22 de octubre de 2014: George H. Borrow

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Valentín, Consuelo, Seve, Eugenio, Pilar y Mercedes.

Isabel lee, entre otros datos biográficos publicados en Wikipedia, que Borrow fue hijo de un militar y aprendió treinta y cinco idiomas, de varios de los cuales tradujo textos; adoptó una estética romántica y era amigo de vagar sin rumbo observando el entorno, principalmente las costumbres humanas durante sus diferentes singladuras; así recorrió distintos puntos de Escocia e Irlanda, y conoció a Ambrosio Smith, un gitano en cuyo campamento estuvo el autor hospedado. A la muerte de su padre emigró a Londres, donde estudió filología y vertió al inglés el Fausto de Goethe; después inició una serie de viajes, ya como agente evangelizador de una Sociedad Bíblica, ya como corresponsal de prensa; dentro de su faceta traductora, también hizo una versión de la Biblia en manchú. Pero los peregrinajes más destacados de Borrow tuvieron lugar a lo largo de la península Ibérica, en Portugal y España donde, entre otras empresas, llevó a cabo tareas de impresión del Nuevo Testamento, tradujo el Evangelio de Lucas al caló (añade Consuelo, que también al euskera), regentó una librería y estuvo encarcelado en Sevilla; Isabel destaca su relación con el hispanista Richard Ford, autor de una guía para visitantes de nuestro país que pudo servir a Borrow como modelo de composición para su propio libro de viajes, y señala que, una vez establecido en su país, se casó y fue propietario de una finca en cuyo suelo permitió que se levantara un campamento gitano. Finalmente, al autor le sobrevino la muerte cuando ya vivía retirado en su heredad, y se cuenta como anécdota que el día de su fallecimiento le pidió a su hijastra, con quien siempre tuvo una buena relación, que ella y su marido no salieran esa tarde de casa, dejándole solo, pues se encontraba mal.

Isabel ha leído varios pasajes de La Biblia en España y comenta que es una buena descripción de la época, destacando las historias que suceden al protagonista en su convivencia con gitanos, a quienes le une una gran amistad. Indica que es una obra llena de costumbrismo, y también de episodios violentos, de asaltos constantes y agresiones sin escrúpulo por parte de los hombres con quienes se junta, lo que muestra el gusto del autor por relacionarse con gente marginal, pobre y conflictiva. Isabel comenta que en los desplazamientos por el interior del país el protagonista siente miedo, y se suceden ajustes de cuentas entre clanes, y lo que los gitanos llaman “hacer algo de Egipto”, en posadas llenas de gente de dudosa reputación y baja ralea (Toñi indica que el amigo del protagonista tenía mucha mano en aquellos lugares, y conseguían las mejores comidas). Isabel destaca que la descripción lugares traen al lector el recuerdo de vivencias de otra época, y que le ha gustado mucho, a lo que añade que María José, que no ha podido estar presente en la sesión, le ha comentado sobre su lectura que al final el libro se hace un poco largo, por repetitivo; Isabel señala además que el autor habla mal del Estado y de sus instituciones, y también de la Iglesia, pero admira a los sacerdotes que tratan de ayudar a los pobres, ante lo que insiste Toñi en que la gente rica no parece del agrado del autor. Sobre las circunstancias de composición de esta obra, Isabel subraya que Borrow la escribió una vez retirado en Inglaterra, y por eso hay muchas cosas que el mismo narrador dice no recordar bien; por último destaca la introducción a cargo de Manuel Azaña, a lo que añade Pilar que éste es quien tradujo el libro al español, y Valentín destaca que es la primera versión en nuestra lengua, casi cien años después de su composición; Consuelo indica que, antes de ello, Francisco de Sales Mayo tradujo Los gitanos en España, y Valentín concluye que las distintas ediciones de la obra de Borrow han sufrido diversas vicisitudes hasta su publicación.

Eugenio señala que la España que conoció Borrow fue la inmediata al reinado de Fernando VII, y por ello un país plagado de intolerancia, impregnado por las pestes de una Contrarreforma que había forzado el retorno de la población a las brumas de la ignorancia, fomentando las supersticiones; a propósito, Valentín recuerda que el autor fue ateo durante su juventud, y sólo en su madurez alcanzó ese grado de integrismo evangelista que plasmó tanto en su obra como en su vida. Respecto a la convivencia con los gitanos, Eugenio señala que Borrow puede haber sido el responsable de que tantísimas comunidades de esta etnia sean en la actualidad miembros de iglesias evangelistas, a lo que apunta Pilar que el recientemente fallecido Peret hacía pública su devoción; Toñi señala por su parte que Borrow estuvo a punto de casarse con una gitana, e Isabel añade que conoció lugares horribles de la mano de los gitanos. Por último, Eugenio confiesa su admiración por la labor de los hispanistas, ya sean ingleses, franceses o estadounidenses, responsables de que conozcamos nuestra cultura y podamos reconstruir nuestro carácter nacional, ya que la clase intelectual española ha estado por lo general ausente de la realidad de las clases populares.

Pilar destaca el entusiasmo juvenil del autor por el boxeo y la vida al aire libre, lo que se manifiesta en su amistad con el gitano Ambrosio a los siete años de edad, con quien se jura amistad perpetua; recuerda que en España fue popularmente conocido como “Don Jorgito el inglés”, y él juzgaba que los valores del aldeano español se encontraban por encima de los del inglés, de la misma manera que la nobleza del aristócrata inglés andaba en niveles superiores a la del español; por ello, Borrow se identificó con gitanos, pobres y gente marginal de la sociedad encontrada en sus viajes, de donde Lali extrae la conclusión de que fue un hombre fascinado por la cultura popular, y Pilar insiste en su conversión del ateísmo al protestantismo militante. A continuación, recuerda que los gitanos llegaron a España en el siglo XV, y apunta los parámetros que dibujan hoy motivos por los cuales se mantienen marginados en una sociedad que, sin embargo, siente admiración por los artistas flamencos, quienes a su vez parecen apartarse de su pasado racial y olvidar sus orígenes; Pilar opina que hay un lado negativo en la etnia respecto a su educación cívica, que es tan importante para la convivencia pero ellos la ignoran, tal vez en aras de reforzar su propia identidad comunitaria, lo que genera costumbres asociales que provocan cierta automarginación y el rechazo de sus convecinos, a lo que Isabel lamenta que muchos gitanos no acepten las normas y rechacen adaptarse a ellas, y Lali recuerda que, tratándose de malos hábitos de cortesía, urbanidad o sanitarios, tanto da que se trate de gitanos como de inmigrantes o españoles; concluye Pilar señalando que una manera eficaz de solucionar estos problemas estaría en manos de las Administraciones Públicas, si emprendieran campañas de concienciación cívica.

A propósito de las ventajas de mostrarse amable y comprensivo con los demás, Toñi cuenta la anécdota de uno que quedó encerrado en una cámara frigorífica, y que antes de tener serios problemas de salud, fue rescatado gracias a su manía de saludar al recepcionista del lugar, quien lo echó en falta cuando el resto de visitantes se marchaba, pues era el único que nunca lo evitaba para intercambiar parabienes. Acerca del autor, Toñi ha leído La Biblia en España y destaca que en aquella época los frailes, encargados de la educación del pueblo, no enseñaban ni a leer ni a escribir, y que abundaban las escuelas vacías en las zonas rurales; el viaje que narra Borrow comienza en Galicia, donde desembarca tras una ajetreada travesía en barco, y a ella le gustó mucho hasta que llega a Madrid, pues a partir de este momento abandona un poco el costumbrismo, y en vez de contar sus aventuras a lomos de una burra se enfrasca con la Guerra Carlista y la impresión de biblias.

Valentín resalta los comentario en un blog acerca del asunto de los gitanos, y subraya el rechazo que genera su falta de integración, a lo que Isabel puntualiza que lo más lamentable es que se juzgue al conjunto del grupo por los males que provienen de una minoría. Acerca del autor, Valentín señala que le ha resultado muy interesante todo lo referido a su vida y obra, y destaca la traducción del Evangelio de Lucas al caló, del cual lee un pequeño fragmento. De otro texto publicado en Internet acerca del autor y su afición al gazpacho, comenta que hay varias formas de consumir este tan típico alimento español, y que en su receta más usada hoy, escasea el pan y abunda el tomate, lo que da al resultado una tonalidad más colorada. También menciona una “Teoría del hombre español” elaborada a raíz de los estudios de Borrow, donde se habla de nuestra idiosincrasia prejuiciosa, ausente de términos medios y con dificultad para estar por encima de etiquetas, lo que Lali llama tópicos y Valentín enumera en virtudes, pero sobre todo vicios que se suceden en función de las características regionales: aragoneses, andaluces, catalanes, madrileños… Acerca del viaje del autor por nuestro país, destaca que durante su estancia entre León y Lugo hizo una importante descripción de los maragatos, llena de comparaciones para su mejor comprensión, y donde resalta Valentín que los varones se dedican exclusivamente al oficio de arrieros, mientras las mujeres se encargan de todo lo demás; añade Pilar mención al cocido típico de la zona y Toñi destaca que son una comunidad poco aficionada a convivir en la vía pública, siendo sus rutinas mayoritariamente caseras.

Consuelo ha leído de y sobre The Zincali, el estudio exhaustivo de Borrow en torno a los gitanos en España; destaca que el autor admira esta cultura y a sus miembros, y los compara con israelitas ya que, probablemente, al igual que éstos sus raíces también procedan en Egipto, de donde como ellos huyeron, aunque con la diferencia de que el pueblo gitano ha carecido de la cultura y riqueza del hebreo, y sólo ha deseado en la vida alcanzar y mantener su libertad. También recuerda Consuelo que la quiromancia es una práctica que se debe a los gitanos, y que la legislación en España, desde los Reyes Católicos hasta Carlos III, ha tenido varios capítulos dedicados al colectivo, en concepto de expulsión o castigo; en un artículo publicado en el Diario de Alcalá, firmado por Vicente Alberto Serrano, ha leído que en 1931 se concedió la “Cruz Isabel la Católica” a la bailaora gitana Antonia Mercé, convirtiéndola en galardonada con un premio que lleva el nombre de aquella reina obsesionada con cortar las orejas a sus antepasados; también cita Consuelo los probables orígenes de la palabra cíngaro, que podría derivar del río Ciga o de un capitán llamado Cingo, o del ave Cinelo, que es animal errante y sin nido, y cuya referencia se debe a Eliano. Menciona las continuas depresiones del autor durante su juventud, que le provocaron miedo a enloquecer, y que la atracción que sentía hacia la marginalidad gitana pudo ser producto de su propia soledad; experto en la Biblia, Borrow señala pasajes donde quiere ver la presencia gitana, y así lo tradujo aunque Luis de Usoz, según un artículo editado en la Revista de Filología Española, hace una comparativa donde encuentra detalles que parecen demostrar que el caló de Borrow no era tan fiel a las fuentes como se cree. Por último, Consuelo comenta el interés de los gitanos por la Biblia, donde encuentran su propia génesis cultural, junto a la de egipcios e hindúes.

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