28 de mayo de 2014: las hermanas Brontë

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, Maite, Josefina, Eugenio, Pilar y Mercedes.

Isabel abre la sesión con los datos biográficos sobre la familia Brontë, y cuenta que Charlotte fue la mayor del matrimonio tras la muerte de las dos primeras hijas, Maria y Elizabeth (señala Toñi que ambas víctimas de la tuberculosis), aunque antes de estos fallecimientos se produce el de la madre; pero tras ello el padre no buscó otra pareja (señala Pilar que llamó a su cuñada, hermana de la madre, para que le echara una mano, pero entre ellos no hubo relación de pareja). El padre se llamaba Patrick, era irlandés y estudió teología en Cambridge; cambió su apellido por el de Brontë, se ordenó sacerdote y se convirtió en pastor de Harworth, en el condado de Yorkshire; en la rectoría de este lugar pasaron las hermanas Brontë la mayor parte de sus cortas vidas, en un edificio que aún hoy existe. La madre, que se llamaba Mary, tuvo seis hijos en siete años, y murió antes de que la pequeña, Anne, cumpliera un año de edad, a los treinta y ocho, a causa de un cáncer de estómago o de útero; su hermana Elizabeth, una mujer áspera y de rígidas costumbres religiosas, se hizo cargo de la crianza de sus seis sobrinos. Patrick Brontë, pese a su origen humilde, fue un hombre culto que escribía poemas, cartas y artículos de carácter político, y era autoritario y conservador, aunque sus convicciones eran poco convencionales; educó de forma distinta al varón de la familia, Branwell, que a sus hijas, y mientras se encargaba personalmente de la educación de aquél, a éstas las enviaba a un lúgubre internado donde las dos mayores contrajeron la enfermedad que les provocó la muerte; sin embargo, Patrick era un gran amante de la lectura y transmitió su entusiasmo a sus hijas, siendo permisivo con ellas al facilitarles el acceso a la literatura y a las artes, algo excepcional en aquella época. Añade Isabel que el chico, Branwell, se dedicaba a la pintura (labor que también desarrolló Charlotte, según puntualiza Lali), y a continuación indica que hay muchas versiones cinematográficas de las obras de las Brontë, destacando una de Jane Eyre de Charlotte filmada en 1944, con la colaboración de Orson Welles, y que puede visionarse completa en Internet; acerca de Cumbres borrascosas, Isabel destaca la protagonizada por Lawrence Oliver (que Lali considera la mejor), y señala otra realizada por Buñuel; también anuncia que hay un proyecto de edición de las cartas que Charlotte habría enviado al profesor de quien se enamoró, y que éste trató de destruir pero su mujer las recuperó; comenta que es una relación epistolar de la cual no hizo mención Elizabeth Gaskell en su célebre biografía de la autora, a lo que recuerda Pilar que también su hermano Branwell tuvo una peculiar historia amorosa y Lali señala que Emily tuvo escarceos con sus compañeras en el colegio, a lo que Isabel insiste en que fue en el colegio donde enfermaron las hermanas mayores de tuberculosis y Pilar subraya que las epidemias eran algo normal dadas las condiciones de la época.

Toñi ha leído Agnes Grey, novela de Anne Brontë que tiene carácter autobiográfico; indica que la autora cambia los personajes, pero se basa en su propia vida y describe la historia de sus padres: ella, nacida en el seno de una familia rica, es desheredada al casarse con él. La protagonista de la obra abandona el hogar porque quiere trabajar como institutriz, y recala con unos niños muy maleducados que le hacen pasar una mala experiencia y termina siendo despedida; tras ello sus hermanas se oponen a que vuelva a intentarlo pero ella lo hace, y entonces la familia que la contrata es aún peor que la primera. Toñi señala alguna diferencia entre la vida de Anne y su novela, como que sea el padre de la protagonista quien muere, mientras la madre vive y la ayuda a montar una escuela de señoritas; en otro aspecto, y como al parecer la propia autora, Agnes se enamora del ayudante del párroco. Toñi comenta que la lectura es un poco farragosa, debido a las continuas menciones a la Biblia, pero que se lee bien; también indica que la tía Elizabeth no aparece en la novela, a lo que Eugenio imagina que, habiendo sido tan influyente sobre Anne, ésta debe haberla convertido en la madre de la protagonista; comenta entonces Toñi que la madre de Agnes es una mujer de fortaleza que se echa encima todos los problemas de la familia, tanto antes como después de morir el marido, y que en su figura reivindica ciertos derechos y reconocimiento para la mujer; por último, menciona a la hermana de la protagonista, que pinta como Charlotte, y expone sus cuadros en público y se gana la vida con tan artística actividad.

Rufino ha leído una reseña en Internet sobre Vida de Charlotte Brontë, biografía que escribió su contemporánea Elizabeth Gaskell, autora de novelas como Mary Barton o Norte y Sur; la primera edición de esta biografía sobre la mayor de las Brontë salió a la luz en 1857, tres años después de su muerte; la base de la misma es la erudición de Gaskell, la amistad que unió a ambas durante los cuatro últimos años de la autora y las cartas que ésta y su amiga de infancia Nussey intercambiaron. Para evitar represalias, Gaskell moderó los acontecimientos del periodo escolar de Charlotte, para no recibir denuncias por los hechos en que perdieron la vida sus hermanas mayores, y que en ese momento estaban de actualidad porque un tal reverendo Wilson había sido acusado por su responsabilidad en la muerte de las niñas, y él mismo había escrito una defensa pública refutando las acusaciones contra su gestión. Acerca de su amor por el profesor Heger, al que Charlotte alude en sus novelas, Gaskell tampoco hizo mención, previendo que datos sobre este asunto podían perjudicar la reputación de su biografiada, y teniendo en cuenta que tanto el padre de Charlotte como su marido aún vivían; en definitiva, censuró en la biografía todo acto de la autora que ella consideraba indecoroso. Por último, acerca del fallecimiento de Charlotte, Rufino indica que se produjo a consecuencia de su embarazo, que ya desde el principio había sido nefasto, provocándole deshidratación y tifus.

Maite ha leído varias reseñas biográficas en el blog, y vio algunas versiones cinematográficas sobre las novelas de las hermanas Brontë, que le encantaron; recientemente ha estado de viaje por Inglaterra y ha relacionado su visita con el ambiente literario que se respira en nuestra tertulia. Evoca su paso por Londres, Liverpool, Cambridge, los lagos, los dólmenes de Stonehenge y el propio condado de Yorkshire, y comenta que Londres es la ciudad más cosmopolita, donde el guía les sirvió de cicerone por el Sojo, el British Museum y el “punto cero” de Greenwich. Por último nos comunica que ha hecho una foto en el lugar donde Dickens leía cuentos por un penique.

Josefina ha tomado una biografía de la web y lee partes del texto; comenta que el padre quedó viudo muy joven y con seis hijos muy pequeños, viéndose obligado a enviar a las mayores a un colegio donde las dos primeras mueren de tuberculosis. Lamenta que en aquella sociedad no hubiera muchas posibilidades para las mujeres, y que a pesar de ser inquietas como las hermanas Brontë, no tuvieran cabida en el mundo intelectual (señala Toñi que publicaron sus primeros escritos bajo seudónimos masculinos). Josefina apunta que ellas empezaron a escribir por diversión, durante su infancia, y que tenían unos cuantos soldados de madera a quienes convertían en personajes de las aventuras que se inventaban sobre el imaginario Reino de Angria; subraya que tuvieron mucha imaginación desde muy pequeñas, e indica que, sin considerarse feminista, ella se siente muy indignada al comprobar cómo las mujeres de aquel tiempo no podían desarrollar sus capacidades y todo el sufrimiento que esta impotencia les causaba. Acerca de las Brontë, cuenta que Charlotte viajó a Bruselas para trabajar como maestra en un internado, donde se enamoró del regidor, profesor Heger, un hombre autoritario y poco agraciado que sin embargo la atrajo con pasión, hecho que Josefina interpreta como consecuencia de la falta de cariño que sufría la autora; pero al saber de su enamoramiento, Heger se distanció de ella y entonces Charlotte quiso consolarse escribiendo unos versos que después envió al laureado poeta Southey, quien a cambio de su confianza le espetó su célebre exabrupto: “La literatura no es un asunto de mujeres”; tras esta mala experiencia, Charlotte regresó a Inglaterra y escribió su primera obra, El Profesor, que sería editada tras su muerte. Josefina también hace mención al libro de Gaskell, Vida de Charlotte Brontë, y comenta que es una biografía clásica, que sobre todo destaca la infancia de las hermanas y sus creaciones en torno a la saga de Angria; concluye afirmando la entereza de la autora, que se dedicó a la literatura pese a ser un entorno hostil a su sexo, y que sólo le detuvo la enfermedad, que se llevó por delante a gran parte de su familia, a raíz de lo cual comentamos que una medida preventiva era quemar cuanto hubiera estado en contacto con el enfermo, tras lo que Pilar recuerda los preventorios y Josefina indica que gracias a la penicilina logró frenarse la epidemia.

Eugenio resalta la figura del ayudante del padre, Weightman, quien llevó, durante su corta estancia en Hawort, la alegría y la sociabilidad a los Brontë y a toda la comunidad, convivencia que se quebró cuando murió prematuramente; considera que este hombre rompe en cierta forma la leyenda de aislamiento que envuelve a las hermanas, y destaca que su existencia fue ignorada por Gaskell en la composición de su Vida de Charlotte Brontë, según se cree por la posible comparación entre él y el viudo de su biografiada: que la buena impresión que causó Weightman pudiera ofender a Nicholls. Al hilo comenta Eugenio que hay varias acusaciones de manipulación en esta biografía, que marcó tanto la reputación literaria de Charlotte como la de sus hermanas, ya que pocos datos han circulado sobre sus vidas que no se hicieran eco de la obra de Gaskell, a quien se acusa de excesivamente novelera y de haber hecho prevalecer su propio punto de vista; recoge Eugenio un paralelismo entre la importancia que se concedía a las biografías en la época victoriana y la que se establece hoy en día, y pone como ejemplo la gran cantidad de biografías que se han editado recientemente en torno a Adolfo Suárez, lo que abre un pequeño debate en el que Rufino recuerda la polémica suscitada en torno al libro que ha sacado la periodista Pilar Urbano. Por otro lado, Eugenio comenta que Cumbres borrascosas, la novela de Emily, es una cumbre de la literatura universal, y recuerdar la violencia de sus primeras páginas (a lo que añade Pilar “y de la continuación”); al respecto dijo Virginia Woolf que era una novela “sin yo”, sin una voz narrativa en primera persona, lo que a juicio de Eugenio la convierte en obra de mayor entidad. Finalmente menciona la figura de la criada Tabby, que contaba historias a las pequeña Brontë y a la que Emily dio voz en su célebre novela.

Pilar ha leído Cumbres borrascosas y le ha parecido una novela impactante; acerca de la vida de su autora, comenta que su padre era un superdotado que nació en una familia humilde y se hizo a sí mismo, aunque terminó convertido en un misántropo; recuerda la admiración que sentía hacia el duque de Wellington -en su honor vestía una corbata blanca-, y que fue una muy buena influencia literaria para sus hijas, ya que les facilitaba la lectura de prensa escrita, de seis o siete periódicos, y ellas estaban acostumbradas a hacer tertulias sobre diversos temas y componían pequeños libros desde muy temprana edad. Acerca de la novela de Emily, dice que registra diversos sentimientos oscuros, como la perversidad y la venganza pero sobre todo el odio; Pilar se pregunta quién lo ha provocado y responde que es el padre, quien sale un día de viaje y promete a su regreso traer como regalos al hijo un violín y a la hija un látigo para su cabalgadura, pero cuando vuelve lo que trae es un niño abandonado, que se queda a vivir con ellos y terminará recibiendo de él más atenciones que sus propios hijos; para ilustrar el pasaje, lee un fragmento que considera clave, cuando el padre descubre al niño del que dice que es un “don de dios”, aunque por lo oscuro de su piel pueda parecer un “enviado del diablo”. La trama de la novela se desarrolla a partir del hecho de que la hija y el niño adoptado terminan enamorándose, y éste, al ser rechazado por el hijo cuando hereda, se llena de rencor y termina vengándose. Pilar indica que Emily muestra todo el odio que es capaz de sentir un ser humano, a lo que Lali señala que, pese al amor que sienten los dos protagonistas, no existe relación sexual entre ellos; por último se discute el origen de los males, a lo que Lali recuerda que al protagonista le trataron muy mal de pequeño y Pilar subraya que fue bastante desagradecido con quienes lo acogieron.

Mercedes leyó hace tiempo las obras más significativas de las tres hermanas Brontë: Cumbres borrascosas de Emily, Jane Eyre de Charlotte y Agnes Grey de Anne, y para esta sesión se ha puesto con Villette, de Charlotte, que lleva por la mitad. Recuerda que en 1845, Charlotte descubrió unos poemas de Emily que la cautivaron, y convenció a sus hermanas para que editaran los versos que hasta entonces habían escrito, y que publicaron a continuación bajo seudónimo (Currer, Ellis y Acton Bell), de los cuales vendieron sólo dos ejemplares. Acerca de Villette, indica que la primera edición completa se ha publicado recientemente, ya que ha estado durante muchos años mutilado por las ideas religiosas que contiene, consideradas peligrosas; la autora se basa en su propia vida, y narra que la protagonista trabaja como institutriz para una niña, después cuida a una persona mayor que desea nombrarla heredera pero muere antes de hacerlo, y finalmente se convierte en profesora de inglés en un internado. Mercedes resalta que la narradora hace continuas llamadas de atención al lector, para opinar sobre algún pasaje o personaje, y lee un fragmento donde se compara el objetivo de la educación católica con uno similar al que tuvo Lucifer. Concluye corroborando que le gusta mucho el estilo de Charlotte.

Lali lee un texto propio sobre la vida de las hermanas Brontë y sobre su lectura de Cumbres borrascosas. Señala que el padre era un pastor anglicano, egoísta, irascible y dominante, que negaba a su familia una serie de comodidades y les mantenía apartados de la vida social, llegando a tal extremo su hosquedad que comía solo en su dormitorio. De la etapa que vivieron en los internados, Charlotte dio buena cuenta en Jane Eyre, como ha señalado Toñi, de los castigos y el terror que en aquellos lugares, y señala que este periodo endureció el carácter de Emily, de quien dice que fue irritable, trabajadora y varonil, montaraz y solitaria. De Cumbres borrascosas, de la que indica no se parece a ninguna otra novela del momento, Lali resalta que lo más representativo es que el autor sea una mujer, ya que en sus estilo y contenido son áspero, con pasiones desenfrenadas y un ambiente angustioso, que provocan una lectura ciertamente morbosa; sobre su concepción se dice que pudo haber tenido que ver el hermano de la autora, Branwell, e incluso se asegura que pudo haberlo escrito él. Lali señala que a pesar de la pasión que une a los protagonistas, no hay amor físico, y se pregunta si Emily lo conoció, aunque recuerda que durante su época escolar escribió poemas de amor. Finalmente tilda la novela de romántica y gótica, mezcla en que el héroe tiene carácter satánico y muy poco victoriano, y recalca que los dos personajes que viven esta turbia relación parecen haber surgido del interior de la propia autora.

 

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