29 de enero de 2014: Charles Robert Maturin

Reunidxs: Isabel, Pilar G., Toñi, Rufino, Maite, María José, Sagrario, Eugenio, Pilar, Mercedes y Valentín.

Abre la sesión Isabel comentando que Charles Maturin es un novelista irlandés -y a pesar de ello protestante- que murió a los cuarenta y dos años de edad; cursó estudios en el Trinity College de Dublín y al morir su padre tuvo que dedicarse a la enseñaza. Melmoth el errabundo, título cumbre de la novela gótica, es la obra que le ha dado celebridad, y cuyo protagonista está basado en el personaje de Fausto: ha sellado un pacto con el diablo que le procurará la inmortalidad durante un tiempo, pero terminará con su alma en el infierno si no encuentra a alguien que le sustituya en el contrato. Indica Isabel que esta obra muestra un tormento sin fin, con una visión desagarradora del destino humano; al hilo indica María José que también está basada en la leyenda cristiana del Judío Errante, quien tras haber insultado a Cristo durante la agonía de éste, fue condenado a vagar sin rumbo por el planeta durante toda la eternidad. Finalmente señala Isabel que Maturin escribió varias obras de teatro que apenas lograron una modesta repercusión.

Pilar, que no ha leído nada del autor, ha recogido diversos comentarios que aparecen en Internet; señala que fue un pastor protestante, y que era un poco vividor y tuvo sus quebraderos de cabeza al casarse. Su novela Malmoth le ha recordado a El retrato de Dorian Gray de Wilde (añade María José que a ella le vino a la memoria La posibilidad de una isla de Houellebecq, a quien leimos hace un par de temporadas); al respecto Pilar plantea un debate sobre el interés que pueda despertar en nosotros la inmortalidad, y ella comenta que si esa inmortalidad no lleva consigo la de los seres queridos, carece por completo de interés; Mercedes indica que ella no desea en absoluto ser inmortal, que vivir siempre termina debe ser agotador, y María José recuerda que el protagonista de Melmoth sólo pedía ciento cincuenta años más de vida; por su parte Eugenio comenta que puede haber una relación entre esta popularidad del ansia de inmortalidad y el hecho de que comience a perderse la creencia en un Más Allá que nos haga eternos, y cree que por medio se haya la cuestión de la falta de asimilación de la inevitabilidad de la muerte; finalmente Rufino indica que esta historia no es más que una ficción y que no transciende a la realidad, que es producto de la imaginación, y Mercedes matiza que es ciencia ficción.

Mercedes lee un texto que ha elaborado sobre el autor. Comenta que sus tres primeras novelas las publicó bajo seudónimo, y que a pesar de haber sido un fracaso, logró ganarse la admiración de Walter Scott y de Lord Byron, quienes le ayudaron a mejorar su oficio. Menciona también que la leyenda del Judío Errante inspiró su novela más importante, y que fue bisabuelo de Oscar Wilde (matiza María José que no de ascendencia directa), quien utilizó el falso nombre de Sebastian Melmoth en homenaje a su antepasado, cuando deseaba o le era necesario ocultar su identidad. Señala Mercedes que la obra cumbre de Maturin tuvo una gran acogida entre autores posteriores, de tanta relevancia como Thackeray o el mismísimo Baudelaire, y que Balzac escribió una novela corta titulada Melmoth reconciliado haciéndose eco de la del autor. Por último, lee algunas frases de Maturin, entre las cuales destaca una que critica que el ser humano use su inventiva en reiteradas ocasiones para multiplicar las calamidades del mundo, y otra que asegura que uno de los grandes errores religiosos que cometemos consiste en creer que gracias al sufrimiento se aumenta la probabilidad de salvación.

Valentín comenta que ha leído algo sobre el autor en Internet, pero no le ha llamado demasiado la atención; acerca de la cuestión debatida sobre la inmortalidad, resalta los avances científicos que pueden lograr que, si bien no vivamos para toda la eternidad, si al menos podamos alargar nuestras existencias, y evoca Fundación, la novela de Asimov donde se advierte la pérdida de musculatura en los seres humanos a causa de la falta de actividad física, y la creación de máquinas reparadoras que mitigan estos efectos; comenta Pilar que ya hoy en día están los gimnasios para que la gente haga el ejercicio físico que sus vidas sedentarias impide, o para contrarrestar el estrés, y Maite añade que también forma parte de esta cultura gimnástica el culto al cuerpo, a lo que María José señala los avances culinarios que actualmente se anuncian en Madrid fusión, donde se ha afirmado que de tanto refinar la energía de los alimentos “vamos a comer luz”; Rufino llama la atención sobre las carencias que tiene nuestro mundo para especular tanto acerca de las perfecciones del que venga y Pilar subraya que estos problemas nuestros actuales no se quieren solucionar, y pone como ejemplo la mercantilización de las semillas, a lo que Eugenio señala que aquellos avances que se den en el futuro estarán sujetos a las patentes y no beneficiarán a toda la gente; finalmente Pilar G. recuerda la compra de un colchón que se puede llevar en la mano y Toñi indica que luego hay que esperar veinticuatro horas antes de poder acostarte en él. Concluye Valentín su intervención remitiéndonos a buscar información acerca del “grafeno”, que es un material nuevo que va a revolucionar la industria.

Toñi ha leído Melmoth el errabundo, aunque no entero: ha leído el principio y también el final. Trata de un estudiante que tiene un tío avaro y moribundo a quien acude a acompañar en su lecho de muerte; allí lo encuentra rodeado de sirvientes que acechan su fallecimiento para sacar el provecho que puedan; el tío le pide un vaso de vino y también que destruya sin leer un manuscrito que tiene escondido; el sobrino iba a cumplir la voluntad de su tío, pero la curiosidad le vence y lee el manuscrito, que contiene la historia de Melmoth -de quien también encuentra un retrato- a quien llaman “el extranjero”. El eje de la trama son varias historias que se suceden y en las cuales se narra una desgracia que está a punto de suceder justo cuando pasa por allí el errante (“una sombra”); la descripción le recuerda a Isabel a los vampiros. Toñi comenta que hay varios escenarios, y destaca los manicomios; cuenta que al final el protagonista se enamora de Isidora, quien se iba a casar con otro por lo que su padre y su hermano se enfrentan a él; ella queda embarazada e interviene la Inquisición (indica Pilar que esta presencia se debe a que el errabundo era visto como un demonio); por último, Toñi relata que tiene un sueño en que cae al infierno, que es como un mar de fuego, y que envejece en un instante pero lo salva su amor por Isidora. Isabel comenta que con estas imágenes comprende por qué Wilde y Poe tienen al autor como precursor de sus propias obras.

Rufino lee fragmentos de textos sobre Melmoth, de la cual dice que fue publicada en 1820 y que es la culminación del género novelístico de terror gótico, muy popular a finales del siglo XVIII: escenarios románticos, espectros, ruinas y criptas. Acerca del agotamiento de este género, comenta que Maturin renovó sus clichés y alargó su existencia, al profundizar en lo humano y dejar de incidir en lo estético. Sobre la sinopsis de la obra, indica que gran parte de la historia se desarrolla en España, donde se describen salas tortura, monasterios y catacumbas; en definitiva, el mundo que rodea a la Inquisición, que el autor muestra como una institución que redunda en el desprestigio de los católicos. Concluye Rufino señalando que la novela de Maturin gira en torno a la cuestión del porqué del sufrimiento humano.

Maite recuerda la obra dramática del autor, que tuvo poco éxito y le introdujo en una dinámica de altibajos de la que escapó gracias a la ayuda de Walter Scott, tras lo cual logró convertirse en un “maestro de la novela negra”. Maite indica que a ella no le agrada mucho el género, pero que al leer el argumento de Melmoth ha quedado enganchada y le parece muy interesante, principalmente por las buenas descripciones que parece albergar sobre las angustias que padecen los personajes. Recuerda también que Balzac escribió una novela corta que homenajea a Maturin, y concluye asegurando que le ha causado una muy buena impresión, que cree que es una obra importante y que pertenece a un tipo de literatura que hay que leer con el ánimo suficiente para saber disfrutarla.

María José ha leído un pdf colgado en nuestra bitácora cuya autora es Ana González-Rivas, que resalta las citas de griegos y latinos que abundan en la obra de Maturin, haciendo gala de la erudición que muestran los autores ingleses (señala Pilar que ya hemos visto que la inspiración de muchas de sus obras viene de los clásicos); añade María José que la literatura grecolatina alimenta la novela gótica, e indica que la novela Molmoth está basada en una historia de fantasmas escrita por Plinio el Joven; a continuación cuenta la trama. Por otro lado recuerda que la base psicológica de la obra cumbre de Maturin es el deseo de poder e inmortalidad, y que para ello el autor desarrolla un total de cinco historias intercaladas en la principal, que son las que sirven al protagonista para acercarse a los distintos personajes, quienes atraviesan momentos difíciles y a los cuales ofrece la inmortalidad para librarse él de su condena. Añade María José que, además de la leyenda del Judío Errante, hay tintes de la Parusía, que es la Segunda venida de Cristo.

Sagrario ha leído algunos datos de la biografía del autor, de quien dice que fue un protestante enemigo de la Iglesia Católica, institución a la que consideraba fuente de hipocresía y origen de muchos males. La trama de Melmoth es la tentación que hace su protagonista a los infortunados que se cruzan en su camino, y de entre ellos destaca la “historia de un español” que es perseguido por la Inquisición por ser judío, y que tras un incendio se refugia en una casa donde viven otros dos judíos, quienes al principio le ocultan su identidad pero al cabo confiesan su credo y le muestran un pergamino donde el joven lee una nueva leyenda que enlaza con la posterior “historia de los indios”. Resalta la influencia de esta obra en posteriores autores, aunque añade que emite una visión infernal del destino humano, para el que no hay paz ni sosiego y sólo cabe esperar la caída y hundimiento en el abismo; comenta Sagrario que lamenta esta ausencia de esperanza, porque la esperanza es algo que llevamos todos en nuestro interior y resulta contradictorio que un individuo la pierda y pueda seguir viviendo, a lo que supone Eugenio que debemos distinguir entre fe y esperanza, pues ambas cosas son distintas. Finalmente Sagrario comenta que, como obra de arte, la novela merece todos sus respetos.

 

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