4 de febrero de 2015: Joseph Conrad

 

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Maite, María José, Consuelo, Luis, Eugenio, Josefina, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel abre la sesión leyendo los datos biográficos del autor, quien firmó sus obras adecuando su nombre a la cultura inglesa, ya que era polaco, aunque Luis puntualiza que ruso, ya que nació en una Ukrania que en aquel entonces pertenecía a la Polonia ocupada; al hilo comenta Isabel que ha habido muchos cambios geográficos en Europa durante el siglo XX, a lo que Luis expone que en España no se ha producido ninguno desde Fernando VII hasta bien entrado el siglo pasado. Isabel señala que Conrad murió con sesenta y seis años y adoptó el inglés como lengua literaria, creando con ella un excepcional análisis novelístico de la vulnerabilidad moral del ser humano y de su consiguiente inestabilidad. Pertenecía a una familia de la baja nobleza y su padre estudiaba a grandes autores, como Shakespeare y Victor Hugo, a los cuales Conrad accedió a través de las propias traducciones de su padre, quien tuvo problemas con el zar y fue condenado a trabajos forzados en Siberia, durante los cuales la madre del autor murió víctima de la tuberculosis, quedando Conrad huérfano de ambos a los doce años, cuando también su padre falleció al poco de regresar del destierro. Su vida marinera arrancó cuando se marcha de su tierra natal huyendo del reclutamiento militar ruso, e inicia desde Italia y Marsella un periodo de viajes, enrolándose en distintos buques para trabajar como marino y cultivar su pasión por el mar, hasta llegar a Australia. Isabel destaca la admiración que por el autor siente el escritor español Javier Marías, de quien Pilar aporta un ejemplar de su Vidas escritas a la sesión; Isabel añade que, poco antes de morir, Conrad rechazó un título nobiliario de la corona inglesa y marchó a Estados Unidos, y que se le conocieron varias amantes, entre ellas una española, a lo que Luis recuerda que trabajando para la marina francesa, Conrad conoció la corte de carlistas españoles exiliada en Francia. Finalmente, Isabel enumera varias versiones cinematográficas realizadas sobre novelas de Conrad, destacando Los duelistas -cuya visión y lectura recomienda sin paliativos-, sobre la perenne disputa de dos oficiales en la Francia napoleónica (se enfrentaron en treinta duelos durante diecinueve años), y de su argumento subraya que uno de ellos siempre provocaba al otro, hasta que éste le venció e hizo prometer que nunca más volvería a provocarle; también menciona Apocalipsis Now, la película dirigida por Coppola con Marlon Brando en el papel estelar, basada en El corazón de las tinieblas y que ha recibido muchos premios; indica que hay una segunda versión, también de Coppola. Por último recuerda Sabotaje, de Alfred Hitchcock, sobre la novela de Conrad El agente secreto.

Luis señala que la literatura de Conrad influyó posteriormente sobre autores de la talla de Faulkner y el Fitzgerald de El gran Gatsby, y que El corazón de las tinieblas fue un ataque frontal contra el colonialismo británico, ejerciendo gran ascendencia sobre Edward Said, pensador norteamericano de origen palestino que ha recibido el Príncipe de Asturias de las Letras, de cuya ceremonia cuenta Luis una anécdota; Said recoge de Conrad su lucha contra los males de la xenofobia, y sobre una cita del autor construye su Cultura e Imperialismo, ensayo imprescindible para la comprensión de los colonialismos francés e inglés, a los cuales Said considera más cruentos e inhumanos en el trato con sus colonias que el imperio español. Luis recuerda que el personaje principal de El corazón de las tinieblas es Kurtz, cuya personalidad utiliza el autor para fijar como objetivo ideal humanizar la colonización, pero la voz narrativa pertenece a Marlowe, quien narra la historia de cuando fue contratado por la Compañía para ir en busca del primero a la selva congoleña; destaca que es una novela de aventuras y el relato es fluido, pero tiene mucho fondo, a lo que Lali añade que también denuncia la situación generada por la explotación colonialista, ante lo que Luis resalta el tratamiento de la malignidad del ser humano, su podredumbre de conciencia como algo innato, contraviniendo la teoría rousseniana de que el ser humano es bueno por instinto. Concluye su intervención recomendando el libro de Conrad y adjuntando a éste otra novela que explora el imperialismo: la del francés Celine, Viaje al fin de la noche.

Eugenio ha leído El corazón de las tinieblas, y destaca que aquellos que han conocido a Kurtz y dan referencia de él al narrador que ha salido en su busca, transmiten su admiración por el hombre y el asombro que les provocan su voz y su discurso, aunque lo que más le ha gustado ha sido la mentira que Marlowe, un hombre que durante todo el relato se mantiene fiel y casi obsesionado por la sinceridad, le dice a la prometida de Kurtz, una vez que va a visitarla para hablarle del ausente, cuando ella le pregunta cuáles fueron las últimas palabras de Kurtz y él, en vez de decir que fueron “El horror” dice que pronunció el nombre de ella; Eugenio añade que el argumento de El corazón de las tinieblas es sencillo (la Compañía se dispone a sustituir a sus empleados en las zonas más inaccesibles de la jungla), pero el tratamiento de Conrad, sin que ocurra nada excepcional, lo convierte en un viaje desgarrador a las profundidades del alma. De Lord Jim, otra novela del autor que leyó hace tiempo, también de la saga de Marlowe, comenta que se basa en una simple anécdota para analizar la psicología del protagonista: éste ha saltado de un barco creyendo que se ha producido un naufragio, lo que le supone un gran deshonor que debe tratar de enmendar; Eugenio también recuerda Nostromo, ambientada en una colonia de América donde se procede a explotar unas minas y, a pesar de los esfuerzos de sus gestores por revertir en bien de la población, termina declarándose una guerra producto de la ambición. Por último, destaca la descripción que Conrad hace de la niebla en la escena de El corazón de las tinieblas cuando el barco alcanza lo más profundo del cauce del río que remonta, al hilo de lo cual Lali señala la que muestra los padecimientos de las tropas napoleónicas en su invasión de Rusia, en otro relato.

Josefina ha leído Los duelistas y señala que le ha gustado; gira en torno al forzado cumplimiento de las palabras de honor y está ambientada en las guerras napoleónicas. Trata del enfrentamiento entre dos oficiales que constantemente se retan a duelo, aunque en ningún momento se aclara el motivo de la querella, si es por celos profesionales o por el amor de una mujer (indica Isabel que en la peli sí se da a entender). Josefina señala que al principio del libro van a buscar a uno a un burdel, y se produce un conflicto que se resuelve con un duelo, lance que en la época estaba prohibido; sin embargo, durante toda la novela se siguen retando, e incluso cuando uno de ellos asciende de categoría, el otro se esfuerza por igualarle para seguir desafiándose, a propósito de lo que Isabel comenta que ellos en realidad se aprecian, son entre sí respetuosos hasta el absurdo y se quieren, a lo que Luis pregunta si se quieren o se aman, ante lo que Eugenio recuerda que se habla de escenas de homosexualidad encubierta en algunas relaciones entre personajes masculinos de sus obras; pero Josefina considera que entre ellos no llega a existir ni amistad, y cuando a uno, tras el último duelo, le interroga su futuro cuñado sobre el motivo del enfrentamiento, él asegura que sólo se lo confesará a la mujer que va a convertirse en su esposa. Josefina señala que en su opinión ha sido el odio clasista lo que ha generado la aversión entre ambos, y Consuelo comenta que pueden ser una rivalidad profesional, ya que ambición y envidia son dos sentimientos constantes en la obra de Conrad; Josefina concluye que le ha gustado la novela a pesar de que no se ha desvelado el motivo de la riña.

Sobre la personalidad del autor, Pilar destaca su carácter irritable y su ojeriza por lo ruso (apostilla Luis que los rusos son eslavos y los polacos no, por lo que algo de racismo les enemista); y sobre su obra, comenta que ha leído dos cuentos cortos: uno de ellos es Una avanzada del progreso, donde hay una denuncia velada al comercio de marfil, y resalta el ambiente marítimo, con la descripción de las rutinas de los barcos de vapor y toda la economía que gira en torno a ello. El otro relato es La historia, en la que un marinero de permiso relata a su novia un suceso acontecido entre un barco de vigilancia y un pequeño carguero que se encuentran en medio de una niebla espesa y el capitán del primero deduce por la situación que el otro se dedica al contrabando de oro, y aunque no lo puede comprobar, ante la petición de guía que le pide el otro para salir de la niebla, le dirige directo hacia un arrecife donde choca y naufraga; la intriga del marino narrador es si el capitán tuvo remordimientos por ello o no. Pilar destaca de estas obras el homenaje que hace Conrad a la narración oral, una de las actividades más maravillosas de nuestras culturas.

Mercedes ha iniciado la lectura de El agente secreto, pero la abandonó porque no se encontraba muy centrada y el argumento le pareció algo embrollado, así que ha leído un artículo de Javier Marías sobre el autor donde el escritor español destaca que sus libros marinos son inolvidables, compuestos durante los últimos treinta años de su vida, que pasó en tierra haciendo vida literaria, en régimen sedentario pues detestaba viajar. Sobre su carácter señala que era introvertido, irascible y lleno de rarezas; que pasó una temporada encerrado en el baño, vestía un albornoz descolorido y era tan empedernido fumador que su familia temía que provocara un incendio en la casa (comenta Isabel que realmente apenas fumaba, que sólo era la costumbre de llevar un cigarrillo encendido, y Josefina dice que le obligaban a tener cerca una jarrita con agua para apagar cigarrillos). De su estilo literario, Mercedes indica que sus narradores hacen gala de una fina ironía, y añade que como colofón a su obra escribió una serie de memorias e impresiones.

Valentín señala que a propósito del naufragio del Titanic en 1912, Conrad dio una clave que explicaría el hundimiento por culpa de las ventanillas cuadradas, que reventaban por la presión del agua, y por ello se construyen redondas, a lo que añade María José la mala calidad de los materiales y Luis recuerda que chocó contra un iceberg de determinadas dimensiones. También resalta Valentín la irascibilidad del autor, que incluso pidió que echaran de la casa a un bebé recién nacido porque lloraba; y en cuanto a su carácter difícil, señala que tardaba en hablar cuando tenía que responder alguna cuestión que se le planteara, provocando la impaciencia de sus interlocutores, a lo que Consuelo supone que le gustaría meditar sus respuestas, y Pilar dice que era poco impulsivo. Valentín destaca finalmente la relación que Conrad sostuvo con Kipling.

Lali lee un texto propio en torno a su lectura donde destaca que Conrad estuvo recorriendo los mares durante más de veinte años, sobre todo por el archipiélago malayo, y que una de sus obras más emblemáticas, Lord Jim, maneja con maestría la técnica del cuento dentro del cuento; señala que un gran mérito del autor es haber sido un referente literario de altura en una que no era su lengua materna, que Flaubert y Henry James fueron sus más destacables fuentes de inspiración, que en su obra abunda el héroe solitario que arrastra su desventura o el remordimiento con estoicismo y resignación, y que el colonialismo atraviesa por sus novelas mostrando ráfagas de esplendor y la intensidad de sus miserias. Lali ha leído el relato El alma del guerrero, que está situado en la invasión napoleónica de Rusia, antes de la cual un oficial de este país vive afincado en París, donde está de moda lo eslavo y se relaciona con la clase pudiente, visitando salones de tertulias de hombres y mujeres; en uno de ellos conoce a una mujer madura de la que se enamora, lo que le lleva a extender sus apariciones, tomando la confianza del círculo de amistades gracias a lo cual recibe la advertencia de un oficial francés de que se está planificando la invasión de Rusia y el arresto de todos los rusos que hay en París, lo que obliga al protagonista a comunicarlo a sus compañeros y huir del país; Lali comenta que en el relato brillan las escenas de guerra, con la descripción de las condiciones que padecen los soldados y de las batallas que se producen, en una de las cuales el oficial ruso encuentra herido de gravedad a su colega francés, a quien se dispone a cuidar como prisionero de guerra que es; pero éste le ruega que acabe con su vida, pues está sufriendo mucho y no quiere recibir el tratamiento como prisionero; entonces el otro se niega a matarlo hasta que el herido le recuerda que él le hizo un favor en París y ahora debe devolvérselo, así que le mata y sufre la condena de su deportación a Siberia, por acabar con un prisionero de guerra. Lali señala que la historia la está contando un viejo, y subraya que es un relato muy ameno.

Toñi ha leído El regreso e indica que no trata de niebla, sino de uno que llega de trabajar a su casa, de hacer dinero en la oficina, y viene pensando en sus antiguas novias cuando se encuentra con que su mujer le ha abandonado, hecho que le comunica mediante una carta que ha dejado en la mesa; entonces el personaje comienza a reflexionar sobre el asunto y se pregunta por qué se habrá ido su mujer con otro, y después piensa en el qué dirán las criadas, las vecinas, sus amigos… Así transcurren varias horas hasta que de repente la mujer aparece y le dice que ha vuelto para decirle a la cara los motivos que la impulsaron a abandonarlo; entonces él le pide que se quede y ella le reprocha el trato que ha sufrido durante sus años de convivencia; él la amenaza con la mano levantada y ella se asusta y está a punto de huir pero finalmente es él quien se marcha. Toñi comenta que la historia le ha parecido un poco folletinesca, pero le ha gustado cómo está escrita; lo que no le agradó fue el maltrato que ella sufre de él, ya que, por lo que cuentan de su vida en común, la tenía como objeto decorativo.

Maite comenta que desde hace unos años tiene en su biblioteca los libros de Marlowe (Juventud, El corazón de las tinieblas, Azar y Lord Jim), y que sólo le falta por leer el último de ellos, que lo tiene eternamente pendiente. Acerca de El corazón de las tinieblas, señala que su lectura le gustó por el tratamiento que hace el autor de la condición humana y por el mar, por las descripciones de la vida marinera. Destaca que Conrad conociera cuatro idiomas, así como su amistad con Kipling y con Henry James; señala las dificultades económicas por las que atravesó a causa de una descontrolada afición al juego y que el filósofo Bertrand Russell lo visitó en su domicilio, por lo que tuvo de corresponderle yendo a Cambridge. Finalmente, Maite insiste en que Conrad concluyó su vida marina e inició la literaria en Inglaterra, adonde llegó procedente de Australia, y subraya que rechazó un título nobiliario que le ofreció el país de acogida en sus últimos años de vida.

María José ha leído El agente secreto, y enumera para empezar los antecedentes de la concepción de la novela: entre los siglos XIX y XX, hubo una auténtica oleada de atentados terroristas perpetrados por anarquistas, lo que corrobora leyendo un listado de datos sobre magnicidios de la época, entre los cuales menciona los asesinatos de Cánovas del Castillo y de la emperatriz Sissi, y añade que en el año en que Conrad publicó esta obra, se produjo el frustrado intento de acabar con Alfonso XIII el día de su boda con Victoria Eugenia. Pero la idea de hacer esta novela le surge al autor de una conversación que mantiene con el también novelista Ford Madox Ford, quien le habla de un reciente atentado contra las instalaciones del Observatorio de Greenwich, cuyo autor material murió despedazado por la explosión; Fox comentó a Conrad que el terrorista era un enfermo mental declarado y que su hermana se suicidó días después. María José señala que los personajes de El agente secreto están copiados de la realidad, pero el autor evita profundizar en informes para dejar que su imaginación se explaye, salvo por la lectura del memorándum de un comisario, que es su única fuente real de información. A continuación cuenta el argumento: el protagonista es propietario de una tienda poco popular que le sirve de tapadera a sus labores como agente secreto, vive con su familia (mujer, suegra y cuñado), y un día acude a una embajada extranjera -no se dice cuál, pero se supone que es la rusa- donde ha sido convocado para encargarle un atentado terrorista que ponga a la opinión pública inglesa a favor del recrudecimiento de la represión contra los anarquistas, y para ello qué mejor objetivo que uno de carácter científico, dada la sensibilidad social hacia todo lo que tenga que ver con la ciencia. María José añade que la tienda es frecuentada por un grupo anarquista que entabla interminables discusiones pero no se lanza a la acción, pues todos ellos están ya retirados, y que la policía conoce todo porque el protagonista es un doble agente que también trabajaba para su país; destaca que la novela llega a tener un punto cómico, y el propio Conrad la calificó de “burla compasiva”, una mezcla de novela de espías y “drama doméstico” de la cual María José resalta la tierna escena en que el cuñado del protagonista, que tiene cierta patología mental, contempla despavorido el maltrato de un cochero hacia su caballo. Por último comenta que esta novela ha sido libro de cabecera de un terrorista real, según él mismo declaró: le inspiraba en sus atentados con cartas bomba, usaba el nombre del autor deformado en sus registros públicos, para hacerle homenaje, y escribió él mismo una confesión autobiográfica que envió a la prensa, donde se le aseguró que sería publicada si renunciaba para siempre a su afición a cometer atentados.

Consuelo ha leído El corazón de las tinieblas y comenta que Conrad enfocó en esta novela una experiencia personal en el Congo, tras la que el autor sintió que su alma había descendido hasta las raíces mismas de la animalidad; acerca de la forma del relato destaca su perfección estilística, y que transmita ese sentimiento de inquietud que sólo puede comunicarse mediante la palabra escrita. Sobre el argumento indica que es la búsqueda de un hombre llamado Kurtz -que literalmente significa “corto”, en alemán-, un hombre que no es muy corpulento pero ha acumulado un gran poder a su alrededor; para ello, el protagonista debe remontar un río africano hacia su origen inmerso en la jungla, donde se haya la estación que provee de marfil a la factoría de la Compañía que lo comercializa. Consuelo apunta que en el relato resalta una reflexión del narrador en torno al canibalismo, entre otros actos e instintos de violencia que se nombran, a lo que Eugenio recuerda que todos los actos violentos que se describen son efectuados por hombres blancos. Por último, Consuelo menciona la escena en que el timonel es asesinado por una lanza arrojada desde la orilla y el protagonista se mancha con su sangre los zapatos, que inmediatamente echa por la borda.

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