11 de junio de 2014: Robert Louis Stevenson

Reunidxs: Isabel, Lali, Rufino, Maite, Consuelo, Marijose, Luis, Josefina, Eugenio, Pilar y Mercedes.

Isabel lee los datos biográficos sobre el autor editados en El poder de la palabra; indica que Stevenson fue un novelista, ensayista y poeta escocés, cuyas obras más célebres se han convertido en clásicos de la Literatura juvenil. Estudió una ingeniería por tradición familiar y Derecho, pero pronto sintió que su inclinación a la literatura era irresistible, y durante toda su vida no declinó su afán por perfeccionar su prosa. Sufrió desde joven de tuberculosis, lo que le obligó a buscar climas más apropiados que el de su tierra natal, iniciando viajes (en canoa, burra, a pie por el sur Francia…) cuyas descripciones publicó, logrando cierta relevancia; en uno de esos viajes por California conoció a Frances Osbourne, divorciada estadounidense con quien se casó. La popularidad de Stevenson se debe principalmente a sus novelas y relatos de aventuras, de excepcionales argumentos; a continuación, Isabel menciona varias de estas obras y hace un comentario respecto a ellas: sobre La isla del tesoro destaca que en sus páginas se enfrentan, ante su jovencísimo protagonista, el bien y el mal, representado éste por el pirata John Long Silver, de cuyo nombre se pregunta Isabel si hay traducción al español, a lo que Luis señala que “John el Largo”; respecto al Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Isabel recuerda que la historia gira en torno a una fórmula química que ha descubierto el protagonista, y cuya ingestión provoca una transformación radical de personalidad; también menciona Flecha negra, El señor de Ballantree y Weir of Herminston; esta última, que dejó inconclusa, se adivina que pudo ser una obra maestra, ya que la crítica considera alguno de sus pasajes como de lo mejor de la literatura escocesa. Isabel añade durante un crucero de placer por Samoa, el autor quedó prendado por el lugar y decidió quedarse a vivir allí, donde los nativos le conocieron por Tusitala (“el que cuenta historias”), y donde murió y fue enterrado a los 44 años. Mercedes muestra una serie de fotos que ha extraído de Internet, donde se ve la evolución que siguió la apariencia de Stevenson, principalmente por el cambio de vestimenta; al hilo comenta Pilar que siendo muy niño le vestían como a una niña. Por último, Isabel comenta que ella ha leído para la ocasión un libro de relatos, Fábulas, editado en España por Rey Lear; también leyó hace tiempo El diablo de la botella, un relato donde aparece el objeto del título cumple los deseos de su poseedor, y se dice que durante un tiempo la tuvo Napoleón y gracias a ella ganó batallas.

Luis resalta la faceta ensayística de Stevenson, y recuerda que mantuvo estrecha amistad con el novelista norteamericano Henry James quien, al igual que su compatriota T. S. Eliot, se estableció en Inglaterra y se considera inglés por adopción. Destaca que el autor valoraba el esfuerzo de componer una novela, por su extensión en comparación con la escritura de un relato, para lo cual decía que sólo era necesario papel y algo de tiempo. Indica que, a pesar de la fama obtenida por sus obras más célebres, Stevenson ha tardado en lograr el reconocimiento de la alta esfera literaria, y que en una Historia de la Literatura editada en Cambridge, no se le consideraba relevante, y en ella sólo destacaban su casaca y su pelo largo (recuerda Lali su aspecto bohemio, acorde con su vida); Luis añade que fue Henry James quien se encargó de ensalzar su memoria, y que con Stevenson ha sucedido algo similar a lo ocurrido con Kafka, quien por su popularidad quedó durante un tiempo al margen de los estudios académicos. Acerca de La isla del tesoro, indica que el autor se basó en experiencias reales sucedidas en los mares de Oceanía y el Caribe, y sobre el Dr. Jekyll y Mr. Hyde, que hay un origen argumental en la psicología experimental en boga, con el uso de fármacos, que en la novela provocan la transformación de la bondad en maldad. Señala Luis que el autor estuvo curándose en Davos, lugar donde se ambienta La montaña mágica de Thomas Mann y también hizo sus visitas terapéuticas Nietzsche (Rufino apostilla que también allí se reúnen actualmente las élites del planeta), y que se quedó en Samoa con el fin de crecer interiormente, tomando el ejemplo del pintor francés Gaugin; a ello comenta Lali que era un lugar bueno para su tuberculosis, y Maite recuerda que Stevenson murió por un ataque cerebral; a propósito de la salud precaria del autor, Isabel estima que su escritura se produjera en tan malas condiciones físicas, a lo que añade Consuelo que no obstante ha dejado un espíritu muy positivo en su obra. Finalmente, Luis recuerda que Stevenson hubiera muerto antes de no haber nacido en una familia adinerada, y que el hijo de Frances revitalizó sus energías, ya que le quería y le estimaba; Isabel comenta entonces que ha quedado sorprendida al saber que Dr. Jekyll y Mr. Hyde es obra suya, a lo que Luis concluye diciendo que contiene una trama pseudocientífica, y que es un libro muy enriquecedor y sin duda recomendable.

Eugenio ha leído algunos ensayos del autor sobre escritura y literatura, y lee un fragmento de la introducción de María Sanfiel a la edición de Artemisa, donde la traductora señala las similitudes que existen entre el panorama literario de la época de Stevenson y el de la actualidad, con el predominio de fórmulas narrativas para el éxito de la obra, valoraciones de calidad en función del rendimiento de ventas o autores que apuestan por el arte pero llenando su prosa de retórica. También destaca un ensayo sobre el realismo, donde el autor advierte que tanto insistir en la descripción de los detalles como forma de dotar de veracidad al relato, puede derivar en una saturación del decorado en perjuicio de los acontecimientos. Eugenio indica que desconocía esta faceta del autor como ensayista y le ha sorprendido gratamente, aunque apunta que como novelista ya lo consideraba excepcional, y los dos obras que ha leído, La isla del tesoro y Dr. Jekyll y Mr. Hyde, son a su juicio obras maestras; recuerda Luis que El señor de Ballantree es considerada su mejor novela, de la cual, indica Rufino, se ha hecho película. Por último destaca Eugenio que Stevenson necesitaba escribir sus obras sin distracción, y que quizá por ello viene al caso el apunte de Luis sobre la dificultad de la novela en cuanto a su extensión, a lo que Pilar señala que no le gustaba parar y Mercedes indica que quizás aprovechara para escribir en los huecos que su mala salud le dejaba tranquilo.

Pilar ha leído dos relatos: Los ladrones de cadáveres y El diablo de la botella; comenta que la literatura de Stevenson no es tan abstracta como la de Carroll, y la lectura de sus obras se hace más ágil; acerca de su salud, indica que no le extraña que estando delicado le sentara mal vivir en su país, pues es horrible el clima de allí, y recuerda al respecto que, siendo pequeño, él y su madre pasaban muchas mañanas encamados por prescripción médica. Sobre El diablo de la botella, cuenta que es una historia protagonizada por el deseo, la ambición y la codicia; se trata de una botella que dentro tiene un demonio que concede deseos a quien la posee, pero los dueños aguantan poco la propiedad y la van pasando, mediante compra y venta, siempre adquirida por un valor superior al de la posterior venta, lo que demuestra que terminan queriendo deshacerse de ella a toda costa, y va menguando el precio hasta quedar en una miseria; Pilar comenta que los propietarios de la botella van descubriendo las consecuencias del sufrimiento que reportan los deseos cumplidos sin más, y Consuelo indica que es el primer cuento de Los relatos de los mares del Sur, y destaca la bondad del primer poseedor de la botella que aparece en el relato, y la relación de un matrimonio que se van intercambiando la botella en un intento de librar al otro de su mala influencia; Pilar concluye que este intercambio no les sale bien. Acerca de Los ladrones de cadáveres, habla de los tratos que se traen los profesores de Medicina por las clases prácticas para las cuales compran cadáveres para diseccionarlos frente a los estudiantes, sin preguntarse la procedencia de los mismos, hasta que se descubre que en el origen de la mercancía hay asesinatos, lo que llega a conocimiento de un médico que sin embargo lo ignora porque considera que es la única manera de conseguir cadáveres (Isabel se pregunta si en este relato está basada la película homónima protagonizada por Boris Karloff); Pilar desvela que el final es muy enigmático y queda ahí un misterio sin aclarar, y al hilo del relato ha reflexionado sobre nuestro presente, en que se puede afirmar que nos sobran cadáveres para la investigación (en la actualidad tenemos una noticia con dimisión de responsable de un almacenaje de cuerpos inertes “como patatas”), y ya no se admiten donaciones, a lo que Rufino indica que hay quien desea donar un cadáver para no asumir los costes del entierro, y abrimos debate sobre la gestión de cadáveres donados a la ciencia en nuestra sociedad avanzada.

Mercedes resalta la relación de Stevenson con los escritores Henry James y Marcel Schwob, e indica que ella ha leído Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Recuerda que Henry y Edward son los nombres de pila del Dr. Jekyll y de Mr. Hyde; sobre esta obra destaca que al año de su publicación ya se había producido una versión cinematográfica en Estados Unidos, que tuvieron ocasión de disfrutar la mujer y la madre de Stevenson; añade que hasta hoy se han hecho muchas película basadas en la novela. Acerca de la relación entre el bien y el mal, subraya que la dualidad de la naturaleza humana está presente en todas las obras del autor. Mercedes lee un fragmento que contiene lo esencial del argumento, cuando al tomar la pócima que lo transforma, el protagonista siente que ambos seres viven en su interior y están arraigados profundamente en él: forman la dualidad primitiva del ser humano, que ha encontrado dentro de sí mismo; entonces reflexiona y asegura que “el hombre no es verdaderamente uno”, y con el tiempo y la investigación se ha de descubrir la multitud que lo habita. La novela comienza con dos transeúntes que charlan frente a la fachada de la casa del protagonista, y su conversación les lleva a una anécdota de días atrás cuando un individuo arrolló a una niña en plena calle sin detenerse a socorrerla; luego habría entrado en casa del Dr. Jekyll, y a continuación habría pagado el silencio de los padres, con un cheque donde estampó la firma del doctor; uno de los transeúntes es abogado, y sabe que el Dr. Jekyll ha cambiado su testamento en favor de un tal Mr. Hyde, a raíz de lo cual comienzan a indagar sobre este extraño suceso. Mercedes indica que el protagonista es un hombre en quien predomina la bondad, dedicado a ciertos experimentos químicos cuyo resultado no es el que esperaba, y que le obligan a continuar el tratamiento con una frecuencia que se le va descontrolando; Isabel comenta que al final vence el Mal sobre el Bien, y Luis señala que la estructura formal del relato es muy propia de Poe, a quien Stevenson conoció a través de Baudelaire, por quien sentía admiración como consecuencia de su cariño hacia la lengua francesa, lo que explica que su segundo nombre -Louis- sea francés, a propósito de lo cual Consuelo indica que el padre del autor le cambió el nombre por su semejanza con el de un político peligroso. Lali señala que la pregunta sobre qué pasaría si se diera libre curso a la dicotomía bondad-maldad, proviene de un poema de Las flores del mal del mencionado poeta francés, y Mercedes concluye resaltando los estudios posteriores en torno a la obra de Stevenson, entre los que destaca los diagramas de Nabokov, confeccionados para analizar la relación entre las entidades en conflicto.

Lali lee un texto sobre el autor donde señala que su obra es una alegoría moral en la que siempre hay contraposición entre el bien y el mal; llama a Stevenson “cantor del coraje y la alegría”, y destaca su maestría al haber mostrado los fenómenos de la personalidad escindida en Dr. Jekyll y Mr. Hyde, que califica de novela psicológica de horror. También resalta su obra ensayística, y señala que Stevenson ha tenido cierta continuidad en excelentes autores como Conrad, Chesterton, Well, Graham Greene (que fue su sobrino lejano), y los argentinos Bioy Casares y Borges (a ello matiza Luis que sobre todo influyó en Bioy Casares). Lali lee a continuación algunas frases del autor, y en torno a La isla del tesoro comenta que para la apariencia de John Long Silver, sigue el modelo de un contemporáneo suyo, el poeta inglés William Ernest Henley, que llevaba una pata de palo, y a quien comunicó su inspiración por carta (señala Eugenio que el autor no tenía ningún tapujo en confesar sus fuentes de inspiración). Finalmente, Lali menciona a la niñera de Stevenson, Cummie, quien le narraba de pequeño historias de terror que le encantaban, y recuerda que se separó de sus padres por llevar una vida bohemia (Mercedes añade que hubo una reconciliación gracias al esfuerzo de su mujer).

Rufino recuerda que leyó La isla del tesoro cuando era niño, por recomendación de una bibliotecaria; destaca que el protagonismo de esta novela se reparte por igual entre el niño y el pirata cojo, y señala que su autor fue un escritor muy versátil, de gran talento para la narrativa y también para el ensayo, cuya obra, de la que destacan relatos y novelas, fue bien recibida por la crítica, incluidos sus libros de viajes. Subraya la colaboración entre Stevenson y su hijo adoptivo, Lloyd Osbourne, hijo de Frances, así como el viaje que el autor realizó junto a ésta hacia Samos, donde al morir fue enterrado en la cima de una montaña. Respecto a Moral laica, ensayo de Stevenson, indica que hay que escuchar las propuestas que hace y aprender a leerlo como el gran ensayista que fue; por último comenta que su estilo y la ortografía que emplea, en un momento de fijación de palabras y rigidez de normas, destaca respecto a los siglos XV y XVI, en que el uso escrito del lenguaje no estaba normado, a lo que Luis señala que ni siquiera hoy está todo regulado, y en cualquier época hay un estilo imperante y otros que innovan.

Maite señala que ha leído La isla del tesoro hace mucho tiempo, y le gustó; acerca de la biografía del autor, indica que llevó una vida interesante pero muy dependiente del poder del dinero de su familia, que eran una estirpe de ingenieros de faros. Éste habría sido el destino de Stevenson, pero perseveró en su vocación literaria y logró romper con la tradición familiar, algo que a Maite le parece sumamente complicado dado el tradicionalismo de la cultura escocesa. Añade que ha leído una poesía donde se cuenta, con el estilo de los bardos de las canciones celtas, la historia de un pueblo granjero en tiempos de Roma, dedicado a la fabricación de cerveza de brezo, que es invadido por un rey extranjero, que extermina a sus habitantes excepto a un padre y a un hijo a quienes desea sonsacar la fórmula de la preciada bebida; entonces el padre dice que sólo él sabe el secreto, de manera que a su hijo pueden eliminarlo pues no les será útil, y una vez que los invasores arrojan al hijo al río donde se ahoga, el padre les dice que ya se han quedado sin la receta porque él no piensa dársela; recuerda al hilo Pilar que el sabor de la cerveza es distinto en cada lugar donde se fabrica debido al lúpulo que se usa, que le da determinada proporción de amargor en función de su naturaleza. Concluye Maite su intervención destacando la continuidad que la obra de Stevenson encontró en su compatriota -por adopción- Conrad.

Consuelo ha leído el ensayo En defensa de los ociosos, editado en español por Gadir, y le ha gustado mucho; señala que el autor destaca entre todas las virtudes del ser humano la de ser feliz, y señala que ésta se aprende indistintamente tanto de la lectura como de la vida, y que también pese a la experiencia en ambas, es posible quedar sin alcanzarla. Indica que la felicidad es un sentimiento que se transmite al círculo de relaciones familiares, laborales o de amistad, por la persona que la disfruta, y subraya una definición que aparece en la reseña de la contracubierta del libro, donde se dice que este ensayo de Stevenson es un “canto a la vida”; escrito con talento, ironía y una pizca de cinismo, el autor antepone la vida a la lectura, y confecciona una pequeña lección ética cuando afirma que los beneficios de la bondad son anónimos. También menciona Consuelo el ensayo Moral laica, donde Stevenson se coloca al margen de la religión, aunque sin culparla de ningún error, simplemente apartando sus doctrinas de las decisiones morales del individuo; y destaca que el autor haya tenido desde niño tantos problemas de salud y, sin embargo, escribiera textos tan rebosantes de optimismo.

Finalmente iniciamos un breve debate en torno al posible dualismo que convive en nuestros interiores.

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo REUNIONES

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s