21 de mayo de 2014: George Eliot

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, Consuelo, Luis, Josefina, Eugenio, Pilar y Mercedes.

Isabel abre la sesión leyendo los datos que acerca de George Eliot publicados en la Wikipedia, haciendo notar que el artículo es más bien mediocre. El nombre real de la autora fue Mary Anne Evans, y vivió sesenta y un años entre 1819 y 1880; estudió en varios colegios, hasta llegar a cursar en un convento tras lo cual mantuvo relación epistolar con una de sus maestras, cartas que aún se conservan. A Eliot le sobrevinieron más adelante ciertas dudas religiosas, contagiada por el intelectualismo del que le proveyó su disposición al estudio, la lectura de Spinoza y el contacto con Stuart Mill y Herbert Spencer, entre otros eminentes pensadores de su época. En su literatura muestra la forma de vida provinciana de la Inglaterra victoriana, con conflictos morales donde la autora apuesta por la autenticidad. Acerca del uso de seudónimo, señala que las hermanas Brontë fueron, en aquel momento, las únicas mujeres escritoras que publicaban sin usar un nombre ficticio, a lo que Eugenio indica que ese dato es erróneo ya que las primeras novelas de éstas se editaron con seudónimo; señala a continuación Isabel que Eliot editó bajo seudónimo para evitar escándalos, ya que la sociedad victoriana había desaprobado su vinculación afectiva con G. H. Lewes, quien estaba casado y no pudo divorciarse, y a pesar de lo que vivieron juntos más de veinte años, hasta la muerte de él a partir de la cual Eliot se casó con un amigo íntimo de la pareja. Finalmente, Isabel menciona sus novelas de madurez: Middlemarch, El molino de Floss y Daniel Deronda.

Josefina comenta que no ha sacado ninguna conclusión acerca de la autora, y añade que le ha dolido que Eliot, como otras muchas mujeres, tengan que ocultarse tras un nombre masculino para publicar y sacar adelante su obra, y que ella misma, al desconocerla por completo, creyó que se trataba de un hombre; al hilo remite Isabel a la lectura del texto de Esther Tusquets publicado en nuestro blog, y Lali recuerda el comentario que ella mismo hizo cuando vimos a Aphra Behn. Josefina indica que hay poca variedad en la información que ha encontrado sobre Eliot en Internet, y evoca un documental que acaba de ver en televisión acerca de niñas que son educadas como si fueran hombres por sus padres, y al llegar a los dieciséis años y notarse el desarrollo de sus cuerpos, cambian de condición, provocándose un trauma en sus personalidades que hunde sus vidas; a propósito recomienda Lali la película Yentl, protagonizada por Barbra Streinsand, que emiten hoy en la tele, y Rufino añade que ha leído una reseña sobre una novela de Eliot donde se dice que ésta deja en mal lugar a las mujeres.

Luis señala que Eliot tiene una importancia vital dentro de la Literatura inglesa, y que habiendo sido educada bajo el rol de niña pudiente, se convirtió en una de las mujeres más cultas de Inglaterra. Dominó el idioma alemán hasta el punto de traducir La vida de Jesús, de David Strauss, y La esencia del cristianismo, obra capital de Feuerbach, quien es el principal valedor de los jóvenes hegelianos en cuanto al estudio de la Religión. Indica que hay mucha información social en las novelas de Eliot, y que ella forma parte de la pléyade literaria de la novela victoriana, junto a Disraeli (que fue primer ministro, de tendencia tori), Elizabeth Gaskell, Thackeray y Dickens, que adoraba a nuestra autora; añade que estudió en buenos colegios (indica Pilar que su padre manejaba dinero), educación que complementó en su casa hasta alcanzar su erudición, convirtiéndose en autodidacta (Pilar señala que tuvo diversos profesores particulares), pero no fue a la Universidad (añade Mercedes que sin embargo viajó mucho). Luis destaca que se emparejó con un hombre muy inteligente y con amplia cultura como Lewes, quien no pudo contraer matrimonio con ella porque ya estaba casado, y aportó tres hijos a la relación (recuerda Isabel que estuvieron veinticuatro años juntos); a los dos años de la muerte de Lewes, la autora se casó con un amigo (sin embargo, señala Pilar, quiso ser enterrada junto a Lewes). Resalta Luis que fue directora de la revista Westminster Review, foco de pensamiento de la época, y a propósito de ello nos recuerda que faltan entre los autores que estamos viendo algunos de la talla de Herbert Spencer, padre del positivismo lógico, Stuart Mill, del liberalismo, y John Ruskin; Pilar pregunta entonces qué opinión tiene Luis sobre las mujeres escritoras, a lo que Luis responde que tan buena como lo sean ellas, añadiendo que talento como los de Virginia Woolf o Elizabert Gaskell no tienen que envidiar a los hombres, a lo que Pilar insiste y cuestiona si se puede notar si un texto lo ha escrito un hombre o una mujer, señalando Luis que de la obra de Eliot no se pensaba que hubiera sido escrita por una mujer, y añade Lali que la dureza de Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, tampoco parece muy femenina. No obstante, Luis señala que a Eliot le traicionaba su erudición, ya que oralmente se atascaba y divagaba, aunque sus personajes la demuestran hablando con fluidez e intensidad. Indica entonces que Eliot fue la primera (antes incluso que el francés Zola) que sacó en sus novelas a un campesino (de la misma manera que Gaskell sacó al primer obrero), a lo que Consuelo recuerda que la autora usó seudónimo porque sus obras eran críticas con la sociedad del momento, y nombra Daniel Deronda y el análisis del semitismo que encierran sus páginas, y Lali destaca que la época victoriana ha dado mucho de sí en cuanto a inspiración literaria; Mercedes pregunta si, aun con seudónimo, es posible que no se reconozca una autoría femenina, a lo que Luis responde que en el caso de EliotDickens sí lo sabía y la reconocía, pero Thackeray, por ejemplo, lo ignoraba y no lo supo; evoca al hilo la figura de Aurora Dupin, que utilizó el seudónimo de George Sand para lograr que la leyeran, pues de lo contrario nadie se habría molestado en abrir sus libros, lo que a Lali le hace acordarse de una novela que leyó, cuyo título ha olvidado, escrita a mediados de los años treinta del siglo XX, que parodia el asunto contando la historia de un libro escrito por una mujer que revoluciona la comunidad a la que pertenece, y del cual nadie sabe quién es el autor hasta que al final se descubre y todos quedan pasmados. Luis concluye indicando que ha habido mujeres que pudieron escribir sin cortapisas, como Teresa de Ávila o Hildegarda de Bingen allá por el siglo XII, y mujeres eruditas en las letras españolas como Emilia Pardo Bazán y Fernán Caballero (también seudónimo), o la Concepción Arenal autora del célebre “odia al delito y compadece al delincuente”.

Eugenio señala que, a parte de las traducciones que mencionó Luis de Strauss y Feuerbach, hay que mencionar que Eliot se enfrentó a la Ética de Spinoza, versión al inglés que dejó inconclusa, a lo que Luis comenta que él hizo hincapié en el contacto de la autora con el idioma alemán, y que la obra magna del filósofo judío fue compuesta en latín, idioma que también Eliot dominaba. Eugenio indica que las dudas religiosas de la autora le sobrevienen cuando comienza a frecuentar a pensadores del grupo de intelectuales liberales de Coventry, que realizaban lecturas de la Biblia desde la óptica racionalista, y que su nuevas ideas chocaron de frente con su padre, quien llegó a enfadarse tanto que renegó de ella y no quiso que entrara en su casa, a lo que Pilar puntualiza que años después la levantó el castigo. Eugenio resalta la influencia ejercida por la literatura de Eliot sobre D. H. Lawrence, de quien dice que aunque su obra más conocida es El amante de Lady Chatterley –de la cual destaca Luis su contenido erótico-, es en Mujeres enamoradas donde mejor se plasma este influjo; es por ello que la autora hoy en día es considerada una de las creadoras de la novela psicológica, que abandona ya el melodrama y la sátira para profundizar en el análisis del individuo, adquiriendo un tinte moralista que, si bien le ha supuesto duras críticas, ha sido alabado por el crítico Harold Bloom, quien asegura que Eliot combina en sus novelas moral y estética de manera modélica. Al hilo, señala que las críticas de Bloom parecen más halagadoras que las de Virginia Woolf, quien no comulga por completo con su tendencia a resaltar las formas más prosaicas de la vida, que acercan el realismo de Eliot a la corriente naturalista, como visión de lo particular, obviando los grandes hechos y acontecimientos (comenta al respecto Isabel que su pluma disecciona la realidad y al ser humano en trocitos más pequeños); añade Eugenio también las críticas recibidas por el exceso de cientificismo en sus obras, lo que a él le lleva a comparar esta escuela naturalista con la que hoy podría establecerse entre aquéllos que escriben novelas cargadas de detalles minuciosos sobre conocimientos muy profesionales, como Ken Follett o los juicios de John Grisham, y menciona también las críticas recibidas por Eliot desde cierto feminismo que ve que sus personajes destilan un exceso de conformismo hacia la realidad, una perspectiva conservadora. No obstante, señala que en su obra más célebre, Middlemarch, trata los días previos a los movimientos sociales que suscitaron la Reform Bill, que supuso un cambio en la estructura electoral inglesa, aunque no la implementación del sufragio universal ya que sólo la burguesía se vio favorecida; al hilo comenta Luis que hasta finales del siglo XIX no habrá posibilidad para el voto femenino, y en España en concreto hasta que se declare la Segunda República, recordando el debate entre Victoria Kent y Clara Campoamor al respeto, cuando la primera se mostraba contraria -recuerda Luis que representaba a un partido burgués- porque consideraba que la educación del pueblo no permitía aún el ejercicio del voto libre y responsable; a propósito iniciamos un breve debate planteándonos si esa situación se ha dado ya, y ante la queja generalizada de que tenemos actualmente una clase política que no está a la altura, Luis manifiesta que políticos de la talla de Canalejas y Azaña no han vuelto a darse en España. Por último, Eugenio señala que, respecto a lo dicho por Luis sobre la densidad de los diálogos en Eliot, de ella dijo Woolf que sus personajes hablaban demasiado.

A juicio de Pilar, la autora tiene mucha miga; de su obra cumbre, Middlemarch, dijo Woolf –a pesar de haber sido crítica con los diálogos, como acaba de señalar Eugenio– que fue la primera novela escrita para adultos; también recuerda que se publicó en entregas mensuales. De otra obra de Eliot, Daniel Deronda, opina Pilar que es muy atrevida al entrar en el mundo judío, y sobre Velo alzado señala que la maldad atrae más que la bondad, a lo que Consuelo indica que criticó en ella las pocas posibilidades que se daban a la mujer para su desarrollo personal. Pilar menciona también el texto de Esther Tusquets que hemos colgado en el blog, y resalta el peligro que corren las autoras al ponerse a escribir, que también sufren algunos hombres; acerca de la censura o las represalias que pueden sufrirse cuando se edita bajo el nombre propio, señala que el seudónimo puede servir también para fortalecer a quien lo usa, envalentonarlo, al hilo de lo cual Lali subraya que las autoras sienten que se las tiene más en cuenta si en principio se ignora que son mujeres. Pilar recuerda entonces que en esto del talento sólo hay cerebros, que no son masculinos ni femeninos, y que Eliot tuvo la fortuna de haber podido aprender, de haber tenido la posibilidad de desarrollar una aptitud natural (pone el acento Lali en el hecho de que esta disyuntiva se produce en todos los países y culturas, al margen de las capacidades raciales). Concluye su intervención Pilar señalando que la crianza de los hijos coarta a muchas mujeres a nivel personal y profesional, no pudiendo disponer de su maternidad, algo que a mujeres como Teresa de Ávila e Hildegarda, antes nombradas por Luis, no sucedió.

Mercedes ha leído varias reseñas biográficas sobre Eliot y destaca los cambios constantes que se produjeron en su vida, tanto de escuela y residencia como los que generan los viajes que hizo, entre los cuales resalta Alemania y España; acerca de su visita a nuestro país, existe un poema de la autora, pero no se encuentra traducido al castellano. Sobre Middlemarch, indica que es una novela muy extensa (señala Lali que son mil páginas), y que ello puede deberse a que está escrita en dos bloques, dos historias que la autora fundió en una sola; bajo el subtítulo de «Un estudio de la vida en provincias», se desarrolla en la ciudad ficticia homónima, y tiene varias líneas argumentales, variados personajes y diversos temas subyacentes, como por ejemplo el matrimonio y las reformas políticas que estaban de plena actualidad. Indica Mercedes que la voz de la autora irrumpe constantemente en la narración, y que a través de la opinión que vierten los personajes se añaden a la trama acontecimientos históricos y avances científicos (por ejemplo en Medicina); también resalta la actitud reaccionaria que muestran algunos personajes ante los cambios no deseados, y la forma de edición de la novela, que fue publicada en ocho fascículos de aparición mensual. Sobre el argumento, que es bastante extenso, señala que la protagonista se casa con un hombre a quien no termina de querer, y acaba acercándose a su primo, de quien parece que está enamorada; por último, Mercedes añade que los personajes de Eliot muestran unos hábitos idealistas que les alejan de la realidad, creándoles infelicidad y encerrándolos en sí mismos, ante lo cual algunos aprenden y corrigen, pero los más persisten en su conducta y reinciden en el error; en conclusión, la autora tiende a apostar por el pragmatismo.

Lali lee una reseña sobre la novela Middlemarch, donde se señala que es una novela imprescindible de la literatura inglesa; indica que en sus páginas no ocurre nada, pero que ello no es óbice para que no dejen de suceder cosas. Es la crónica de una ciudad provincias que gira en torno a tres parejas principales, y muestra cuáles eran las perspectivas ideológicas y científicas de la sociedad de la época, justo antes de aprobarse la Reform Bill que cambió por completo el panorama político del país. Destaca que Eliot aprovechaba todo suceso que narra para hacer una breve e ingeniosa digresión donde plasmar su punto de vista, y subraya la crítica de Woolf, quien la considera una obra maestra, pese a “todas sus imperfecciones”. A continuación lee Lali un fragmento de la novela, donde conversan unas jóvenes ante la mala costumbre de ser obligadas a casarse con hombres feos, bajo la excusa de que la auténtica belleza se encuentra en el interior de las personas; y concluye comunicándonos que están viendo de nuevo la teleserie Arriba y abajo, y le ha llamado mucho la atención que los propios criados de la casa se obligan a no sobrepasar su función de servicio, criticando despiadadamente la boda de la secretaria con el señorito: resalta Lali que los propios criados se imponen los límites de su condición social.

Rufino destaca las dudas religiosas de la autora, y su análisis de la forma de vida británica; indica que no quiso tener ninguna relación con el romanticismo, abandonando la estela de los románticos, aunque el aire idílico de sus primeras novelas evoca a Wordsworth. Señala que fue una de las mujeres más cultas de su siglo, y que publicó bajo seudónimo por miedo a las represalias que pudieran derivarse del contenido de sus obras y de su vida amorosa; pero es posible que los lectores sospecharan que tras George Eliot se escondía una mujer. Rufino también resalta la crítica que hizo Woolf sobre la autora, en concreto hacia el carácter de sus personajes, que en sus novelas reflejara el periodo histórico que la tocó vivir, que hubiera tenido la oportunidad de aprender, estando tan capacitada para ello, y que mostrara una cierta inclinación antisemita en Daniel Deronda, dato que sorprende a Pilar ya que considera que Eliot se mostró favorable a la causa judía.

Consuelo ha leido El molino de Floss, y cuenta que el molinero que lo protagoniza desea que su hijo estudie, y por ello se esfuerza económicamente, pero en realidad quien está capacitada para el estudio es la hija; sin embargo, a ella le han destinado otro futuro, y sus muestras de inteligencia son consideradas como rebeldía e incluso maldad. Indica que le hubiera gustado leer El velo alzado, que es una novela corta y parece muy interesante, pero no ha podido conseguir un ejemplar; también ha intentado ver una versión cinematográfica sobre Daniel Deronda (que en la televisión inglesa emiten por episodios, y fue un éxito el año de su estreno, en 2002): el protagonista es el sobrino de un noble que cree que en realidad es su hijo. Por otro lado, se pregunta Consuelo si el texto sobre las novelistas tontas es una novela o un ensayo, y al hilo resalta esa distinción entre novela rosa como fantasía y disparate, y una novela de corte más realista, o más acorde con la realidad de las relaciones sentimentales.

 

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