4 de junio de 2014: Lewis Carroll

4 de junio de 2014: Lewis Carroll

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, Consuelo, Luis, Eugenio, Pilar y Mercedes.

Isabel lee la reseña biográfica publicada en El poder de la palabra, donde se dice que Carroll vivió sesenta y seis años durante la segunda parte del siglo XIX, y que fue escritor y matemático, y el autor de la célebre Alicia en el país de las maravillas; añade Luis que el nombre con el que firmó esta obra es un seudónimo, y que su verdadero nombre era Charles Lutwidge Dodgson. Isabel indica que estudió en Oxford y también allí ejerció como profesor de Matemáticas, llegando a escribir algún tratado sobre la materia, por ejemplo uno acerca de Euclides, además de las dos obras dedicadas a Alicia y de la novela Silvia y Bruno; comenta que estar en compañía de niñas era su debilidad, a lo que Luis resalta que odiaba a los niños y Lali que era un poco obsesivo, a lo que Isabel indica que estos encuentros sucedían con el permiso de los padres de ellas. Comenta que pudo haber sufrido abusos durante su infancia, y que se le considera un pedófilo pues le gustaba mirar a las niñas y retratarlas con su cámara fotográfica, aunque distingue esta perversión de la pederastia, ya que el pedófilo es un voyeur y no busca el contacto físico; al hilo indica Luis que no se conoce que tuviera relaciones sexuales con nadie. Como fotógrafo, Isabel destaca su gran afición al nuevo invento, que usaba para inmortalizar niñas, disfrazadas o desnudas, y actrices adultas. Acerca de su obra más famosa, resalta que ha sido traducida a infinidad de idiomas, y respecto a su protagonista, comenta que está inspirada en Alice Liddell, a cuyos padres el autor pidió su mano cuando ella tenía trece años; en esta obra, Carroll trata de desenmascarar la hipocresía y presuntuosidad que conllevan las intenciones didácticas de los adultos hacia los niños, mediante personajes inmortales como la Liebre de Marzo y el Sombrerero. Isabel ha leído para esta sesión Alimentar la mente, editado en España por Gadir en 2009, que trata de dar consejos al lector sobre cómo cuidar la mente de los excesos –y defectos- que cometemos con ella, de la misma naturaleza que aquellos que se infligen al cuerpo por culpa de una mala alimentación; hace especial hincapié en las digestiones de la lectura, y lee un fragmento en donde se describe la escena de una consulta al médico de alguien que ha tomado muchos dulces (quiere decir que ha consumido muchos acertijos) y el médico le receta que sólo se nutra de lecturas planificadas, y le prohíbe las novelas y las facturas; el autor señala que una mala alimentación de la mente produce bajadas de ánimo y pesadillas, y que la glotonería en las lecturas puede acarrear una “mente obesa” que tenga dificultades para mantener cualquier conversación, ya que no será capaz de pasar de una lógica a otra con la suficiente agilidad; por último, Carroll ofrece un consejo: hay que seguir un periodo de reposo entre lecturas de al menos cinco minutos, en el cual la mente quede en blanco y asimile lo ingerido; Luis se pregunta cómo puede dejar de funcionar la mente tras una lectura, con todas las cosas que pasan constantemente por nuestro consciente, y Lali indica que a Carroll le gustaba mucho escribir cosas ilógicas, y que ella no entiende el concepto de “mente obesa”, a lo que Pilar replica que puede ser una mente saturada por la lectura. Isabel concluye que lo que escribe Carroll tiene mucha lógica, a lo que Luis insiste en que la lógica de Carroll es la del Sombrerero. Por último añade Isabel que en 1903 se hizo la primera versión cinematográfica, que fue muda, y la última ha sido la protagonizada por Johnny Deep.

Lali ha tenido siempre un ejemplar de Alicia en el país de las maravillas en casa, pero nunca lo ha leído; sin embargo, cuando lo ha empezado para preparar la sesión, no le ha gustado nada, le ha parecido pesado e incomprensible, y se pregunta cómo es posible que a un niño le haya gustado. Añade que esta obra derrocha imaginación y juegos palabras, pero es demasiado absurda; acerca de ella, lee un texto sacado de la Enciclopedia Garzanti, donde se indica que es la obra de literatura infantil más estimada de la cultura inglesa, y que tiene un contenido atractivo para adultos a quienes guste el juego lógico y verbal, desarrollado con tonos cómicos; asimismo, Lali señala que desde la perspectiva ingenua de una niña, se trata de evidenciar la incoherencia del mundo adulto, y cuenta por último las circunstancias en que fue concebida la historia, en un paseo por barca durante el cual Carroll fue solicitado por sus alumnas para que escribiera distintos cuentos, entre ellos uno que no tuviera sentido, sentando las bases de la larga tradición del “nonsense”.

A Toñi tampoco le han gustado los libros de Alicia (En el país de las maravillas y A través del espejo) y comenta que se dijo en su momento que éstos no fueron escritos por Carroll, sino por la mismísima reina Victoria; indica que por lo menos el primero puede leerse, pero que A través del espejo cuenta una historia demasiado absurda.

Rufino señala que todo lo que tenga que ver con las matemáticas, le atrae; y a propósito lee un fragmento del texto editado en Internet por la Asociación Matemática Venezolana, publicado en su Boletín y firmado por José Ramón Ortiz, donde destaca que Carroll fue el mejor retratista fotográfico de niños del siglo XIX, y que su obra de ficción fue, más que literatura para niños, literatura fantástica. Resalta los juegos de palabras basados en la contraposición de términos sobre la base de un “no es lo mismo”, describe la idílica escena del jardín de la Universidad de Oxford donde pasean y se relajan estudiantes y profesores, e indica que la lógica de Alicia es propia de ese mundo imaginado, que a su vez es un reto a la imaginación. A continuación describe varios personajes de la obra, y añade un comentario de un traductor del libro al castellano, Jaime de Ojeda, quien apunta que aquél representa el sueño inglés, manifestación del espíritu de la civilización inglesa, donde destaca principalmente la autodisciplina, que Luis califica de base de la educación victoriana. Por último, Consuelo señala que Alicia ayuda a los niños a crearse una noción fantástica del mundo, aunque a su juicio el autor se excede con la fantasía.

Consuelo ha leído Niñas, una recopilación de cartas y retratos que compuso Carroll y ha editado en España Lumen, con estudio preliminar del fotógrafo Brassai; destaca la obsesión del autor por las niñas, y comenta que podría explicarlo el hecho de haber sido hermano mayor de cinco hermanas. Indica que el libro está compuesto de fotografías de niñas realizadas por Carroll junto a cartas que el autor dedicó a sus modelos, textos que, señala Consuelo, son de lo más raro, con anécdotas de la vida cotidiana del autor donde se mezclan personajes de ficción, aparecen muchos gatos con los que se hacen exageradas crueldades y se juega siempre al sinsentido; sobre las fotos que a Carroll le gustaba hacer, destaca que tratara de enmarcarlas en la naturaleza, quitar al modelo todos los adornos y artificios que fuera posible, y que a partir de que cumplían cierta edad, rechazaba seguir trabajando con las mismas niñas. Recuerda que sus compañeros de colegio se mofaban de su tartamudez, a lo que añade Isabel que su sordera también pudo causarle algún trauma que explicara su visceral rechazo a los niños. Finalmente señala Consuelo que Carroll llegó a convertirse en un importante fotógrafo.

Luis comenta que Carroll vivía en Oxford junto al rector de la Universidad, que era el padre de Alicia; de ella hizo un famoso retrato como si fuera una mendiga, acentuando el erotismo que la religión católica ha recriminado siempre a los harapos, ya que por ellos asoma la carne; al hilo, recuerda a la Virgen de la Buena Leche que se saca en procesión en el toledano pueblo de Esquivias. Recuerda que Nabokov tradujo Alicia al ruso, y la historia en torno a su concepción pudo inspirarle Lolita; así como también alguno de sus pasajes más enrevesados pudo influir en la expresión literaria de Joyce. Acerca de la vida del autor, Luis recuerda que pidió la mano de su musa cuando ésta tenía trece años, a partir de lo cual los padres rompieron toda relación y destruyeron las cartas que Carroll había escrito a su hija; y sobre la obra, indica que el absurdo está simbolizado en la sonrisa del gato de Cheshire, y que el autor enfrenta a los personajes a situaciones límite. Finalmente, Luis recuerda que Carroll y su célebre Alicia ha tenido un buen reconocimiento posterior por parte de algunos grandes autores, lo que debe significar algo.

Eugenio indica que algunos detalles de Alicia en el país de las maravillas, en los cuales se plantea la identidad (la oruga le pregunta a Alicia quién es, y ella contesta que en esos momentos no está muy segura de saber responder) son utilizados por Deleuze para iniciar su Lógica del sentido, por lo que Carroll ha podido influir en el estudio del lenguaje, que impregna la crítica filosófica del siglo XX; asimismo, la noción el tiempo que revoluciona la física posterior y da lugar a la Teoría de la Relatividad, también puede tener sus bases en algunas paradojas matemáticas que trata el autor. Respecto a la fantasía, comenta que hay que diferenciar la fantasía de las Alicia de aquella que se abre en un amplio abanico a partir de las Crónicas de Narnia, ya que este tipo de obras explotan la noción de lo bueno y lo malo desde una separación clara de estos conceptos, algo que no existe en la obra de Carroll. Por otro lado, Eugenio considera que lo que llamamos “educación victoriana” no se agota en aquella época, y en la actualidad hay una corriente muy establecida que sigue aquellos postulados; y sobre la identificación entre la lógica y el absurdo, indica que ambos términos son contradictorios, y en todo caso sucede que el absurdo es una exacerbación de cierta lógica -la de la educación rígida, por ejemplo- hasta desenmascarar su falta de lógica. Por último, señala que el “nonsense” ha surgido a partir de la Alicia de Carroll, pero tiene su raíz en la literatura infantil gracias a un contemporáneo del autor: Edward Lear.

Pilar comenta que, pese al empeño matemático del autor, no le ha gustado la obra, y considera que ésta no es para niños, a lo que Eugenio indica que habría que concretar la edad de estos niños, pues puede ser idónea para un adolescente. Recuerda Pilar que Carroll ganó bastante dinero y dedicó una parte a la beneficencia, y también insiste en lo dicho sobre la pedofilia y las “molestias nocturnas” que el autor padeció siendo niño. Sobre dos de los personajes clave de Alicia, la Liebre y el Sombrerero, ambos calificados de locos, indica que en la época para ambos existía una expresión del tipo “más que loco que…”, porque la liebre en marzo se pone en celo y era habitual que los sombrereros tuvieran problemas nerviosos a causa del mercurio que usaban para tratar la felpa, sustancia hoy prohibida. También cuenta que el autor tomaba drogas para moderar los dolores de la artritis (señala Mercedes que láudano), lo que puede simbolizarse en la oruga que fuma de una narguile, sentada sobre el hongo que hará crecer y menguar a Alicia, lo que puede ser un aviso de Carroll sobre los efectos nocivos del consumo. Por último, Pilar destaca, a propósito del libro que ha leído Isabel, Alimentar la mente, que el relax para la mente que ella se concede antes de dormir es la lectura de recetas de cocina, que le ayudan a “poner la mente en blanco”.

Mercedes señala que ha visto varias películas basadas en Alicia en el país de las maravillas, y que siempre tuvo ganas de leer el libro, pero se ha puesto con él y no le ha gustado, aunque considera que Carroll logró el objetivo que perseguía; resalta que es una obra muy original y recuerda que en el episodio de la rata se transcribe un verso con forma de rabo de roedor. Mercedes subraya el oscuro pasaje en la vida del autor, de su relación con las hijas del rector, con su toma de fotografías y su rechazo de sus varones, a lo que Pilar indica que quizás Carroll fuera homosexual y Consuelo evoca la obsesión del autor por la pérdida de la belleza natural. Mercedes señala que no llegó a ejercer como sacerdote, tal vez debido a su tartamudez, y que consumía estupefacientes, era zurdo, padecía sordera y le afectó mucho la muerte de su madre por meningitis. También resalta su pasión por el teatro, y llama peculiares a las exposiciones que hacía en sus clases de matemáticas; le considera muy creativo, pues muchas de las palabras que inventó en su obra han sido con el tiempo aceptadas por los académicos del idioma. La edición de Alicia más conocida es Alicia anotada, a cargo del matemático Martin Gardner, editada en castellano por Akal; y la obra más ambiciosa de Carroll fue Silvia y Bruno, donde entrecruza dos argumentos: uno que analiza la realidad social de su tiempo y otro imaginario. Luis indica que el último poema de Alicia es un acróstico con el nombre de la niña inspiradora, Lali señala que le ha gustado el primer poema del libro, del que dice que es bonito y rebuscado, y finalmente Mercedes subraya que Lewis Carroll es un seudónimo y explica el origen del mismo: el nombre latinizado y el apellido de la madre.

 

 

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