15 de octubre de 2014: Edward Bulwer-Lytton

 

Reunidxs: Isabel, Toñi, Rufino, Maite, María José, Seve, Luis, Eugenio, Josefina, Pilar, Valentín y Consuelo.

Isabel lee los datos biográficos publicados en la Wikipedia, donde se menciona que el autor vivió setenta años, entre 1803 y 1873; hijo menor de tres hermanos, quedó huérfano de padre a temprana edad; fue novelista, dramaturgo y ejerció cargos políticos, siendo célebre su afirmación de que “la pluma es más fuerte que la espada”. Lytton comenzó a escribir desde muy temprano, y ya con quince años firmó su primer libro, recibiendo de joven un premio de poesía y licenciándose en arte, tras lo cual inició una breve carrera militar (Luis añade que estudió en el Trinity College). Isabel destaca el enfrentamiento que el autor tuvo con su madre, quien renegó de él tras verlo casado con una mujer que a ella no le agradó, mujer de la que más tarde se separó él, y que lo caricaturizó en una novela. Acerca de su carrera política, señala que fue Secretario de Estado para las Colonias, y de su obra literaria destaca que escribió muchas novelas de variada temática, habiendo perfeccionado el estilo victoriano hasta tal punto que en la actualidad su prosa se considera anacrónica. Por último, Isabel menciona que Lytton fue nombrado por Lovecraft en El horror en la literatura, como pionero autor de novelas del género.

Isabel ha leído una reseña de Zanoni, novela que a juicio de la misma puede despertar interés en lectores atraídos por el horror y el ocultismo, señalando a su vez que no es recomendable “para vampiros adolescentes”. Sobre Pompeya, escenario de la novela más famosa del autor, Isabel dice que ella guarda un muy grato recuerdo de su visita, y muestra unas fotos de aquélla, seleccionadas para la sesión; señala que la famosa erupción del Vesubio fue un auténtico desastre que hizo desaparecer por completo la ciudad romana y a su población, y que sólo siglos después, gracias a unas excavaciones arqueológicas, ha podido ser encontrada; al hilo indica Pilar que el desastre se ha considerado un castigo de Dios debido a las ligeras costumbres del lugar, y Luis señala que la conservación de las ruinas ha sido excelente gracias a las toneladas de ceniza que la sepultaron.

No obstante, Luis señala que la obra más importante de Lytton fue Rienzi: el tribuno romano, de cuyo argumento extrajo Wagner motivo para componer una ópera cuya intención fue reflejar fielmente la novela, llegando a alcanzar las nueve horas de representación, lo que no fue en modo alguno rentable y le obligó a recortarla; señala que Rienzi trata de los tejemanejes de la época imperial de Roma, y añade que Lytton apenas tiene interés en Historia de la Literatura, independientemente de que gusten o no sus obras, pues no hay entidad literaria en ellas. Indica que ocupó un puesto de nobleza en el Parlamento británico, y que sus fuentes de información y contactos eran de alto nivel; pero también fue un gran aficionado al ocultismo, como lo demuestra su dedicación a la leyenda de los Rosacruz; de esta atracción por lo esotérico, en simbiosis con lo real, compuso varias de sus novelas (opina Isabel que así formó su propio estilo). Como novela histórica, Luis ve Los últimos días de Pompeya como lectura amena, en el mismo sentido en que lo sería una historia contada por nuestros ancestros al calor del hogar; sin embargo recuerda que en general la novela ha atravesado el siglo XX como género en decadencia, y que sus contenidos se repiten constantemente, en torno a la dualidad Eros-Tánatos, de manera que el verdadero mérito de la construcción novelesca está en su forma, que debe enriquecerse mediante recursos estilísticos como metonimias y metáforas, y tratar de que cada lectura sea una original interpretación de sus símbolos; señala Luis que hoy en día las novelas de Victor Hugo nos aburren sobremanera cuando se sumergen en páginas y páginas de descripciones, y tal es el caso de toda otra información adicional que se trate de introducir sin fusionarse con la trama. A propósito, indica Pilar que ahora las novelas son más ágiles, aunque Luis concluye que no consiste tanto en comparar épocas como en distinguir la intención de los autores.

Eugenio comenta que no se ha sentido llamado hacia Lytton porque él tiene cierto prejuicio hacia las novelas históricas, que ha leído en cantidad hace muchos años, pero con el tiempo descubrió que normalmente se escriben sobre el escenario de otra época pero con el espíritu de la contemporánea del autor, no sirviendo para conocer los hechos históricos ni para encontrar otras manifestaciones de la condición humana. Por otro lado, indica que leyendo las reseñas sobre otras novelas del autor, de temática esotérica o de ciencia ficción, ha reflexionado sobre la manera en que las ficciones literarias terminan convirtiéndose en dogmas religiosos e incluso científicos, a lo que Isabel evoca las creaciones de Julio Verne, y Pilar se plantea si algunos autores son en cierta forma visionarios de acontecimientos futuros, ante lo cual Eugenio opina que más bien son los inventores y teorizadores posteriores los que se apoyan en la literatura del pasado como sugerencia o estímulo para sus propias investigaciones. Al hilo, María José menciona la dedicación del médico sevillano Javier Lasso de la Vega a la recopilación de relatos de ciencia ficción, y Eugenio menta la Historia natural de Plinio el Viejo, que, pese a lo fantasioso de sus contenidos, ha servido de base a obras científicas posteriores.

Josefina ha leído algunos datos biográficos sobre el autor publicados en Internet, y destaca que fue un hombre muy trabajador, que llegó a escribir hasta dos libros por año, y a su juicio era un buen escritor. Acerca del asunto que terminó enfrentándole con su madre, recuerda que perdió su asignación cuando ella le dio la espalda, lo que debió de significar un duro golpe para él pues se apoyaba mucho en ella y le tuvo veneración hasta el punto de que, una vez heredada la casa, a la muerte de su progenitora, mantuvo tal como estaba su habitación, circunstancia que se ha respetado hasta nuestros días. Josefina concluye afirmando que no le gustan las ciencias ocultas, y las novelas que abordan esta temática que no le interesan.

Al hilo de la veneración que sentía Lytton por su madre, Pilar puntualiza que no la demostró cuando ignoró su parecer al casarse con la mujer que más tarde habría de insultarle públicamente, lo que en su opinión fue un menosprecio a la intuición de la madre, y ante lo cual Luis evoca la figura de Santa Mónica, madre de Agustín de Hipona pero suegra cruel pese a su santidad, y añade que el verdadero motivo de la madre de Lytton para rechazar a la que sería esposa de su hijo, fue la defensa de sus propiedades y título condales. Por otro lado, Pilar indica que no ha leído nada del autor, que la temática de sus novelas no le atrae, pero resalta esas frases que le han hecho célebre, como la que afirma que la fuerza de la pluma debe prevalecer sobre la de la espada, lo que considera que aun en la actualidad no termina de estar vigente, aunque Luis comenta que no hay que infravalorar el poder de un buen libelo para hundir a la persona a quien va dirigido. Acerca de Pompeya, Pilar menciona que ella también ha visitado las ruinas de la ciudad romana, y recuerda varios detalles de su idiosincrasia, como que las calles estaban hechas a la medida de los carros fabricados en el lugar, que evitaba que otros carros pudieran transitar sus vías obligando a los extranjeros a pagar tributo para usarlas; también habla de un curiosos sistema de señalización de la dirección de los prostíbulos, a través de penes grabados sobre los adoquines; a ello comenta Seve que los penes sustituían a las más ortodoxas flechas, y Luis advierte que estas figuras representaban al dios Príapo, homenajeado por su vinculación con la fertilidad y cuyas representaciones no tenían objetivo pornográfico, ya que sólo se reproducían los genitales masculinos. Finalmente, Pilar recuerda que en la malograda Pompeya las camas eran de piedra y también las propias almohadas, fabricado el conjunto de una sola pieza, y que se ha reconstruido la ciudad con todo detalle, sus instalaciones, cañerías, jardines y cocinas, haciendo que las visitas turísticas sean, amén de evocadoras, muy emotivas.

A Valentín le ha llamado la atención lo de la civilización subterránea, y se hace eco de una cuestión en torno a la novela de Lytton donde se fabula sobre ella: ¿se trata de una obra de ciencia ficción cuyos postulados están quedando obsoletos o es un libro sólo para iniciados?; Valentín comenta que a él su argumento le ha recordado a películas del tipo de Dune o Stardust, y a continuación resalta una reflexión en torno a su literatura, donde se indica que trató de unir temas conocidos y de debate, mezclando teorías como el Darwinismo social con leyendas como la de la Atlántida. Acerca de la trama, Valentín añade que el protagonista está de visita por aquel mundo, y toma nota de sus costumbres, como la de que las mujeres son quienes toman la iniciativa en el cortejo. Concluye subrayando que la civilización que forma este mundo subterráneo se habría visto obligada a desaparecer de la faz de la tierra debido a un diluvio.

Consuelo ha leído Raza futura y comenta que esta novela inspiró al dictador nazi Adolf Hitler, quien durante su encarcelamiento en 1924, sospechoso de un atentado perpetrado en Munich, recibió una visita que le entregó un ejemplar del libro de Lytton, cuya lectura le estimuló para delirar sobre la raza aria y situar la cultura alemana en el centro de una civilización avanzada, necesariamente superior; durante su mandato, entre otros despropósito habría enviado expediciones de arqueólogos en busca de vestigios de la existencia de la población que se describe en la novela, investigando a su vez la vida del autor para encontrar los contactos que le hicieron partícipe de la leyenda, bases de tal revelación; Luis indica que el objetivo principal de todas estas fantasías era algo muy material: legitimar el poder de Hitler mediante el aprovechamiento de la supersticiones populares, lo que explica que durante su visita a España, Himmler mostrara gran entusiasmo por ver el Santo Grial. Consuelo añade que el autor de una reseña publicada en la web, Rafael Mansilla, califica a Lytton de visionario, y entre otros perfeccionamientos de la sociedad descrita, menciona que ante la sobrepoblación se han fijado sólo dos salidas posibles: la emigración y la guerra; al respecto, recuerda que la destrucción ha sido desarrollada hasta el límite por su tecnología, mediante los poderes de una varilla capaz de incendarlo todo alrededor en cuestión de segundos.

Rufino indica que ha pasado de Los últimos días de Pompeya porque la considera una novela muy comentada, y se ha centrado en Zanoni, cuya temática además le parece más interesate; señala que a Lytton se le tiene bien considerado en el ámbito de la literatura gótica, y que su obra es muy desconcertante y no demasiado popular. Acerca de esta versión del mito de la hermandad de los Rosacruz, dice que compuso una novela excelente, de lo mejor que se ha escrito sobre el asunto, y que en su argumento mezcla el ocultismo con el romance, ya que el vínculo que sigue la trama tiene aires románticos. También destaca Rufino que lo sobrenatural se entremezcla con acontecimientos políticos a la altura de la Revolución Francesa; sin embargo, la obra adolece de deficiencias técnicas, debido a que se trata de un género literario en su momento de más reciente gestación.

Maite señala que Lytton fue un niño neurótico y precoz, y que una pintura que contempló en Milán, de Karl P. Briullov, con título homónimo al que puso a su novela, le dio la idea para Los últimos días de Pompeya. Indica que contribuyó al nacimiento de la ciencia ficción como género literario de gran popularidad, y que su teoría de un planeta hueco en cuyo interior habitan civilizaciones humanas, ha servido para inspirar tanto óperas como ciertos contenidos del misticismo nazi. Finalmente destaca Maite que la novela más famosa del autor ha sido la primera inglesa traducida al japonés, que por su obra es evidente que creyó en las ciencias ocultas y que ella, una vez leído el resumen de Zanoni, continúa sin sentirse atraída por el tema de las sectas.

María José indica que es contemporánea de Lytton la creación de la Teosofía, y nombra a Helena Blavatsky, una de las fundadoras de la primera Sociedad dedicada al estudio de esta ciencia esotérica; Luis recuerda que la obra de Blavatsky, Isis sin velo, que califica de cuasierótica, sirve de iniciación mistérica a la doctrina teosófica, y ha sido básica para la penetración de este tipo de conocimientos en España. De regreso a Lytton, María José indica que éste fue el apellido de su aristocrática madre, que el autor adoptó como artístico; y acerca de su carrera política, señala que sus tendencias bascularon entre lo liberal y lo conservador, estabilizándose en esta última postura. Los años transcurridos entre 1827 y 1835 fueron un periodo fructífero para Lytton, quien tocó todos los géneros literarios, incluida la edición de revistas; señala que tuvo inspiración byroniana y recibió duras críticas de Thackeray, con quien se enemistó hasta el final de sus vidas. De su lectura de Los últimos días de Pompeya, María José destaca que es una crónica novelada de los días que preceden a la erupción del Vesubio, con personajes arquetípicos, dos triángulos amorosos y una fatigosa descripción de la ciudad y de los usos y costumbres de la sociedad pompeyana; resalta que estos párrafos son largos y pesados y desvían demasiado la atención del lector. Brevemente nos cuenta el argumento, destacando que el villano de la trama es un sacerdote egipcio muy influyente entre las clases influyentes, y que la erupción coincide con el momento en que el protagonista ha de enfrentarse a la condena a morir en el circo, luchando contra los leones, donde también mide su suerte el líder de los perseguidos cristianos. Por último, María José señala que el autor aprovecha su pluma para mostrarnos sus conocimientos de la cultura latina y de sus dioses.

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