30 de abril de 2014: Thomas Carlyle

Reunidxs: Isabel, Lali, Rufino, Consuelo, Luis, Josefina, Eugenio y Pilar.

Comenzamos comentando la exposición que hizo ayer Lali en el Taller Literario del Centro de Mayores Juan XXIII, sobre la pieza teatral de García Lorca La casa de Bernarda Alba, y que estuvo acompañado por una representación escénica, a lo que Consuelo recuerda que ella ha presenciado en Alemania una versión japonesa, que Luis indica que no es nada extraño dado el interés que la cultura andaluza despierta en aquel país, y que además los perfiles psicológicos de las protagonistas de la obra de García Lorca tiene carácter universal, a lo que Consuelo añade que es un carácter femenino muy fuerte el de la mujer que da título a la obra, debido a la necesidad de salir adelante sin marido; Luis indica que es un ambiente matriarcal que parece más propio de tierras de Euskadi y del Maestrazgo, a lo que Isabel destaca que se trata de un grupo de mujeres encerradas donde, según Lali, el protagonista principal es el varón invisible que materializa la frustración sexual de las mujeres, lo que ella ha tratado de mostrar en su comentario como una proyección de la propia insatisfacción sexual que sintiera García Lorca por sus inclinaciones, a lo que Luis niega que el autor tuviera complejos por su condición sexual y afirma que llevaba la desinhibición allá por donde iba, aunque Pilar subraya que la sociedad, por muy tolerante que sea, siempre tiende a oprimir a las minorías. Por último, Lali comenta que los Alba existieron en la realidad y que vivían en un pueblo que se llamaba Asquerosa, y que García Lorca atacó su honor en esta obra, a lo que Luis advierte que los Alba eran primos de la familia del autor y tenían litigios por cuestión de lindes; con ello entramos en un debate sobre las circunstancias que rodearon el asesinato de Lorca, sobre lo cual Rufino recuerda el desprestigio de la Guardia civil en el Romancero gitano, Lali añade que la responsabilidad del crimen recae sobre miembros de Falange, a pesar de que el autor tenía estrechos vínculos con destacados falangistas de Granada, y Luis concluye señalando que se ha especulado con la posibilidad de que entre el poeta y José Antonio Primo de Rivera hubiera existido una relación especialmente estrecha.

Isabel introduce los datos biográficos sobre el autor, indicando que nació en el seno de una familia de fe calvinista (advierte Luis que de baja condición) y estudió Teología en Edimburgo con el objeto de hacerse pastor de almas, pero que tuvo una crisis en sus creencias y abandonó la carrera eclesiástica, aunque manteniendo vivos sus valores. Estudió Leyes y se dedicó a la enseñanza de las Matemáticas para ganarse la vida; padeció una úlcera estomacal que le agrio el carácter, aunque corrige Luis y asegura que la fuente de su malestar físico no fue una úlcera sino la dispepsia, que provoca digestiones dolorosas. Continúa Isabel destacando que Carlyle sintió verdadera pasión por la lengua y la literatura alemanas, y escribió muchos artículos divulgativos de la cultura centroeuropea, de la cual quedó prendado a través del idealismo de Fichte (Luis agrega que fue su amistad con la hija de Madame de Stäel donde se fraguó la toma de contacto del autor con la filosofía germana). Tras su boda con Johanna Welsh, una mujer muy inteligente y mejor situada socialmente que Carlyle, comienza a componer sus más importantes obras, la primera de las cuales será Sartor resartus, una sátira del utilitarismo, una crítica donde el autor denuncia el paradógico contraste entre el incremento de las riquezas del país y el aumento de la miseria en la condición de vida de la clase trabajadora. Trabó amistad con el crítico literario norteamericano Waldo Emerson, que se encargó de difundir su obra al otro lado del Atlántico, y de la cual destaca Isabel su crónica La revolución francesa, que inspiró a Dickens su Historia de dos ciudades y fue traducida al español por Unamuno, y Los héroes, donde el autor muestra su desdén hacia la democracia y exhibe su desesperación por la ausencia de individuos que sepan hacer Historia; otras obras suyas son los estudios biográficos sobre el dictador puritano Cronwell y el emperador prusiano Federico el Grande. Concluye Isabel los datos generales sobre Carlyle señalando que con él se agota el romanticismo inglés, que ejerció gran influencia en autores relevantes y enigmáticos como Ruskin y que introdujo en Inglaterra un profundo interés por la cultura alemana; acerca de su propia lectura, señala que ha leído una reseña de Sartor resartus, donde se comenta que es una parodia del hegelialismo; al respecto indica Consuelo que el nombre del profesor protagonista -que es Teufelsdröckh– traducido como “excremento del diablo”, puede ser interpretado como “demonio sucio”; Isabel comenta que le ha llamado mucho la atención este libro y que le ha gustado especialmente la ilustración que se usó en la edición original.

Consuelo ha leído Sartor resartus y dice que es complicado; señala algunos detalles de la traducción de los términos que se conservan en alemán en el original, escrito en inglés, a lo que se pregunta Eugenio si ésta de Miguel Temprano García, que edita Alba en 2007, es la única traducción al castellano que existe, dando pie a que Luis especule con la posibilidad de que exista una traducción anterior, quizás a cargo de Antonio Zozaya. Consuelo comenta que el eje central del libro es la historia de los vestidos, que está sembrado de reflexiones intensas y vitalistas y que se nota que el autor tenía amplio conocimiento de la geografía alemana; acerca de su pérdida de fe mientras estudiaba Teología, indica que posee un importante caudal de saberes bíblicos, que el capítulo inicial de la segunda parte se titula «Génesis» y que recrea con precisión la historia bíblica, asumiendo una perspectiva de la literatura como si sus manifestaciones formaran parte de una liturgia; al respecto señala Luis que Carlyle estudió la obra de Leibniz, y que con la filosofía de éste concebía la idea de que un jardín se encuentra contenido dentro de las raíces de un árbol, desde donde se extiende al tronco, las ramas, las hojas, etc. hasta componer el propio jardín. Subraya entonces Consuelo que Carlyle hace una exégesis de los hechos biblicos, a lo que Luis indica que mezcla la doctrina calvinista que conoció en su educación inicial con la crítica al mismo sistema, a través del discurso que Fichte elaboró ensalzando la cultura alemana; Josefina opina a continuación que la pérdida de fe del autor no afecta a su sentimiento religioso, y que sólo se dio cuenta de que no estaba preparado para ser clérigo, a lo que Consuelo corrobora que en Sartor resartus no se percibe que Carlyle sea un hombre sin fe, sino que ha estudiado con mayor profundidad la religión, tanto el espíritu como el dogma, a lo que Pilar añade que quien se encuentra al borde del descreimiento se preocupa más por indagar en el sentimiento religioso. Consuelo resume el género de Sartor resartus como metafórico y satírico, descripción de la humanidad a través del traje, con abundantes momentos de gran belleza expresiva y otros muchos de hiriente mordacidad, y que efectivamente gira en torno a la filosofía de Hegel (comenta Eugenio que parodia la idea hegeliana de la Historia como un ente evolutivo encaminado hacia un fin predeterminado); Luis recuerda que Carlyle ha sido calificado de antidemocrático -el argumento más sólido es su panegírico de Cronwell- e Isabel indica que Sartor resartus se compone de tres partes, según ha leído en un artículo de Guelbenzu en El País, y del cual lee un fragmento en que aquéllas se indican: la primera cuenta las vicisitudes del editor de la obra en cuestión, la segunda es una biografía del autor, el profesor Teufelsdröckh, y la tercera sería el texto de la obra en sí. Consuelo termina su intervención leyendo una frase sobre los héroes donde Carlyle indica que se puede triunfar o caer derrotado en la batalla, pero nunca se debe dejar de combatir.

Luis indica que el idioma alemán fue considerado hasta el siglo XVIII una lengua bárbara, y que la filosofía se leía en francés y los libretos de música en italiano (en este caso, la innovación la introduce Mozart en La flauta mágica). Indica que no se sabe si el padre de Carlyle era albañil o campesino, pero en todo caso provenía de baja extracción social; que el autor marchó de joven a estudiar Derecho a Edimburgo, y que posteriormente trabó amistad con la hija de Madame de Stäel, cuyo contacto intelectual a través de la obra de ésta titulada De Alemania, lo empujó hacia la cultura de este país. Resalta la influencia que ejerció sobre Emerson, quien posteriormente lo divulgó en Estados Unidos, y señala la importancia de sus primeras obras, Los héroes y La revolución francesa. Entrando en detalles sobre la cultura germana, Luis señala que a Carlyle no le atraía Heine, a pesar de ser éste uno de los principales románticos alemanes, sino Goethe, a quien admiraba con profusión, y con quien mantuvo relación epistolar. La muerte de su esposa -mientras viajaba en un coche de caballos- le afectó muchísimo y le hundió en un mar de culpa, quizás porque, como se ha sospechado en alguna ocasión, ella estaba detrás de la calidad técnica de su obra; parte de este sentimiento de culpa provenía de las calamidades que le hizo pasar, ya que lograron un buen estatus económico, pero llegaron a pasar hambre durante su estancia en Escocia. Por último destaca Luis el gran reconocimiento que acompañó a la publicación de su biografía sobre Federico de Prusia, la inmediata difusión de su obra en Norteamérica (gracias a Emerson, y en sintonía con el éxito que también obtuvo en aquel continente la obra de De Quincey) y el innatismo determinista que heredó de Leibniz, y que consolidó la base teórica que puso al autor en contra del utilitarismo inglés, oposición que le ha marcado con el calificativo de «reaccionario».

Josefina ha leído varios textos sobre Carlyle a través de nuestra bitácora y resalta las dudas espirituales que hemos comentando, señalando que no había perdido la fe ni nada semejante, sino la vocación de ordenarse; al respecto, considera relevante que acompañara a este rechazo de la profesión clerical su descubrimiento de la literatura. Indica que fue un escritor muy inteligente y trabajador, metódico, que empezó de la nada y logró componer una obra original y erudita, no siéndole extraña ninguna de las disciplinas que en su tiempo se habían conformado, como muestra a través de sus obras, muy documentadas, y sus artículos sobre personalidades insignes. Comenta a su vez que en el estudio sobre Hegel que elaboró en su primera obra de renombre, se encuentran los trazos iniciales de su personal estilo, y destaca sobre todo la amistad que lo unió a Goethe: Josefina subraya esta simpatía mutua que sintieron ambos autores, que hizo posible una unión cultural entre sus respectivos países, por encima de las diferencias que la tradición ha estigmatizado entre Alemania e Inglaterra; a este respecto, Luis recuerda que en aquella época la corte inglesa estaba en poder de los Hannover.

Eugenio también destaca la relación entre el autor y Goethe como un hermanamiento entre culturas, y señala que éste es aún más deseable al tratarse de dos literatos, aunque advierte que es producto del interés de uno de ellos por el país del otro, y al respecto recuerda los muchos hispanistas que son más profundos conocedores de nuestra cultura que nuestros académicos imbuidos en la estela del Cid Campeador. Señala que ha encontrado el artículo de la Historia de la Literatura Universal que Riquer y Valverde dedican a Carlyle un tanto prejuicioso, acusándolo de una subjetividad que, a su entender, no debe desdeñarse en un ensayista, a lo que Luis añade que es el conservadurismo del autor lo que ha creado ese rechazo hacia su obra. Al hilo Eugenio indica que el complicado temperamento de Carlyle puede estar justificado por el hecho de no haber encontrado editor para su traducción de la obra de Schiller, motivo de enfado con el mundo literario de su país que a su juicio está justificado (Luis recuerda que su Vida y obra de Schiller es una auténtica joya), y por otro tanto señala que hay un pensamiento aparentemente contradictorio en el autor, al defender la tesis del individuo como constructor de la Historia en Los héroes y, sin embargo, haber sido de los primeros en advertir que la cultura es un decisivo fenómeno de la evolución pueblos, por un lado, en su Historia de la literatura en los sucesivos periodos de la cultura europea, y por otro en su declarado antiliberalismo, que lo enfrenta a la doctrina que considera que el progreso económico de la comunidad debe quedar en manos de la iniciativa privada. Acerca de Los héroes, Eugenio considera que esta figura debe observarse más allá de la primera idea que nos viene a la cabeza, que es la del héroe como protagonista de hazañas militares, y señala que la obra homónima de Carlyle está dividida en seis partes, cada una de las cuales dedica a un tipo de héroe: religioso, literario, mitológico, poético, profético y, finalmente, el que acaudilla. Añade la anécdota de la destrucción de la primera parte original de La revolución francesa, que el autor había dejado a Stuart Mill para su lectura y que una criada de éste arrojó por error al fuego de la chimenea, y finalmente comenta que la muerte de su esposa le afectó hasta tal punto que escribió unas Cartas de la esposa arrepentido por el trato que la dio, tal vez como consecuencia de su acidez de estómago; al respecto, Eugenio subraya el comentario de Luis acerca de la posibilidad de que Johanna hubiera colaborado con él en la composición de sus obras, a lo que el propio Luis recuerda el caso de María Lejárraga, autora material de gran parte de la obra atribuida a su marido Luis Martínez Sierra.

Pilar ha leído varios de los textos enlazados desde nuestra bitácora y comenta que Carlyle le ha parecido un escritor ingenioso e inteligente; recuerda algunos fragmentos que acaban de leer Isabel y Consuelo y señala que le encanta la metáfora de las ropas de Sartor resartus, recordando, por ejemplo, la indicación de la personalidad a través del atuendo o el jersey de tres mangas para el que no tiene cabeza. Acerca de la tesis de Los héroes, señala que nadie podría llevar a cabo sus heroicidades si no estuviera respaldado por otras personas, al hilo de lo cual Rufino señala que los héroes son normalmente anónimos y nadie se entera de la autoridad, y que lo importante es que la gente se comprometa a hacer las cosas de un modo adecuado, mientras que Eugenio recuerda, por lo primero que ha dicho Rufino, la frase de Lamb que en su día vimos, sobre el placer de hacer cosas positivas sin que se sepa de dónde proceden, al tiempo que se pregunta si hoy en día en la situación de crisis que vivimos sería posible y deseable que aparezca un héroe que nos saque de ella. Por otro lado, a Pilar le han encantado las dos traducciones al español que se han hecho del título de Sartor resartus: “El sastre sastreado” y “El sastre remendado”, y ha traído un recorte de entrevista a Tom Wolfe, a quien citamos recientemente por la similitud de uno de sus títulos con La feria de las vanidades de Thackeray, y nos muestra una foto de él con traje completamenta blanco, subrayando que el norteamericano es un verdadero dandy; también nos adelanta Pilar que en próxima sesión quiere hacer un comentario acerca del texto Sobre la moda de Hazlitt, y nos explayamos un rato en un debate sobre la conveniencia o eficacia de la formación de líderes en las comunidades humanas.

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