5 de marzo de 2014: Mary Shelley

 

Reunidxs: Isabel, Toñi, Rufino, Maite, María José, Josefina, Eugenio, Mercedes y Valentín.

Isabel lee datos biográficos, que no saca de Wikipedia porque el artículo que ésta dedica a la autora es muy extenso; Mary Shelley fue una novelista inglesa, hija del pensador anarquista William Godwin y de la escritora activista Mary Wollstonecraft, que nació en Londres y recibió una educación privada; en 1814 conoce al que será su marido, el poeta Percy Shelley, con quien abandonará Inglaterra apenas dos meses después. Shelley es la autora de la novela Frankenstein, que fue publicada cuando ella apenas había cumplido los veinte años, recibiendo de inmediato un gran éxito de crítica y lectores; esta novela narra las vicisitudes entre un doctor obsesionado por vencer a la muerte y la criatura que ha creado a través de sus experimentos; posteriormente, Shelley escribió varias obras que no alcanzaron ni por asomo el éxito de su ópera prima, en concreto cuatro novelas, algún libro de viaje y varios poemas y relatos, limitada obra para una autora tan precoz; entre estos títulos destaca El último hombre, una recreación de apocalipsis humano tras una plaga devastadora; Isabel añade que gran parte del tiempo lo dedicó la autora a ordenar y difundir la obra de su marido Percy, a título póstumo, tras la trágica muerte de éste en naufragio en aguas mediterráneas. Isabel indica que ella ha leído casi por completo Frankenstein -dos tercios al menos-, a lo que María José comenta que es una obra de fácil lectura, y Mercedes confiesa que no es lectura para ella, que no le llama la atención. Isabel señala que ha estado buscando distintas versiones cinematográficas de Frankenstein, pues existen innumerables recreaciones del personaje, convertido en auténtico mito, y destaca la cinta de 1931 protagonizada por Boris Karloff, que contiene escenas inolvidables como la que une al monstruo con una niña a la orilla de un río donde se entretienen lanzando margaritas al agua, secuencia maestra que termina con la niña en el río, ahogada; Isabel comenta que Karloff protagonizó varias secuelas de aquella película, como La novia de Frankenstein o El fantasma de Frankenstein, e indica que la lista de versiones se extiende hasta el mismísimo 2014; Valentín menciona la de Vincent Price e Isabel destaca la de Kenneth Branagh, que hizo de director y actor protagonista, con Robert de Niro en el papel del monstruo y la producción de Francis Ford Coppola, que ha recibido duras críticas en contra argumentando que con el presupuesto de que disponía, el resultado es más bien mediocre; Isabel insiste en que esta versión es muy diferente del resto porque fue plenamente fiel a la novela, aunque a su director y actor principal Branagh también le acusan de haber hecho una recreación excesivamente teatral, “muy shakespeariana”. Isabel también ha visto la copia de Remando al viento que se está moviendo entre nosotrxs, y comenta que le ha gustado mucho, que el espectador se mete fácilmente en los personajes (Byron, los Shelley…; subraya Mercedes que se nombra a Keats y María José recuerda al autor de El vampiro, Polidori) y que le ha encantado la interpretación de Hugh Grant como Byron, con su aire amanerado que Mercedes achaca al garbo que le imprime la cojera.

Maite ha leído un texto biográfico sobre la autora y considera que tuvo una vida muy intensa y también excesivamente trágica; la lectura le ha producido cierta intranquilidad y le ha dejado mal sabor de boca. Señala que las ideas libertarias que rigieron la existencia de Shelley llegaron a convertirla en una mujer muy desgraciada, aquejada de una infelicidad constante a causa de problemas familiares y económicos que no la abandonaron; también se refiere a la continua movilidad a la que se sometieron sus días, como si buscara algo de lo que carecía y sin llenarse más que de incertidumbres y amargura; tampoco deja de señalar Maite que el círculo de autores que la rodeaban no estaba tan fundado en la amistad como en los deseos insanos e intereses personales, y que a su juicio no supo hacer Shelley un buen uso de su libertad, que debió emplear para potenciar sus dones con mayor sensatez, evitando la desesperación en que se precipitaba en ciertos momentos. Se abre a continuación un debate donde María José señala que la sociedad donde subsistió la autora era muy rígida, e Isabel añade que la principal causa de infelicidad en Shelley fue la muerte de Percy, a lo que María José recuerda que el círculo de Shelley y Byron no dejaba de girar en torno a ámbitos creativos e intelectuales, y Mercedes subraya que estando en la época romántica hay poco margen para una mayor dicha. Maite concluye asegurando que la vida de Shelley la ha conmovido, y cree que estuvo demasiado marcada por cuestiones políticas y por cierto descuido de los recursos de que disponía su marido, siendo una época mísera para el pueblo.

María José recuerda El jovencito Frankenstein, versión de cine cómico a cargo de Mel Brooks, y añade que ha leído la novela y uno de los enlaces de nuestro blog hacia un texto avalado por la Universidad de Sevilla (El Frankenstein de Mary Shelley / Francisco Rodríguez Valls) donde se afirma que la novela de Shelley es muy actual, y se dan varios motivos entre los cuales destaca que no tratándose de la primera vez que se intenta en una ficción dar vida a lo no viviente (pone como ejemplos el mito de Prometeo -Libro I las Metamorfosis de Ovidio-, el de Pigmalion -rey de Chipre que esculpió en mármol a la mujer ideal; Libro X de la misma obra- o el del Gólem -leyenda judía que cuenta que en la Praga del siglo XVI un rabino usó la cábala para dar vida a un hombre de barro-), Mary Shelley es la primera autora que construye una ficción sobre esta cuestión sin remitirse a fuerzas más allá de lo humano, sin que medie una explicación sobrenatural, sino que su protagonista el doctor Victor Frankenstein es un filósofo natural y utiliza instrumentos y cálculos de naturaleza científica. Acerca de la gestación de esta obra, María José recuerda que existen varias versiones escritas por los presentes sobre aquella legendaria sesión, y señala que en ella sus protagonistas andaban leyendo cuentos de miedo alemanes, en un noche de aquel año en que no existió el verano como consecuencia de la erupción de un volcán indonesio que pobló el cielo europeo de cenizas; añade que al primer borrador de la novela se unieron las correcciones de Percy, y que la primera edición se publicó de forma anónima en 1818. Por otro lado, señala que Frankenstein es una fuente de reflexión acerca de los límites éticos que deben limitar la aplicación de los saberes científicos, lo que también es un tema de plena actualidad: menciona el Transhumanismo, que desde los años cincuenta del siglo pasado pretende controlar la evolución humana, realizando de forma consciente mejoras biológicas y mentales en los seres humanos; para subrayar su vigencia recuerda el caso de Oscar Pistorius, así como la curación de la ceguera mediante injertos cerebrales, a lo que Maite añade las investigaciones en robótica que desarrolla el Instituto Miguel Servet de Zaragoza y Mercedes, que también se está experimentando sobre la construcción de polígrafos que detecten las alteraciones nerviosas que produce en el sujeto el visionado de imágenes comprometedoras. También señala María José el derecho a la diferencia que reivindica este texto, a través de la figura del monstruo al padecer rechazo, y la soledad transmitida mediante pensamientos y sentimientos que la autora plasmó en primera persona (resalta Toñi que se siente que el monstruo sufre mucho, e Isabel comenta que éste se siente mal y le pide a su creador una novia, a lo que María José apostilla que Victor se niega a hacerla para no liarla aún más, ya que entonces los dos podrían procrear); señala que Shelley innovó al recrear ese sentimiento de la diferencia y que logra que lo comprendamos, y lee un texto donde se reclama la integración de lo distinto, terminar con la injusta exclusión y alcanzar el equilibrio en lo común enriquecido por la diversidad; en este sentido también la novela se proyecta hacia el futuro, ya que aún hay que rebelarse contra exigencias tales como la que defienden quienes ofrecen puestos de trabajo demandando “buena presencia”. Mercedes pregunta entonces si el doctor se arrepiente en algún momento de su obra y María José responde que desde el primer momento entra en una espiral de depresión y delirio, a lo que Valentín puntualiza que él buscaba la perfección humana y parece que ha fracasado; Isabel señala a continuación que su obsesión es consecuencia de la muerte de su madre al dar a luz al hermano pequeño, ya que como científico se niega a aceptarla. Para concluir, María José anota que la autora ha tenido para esta novela la influencia de sus lecturas de Agripa, Paracelso y otros menos célebres alquimistas, y lamenta que se conozca la historia de Frankenstein pero apenas se haya leído la novela.

Josefina confiesa que abandonó la lectura de Frankenstein tras escena en que el doctor ha recogido los cachitos de cadáver, los deposita sobre la mesa y ve cómo se mueven a causa de los gusanos (corrobora Toñi el enorme realismo de esta descripción). Josefina está de acuerdo en que la muerte de la madre hace que se desborden las inquietudes del protagonista y éste se entregue a la insensatez de dar vida a un cadáver. Sobre la biografía de la autora, indica que fue una mujer muy inteligente y también una persona con mucha fortaleza, ya que tuvo que pasar bastantes penalidades; afirma que existen muchos datos sobre su vida, que los ha leído con atención y que le ha gustado la mujer que componen, del que destaca la expresión de libertad que mantuvo, difícil en aquellos tiempos, aprendida de la educación que le dio su padre y del recuerdo de su madre. Añade que también tuvo que aguantar muchos desaires de su marido Percy, y lee un fragmento del texto de la Wikipedia donde se cuentan sus últimos días, resaltando que sólo le sobrevivió un hijo de los varios que tuvo, con quien convivió a partir del matrimonio de él, convirtiéndose en una buena suegra; sus últimos años se vieron afectados por brotes de enfermedades nerviosas, con parálisis que por temporadas le impedían leer y escribir; Shelley murió con cincuenta y tres años, quizá de un tumor cerebral, y no fue cumplida su voluntad de ser enterrada junto a su padre, debido al mal estado en que se encontraba el cementerio; añade Josefina que entre sus pertenencias se hallaron cabellos de sus hijos muertos, las cenizas de su marido y una copia del Adonais con que éste homenajeó a Keats cuando tuvo noticia de su muerte. Concluye subrayando que fue una mujer muy trabajadora y tenaz, siempre leyendo y escribiendo.

Mercedes no ha leído Frankenstein, ya que es una historia que no le atrae especialmente; ha leído la biografía que se ha publicado en Wikipedia, y le ha llamado la atención que su obra cumbre fuera escrita con tan sólo dieciocho años (1816), aunque hasta 1831 no se reconoció su autoría (indica Josefina que Shelley se la dio a leer a su padre pero Godwin le dijo que no valía para ser publicada, y recuerda Isabel que durante un tiempo fue atribuida a Percy, quien la había revisado y en cierto modo rematado). También destaca Mercedes que Percy intentó que su mujer se fuera a vivir con otro hombre, pero que ella estaba muy enamorada de él y no quiso; añade Isabel que no parecía una mujer físicamente agraciada, y Maite concluye que tenía empaque.

Toñi no ha terminado de leer el libro, pero tiene intención de hacerlo. Cuenta que Frankenstein se inicia con una escena en el Polo Norte donde el monstruo es atisbado por alguien que va en un trineo (María José recuerda que el monstruo no muere en la novela). Toñi se pregunta si finalmente mata al hermano de Victor, a lo que María José comenta que él busca a la familia de su creador para vengarse, y mata al sobrino accidentalmente cuando el niño lo desprecia y empieza a gritar. Toñi dice que la novela le está gustando mucho, y añade que la idea de esta historia la madura Shelley junto a su marido (indica María José que la idea principal tiene que ver con el incipiente control de la electricidad que se está produciendo en aquel momento, y que les lleva a concebir que gracias a una chispa se pueda devolver la vida); indica que el monstruo se hace malo porque Victor lo abandona, y también la gente lo rechaza o rehuye y así contribuye a envilecerlo, y que da mucha pena, a lo que añade Isabel que da más pena en el libro que en las películas; comenta Toñi que él mismo se asusta cuando se ve por primera vez, reflejado en el agua, a lo que añade Isabel que la historia no da miedo, sino que te genera cierta compasión hacia el monstruo. Finalmente recuerda Toñi que, oculto en una granja, el monstruo aprende el lenguaje observando al ciego que la habita y a su familia, a lo que añade Isabel que es una criatura muy inteligente, ya que había sido elaborada con el cerebro de un profesor.

Rufino dice que leyó Frankenstein hace mucho tiempo y que ha visto varias versiones de la historia, incluida El jovencito Frankenstein; se pregunta cuál será el estilo narrativo de la obra, a lo que Valentín responde que puede considerarse una novela gótica, y añade Rufino una cuestión más extensa, que da pie a un intenso debate: ¿tiene alma el monstruo? Isabel afirma que tiene conciencia y Valentín asegura que él no ve un alma por ningún lado, a lo que Mercedes añade que ha sido creado científicamente y María José replica que no ha sido creado sino recompuesto. Rufino afirma que el monstruo no es una persona y por tanto no tiene conciencia, ya que algo que surge artificialmente no puede tener conciencia, a lo que Toñi indica que en el libro se cuenta más del monstruo que en las películas, y María José asegura que él adquiere conciencia de sí mismo. Por otro lado, Rufino recuerda otro título de Shelley, El último hombre, un relato de ciencia ficción escrito en 1826 y acerca del cual lee un texto: trata de un mundo futurista donde se desencadena una plaga que amenaza la supervivencia de la humanidad; este libro fue criticado en su época, publicado de forma anónima y olvidado después hasta que mediado el siglo XX ha sido recuperada para el lector; añade Rufino que este libro describe el círculo romántico y desglosa el argumento, donde se van cruzando relaciones sentimentales con acontecimientos políticos, bajo un acento emocional muy diferente al de Frankenstein. Por último regresamos al debate sobre la posible conciencia del monstruo, donde Rufino dice que no es verosímil que pueda tenerla, Isabel habla de las conexiones cerebrales que reconstruye el doctor, Maite pone como ejemplo los robots que actualmente se están inventando y Mercedes recuerda que un caso así no es comparable con la inseminación artificial, a lo que Rufino menciona el famoso caso de clonación de la oveja Dolly e Isabel nombra los trasplantes de cerebros, que Rufino rechaza por ser auténtica ciencia ficción, a lo que María José replica que ya es posible realizar un implante neuronal parcial y Mercedes afirma que Shelley fue una adelantada a su tiempo; concluye Rufino recordando que esta novela es obra de la imaginación y no de la ciencia.

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