5 de febrero de 2014: Lord Byron

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Consuelo, Eugenio, Mercedes y Valentín.

Isabel lee algunos datos biográficos sobre el autor, extraídos de El poder de la palabra; por ejemplo, que su nombre completo fue George Gordon Byron y que murió muy joven, con treinta y seis años, a lo que añade Lali que al parecer la familia Byron era muy propensa a la muerte prematura. Isabel indica que fue un poeta versátil que heredó el título de barón y cuya primera obra, Horas de ocio, recibió una importante crítica adversa; pero tras un primer viaje por Europa compuso Las peregrinaciones de Childe Harold, basado en sus andanzas, y con este poema creó un estereotipo de héroe byroniano que, atormentado por la culpa y el pecado, rechaza la humanidad, y que amplió en obras posteriores, como el protagonista del relato El corsario. Byron se casó con Anna Isabella, quien al poco de tener con él una hija le abandonó, tras una tormentosa convivencia durante la cual el autor mantuvo relaciones incestuosas con su hermana; tras este escándalo, el autor abandonó Inglaterra definitivamente. Viajó a Italia, donde convivió con el matrimonio Percy y Mary Shelley y escribió su poema más célebre, Don Juan, que es una sátira heroicoburlesca de la sociedad burguesa de su tiempo. Tras instalarse en Pisa, colabora en la creación de una revista que dejó de componerse tras la trágica muerte de Percy Shelley; de esta misma época datan sus fuertes polémicas con Southey. En Grecia, Byron concluyó el Don Juan y, en apoyo a la lucha de liberación contra los turcos, fletó un barco al que llamará “Bolívar” en homenaje al libertador sudamericano; por último, al poco de iniciarse la expedición, muere de malaria en Missolonghi. Isabel comenta que la obra de Byron tuvo mucha repercusión en España y en Latinoamérica, y que en nuestro país fue Bécquer quien desarrolló sus temáticas, ejerciendo en general una gran influencia, que Lali aclara que fue más intensa fuera que dentro de Inglaterra. Isabel indica que padeció desde su nacimiento una cojera producto del pudor de su madre, quien no quiso recibir asistencia durante el parto (Lali añade que cerró las piernas mientras daba a luz y le pilló un pie), que le gustaban los animales (circula la anécdota de su posesión de un oso durante su estancia como estudiante en Cambridge), y que fue muy excéntrico y polémico; finalmente, se le ha diagnosticado posteriormente un trastorno bipolar que explicaría su vehemente apoyo a la causa de los débiles y su fama de crueldad en el trato con sus semejantes; Isabel añade que ha encontrado dos versiones cinematográficas de obras de Byron: una de El corsario, muda, filmada en 1914, y otra de Don Juan de 1926.

Mercedes ha leído Byron enamorado, que es una biografía escrita por la escritora irlandesa Edna O’Brien, y donde no se nombra nada acerca de la obra del autor pues todo se centra en sus amores, romances e infidelidades; comenta que al final se hace aburrida de tan repetitiva, pero que está muy bien documentada. Respecto a otras lecturas sobre el autor, Mercedes destaca un poema leído en un enlace de nuestra bitácora, dedicado a una mujer andaluza (Eugenio indica que, durante su visita a la península Ibérica quedó asombrado de la belleza de las mujeres morenas), pero comenta que está un tanto mal traducido y no ha terminado de convencerla. Por último, cuenta la leyenda que gira en torno a la reunión de Byron y su círculo de amistades literarias, de la cual surgió Frankenstein de la pluma de Mary Shelley; al respecto recuerda Eugenio que se ha filmado una película de Gonzalo Suárez titulada Remando al viento, donde el autor es interpretado por el actor inglés Hugh Grant).

A Valentín le ha gustado lo leído sobre el autor, y resalta su relevancia. Destaca las descalificaciones que se cruzaba con otros poetas de la época, como Coleridge y Wordsworth, y lee un texto donde Byron califica una obra del primero de “poema soporífero” y “escritura aberrante”, y lo acusa de estar escribiendo aún en el siglo XVIII, repitiendo sus clichés y sus formas. Valentín también subraya que el autor sentía un vivo entusiasmo por Grecia, a la que consideraba cuna de la poesía, y menciona el éxito que alcanzó con Las peregrinaciones de Childe Harold, pero indica que su poema más importante fue Don Juan, al que define como farsa cómica cargada de patetismo, emoción y sensualidad, con un narrador muy ingenioso que diserta sobre la propia vida del autor, revienta la afectación de la rapsodia y denuncia los hábitos sexuales y la hipocresía de la sociedad de su tiempo. Valentín añade que Byron sentía hacia la Grecia clásica una intensa nostalgia y que su espíritu rondaba entre el melancólico glamour y el satanismo; recuerda la anécdota según la cual Walter Scott habría abandonado la poesía ante la irrupción del autor y concluye con la descripción que de él hizo su amigo Percy Shelley, que le llamaba “loco exaltado”.

Isabel lee el poema El sueño, donde Byron describe, con un lirismo conmovedor, que aquél es una frontera entre la existencia y la muerte cuyo peso cae sobre el pensamiento, y que nos convierte en lo que seremos al tiempo que reúne las sombras del pasado; se abre a continuación un pequeño debate sobre el sentido y significado de los sueños, donde Eugenio destaca que el autor establece en este poema un pequeño antecedente de la teoría freudiana y del psicoanálisis.

Lali ha leído una biografía sobre Byron escrita por André Maurois que califica de muy interesante, y de cuya lectura ha elaborado un texto donde destaca que el autor heredó un título nobiliario y una abadía siendo todavía niño, y que de nacimiento padecía una deformidad en un pie. Acerca de su padre dice que le llamaban “Jack el malo” (a lo que Mercedes añade que también “el loco”), y que la vena de locura que pudo afectar al poeta le venía de familia, tanto de los Byron, por parte de padre, como de los Gordon, por la rama materna (precisamente fue su madre quien aportó la fortuna que disfrutaba la familia -que el padre dilapidó-, y que al casarse él tenía una hija que con el tiempo fue la Augusta del incesto). Lali comenta que Byron era enamoradizo, tanto de mujeres como de hombres, y que era bien parecido y tenía una enorme energía física de la cual vinieron sus continuos viajes, que enriquecieron su mente y lo impulsaron a empeñarse en liberar la patria de Homero, Grecia, del dominio turco; recuerda que tuvo una vida sexual radical, que rechazo la sociedad inglesa de su tiempo y que tuvo una época de tortuosa convivencia con su mujer y su hermana, durante la cual se comportó de forma muy despótica y machista; Eugenio puntualiza que los datos sobre esta época provienen en gran parte de las memorias de su mujer, a lo que Lali corrige que también hay testimonio de cartas de sus allegados, que extendieron por Inglaterra muy mala fama hacia el autor (como ejemplo, lee una carta del propio Byron donde pide a su mujer que abandone la casa y se lleve a la hija que ambos tuvieron). Acerca de su segundo y definitivo viaje por Europa, indica que la imagen que ha quedado del autor es la de un héroe revolucionario peligroso de conocer (añade que su hermanastra Augusta decía que él había heredado el temperamento de su madre), y que deseaba ser enterrado en Grecia, pero sus amigos repatriaron el cadáver y Caroline Lamb, antigua amante y escritora, se volvió loca al presenciar el cortejo fúnebre por las calles de Londres. Lali cuenta la anécdota familiar de un abuelo que fue almirante y aventurero y dio la vuelta al mundo por el estrecho de Magallanes sin lograr descubrir ni un solo territorio nuevo, detalle que la maledicencia achacó a las dificultades que pasó para evitar las zonas desconocidas; por último, recuerda un pasaje donde el autor describe la exhumación de los restos de Percy Shelley, y añade que el estilo del autor es el de un verso impetuoso, inquieto y exhuberante.

Toñi la leído El corsario, un relato donde constantemente están luchando, pero que a ella le ha parecido “muy light”; el protagonista se llama Conrado y vive en una isla con su familia (encabezada por una esclava con quien no ha tenido hijos), cuando estalla la guerra contra los turcos y él se embarca para luchar. Ya en territorio enemigo es hecho prisionero y entonces conoce a una mujer del Turco de quien se enamora; entonces logra huir pero el Turco lo captura de nuevo y lo encarcela en una mazmorra de la cual ella lo sacará, con la pretensión de que la lleve con él, cosa que a él no termina de convencerle pero acaba cediendo; cuando llegan a la isla donde tiene su hogar, descubre que la mujer que dejó allí se ha suicidado creyendo que él no volvería. Señala Toñi que hay otro relato en el mismo volumen, Lara, que trata de un emigrante muy huraño que se dedica a vagar por el cementerio y robar cráneos (Isabel indica que es muy macabro y debió de ser la causa de la admiración de Poe, y Lali tilda al autor de morboso, ya que siendo estudiante solía acudir a inspirarse a los cementerios), y que finalmente se enamora de un chico que luego resulta ser una chica (Lali recuerda que Byron se enamoró del paje que tenía en la campaña de Grecia, y Mercedes muestra una ilustración en la edición de Byron enamorado que ha leído donde aparece reflejado). Por último, Toñi comenta que no le ha gustado mucho porque tiene muchas escenas de guerra, pero que las descripciones de la isla son una maravilla.

Eugenio comenta que ha leído el primer canto de Don Juan, y que tiene intención de seguir con la lectura, pues le ha resultado brillante; indica que en la dedicatoria del poema el autor rechaza hacer destinatario de ésta a algún poeta laureado, ya que le parecen parásitos de la poesía que se limitan a repetir fórmulas de éxito y alabar a los poderosos. Ya en el poema, señala que Byron critica con dureza a Southey, Coleridge y Wordsworth, y lee una estrofa en la que llama borracho al segundo. Acerca de las alusiones a su propia vida que hay en la obra, mentadas por Valentín, comenta que el autor habla de sus costumbres y hábitos; y sobre el contenido de este primer canto, menciona que trata de un Juan adolescente que es seducido por una joven esposa, y la escena paródica que se produce cuando el marido de ésta irrumpe espada en mano en la alcoba, con un séquito donde destaca el abogado, dispuesto a vengar la afrenta. Eugenio también ha leído el capítulo dedicado a Byron en el ensayo de Luis Antonio de Villena Corsarios de guante amarillo, donde el poeta y crítico español trata del Dandismo, y señala al autor como uno de los más fieles representantes del Romanticismo, en el sentido de haber hecho que su propia vida fuera un fiel reflejo de los valores y principios de aquel movimiento. Acerca de una observación que leyó Isabel en la biografía inicial, Eugenio puntualiza que no fue Bécquer el poeta español más influido por Byron, sino Espronceda, ya que Bécquer habría seguido, más bien, la estela de Keats. Por último, subraya una de las características con las cuales Villena define el romanticismo de Byron, y que es la de la intensidad con que el poeta desea vivir la vida, donde podría anclarse una obsesión por paso del tiempo y una ansiedad por amarrar el instante que se escapa, a lo que Isabel evoca el “carpe diem” de los latinos.

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