustraciones de su padre. Mercedes cuenta cómo se conocen los protagonistas: Watson acaba de llegar de Afganistán, donde ha vivido el conflicto bélico que le ha dejado como consecuencias el desánimo y la frustración, así que una vez en Londres trata de reencontrarse con la vida y busca alojamiento, ante lo que un amigo que trabaja como practicante le remite a un colega, Sherlock Holmes, que ejerce en los laboratorios de la policía y está buscando a alguien con quien compartir su piso; a continuación se conocen y ya desde el comienzo el detective muestra sus habilidades al futuro ayudante, al averiguar su procedencia, lograr su asombro y desvelarle finalmente sus deducciones; desde este primer momento ya se adivinan la compatibilidad de caracteres entre ambos. Mercedes añade que el núcleo del enigma del relato es un cadáver que aparece en una casa abandonada; la investigación se inicia con el análisis de la posición del cuerpo y el descubrimiento de un anillo y de un letrero donde puede leerse “RACHE”, que no se refiere a un nombre de mujer, sino a la palabra “venganza” en alemán; el asunto tiene que ver con los mormones y un caso de bigamia. Mercedes concluye su intervención recordando que Doyle era católico, por tradición familiar y por sus estudios con los jesuitas, a lo que Maite replica que con éstos entró a estudiar siendo creyente, pero salió algo escéptico.

Valentín recuerda una novela del autor que se extravió en el despacho de un editor, a quien se la reclamó varias veces sin éxito, y que ha aparecido publicada en español por primera vez en 2011, después de que el manuscrito fuera subastado en 2004; se trata de Relato de John Smith, y Valentín comenta que el protagonista es un misántropo que vive encerrado y recibe la visita de un médico, que está narrado con cierto humor con un punto pedante y que vierte las opiniones personales del autor; añade que el relato le ha gustado y lo compara con la serie de televisión de una forense, El cuerpo del delito, cuya protagonista afirma que los muertos le hablan porque a partir del examen de los cadáveres deduce los pormenores del crimen.

Lali ha traído un ejemplar de las obras completas de Doyle editado en España hace algún tiempo, en concreto el tomo II donde se publicó un breve estudio de los célebres personajes, que dice que Sherlock Holmes era simpático a todo el mundo, de un carácter muy inglés y con determinada risa comedida que enarbolaba sobre todo cuando él mismo daba un resbalón en su análisis o se cruzaba con un criminal excepcionalmente inteligente, pero que tras esta aparente máscara de frialdad latía un corazón humano; respecto a Watson dice que es metódico y mediocre, ayudante, amigo y biógrafo del primero, tiene una simpática miopía deductiva y se casaría con la primera que le pasara por delante. Comenta que cuando el autor se hartó de escribir relatos sobre el detective, lo hizo morir en la que sería su última aventura, precipitándolo por una sima sin acceso donde no se encontró el cadáver; pero el público no estuvo conforme con esa desaparición y no se resignó a ella, por lo que Doyle cedió a la presión y lo hizo resucitar, apoyándose en que la falta de testigos del acontecimiento, así como la infructuosa búsqueda del cadáver, posibilitaba que el muerto no fuera Holmes, sino su eterno antagonista James Moriarty, que en ese momento estaba peleando contra él y fue quien cayó al vacío; entonces el detective estuvo tres años escondido, huyendo de los secuaces de Moriarty que lo buscaban para vengar la muerte de su jefe, y por último vuelve a la vida pública disfrazado de librero de viejo presentándose ante Watson, a quien le da un soponcio. Lali concluye que Doyle le parece ameno pero algo flojo, y que no tiene comparación con la literatura de Poe.

Toñi ha leído La liga de los pelirrojos, editado por el diario El Sol; señala que es un relato entretenido y que trata de unos que van a buscar a un prestamista con el objeto de sacarlo de su casa, porque vive al lado de un banco donde se va a recibir una partida de oro y tienen intención de apropiarse de ella a través de un butrón. Toñi también destaca las deducciones de Holmes, y señala que en la trama no hay ningún crimen de sangre.

Rufino comenta que Doyle es un autor que le gusta mucho, más incluso que Poe; dice que lo ha leído desde que era niño, que prácticamente aprendió a leer con las historias del detective Sherlock Holmes y su peculiar método para resolver casos. Señala que Doyle se encuentra en la primera fila de los escritores de relatos de misterio, gracias a su depurada técnica, brillante en la construcción de intrigas, aunque Luis puntualiza que el autor no ha creado escuela en la literatura posterior, que no se le menciona en la crítica general ni especializada, y que en la novela negra se puede considerar mayor la influencia de otros, como los norteamericanos como Chandler y Hammett. Rufino indica que no sabe si es una cuestión de gustos o algo sentimental, pero Doyle le parece un autor excelente, y no sólo en lo referido a Sherlock Holmes, sino también por otras obras como La tragedia de Korosko, donde se narra el secuestro de un grupo de turistas occidentales a manos de integristas islámicos, en las cercanías del río Nilo; también menciona El signo de los cuatro, novela de la serie donde se produce el enamoramiento de Watson, y destaca El valle del miedo, que posee una estructura bastante original, dividida en dos partes: la primera centrada en el presente, con el misterio a resolver, y la segunda desplazándose a los antecedentes en el pasado; indica que ésta es la primera en la que aparece el Profesor Moriarty.

Maite está leyendo El perro de los Baskerville, pero aún no lo ha terminado. Señala que le ha gustado mucho la introducción que en esta edición hace Fernando Martínez-Laínez, pues el desglose biográfico sobre el autor le ha resultado especialmente interesante; en él se indica que Doyle situó los contenidos de su literatura entre la ciencia y el espiritismo, y que fue corresponsal de guerra por su deseo de ayudar a su patria en los conflictos internacionales, ya que había sido rechazado como soldado en el Ejército. Maite destaca el análisis lógico que puebla sus novelas, el mérito de haber compuesto una obra tan extensa y también el logro de escribir una prosa de grata lectura.

Consuelo ha leído Cinco semillas de naranja, que es un relato corto originalmente publicado en una revista. La acción se sitúa en 1887, pero se narra unos años después, cuando Holmes ha reaparecido tras su falsa muerte y está reunido al calor de una chimenea en el otoño londinense junto a su inseparable Watson, a quien su mujer ha dejado la tarde libre, al irse de visita. La historia versa sobre dos hermanos, uno de los cuales emigra a Estados Unidos de donde regresa al tiempo con dinero para comprar una finca; entonces el otro le pide que acoja a su hijo como compañía, pero todo se tuerce cuando recibe una carta con una semilla de naranja junto a la inscripción “KKK”; ante esto, el protagonista pierde el conocimiento, comienza a entrar en un periodo de ataques de pánico y, finalmente, un día aparece muerto, ahogado en un lugar donde no hay agua alrededor; después también muere el hermano, y todo se resuelve cuando se averigua qué ocurrió en Estados Unidos y por qué regresó de allí. Consuelo señala que no le ha gustado el final, porque no desentraña la forma en que son asesinados los personajes.

Luis indica que él no tiene interés por el género, y que a la hora de leer aventuras prefiere las de Salgari; pero añade que entre la crítica tampoco existe inclinación alguna hacia la obra de Doyle, y a propósito recuerda los estudios del recientemente fallecido Ricardo Senabre, así como aquéllos que corrigen la expresión o aclaran el resultado formal de las composiciones literarias, como los de Ángel Basanta, Lázaro Carreter o Enrique Díez Canedo, de quien Luis asegura que es uno de nuestros críticos más eminentes: nombrado miembro de la Academia Española de la Lengua por su obra crítica, y largamente admirado en Francia. Al hilo comenta Consuelo que algunos críticos promocionan en sus análisis aquella literatura que es de su gusto personal, y Luis apostilla a continuación que se puede decir que la música de Beethoven no gusta, pero es absurdo negar que supiera componer. Volviendo a Doyle, comenta que su narrativa es agradable de leer y se engloba dentro de una corriente muy definida.

 

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