3 de diciembre de 2014: W. H. Hudson

Reunidxs: Isabel, Toñi, Rufino, Maite, María José, Consuelo, Luis, Eugenio, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel inicia la sesión leyendo datos biográficos sobre el autor, W. H. Hudson, de quien dice que nació en Argentina, cuarto hijo de norteamericanos emigrantes a la zona rural del país sudamericano, donde en 1837 compraron una finca y se dedicaron a la cría de ovejas; añade que murió en Inglaterra a los ochenta y un años, y Luis corrobora que, de hecho, Hudson es considerado argentino por el Diccionario de Autoridades, bajo el nombre de pila de Guillermo Enrique, y recuerda que en la época en que sus padres emigraron gobernaba Juan Manuel  de Rosas, dictador casado con una inglesa. Isabel dice que Hudson fue el primer naturalista argentino, que recibió una educación bajo postulados metodistas y que emigró hacia Inglaterra por problemas de salud; destaca las descripciones del entorno natural de su infancia, que plasmó en su novela autobiográfica Allá lejos y tiempo atrás, y que en Londres puso en marcha una asociación ornitológica; pero su obra literaria sólo comenzó a difundirse tras su muerte, gracias al empeño del doctor Fernando Pozzo, consolidado posteriormente por una sobrina-nieta que ha fundado museo y biblioteca, conservado monumentos naturales y gestionado una reserva natural en la antigua hacienda donde el autor vivió su infancia. Isabel señala que ella ha leído Mansiones verdes y ha reconocido durante su lectura una película que vio hace tiempo, de la que guarda grata impresión por la interpretación de Audrey Hepburn, pero que al volver a verla para la ocasión no la ha encontrado tan sobresaliente; de la novela dice que le ha enganchado, tiene una prosa muy lírica y buenos diálogos, así como una temática interesante que desvela la tragedia colectiva de un campesinado analfabeto cuya incultura posibilita que el gobierno les maneje a su antojo. Por último, acerca de la versión cinematográfica mencionada, Isabel indica que fue rodada en 1959 en la Guayana británica, con un actor joven y “sosete”, Anthony Perkins, y menciona la controversia que sufrió el director original, Vicente Minnelli, que abandonó el proyecto por las presiones de una productora que buscaba convertir la cinta en lucimiento particular de la actriz principal; Pilar recuerda aquel revuelo y Luis confirma que al retirarse Minnelli del proyecto, no sólo perdió la película su valor artístico, sino que también lamentó la baja del compositor Heitor Villa Lobos, a quien se había encargado la banda sonora.

Consuelo ha leído La tierra purpúrea y cuenta que su argumento se desarrolla en la llamada Banda Oriental, en Uruguay; su protagonista acaba de casarse contra la voluntad de sus suegros y anda buscando trabajo, y mientras se dirige a un rancho cerca de Montevideo vive por el camino una serie de aventuras; destaca la belleza de las descripciones, tanto del paisaje como de sus elementos, incluyendo mujeres; señala que la crítica lo considera su novela mejor escrita, aunque Luis comenta que su mejor obra es El Ombú; sin embargo, Consuelo añade que la trama de La tierra purpúrea sufre varias contradicciones, y a pesar de ello se la considera digno ejemplo de literatura gauchesca, y se la compara con el Quijote, destacándose por su combinación de las diferentes culturas que reúne el autor. Consuelo señala que la novela le ha parecido interesante, pero se siente decepcionada porque esperaba más; a propósito recuerda Eugenio que se ha pretendido igualarla a Martín Fierro, y Luis añade que también se la quiere poner a la altura de Don Segundo Sombra. Consuelo indica que hubo un cambio posterior a la primera edición y el autor eliminó dos capítulos que le resultaron aburridos, y subraya que gran parte de su celebridad se la debe a Borges, de quien dice Mercedes que admiraba mucho a Hudson, a lo que Luis recuerda que la abuela de Borges era inglesa y Eugenio atribuye el entusiasmo borgiano a un capricho de vecindad. Consuelo apostilla que el estilo de Hudson no tiene nada que ver con Borges y Luis insiste en que a éste le hubiera gustado ser inglés. Finalmente destaca Consuelo que el reconocimiento al autor haya sido póstumo.

Luis recuerda que Hudson no comenzó a escribir hasta que a los treinta y tres años emigró a Inglaterra por problemas de salud, y destaca el gran mérito de su afición a las aves, que lo ha convertido en uno de los primeros defensores de la naturaleza. Acerca de la cultura gauchesca, destaca las luchas dialécticas que se entablan entre diletantes, por el solo placer de jugar con el lenguaje, a lo que añade María José la actividad económica y deportiva de los boleadores; a continuación se establece un breve debate en torno a la riqueza natural de Argentina y a las posibilidades más o menos aprovechadas de su explotación. Luego insiste Luis en que una literatura gauchesca que se precie no puede situarse en la órbita del autor, sino en los Martín Fierro y Don Segundo Sombra mencionados antes; al hilo, Rufino recuerda que el poema de José Hernández ha estado prohibido en su país hasta hace bien poco, y Luis recomienda la lectura de la obra de Güiraldes por su grandeza y facilidad de comprensión y por la gracia de su estilo. Por último subraya que el oficio literario apenas progresa con Hudson.

Eugenio destaca Allá lejos y tiempo atrás como la obra más emblemática del autor, donde evoca su niñez con insólita carga de vitalismo y felicidad, y recuerda que la escribió durante una convalecencia en Inglaterra; también le ha llamado la atención que dedicara una parte de su actividad naturalista a leer y criticar a Darwin, quien ignoró los argumentos de Hudson por considerar que sus investigaciones no tenían fundamento científico, ya que su método de estudio era poco riguroso. Por último, Eugenio postula como importante la perspectiva espiritualista del autor, que engarza dentro de la tradición panteísta que desde los primeros románticos viene animando el sentimiento religioso de la expresión literaria; en este sentido, comenta que Hudson se muestra como un precursor de las creencias religiosas occidentales que dominan el siglo XX, más cercanas al misticismo oriental que a la imagen monoteísta de un dios omnipresente pero externo a su creación, corriente que podría extenderse hasta la relevancia alcanzada en la actualidad por el ecologismo, a lo que Isabel incluye la imagen de la mujer-pájaro de la que el protagonista de Mansiones verdes se siente enamorado.

Pilar ha leído de los distintos enlaces colgados en nuestro blog, e indica que Hudson es más un naturalista que un novelista, y en todo caso un tremendo humanista. Destaca la nostalgia que rezuma en su novela Allá lejos y tiempo atrás, que habiendo sido escrita mientras el autor estaba enfermo, y tener como motivo sus recuerdos de infancia, es una composición surgida desde la emotividad, y manifiesta las vivencias de un hombre sensible. También subraya que mostrara un punto de vista discordante con Darwin, y contrastara públicamente su opinión sin achantarse, como vimos semanas atrás que también hizo Butler; para Pilar, lo más importante es que Hudson señala al ser humano como culpable de un posible deterioro de la naturaleza, que a juicio de Mercedes era poco en comparación con el que hoy en día padecemos. Por último, Pilar lanza una pregunta acerca de la edad en la que cada cual sitúa el despertar de sus recuerdos, y desea hacer homenaje a Juan Goytisolo, a quien se ha honrado recientemente con el premio Cervantes; ella está leyendo Makbara, cuyo ejemplar fue un regalo de Luis, en una de las remesas libreras con las que suele obsequiarnos, y cita un texto aparecido en prensa en torno a Goytisolo, donde se afirma que al autor de Señas de identidad hay que leerlo en voz alta, por la relevancia de la prosodia y el ritmo en su literatura; Pilar asegura que sigue el consejo y Makbara la está gustando mucho, a lo que Luis comenta que la obra cumbre del barcelonés es Don Julián.

Mercedes ha comenzado a leer La tierra purpúrea, y comenta que el autor describe muy bien la naturaleza, cosa admirable ya desde el comienzo del libro, cuando el protagonista observa el paisaje desde lo alto de un monte; a propósito insiste Isabel que la verdadera protagonista de la obra de Hudson es la naturaleza, a lo que añade Consuelo que la pasión de su vida fue la ornitología y Pilar recuerda que el autor criticó al mismísimo Shakespeare un pasaje en el que éste coloca una lechuza en un lugar donde, por naturaleza, este ave no se corresponde.

Valentín resalta que Hudson fue un hombre sin titulación ni formación académica, lo que obstaculizó el reconocimiento de sus logros para la ornitología, y que quedara en anecdótica su contribución asociativa a la protección de las aves, pese a que sus investigaciones en la materia fueran muy reveladoras debido a que él comprendía y explicaba el comportamiento de los pájaros. También destaca su descripción de la cultura gauchesca, tanto de la Pampa como de las zonas frías de la Patagonia, respecto a lo que Luis recuerda que Uruguay era por entonces una región de Argentina; y en lo que se refiere a la opinión de Borges, Luis añade que éste ensalzó la importancia de la narrativa de Hudson comparándola con el Kim de Kipling, el Huckleberry de Twain y la Odisea homérica, y Valentín puntualiza que se equiparan sus novelas con el Quijote porque en ellas también el protagonista confunde la realidad con el fruto de su imaginación, y transforma así el mundo que le rodea. Luis señala que lo que más gusta a los ingleses del autor es su exotismo, porque su descripción de la Pampa destaca por encima de lo que ellos acostumbran a leer sobre los paisajes escoceses; y Valentín subraya las influencias nombrando a Tolkien y a Lawrence de Arabia, y resaltando la inmersión de esta literatura en el terreno fantástico. Finalmente, menciona La era de cristal como su obra más importante, ya que en ella muestra su disconformidad con la teoría darwinista de la evolución, y construye una visión política de la sociedad en pos del equilibrio y de la subsistencia en comunión con el medio ambiente, al modo de las comunidades humanas primitivas, que viven cercadas por la selva pero en armonía con sus demonios; concluye Luis subrayando que a Hudson le falta nivel científico y Consuelo señala que de La era de cristal dicen algunos críticos que es lo peor del autor.

Rufino comenta que no conocía a Hudson de antes de la sesión, aunque sí había visto la versión cinematográfica de Mansiones verdes, que sin éxito ha buscado en Internet. Lee un texto extraído de nuestra bitácora donde se destaca que el autor fue un gran observador lo que, en determinado aspecto, ha podido convertirlo en visionario, y señala la influencia que sobre su inspiración literaria han ejercido los científicos Darwin y Humboldt; lo define como un enamorado del Nuevo Mundo, y señala tres obras fundamentales: La tierra purpúrea, cuya acción se desarrolla en Uruguay, Mansiones verdes, ambientada en la Guayana, y Allá lejos y tiempo atrás, localizada en la Pampa; indica que todas ellas fueron escritas una vez que Hudson vivía en Londres, y sobre la última de ellas, de carácter autobiográfico, dice que es un buen antecedente de la búsqueda del tiempo perdido que en breve habría de iniciar Proust. Señala que el autor marcó una nueva forma de ver Latinoamérica, no indigenista, que bien pudo haber supuesto una referencia para Conrad, la visión europeísta que resalta una interpretación paisajística, exuberante. Rufino concluye destacando la peculiar manera de vivir del autor, su afición por las aves durante su niñez y la imaginación que le echó a sus vivencias personales a la hora de convertirlas en literatura, ante lo que Pilar recuerda que la enfermedad acentúa la sensibilidad y Consuelo insiste en que Hudson no fue a la escuela y se cultivó en la biblioteca de sus padres, naturaleza autodidacta que nos abre un debate sobre la inteligencia y su instrucción, a lo que Valentín puntualiza que Einstein no fue un buen estudiante y Maite evoca cierta frase que dice: “Ser tonto es mucho más díficil que ser inteligente, porque la inteligencia tiene sus límites y la tontería no”.

María José ha leído Mansiones verdes y cuenta que se inicia con una fallida conspiración política, y que el fundamento de su trama es la transformación de los viejos valores de la cultura europea a través del contacto con la naturaleza, que pone en marcha un proceso purificador en el protagonista, quien se deja seducir por una nativa, apenas una niña con aspecto de diosa temida por los propios miembros de su pueblo, que le atribuyen poderes sobrenaturales; y lo cierto es que ella se erige en protectora de los animales, mediante lo cual el autor explora la catástrofe ecológica incipiente, que culmina con la paulatina destrucción de la selva amazónica producida durante el siglo XX, y aún hoy incrementada. María José comenta que la prosa de Hudson es concisa y transparente, y deja ver con claridad la misma selva que describe; también quiere resaltar que la mujer-pájaro protagonista se viste con trajes que elabora con tela de araña, a lo que Pilar apostilla que es un hilo muy resistente. Por último, Isabel muestra varias ilustraciones inspiradas en esta novela.

 

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