7 de mayo de 2014: Charles Dickens

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, Maite, Seve, Luis, Josefina, Eugenio, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel abre la sesión con los datos biográficos publicados en El poder de la palabra, donde se presenta a Dickens como uno de los novelistas más célebres de la Literatura Universal; indica que en su obra se condensan con maestría los tintes trágicos y el toque irónico, junto a la crítica social y a una excelente descripción de lugares. Vivió cincuenta y ocho años, principalmente entre Londres y Kent, y tuvo una infancia difícil como la de alguno de sus personajes, al haber visto truncados sus estudios por el encarcelamiento de su padre, a causa de unas deudas que a él mismo lo obligaron a trabajar en una fábrica de tintes (Luis indica que empaquetaba betún), de cuya experiencia extrajo material para gran parte de su David Copperfield, publicada en 1850, y una terrible e indeleble sensación de abandono. La influencia fundamental de su prosa le vino de la lectura de los dieciochescos Henry Fielding y Tobias Smolett, y el oficio lo adquirió al trabajar como secretario y ejercer labores periodísticas para la prensa, mediante crónicas que le sirvieron para desarrollar su capacidad narrativa; estos primeros escritos los publicaba bajo el seudónimo de Boz, y fueron recopilados con gran éxito. Destaca el trabajo con ilustradores, que dio origen a su primera gran obra, Papeles póstumos del club Pickwick, editado por entregas mensuales, con un estilo próximo al cómic, y que dio origen una línea de creación que sería muy imitada; pero su energía vital y talento le permitieron ampliar el fruto de su esfuerzo a la composición de novelas, libros de viajes (por EE UU e Italia), cierto activismo político reivindicativo, seminarios y conferencias, una compañía teatral y diversas lecturas públicas de su propios textos. En 1843 se consagra gracias a Canción de Navidad, convertida casi al instante en un clásico de la Literatura Infantil; sin embargo, la vida personal de Dickens se ve ensombrecida por problemas familiares, la mala relación con su esposa, por incompatibilidad entre ambos y por varios episodios de adulterio por parte de él, así como por el escaso interés que muestra hacia los diez hijos que tuvo con ella. Isabel añade otros datos de interés, como su oscilación entre el cuento humorístico y el relato trágico, que su Pickwick fue traducido al español por Pérez Galdós y que hoy en día se resaltan sobre todo sus últimas obras en detrimento de las primeras, más cómicas y que habían sido las preferidas por la crítica a principios del siglo XX; Luis añade que a Dickens se le puede considerar más dramático que trágico, y que no ejercía como periodista sino de taquígrafo, siendo autodidacta; también comenta que, aunque su padre siempre quiso que lo hiciera, su madre se opuso a que estudiara; Pilar añade que el padre fue un despilfarrador y Luis recuerda que en aquella época en Alemania sentenciaban por deudas a pena de muerte. Por último, Isabel resalta el texto publicado en Interner sobre los fantasmas de Dickens, firmado por David Aliaga Muñoz, y las versiones cinematográficas de Canción de Navidad, cuyo personaje el avaro Scrooge es brillantemente interpretado por el actor Albert Finney en 1970; evoca la aparición del socio de Scrooge al comenzar el relato, que mezcla la ironía y la comicidad con el drama y Pilar manifiesta que prefiere las versiones en cine de animación.

Toñi ha leído Tiempos difíciles y comenta que no ha terminado de gustarle porque hay muchas penas y es muy triste; a continuación cuenta el argumento: el protagonista es maestro de escuela en un mundo donde los alumnos son considerados y clasificados como números, que tiene relación de amistad con un todopoderoso dueño de una mina que es un mamarracho que presume de haber logrado su fortuna trabajando, tras haber sido un niño pobre, huérfano y maltratado; éste pretende a la hija del maestro, con quien termina casándose a pesar de la oposición de ella; más tarde, otro hijo del maestro participa en el robo de un banco, acumulándose las desgracias. En un momento dado, el amigo del maestro, que es el dueño de medio pueblo, recibe la visita de su madre, descubriéndose que sus humildes orígenes eran falsos, y que fue un niño malcriado y de posición familiar holgada. Añade Toñi que la novela refleja su denuncia social en la figura de un inspector que llega a la mina y se enamora de la hija del maestro, a quien confiesa que las condiciones en que se trabaja en el negocio de su marido son inhumanas; al hilo, comenta Toñi que las descripciones del lugar son tétricas y es muy vívido el ambiente viciado que se respira en la novela, a lo que añade Mercedes la sensación de falta de luz. Por último, Toñi recuerda que leyó hace tiempo David Copperfield y le gustó bastante más, aunque subraya que Tiempos difíciles no le ha parecido peor escrito, sino mucho más sombrío.

Rufino lee el texto de David Aliaga Muñoz titulado Los fantasmas de Dickens que en su intervención mencionó Isabel. Recuerda el interés por lo sobrenatural que tenía Dickens, y que según su biógrafo John Forster se extendía a las sesiones de espiritismo; indica que el autor se encontraba apegado a la realidad social (como muestran sus novelas David Copperfield y Oliver Twist), pero también sentía un profundo interés por el género gótico y lo paranormal que tratan estas novelas, afición que le habría inculcado su niñera, quien le contaba cuentos de terror cuando era niño, y a lo que se podrían añadir las noticias de ejecuciones y otros hechos cruentos que tuvo que narrar mientras trabajó como redactor. Esta relación con lo esotérico la trasladó Dickens a su literatura conjugando su temprana relación con la muerte, ya que a los veinticinco años de edad había visto morir a muchos allegados, incluidos dos hermanos y su cuñada; esto ha sido reflejado no sólo por los distintos biógrafos del autor, sino también en su propia obra. Isabel señala que Dickens era muy supersticioso y maniático, y que acudía a terapia de mesmerismo (añade Luis que esta es una teoría que se debe al frenólogo Mesmer, quien hizo estudios sobre la hipnosis que más adelante trató de desarrollar Freud); Rufino agrega que hoy en día hay un nuevo brote de creencias en estas pseudociencias, que él considera saberes superficiales. Por último, opina que gran parte de las versiones cinematográficas de las novelas de Dickens son bastante pesadas.

Luis indica que Dickens es un autor muy controvertido, ya que siendo considerado uno de los puntales de la novela moderna, junto a Dostoievski y a Balzac, ha sido muy protestado en su propio país y ha recibido críticas adversas realmente feroces, entre las cuales nombra la de Samuel Butler, que inició una virulenta campaña contra las autoridades para tratar de evitar que fuera enterrado en Westminster junto al compositor alemán Georg Händel; también menciona la del autor de Un mundo feliz, Huxley, quien dijo que era lacrimógeno y carecía de entidad literaria suficiente para figurar en el panteón de ilustres; por último, menciona a George Sampson, quien criticó el estilo de Dickens acusándolo de una espontaneidad y un experimentalismo indignos de la alta literatura, a lo que comenta Pilar que quizás esta severa crítica le viniera por su condición de autodidacta, añadiendo Luis que lo digno de admirar en Dickens es su manejo del lenguaje popular, que Pilar califica de lengua común y Lali llama coloquial. También subraya Luis la caracterización de los personajes, faceta en la que el autor desarrolló toda su maestría, y menciona la descripción de un cochero donde parece que estamos contemplando su mismo alma. Así, concluye que Dickens se alza frente a toda una pléyade de literatos ingleses.

Josefina ha leído Historia de dos ciudades y le ha encantado, aunque tiene la impresión de desmesura, ya que parece que todo lo que lee la gusta. Esta novela trata de un trabajador de banca que, acompañado por una mujer, viaja de incógnito de Londres a París, y en una fonda encuentran a un zapatero que vive allí encerrado desde hace mucho tiempo; lo acogen y se lo llevan a Londres, y un poco más tarde el protagonista acude a un juicio donde espera la figura de un abogado de los que “te sacan lo que no quieres decir”; Josefina nos cuenta que al protagonista le defiende un abogado muy bueno, pero alcoholizado, y que el zapatero que encontraron en su viaje era en realidad un doctor. La novela culmina cuando estalla la Revolución francesa y el protagonista, que vive entre Londres y París, estando en la capital inglesa recibe una carta de un empleado suyo pidiéndole ayuda para huir de Francia; éste se encuentra preso cuando el otro llega en su rescate, y también a él lo detienen, lo vuelve a defender el abogado anterior, consigue liberarse pero inmediatamente vuelve a ser detenido y esta vez juzgado al día siguiente bajo amenaza de ser sentenciado a morir en la guillotina. El médico-zapatero, que era francés, es una de las personas que habían denunciado al protagonista, y escribe los motivos de su encierro inicial (al parecer, sus tíos hicieron con él atrocidades) en una carta, con el objeto de que ésta fuera publicada al morir él; finalmente, se produce una aventura del abogado alcoholizado que contrata a un espía que se disfraza y entra en la cárcel a liberar al protagonista. Al hilo Toñi pregunta el porqué del título, y Josefina responde que la novela se desarrolla entre las dos ciudades citadas. Indica que ésta es la primera novela de Dickens, pero Mercedes corrige que según sus datos la primera es David Copperfield.

Eugenio añade a Henry James entre los autores citados por Luis, posteriores a Dickens y cuyas críticas recibió éste, en el caso del novelista norteamericano por considerar que el inglés pecaba de personajes planos en sus novelas, con caracteres fijos que no variaban a lo largo de la trama; también señala que la denuncia del capitalismo industrial es un simple escenario para sus novelas, y que aunque el autor sea considerado políticamente antagónico respecto al conservador Thackeray, su crítica del sistema económico no pasa de ser superficial, a lo que se inicia un pequeña debate sobre la estética industrial que cubre la mayor parte de las obras de Dickens. Eugenio recuerda la primera visita del autor a EE UU, de la cual hizo una crónica que no gustó nada a los lectores de aquel país; añade Mercedes que después hizo muchos esfuerzos para reconciliarse y Eugenio menciona las giras de lecturas públicas de su obra. Acerca de David Copperfield, insiste en su carácter autobiográfico, que habría descrito la proletización de su juventud; señala que en Los papeles póstumos del Club Pickwick hay una gran influencia de Cervantes, y que uno de sus protagonistas, el empleado de Pickwick, Sam Weller, es un reflejo de Sancho Panza. Finalmente indica que en Casa desolada hay una descripción del ambiente de la casa realmente brillante (Lali añade que el principio de la novela es magistral, con la descripción del edificio bajo la niebla) y en Nuestro amigo común están las semillas que después desarrollaría Simenon con su inspector Maigret; concluye subrayando que las descripciones de personajes y lugares es lo mejor de Dickens, en cuya composición es un maestro a imitar.

Pilar comenta que todas las navidades le gusta leer Canción de navidad, que considera una obra que ahonda en el alma de los personajes, y que pese a lo dicho por Eugenio de que los personajes de Dickens no cambian, el avaro Scrooge llega a transformarse en esta obra, aunque lo hiciera sólo durante un corto periodo de tiempo. Resalta que Dickens es un autor muy pendiente de lo comercial, ya que seguía activamente la recepción de los episodios de sus novelas, y menciona que en Norteamérica preguntaban, a la llegada de los barcos con las entregas, cómo iba el curso de tal o cual argumento. También destaca la influencia de su literatura, pues sanearon un barrio que estaba en nefastas condiciones de salubridad tras aparecer una descripción de éste en una obra del autor. Acerca de Canción de navidad, recuerda que no es lo mismo necesidad que usura, y cuenta su trama: al protagonista se le aparecen tres espíritus que representan los tres instantes del tiempo: el del pasado le muestra las navidades de su infancia, cuando él disfrutaba de la vida, aunque termina con el abandono de su novia por motivos económicos (indica Pilar que ella carecía de dote, a lo que Isabel replica que fue porque él no tenía tiempo que dedicarle porque debía emplearlo en trabajar para enriquecerse); el espíritu del presente le muestra su barrio en la actualidad, las compras navideñas y la felicidad de sus miembros, destacando la cena multitudinaria a la que acude su sobrino y la cena familiar de su empleado, mucho más humilde; finalmente, el fantasma del futuro le muestra su propia muerte, y los comentarios del vecindario acerca de su dinero, nada agradables para Scrooge. Concluye Pilar indicando que el protagonista reacciona y al día siguiente se ha convertido en un buen hombre, generoso y afable, pero a juicio de ella es ya demasiado tarde para el cambio, a lo que Mercedes indica que el final de esta obra es moralizante; Pilar añade que muestra cómo se pierde lo verdaderamente importante a causa de la avaricia, y Maite resalta que el avaro es un ser feliz en su soledad opulenta, y que no puede remediarlo, lo que abre un debate al respecto.

Mercedes vio representada Canción de navidad por un reparto aficionado, entre cuyos miembros se encontraba su sobrino, y le gustó lo bien que trabajaron las apariciones de los fantasmas; por otro lado, ha leído la biografía de Dickens publicada en Wikipedia y saca algunos fragmentos entre los cuales destaca que su fuente de inspiración se situó entre las novelas picarescas y las de aventuras, siendo Don Quijote y Robinson Crusoe los títulos más representativos. Su padre ingresó en la cárcel por deudas, y en aquella época la propia familia del recluso lo acompañaba en su reclusión; David Copperfield debe sus motivos a esta circunstancia, durante la que el autor confesó que no recibía ninguna ayuda ni consuelo. La crítica social de Dickens se concentra básicamente en Tiempos difíciles, donde la clase obrera se convierte en protagonista, y cuya situación es tratada con virulencia y tono satírico, por ejemplo cuando se llama “manos” a los trabajadores por ser apéndices de las máquinas; Mercedes recuerda que sus primeros trabajos fueron crónicas que firmó bajo el seudónimo de Boz (Bozifer), y resalta que escribió una Vida de Nuestro Señor donde, con lenguaje sencillo, depositó su intención de educar a sus hijos bajo la doctrina cristiana. Entre otros datos de interés, cuenta que en 1856 compró en Kent una casa que conocía y anhelaba desde niño, y donde se desarrollaban algunas escenas del Enrique IV de Shakespeare; de su visita a EE UU compuso Notas de América contra la esclavitud, que molestó a los norteamericanos; en Tienda de antigüedades hizo un homenaje a su cuñada; la biografía que de él publicó John Forster, aunque póstuma, había contado con la activa colaboración del propio autor; Henry James y Virginia Woolf lanzaron contra él sus críticas, o al menos se mostraron indiferentes ante su obra, pero ésta ha influido mucho sobre Tom Wolfe y John Irving; fue un actor frustrado, y a propósito recuerda Pilar que olvidó su vocación tras un castin fallido. Mercedes añade que fundó el Daily News, reivindicó los Derechos de autor sobre sus obras, condenó la pena de muerte y tuvo diez hijos con su mujer y quizás otro con una actriz, a lo que añade Rufino que se rumorea de una relación sentimental con su cuñada. Por último Mercedes evoca la estrecha relación que lo unió al también novelista Wilkie Collins, el accidente de ferrocarril célebre y trágico al que sobrevivió cinco años antes de morir de apoplejía, que fue un simpatizante y defensor del oprimido y que trató a la aristocracia de su época desde un punto de vista satírico.

Valentín remarca las lecturas influyentes sobre su obra que hizo Dickens de Robinson Crusoe y de Don Quijote, y una frase de David Copperfield en la que el autor en boca del narrador asegura que durante aquellos años de oprobio no hacía sino desear fervientemente “ir al cielo”. Acerca de Dickens, menciona la opinión favorable de Tolstoi, que le consideraba “el gran escritor cristiano”, y otra menos benigna de su compatriota Wilde, quien dijo de él que era “ridículamente sentimental”. Valentín indica que el autor trató temas delicados como la explotación infantil, la prostitución, la corrupción, la avaricia y el desequilibrio entre ricos y pobres, temas que muestran la plena vigencia de su obra en la actualidad, y a propósito lee un texto que lo defiende; al hilo cita Lali la sentencia de Lampedusa en El Gatopardo, que concluye tajantemente aquella paradoja de “cambiarlo todo para que nada cambie”.

Lali destaca la crítica social que hay en la obra de Dickens, denunciando la pobreza y la estratificación de la comunidad industrializada, y expresando su escepticismo hacia la familia burguesa que es el centro neurálgico de este sistema; también “humanizó” la figura de la prostituta ante los ojos del lector. Indica que su obra se editó fundamentalmente por entregas en prensa, medio más barato y accesible, y que la longitud de sus obras, extensas, en muchos casos respondía a motivos económicos, ya que era el objetivo enganchar al lector con la trama y alargarla cuanto fuera posible bajo la previsión de ventas (al hilo comenta Valentín que fue un poco tramposillo, al alargar con dos capítulos La pequeña Dorrit); es por ello que en muchos casos se pirateaban sus novelas, y es un caso paradigmático el de Cuento de navidad, cuyas ediciones ilegítimas abundaban. Lali señala que el uso del lenguaje que hace Dickens es muy bueno, y que por ello es respetado por todos, pero confiesa que a ella misma le aburre hoy en día su lectura, aunque no deja de reconocer la maestría de descripciones como la que ha mencionado antes, que abre Casa desolada, o la de una tormenta que según Tolstoi es “la tormenta más lograda”, y que opina Eugenio que puede ser la que tiene lugar en Historia de dos ciudades, que provoca el accidente que sufren los protagonistas; añade Lali como crítica que los personajes buenos en las obras de Dickens suelen ser muy buenos, y los malos malísimos, lo que da sensación de culebrón en algunos argumentos donde, además, proliferan las casualidades. Por último, Lali destaca las traducciones de Dickens al castellano que actualmente está publicando la editorial Alba, y rescata la anécdota según la cual el autor tenía dos aficiones predilectas: escribir e ir al teatro con una amante.

Ya al margen, Lali nos recomienda la lectura de la inconclusa novela de Albert Camus, El primer hombre, que está leyendo en el Taller de escritura del que forma parte, y que nos resume diciendo que es una auténtica maravilla.

 

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