19 de noviembre de 2014: Samuel Butler

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, Maite, María José, Consuelo, Seve, Eugenio, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel abre la sesión con los datos biográficos del autor, que es un novelista nacido en un barrio de Londres que estudió en Cambridge y, destinado a ejercer como sacerdote de la Iglesia anglicana, decidió romper con los planes de su padre y emigrar a Nueva Zelanda, donde se dedicó durante unos años a la cría de animales, duplicando el capital invertido en la empresa. Sus escritos están teñidos de intención crítica y abarcaron desde una sátira sobre milagrería hasta una crónica de viaje a un país imaginario llamado Erenwhon; y aunque el objeto principal de sus análisis fueron la educación recibida y la institución familiar, también se enfrentó a las teorías darwinianas y elaboró su propia hipótesis acerca de la identidad del autor de las obras de Homero, conjeturando que hubiera sido una mujer llamada Nausica. Pero la obra más importante de Butler (y, añade Pilar, la más polémica) es El destino de la carne, de carácter autobiográfico, a la que une Isabel la recopilación de sus apuntes y notas, que bajo el título de Cuadernos ha sido editado en España por la balear Edicions Cort, en traducción de Cristóbal Serra; comenta que el autor también dedicó su tiempo a la pintura -aunque no ha encontrado en la web ninguna reproducción de sus cuadros (subraya Maite que llegó a exponer alguna obra en la mismísima Royal Academy)- y a la música. Por último, Isabel lee algunas frases de Butler, como la que iguala la vida a la música, en el sentido de que para afrontar ambas cuenta más el instinto que las reglas; y otra que asegura que siendo inevitable que haya razones para llorar, se encontrarán siempre miles para sonreír.

Lali señala que Butler fue hijo de un eclesiástico que inició estudios para seguir los pasos de su padre, pero que la rebeldía contra toda autoridad le impulsó a labrar su propio camino, construyendo una obra que refleja su entera indisposición contra los valores victorianos, especialmente la familia y la religión; esto queda patente en su novela Erewhon, pero más aún en El destino de la carne, cuya edición -póstuma por voluntad del autor- revela la naturaleza de su contenido: vivencias autobiográficas, paradojas y relatos incisivos que muestran lo que se ha calificado de ambigua postura moral, ya que hubo lectores que relacionaron los contenidos sátiros con la auténtica opinión del autor, punto éste al que añade Eugenio que su escrito contra la creencia en los milagros fue celebrada por aquellos a quienes criticaba. Lali recuerda que su crítica de Darwin está basada en una defensa de Lamarck, en quien Butler encontró los fundamentos que animaban a su contemporáneo, pero exentos de los matices que posteriormente le dio Bergson, a lo que sugiere Eugenio que éste habría adaptado el evolucionismo darwiniano interpretando la selección natural bajo cierto idealismo que suavizara la importancia del azar, como en Darwin y en contra de la opinión de Lamarck, que apostaba por la necesidad como motivo de la evolución, y de la del propio Butler, que creía en la acción de la voluntad como motor del desarrollo y del cambio en los organismos. Lali lee a continuación varias frases del autor, quien sentenció que basta cerrar los ojos para que el hombre pase de ser pacífico a guerrero, que mejor amar y perder antes que no amar, y que cuanto más encarnizada se vuelve una disputa, más lejos está de resolverse; en otra muestra su tendencia a rebelarse contra el destino y, finalmente, advierte de la inevitable lucha entre el ser humano y la máquina, a quienes Butler declara la guerra; a propósito recuerda Pilar que el uso de máquinas durante la industrialización desplazaba a los hombres de su trabajo, Eugenio señala la dependencia que en la actualidad muchos padecen hacia sus teléfonos móviles, Lali matiza que en todo avance hay un lado positivo y su reverso y Mercedes se pregunta qué pensaría el autor si viera hasta dónde hemos llegado en el uso de maquinarias.

Toñi ha leído Erewhon, y comenta que una semana es poco tiempo para leer esta novela, ya que precisa de una lectura lenta, y añade Lali que debe ser complicado asimilar su contenido en tan poco tiempo,  mientras Isabel subraya que parece un libro difícil. Toñi indica que el autor quiere mostrar en esta obra una sociedad perfecta, aunque de esto Valentín disiente; entonces narra Toñi que el libro describe un pueblo moderno donde los habitantes viven bien y todas las máquinas han sido confinadas en museos; por eso al protagonista, que es un viajero que aparece un día, le quitan el reloj nada más llegar, a lo que María José puntualiza que llevar reloj es un delito, y que se salva de ir a la cárcel por ser rubio y tener los ojos azules. Mercedes inquiere si es un libro autobiográfico, y Toñi recuerda que el protagonista es un pastor de ovejas que lleva un tiempo preguntándose qué habrá tras la montaña que ve todos los días, lo que le impulsa a emprender el camino para averiguarlo, acompañado por un guía que le deja a mitad del recorrido; en el pueblo tras la montaña lo reciben como a un dios por ser rubio y ellos morenos, y esto es su salvación por el mencionado asunto del reloj. Cuenta Toñi que le hacen un reconocimiento médico a fondo, porque allí no se podía estar enfermo, era un delito muy grave y a un tísico a quien juzgan lo condenan a trabajos forzados; añade María José que el autor subvierte la moral por la salud, y es comprensible que alguien sea un corrupto pero no se permite a nadie estar enfermo, lo que puede interpretarse como una crítica al victorianismo (también señala que si alguien está de mal humor, los demás se preocupan por él y le hacen regalos para contentarlo). Toñi prosigue su relato citando una serie de ejemplos de delitos, como las malversaciones, y los castigos que por cometerlos se reciben, como darse “azotainas con el enderezador”; Isabel comenta entonces que Butler reflejó con tono irónico la perfección de que más adelante hizo dogma el nazismo, y Lali recuerda que en esta sociedad hay que ser perfecto en función de unos criterios relativos, y por ello imperfectos; Consuelo señala que es una dura crítica a la Inglaterra de su tiempo, en que se consideraba la tuberculosis como un castigo (añade Isabel que “divino”), y María José evoca el pasaje en que se dice que los niños son responsables de haber nacido en determinadas familias. Toñi destaca que las cenizas de los difuntos son esparcidas por su casa para servir de protección a quienes siguen viviendo en ellas, y las estatuas que se levantan como homenaje a los ausentes, en las cuales, cuando éstos eran un poco feos, se sustituía la cara por otra más agradable (ve en ello Rufino un antecedente del photoshop); Toñi finaliza reiterando que esta novela no se puede leer en una semana, ni explicar en cinco minutos.

Rufino lee datos biográficos sobre el autor tomados de Internet, y recuerda las inversiones que realizó en Nueva Zelanda, al término de cuya empresa se dedicó a la escritura. Indica que el estilo de Butler ha sido calificado de confuso, y su descripción de un mundo futuro mecanizado es un firme antecedente de todo un género literario posterior, el de la ciencia ficción, que hará auténtico furor entre los lectores, a lo que añade María José que también en el cine, con los Terminator y otras películas que explotan los viajes espaciales y las paradojas que de ellos se puede derivar, como la persecución de una señal que había sido enviada previamente por los propios humanos. Consuelo señala que también subyace cierta inquietud ante lo que puedan llegar a realizar las máquinas en su evolución, escapando ésta al control de sus creadores, y Toñi señala que está muy avanzada la industria dedicada a construir robots que nos ayuden a superar los estados de dependencia; Lali indica que la sociedad que describe Butler le ha recordado a la de Un mundo feliz de Huxley, y Rufino destaca las ferias de robótica que se celebran actualmente, donde ya no es impensable que los autómatas realicen todas las tareas domésticas. Finalmente Isabel lanza un mensaje tranquilizador, recordando la película protagonizada por Robin Williams, El hombre bicentenario.

A Maite le ha resultado Butler un autor controvertido y sagaz, capaz de duplicar su inversión en Nueva Zelanda gracias a su propio trabajo y de colocar su obra pictórica en la Royal Academy; a propósito de ésta, Isabel recuerda que su estilo era näif, infantil y espontáneo, muy propio de un autodidacta, del que Maite destaca la escuela peruana y Lali critica que tenga una estética demasiado repetitiva, aunque Maite, por último, valora su gran colorido, y concluye señalando que le ha costado bastante entrar en la biografía del autor, con tantas idas y venidas como tuvo.

María José también ha leído Erewhon, y comenta que su título significa “no hay lugar”, a lo que Valentín indica que proviene de “no where”, ninguna parte, y María José confirma que es esa expresión pero con el orden de los términos invertido. Lee un texto que ha elaborado a partir de su lectura, donde señala que es un relato con tintes autobiográficos basado en su experiencia como granjero en Nueva Zelanda, y trata de un viaje que emprende el protagonista para pasar al otro lado de las montañas y curiosear lo que hay allí; entonces se produce su encuentro con los erewhonianos, civilización que ha descubierto las máquinas mucho antes que los ingleses y, después de haberlas utilizado durante un tiempo, han decidido prohibir su uso. María José destaca a Butler como precursor de la ciencia ficción, aunque opina que los capítulos dedicados a la descripción de las máquinas (que son tres, según Consuelo) se hacen un tanto pesados. Acerca de la cuestión señalada por Toñi de la enfermedad como delito, indica María José que algunos habitantes de Erewhon roban o comenten fraudes con el objeto de disimular una salud frágil, y añade que cuando se cruzan por la calle se desean para ese día un mutuo comportamiento adecuado. Sobre la educación erewhonita, existe una escuela llamada Hipotética, que María José entiende como enseñanza ante situaciones futuras, y explica que el castigo al enfermo busca como fin frenar el contagio de su mal, aunque también existen en este país condenados por tener mala suerte. María José resume diciendo que esta novela es una denuncia que hace el autor de su propia sociedad, y que su publicación coincide con una corriente coetánea que pretende la regeneración intelectual de la Inglaterra victoriana, cuyo desarrollo social ha quedado degradado ante la hipocresía y los convencionalismos; el hecho de exponer los vicios morales y ocultar las enfermedades, desvela la permisividad política ante la ausencia de ética, y el culto al cuerpo y a la apariencia en decremento de valores más sólidos y perdurables; al hilo indica Toñi que los habitantes de Erewhon tienen una salud de hierro pero la mente falta, lo que a Isabel le recuerda una viñeta de El Roto en la que un padre lee un diario deportivo mientras el hijo, sentado en sus rodillas, lee a Kant. María José cierra su intervención señalando que la novela tiene un final feliz, ya que el protagonista se enamora de la hija pequeña de uno acusado de malversación, y para huir de la ciudad construye un globo (apunta Mercedes que, irónicamente, una máquina le ayuda a escapar); Butler escribió una segunda parte, pues quiso volver a Erewhon, pero no tuvo éxito.

Consuelo ha investigado sobre la crítica a Darwin y ha encontrado un interesante comentario elaborado por un sociólogo chileno arabista, acerca de Vida y hábito (o costumbres), traducida al castellano por Sebastián Puente, obra en la que Butler reflexiona sobre el evolucionismo. Destaca que el autor fue un importante seguidor de los avances científicos de su tiempo, que transformaba, descifrándolos a través de su mirada iconoclasta, deshaciendo los límites entre la literatura, la filosofía y la ciencia; señala que aquella fue una época visagra entre dos distintas formas de conocimiento humano, en la cual se estaba produciendo el definitivo abandono del tutelaje eclesiástico, ruptura que proporcionaba, posibilitaba y exigía la tarea de redimensionar el mundo. Según el texto que lee Consuelo, el autor introdujo características humanas para dotar de significado a la naturaleza, bajo la creencia de que son la fe y el deseo los móviles principales de todas las criaturas vivas, y de que la técnica que el ser humano crea para su beneficio, termina siendo asimilable por su propia corporeidad: esto deriva en una visión de los seres humanos como entes deseantes. Consuelo también lee una frase de Butler donde compara la memoria y el olvido con la vida y la muerte, respectivamente, y menciona dos artículos, editados por El País y El Mundo, que hemos enlazado en nuestro blog. Por último, subraya que el autor se opuso frontalmente a la tradición familiar (enfatiza Pilar que fue un hombre muy valiente) y destaca sus críticas a la institución familiar en su novela El destino de la carne, a propósito de lo que María José recuerda que se rodeó de varios amigos, algunos muy especiales y otros que lo llevaron de cabeza, pero no parece que fuera homosexual ya que tenía gran afición a los burdeles; Isabel evoca a la señorita Savage, su gran amiga íntima, cuya muerte lo sumió en una mar de melancolía, y se pregunta por otro lado si la madre del autor lo tuvo siendo soltera, a lo que Eugenio responde que lo único que ha encontrado él acerca de ella es que Butler no le perdonó su pasividad ante el maltrato a que le sometió el padre.

Eugenio destaca que El destino de la carne quedara en el cajón hasta la muerte del autor, aunque fue publicado al año de producirse ésta, sin cumplir la voluntad de él en cuanto a retardar el evento tanto como sus hermanas vivieran; señala también que le ha llamado especialmente la atención que fuera descalificado por sus enemigos como advenedizo, por culpa de sus continuas controversias con académicos y especialistas en las materias sobre las que sin vacilación se atrevía a debatir, citando al propio autor que con tono festivo afirmaba que cuando los expertos no encontraban la solución a un enigma, sonaba para él el momento de intervenir. Tambien pone el acento sobre su actividad económica al frente de una granja, duplicando la inversión inicial, y cuando posteriormente reinvierte aquellas ganancias en Canadá, y ante la mala labor de sus gestores debe acudir a rescatar lo que puede; y respecto al análisis de la automatización del trabajo que hace Butler en Erewhon, Eugenio recuerda que veinte años antes en su país habían acontecido distintas protestas de obreros de las fábricas contra el uso de máquinas, sucediendo en algunos casos la destrucción de éstas, circunstancia que abre un pequeño debate sobre la amenaza que para el empleado supone la introducción de maquinaria en su puesto de trabajo, que a veces mejora las condiciones, cuando no supone el despido, pero que en ocasiones añade más quebraderos al desempeño. A tenor de la obra Vida y hábito mencionada por Consuelo, Eugenio advierte que Butler es también un precursor de la filosofía de Deleuze y Guattari, al convertir los organismos vivos en máquinas anhelantes, y opina que su teoría de que el autor de Ilíada y Odisea fuera mujer, además de atrevida y tan indemostrable como la contraria, ha servido para que uno de los más destacados mitólogos del siglo XX, Robert Graves, escribiera su novela histórica La hija de Homero; finalmente, recuerda que el autor reinterpretó los Sonetos de Shakespeare y que el término adecuado para una obra como Erewhon es distopía, a lo que añade Maite que es el reverso de la célebre obra de Thomas More, y Pilar evoca los Viajes de Gulliver de Jonathan Swift, como uno de sus más famosos antecedentes.

Pilar no ha leído nada de Butler, pero le hubiera gustado porque le parece un autor muy interesante y genial; destaca su rebeldía y que sea tan osado al viajar hasta Nueva Zelanda para encarar una arriesgada empresa, o ser capaz de enzarzarse públicamente en discrepancias con el mismísimo Darwin. Lo define como escritor iconoclasta y crítico feroz de lo establecido, y pone como ejemplo su ataque a la Iglesia Anglicana, cuando dice que no sabe diferenciar, por su buena educación y bondadoso trato, entre los niños que van a misa y los que no. Finalmente subraya Pilar la importancia del hecho de posponer la publicación de su novela El destino de la carne hasta después de la muerte de sus hermanas y de la suya propia, debido a la dureza de su contenido, y hace hincapié en que no obtuvo su merecida fama en vida, y que incluso hoy es bastante impopular, consecuencia -a su parecer- de haber “sacado los pies del tiesto”; respecto a Erewhon, cree que aquella crítica se anticipa en denunciar el nazismo, a lo que Consuelo recuerda la obra de Lytton como antecedente inspirador de la ideología hitleriana.

Mercedes ha empezado a leer El destino de la carne y lleva aproximadamente una quinta parte del texto; comenta que es una autobiografía muy novelada y en forma de saga, que comienza dos generaciones antes del nacimiento del protagonista, con un abuelo obispo; al igual que el autor, el personaje principal renuncia a seguir la tradición familiar, en la cual se van incluyendo las familias de los distintos consortes. Mercedes señala que es muy moralizante, que a cada renglón hay comentarios del narrador que analiza los hechos que acaba de contar; y acerca de su elaboración, señala que en 1874 Butler había escrito treinta y un capítulos, en 1878 añadió otros treinta y en 1883 hizo una revisión total que redujo su contenido; además, un amigo modificó y corrigió el original y es posible que hubiera más retoques que en definitiva fueron demasiados hasta 1933, en que se editó la versión actual. Respecto a la controversia con Darwin, Mercedes señala que tras leer El origen de las especies, Butler se entusiasmó tanto que compuso su “Darwin entre las máquinas”, comentario que a Darwin agradó; a continuación el biólogo evolucionista escribió el prólogo a un libro sobre el abuelo de Butler, escrito por un alemán, biografía que leyó Butler del original con tan mala fortuna que en añadidos posteriores del autor encontró referencias negativas hacia su persona que atribuyó a Darwin, lo que provocó su enfado y una petición de rectificación pública que éste ignoró. También destaca Mercedes que su contemporáneo el dramaturgo Shaw lo admiró y lamentó que en su momento no se diera a Butler el reconocimiento que sus méritos reclamaban y, volviendo a El destino de la carne, concluye que el narrador comienza hablando de una familia de su pueblo, haciendo crítica de las circunstancias que narra y produciéndose su posterior desdoblamiento en el protagonista, a lo que Valentín postula que al pasar dos generaciones el narrador se reencuentra en el nieto del primer personaje, y hasta bien avanzada la novela no aparece el protagonista (resalta Consuelo que éste era su ahijado). Finalmente Mercedes lee el primer párrafo de una reseña sacada de Internet, donde se dice que la novela pertenece al género de las Bildungsroman, que indica Eugenio que es un concepto alemán referido a una novela donde se narra el aprendizaje del protagonista y Consuelo dice que literalmente “bildung” significa historial académico.

Valentín destaca la idea de Butler de estar destinado a intervenir cuando las autoridades en una materia están equivocadas, y el hecho de que terminara siendo enemigo acérrimo de Darwin, no tanto por culpa de discrepancias científicas como a causa de un malentendido por el prólogo de un libro sobre su abuelo, que a su juicio demostraba la hipocresía del biólogo; no obstante, es importante la diferencia entre el concepto de selección natural que manejan los seguidores de Darwin y el sentido que quiso darle Butler a la evolución, desligándola del mero azar. Acerca de Erewhon, Valentín resalta la figura del Presidente de los Conocimientos Inútiles, que asegura que la educación debe estar destinada a hacer que los alumnos piensen como sus profesores, y señala que un idiota es aquella persona que forma sus opiniones por sí mismo, a lo que Toñi indica que el término idiota no es usado como insulto por los erewhonianos. También subraya Valentín el afán de los habitantes del país imaginado por Butler de querer acabar con las máquinas, o al menos con su uso, en pos de la igualdad, pero no deja de mentar la desilusión que sufre el protagonista de la obra, quien elige escapar de ese “pueblo de idealistas prácticos”. Por último se hace eco Valentín de la consideración que tuvo Shaw hacia el autor, quien se consideraba “enfant terrible de la literatura y de la ciencia”, y a quien, a su juicio, la posteridad no otorgado los honores que merece; concluye Pilar acentuando la mala fama de Butler, que impide su reconocimiento.

 

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