22 de enero de 2014: Jane Austen

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, Maite, María José, Sagrario, Josefina, Eugenio, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel abre la sesión leyendo una serie de datos biográficos sobre la autora. Destaca que murió muy joven, con cuarenta y un años, y que fue una novelista ligeramente satírica que sirvió como transición entre el neoclasicismo del siglo XVIII y el romanticismo del XIX; indica que habitó en distintos lugares, pero siempre dentro de la misma región. Los primeros escritos de Austen se remontan a cuando apenas era una niña (algunos de ellos reunidos bajo el título de Amor y amistad), y sus seis novelas centrales fueron escritas en dos periodos, según señala Isabel: entre 1796 y 1798, y entre 1811 y 1817, año en que murió. Su obra más celebrada es Orgullo y prejuicio, cuya publicación inaugura el último periodo de su obra en el que compuso las tres últimas novelas que llegó a completar: Mansfield Park, Emma y Persuasión); también señala títulos publicados póstumamente, como Los Watson, así como la correspondencia que durante toda su vida la autora mantuvo con su hermana Cassandra. Acerca de su estilo indica Isabel que es muy detallista, narradora de acontecimientos triviales ambientados en el mundo de clase media provinciana inglesa; destaca que no sea propiamente romántico y que su principal interés se centre en el aprendizaje de los personajes bajo los hechos que constituyen la trama; subraya que Austen logra un retrato profundo de las heroínas de sus novelas, y dota de interioridad al más insignificante personaje. Acerca de las versiones cinematográficas, señala que la primera data de 1949, pero que luego se abre un largo periodo de años sin que el séptimo arte vuelva a acordarse de ella, hasta que en la década de los noventa resurge el interés; Isabel ha visto por Internet una realización para televisión, Jane Austen recuerda, de 2008, dirigida por Jeremy Lovering y basada en la propia vida de la autora, en sus cartas; entre los acontecimientos que narra esta serie, menciona la boda de la sobrina de Austen y cómo ésta, solterona, es la referencia experimentada de la vida que aconseja a la joven (recuerda María José que la autora tuvo al menos dos serios pretendientes, Pilar indica que motivos económicos la empujaron a rechazar una propuesta matrimonial y Mercedes señala que uno de esos pretendientes murió, a lo que añade María José dice que también tendría Austen motivos para no casarse, por cuanto ello suponía dejar sola a su hermana Cassandra, a quien tan unida estaba). Por último, Isabel nos hace saber que ella ha leído El castillo de Lesley y otras historias, editado en castellano por Funambulista; le ha parecido una obra muy entretenida y en ocasiones divertida, por lo que resalta la comicidad de la autora (Lali añade que hizo valer su “fina ironía”).

Lali señala que Austen ha tenido detractores de altura, como Charlotte Brönte o Mark Twain, al ser considerada su literatura como simple relato de costumbres; pero las novelas de la autora muestran una inteligente descripción de los comportamientos social e individual; comenta que ella ha leído tres o cuatro libros de Austen y en ninguno recuerda que se consigne referencia alguna a hechos históricos, aunque resalta su insistencia en dejar patentes las diferencias entre clases sociales. Cuenta que actualmente se están acuñando billetes de diez libras esterlinas con su efigie, a lanzar a la circulación próximamente; a propósito indica Valentín que existe de la autora el retrato que le hizo su hermana, y que ha habido polémica porque la reproducción fiel de éste dio como resultado una imagen para el billete más similar a una figura de porcelana que a una persona, a lo que añade Pilar que la copia ha sido retocada “con photoshop”. Lali recuerda que en la época de Austen seguía siendo mal visto que una mujer dedicara su tiempo escribir, y que por ello la autora escondía sus útiles de escritura cuando alguien llegaba a su casa (indica Mercedes que la puerta del salón chirriaba y nunca quiso que se arreglara, para poder saber cuándo entraba alguien); así mismo, Austen nunca cumplió el precepto destinado a las de su condición, de afanarse en ser convertida en esposa y madre. Nombra su novela Orgullo y prejuicio, que la autora escribió a los veintiún años y parece una obra de madurez, y también menciona Emma, que es el libro que Lali acaba de leer y de cuya lectura ha elaborado un texto que lee a continuación. Dice que ésta editada por Alba es una mala traducción, pese a ser de José María Valverde, ya que ha encontrado muchas frases vertidas literalmente, y cita como ejemplo una réplica en un diálogo: “Sí, en mucha verdad” (opina Pilar que quizás en la traducción ha colaborado un negro literario); señala Lali que a nivel formal, los diálogos que compone Austen son lo mejor de su obra, así como en cuanto a contenido debe destacarse el análisis de valores sociales y personales que relaciona; comenta que la autora no abandonó durante su vida ciertos límites, habiendo perdido la ocasión de ampliar sus experiencias vitales y, sin embargo, controlaba muy bien la psicología de los personajes. Sobre la novela indica que la protagonista es una soltera, cotilla y posesiva que, aburrida de su rutina y de la compañía de un padre hipocondríaco, se convierte en celestina de sus amistades; separada de una institutriz por la boda de ésta, consigue la compañía de Harriet, una joven que se convierte en su amiga al tiempo que es víctima de sus enredos, a la cual obliga a rechazar un pretendiente tras convencerla de que es poco para ella. Así continúan los tejemanejes de Emma, hasta que finalmente todo concluye con final feliz; indica Lali que tiene demasiadas florituras, aunque en líneas generales está muy bien escrita ya que, de lo contrario, podría decirse que no es más que una simple novela rosa. Finalmente subraya que a su juicio Austen no trata de mantener una defensa de la mujer, y a continuación nos sumergimos en un debate sobre el posible feminismo de la autora, donde Isabel señala que se la ha relacionado con su Mary Wollstonecraft y Eugenio indica que esta relación no es explícita en las obras de Austen, sino si acaso se podría deducir del hecho de que en sus novelas Austen da por sentado que el nivel cultural de una mujer depende de la educación recibida.

Toñi ha leído Orgullo y prejuicio y comenta que no le ha llenado mucho, que es una obra un poco sosa, con poca emoción y demasiado enredo, y que lo que más destaca son los escenarios y la descripción de las relaciones sociales y de la obsesión de padres e hijas por el matrimonio. Los protagonistas son una familia con cinco hijas cuyo objetivo es casarlas (señala Mercedes que es la trama de la mayoría de las novelas de la autora). Confiesa Toñi que la ha dejado sin concluir, aunque le falta poco y la animamos a que la acabe; no obstante Josefina indica que ella ha leído la misma obra y que después puede contar el final. Por último dice Toñi que la primera edición de esta novela se publicó de forma anónima.

Rufino comenta que la autora fue la séptima de los ocho hijos que tuvo un pastor anglicano, y que también fueron ocho los amargos años que pasó en Bath, una localidad célebre por sus aguas termales que a Austen dejó honda huella. La autora fue educada por su propio padre, y gracias a ello leyó mucho y cultivó su buen estilo literario; entre sus maestros señala a Samuel Richardson, y acerca del género de sus obras, pese a su escasa semejanza con el romanticismo, se encuentra muy alejada del realismo posterior de Thackeray o Dickens. Indica también que en sus obras siempre ha existido un tono irónico, que se afina con el tiempo y gracias al nivel de análisis que alcanza en su segunda época. Según comenta José María Valverde, la autora habría muerto tras llegar al límite de su actividad creativa; por otro lado, Virginia Woolf dijo de ella que fue la primera mujer que escribió como una mujer, y no como un hombre. Concluye Rufino indicando que la autora vio pocas cosas distintas en su vida, pero fue muy observadora e inteligente; y subraya su antirromanticismo, a lo que Eugenio cree que se alude por la ausencia en sus novelas de apasionadas historias de amor, e Isabel corrige que lo más propio del romanticismo es el desamor.

Maite señala que la semejanza que se encuentra entre la autora y Wollstonecraft, a juicio de una crítica que ha leído, sugiere un contraste basado en que ambas reclaman ser tratadas como criaturas racionales; por otro lado, subraya que la conciencia protectora de su patrimonio cultural que tienen los ingleses ha logrado que la última residencia de Austen se haya conservado y convertido en un gran museo de homenaje a la autora, a lo que Mercedes añade que esta última residencia de Austen es la única que se ha mantenido en pie. Maite ha leído un volumen editado por Alba que contiene dos obras menores de la autora: Lady Susan y Los Watson; acerca de la primera indica que en estilo epistolar se narran las vicisitudes de una viuda muy manipuladora cuyo egoísmo trae la desgracia a su entorno, llegando incluso a casarse con un pretendiente de su hija; resalta Maite que en estas cuidadas cartas, escritas con un estilo exquisito, se cuenta todo y se logra una magnífica ambientación que a ella le ha recordado la serie de televisión Arriba y Abajo, haciendo la lectura muy agradable. En la segunda obra, Los Watson, se cuentan los vaivenes de las jóvenes casaderas que no disponen de una buena dote, y al parecer es una novela que quedó inconclusa y fue terminada por una sobrina de Austen, a lo que indica que no se nota el cambio de autora (señala Isabel que ésta puede ser una de sus obras de juventud, que no llegó a terminar por haberse cansado de ella). Maite insiste en la descripción de las costumbres inglesas, y en el cuidado que ponen los nativos de aquella cultura en conservarla; Isabel recuerda que una amiga suya ha adquirido el hábito de tomar té a las cinco de la tarde, Lali constata que les cuesta mucho trabajo probar recetas culinarias extranjeras y Maite concluye relatando la anécdota de una “taza de manzanilla” ofrecida a tal paladar que ante el solo aroma de la que le ofrecieron lo rechazó por sucedáneo inferior.

María José ha leído muchas novelas de Austen y le gusta mucho cómo escribe, pero dice que termina agotada de dar tantas vueltas en torno a la misma temática. Esta vez ha leído La abadía de Northanger, sobre la que cuenta la trama: una muchacha obsesionada por las novelas de terror gótico donde la protagonista padece cautiverio en manos de un ser malvado de quien la ha de liberar un valiente y apuesto pretendiente. María José indica que esta novela es una especie de parodia de la novela de terror gótico, y que son constantes las referencias a Montoni, personaje de Radcliffe que aparece en sus Misterios de Udolfo; añade que pertenece a su primera época y fue publicada póstumamente. Destaca el carácter rebelde de la autora, que a la descripción mordaz de su tiempo une la sátira del clasismo y los convencionalismos de la época; por último lee un texto de Austen donde ésta critica las obras sesudas cuya erudición limita su lectura a una minoría, en favor de novelas populares accesibles al gran público.

Sagrario ha tomado nota de lo que se ha ido mencionando en la sesión y destaca que la autora ha construido en sus novelas una visión muy particular y duradera de la época en que vivió. Resalta que recibiera su educación literaria de su padre; y que fueran tan intensos sus deseos de escribir y expresarse, aunque le resulta desagradable la sensación de que los hubiera perdido, tal como se ha insinuado que podría ser motivo de la enfermedad que le costó la vida, circunstancia que le parece muy triste; a propósito señala Mercedes que al parecer se trató de una enfermedad glandular, e Isabel añade que le afectó a la glándula suprarrenal y pudo provocarle insufribles accesos de melancolía. Sagrario insiste en que le causa una enorme pena que a una mujer de la vitalidad de Austen se le pueda extinguir la creatividad.

Josefina lee un texto firmado por un hermano de la autora donde afirma que ésta vivió toda su vida completamente aislada del mundo literario, sin tomar contacto ni tener la más mínima relación con ningún autor contemporáneo; también indica que ese retrato único que le hizo su hermana se encuentra en la actualidad en la British Library. Acerca de su biografía destaca que en su juventud participara en representaciones teatrales en familia, habiendo sido autora de parodias literarias sobre obras célebres en su época; señala además el año 1795 como el de las primeras versiones de sus primeras novelas. A un intento de su padre, Orgullo y prejuicio fue rechazado por los editores y en Bath, como se ha señalado antes, Austen, que odiaba el lugar donde tuvo alguna de sus experiencias con pretendientes, pudo inspirarse para su última novela concluida, Persuasión. Josefina ha leído Orgullo y prejuicio y confiesa que le ha gustado mucho y se ha sentido introducida por completo en aquel tiempo; destaca las pautas vigentes para la condición femenina, que por haber nacido mujer estuvieras destinada a unas concretas labores y al casamiento con el mejor postor. En la novela, las cinco hermanas de la familia esperan para casarse, pero no todas siguen los pasos determinados y, por ejemplo, la hermana pequeña se fuga con un militar vividor a quien su familia política terminará pagando las deudas y asignando una pensión. Para terminar su intervención, Josefina lee un fragmento de la novela que le ha parecido especialmente cómico y donde, ante la decisión sobre la boda de una hija, la madre cambia de actitud hacia el pretendiente (comenta que la señora Bernett -la madre- representa el prejuicio del título, mientras el marido -el padre de las cinco hermanas- sería el orgullo); y añade que le han encantado las cartas que aparecen en la obra, que le parecen perfectas, ejecutadas con precisión (al hilo, Isabel lee algunos fragmentos y Lali resalta el estilo adornado de Austen).

Eugenio indica que la hipótesis de que Austen terminó sus días con la creatividad agotada puede provenir de Virginia Woolf, quien señala en un texto de El lector común que la autora había dado todo de sí al mundo que conocía y necesitaba traspasar aquellas fronteras, ya fuera mediante experiencias vitales o literarias: consideraba Woolf que Austen habría escrito otro tipo de novelas si hubiera vivido más tiempo. También señala Eugenio que la opinión que tiene Harold Bloom respecto a Austen (que le ha sorprendido porque siendo conocido como el crítico literario de los w.a.s.p. -hombre blanco anglosajón y protestante- ensalza en grado sumo la figura de una mujer), es que escribió bajo los dictados implícitos de la moral protestante, impresión que parece haber anticipado Woolf, quien comenta en el mismo texto que Austen tenía fama de ser una mujer recta y maniática en el cumplimiento de las normas. Eugenio ha leído Sanditon, que es la novela en la que Austen trabajaba cuando le sobrevino la muerte; sobre ella cuenta el argumento y destaca que para la ciudad cuyo nombre da título a la obra, una especie de pueblo costero que uno de los protagonistas desea convertir en balneario y destino turístico para la clase pudiente, pudo tomar como modelo su poco añorada Bath. Por último, menciona un dato que también indica Woolf en su texto sobre Austen: la destrucción de las cartas de la autora a manos de su hermana Cassandra; al parecer, ésta habría temido que la fama que iba adquiriendo la obra de su hermana terminara atrayendo a estudiosos y curiosos hacia su correspondencia, y decidió eliminar todas aquellas cartas que creyó que podían comprometer el buen nombre de la familia, hecho que resulta doblemente lamentable, a juicio de Eugenio, porque no sólo desaparecieron los documentos donde podríamos haber conocido el pensamiento de Austen, sino que además se publicaron aquellas novelas de las cuales la propia autora denegó cuando vivía y, probablemente, habría deseado que fueran destruidas a su muerte.

Pilar no leído ninguna obra de Austen, pero ha visto una versión cinematográfica de Orgullo y prejuicio; comenta que le parece una escritora idealista por la insistencia que muestra en repetir los mismos temas, y destaca las características de su época, la Era Georgiana, que al margen de la imagen que se desprende de estas novelas, destaca por asuntos de mayor calado social, como la lucha por la abolición de la esclavitud y el logro de ediciones de libros más baratas, que posibilitaron la popularización de la lectura; al respecto se pregunta Pilar si no serían las obras de Austen un tipo de novela demandada en aquel momento. También señala que en su opinión no hay feminismo en la autora, y que las tesis que expone con su escritura la sitúan, salvando las distancias, en el mismo ámbito que autora populistas como Corín Tellado; la impresión que causa a Pilar es que no es una literatura que resulte atractiva a los hombres. De la información enlazada en nuestro blog destaca el reportaje de Hola acerca de las rutas del mundo de Austen, una crítica despiadada que asegura que mejor están las estanterías vacías que con libros de la autora y la comparación que se establece entre ella y Wollstonecraft, que a Pilar no le parece nada acertada; finalmente, comenta que el mensaje de las novelas de Austen no le parece adecuado para nuestra época, y se abre a continuación un pequeño debate sobre los valores que echamos en falta en la sociedad actual.

Mercedes ha leído un libro de Espido Freire sobre las figuras de Jane Austen y las hermanas Brönte (Querida Jane, querida Charlotte), y advierte que el contenido de la parte dedicada a la autora es muy similar al artículo de la Wikipedia sobre ella. Destaca los lugares donde vivió Austen (Bath. Southampton, Stevenson, Reading y Kent) y que en la granja de su hermano Edward fue donde tuvo su última residencia, donde hoy se ubica un museo en su homenaje y hay una colcha hecha por sus propias manos. Señala Mercedes que dos de los hermanos de Austen eran militares y que el llamado Henry la ayudó cuando quiso editar sus obras; que le gustaba tocar el piano y le apasionaban los bailes (Maite recuerda la descripción de un baile que aparece en Los Watson). Acerca de su hermana Cassandra, indica que ésta vivió hasta 1845 y fue la encargada de organizar la obra que dejó inédita al morir. Sobre la novela Emma, lee el apartado que Espido le dedica en su libro, donde se destaca que la protagonista aprende de su comportamiento y modifica su actitud, hasta terminar en la resolución positiva de los tres matrimonios, en una especie de fría ecuación que hace propicia la observación de Charlotte Brönte, quien dijo que la pasión era ajena a Jane Austen; sobre otras dos obras de la autora, Mercedes señala que firmó Sentido y sensibilidad bajo el apelativo de “Una dama”, y que Orgullo y prejuicio se llamó en sus orígenes Primeras impresiones (Lali subraya que a ella le gustó más esta novela que Emma). Por último, Mercedes regresa a Winchester, donde Austen pasó su último año de vida, enferma, y comenta que en la lápida original de su tumba no se hace alusión alguna a su condición de escritora, omisión subsanada posteriormente en una posterior; lee ambos epitafios.

Valentín indica que la obra de Austen sirvió de puente entre románticos y realistas, y subraya la ironía que ha hecho célebre a la autora, mencionando un diálogo de escena de baile en Orgullo y prejuicio, donde ante los ofrecimientos para sacar a las mujeres uno comenta que aquélla es “tolerable pero no suficientemente bella”. También observa Valentín la comparación que hace unos años se hizo entre las novelas de Austen y el best-seller El diario de Bridge Jones, que no parece muy acertada. Acerca del hecho de que la autora usara sus propias experiencias para exorcizarlas con la ficción, recuerda al pretendiente que se le murió, a lo que añade Isabel que pudo haber idealizado la figura de este hombre, y Josefina puntualiza que otro de los pretendientes no le duró ni veinticuatro horas pero porque ella lo rechazó al día siguiente de aceptar su propuesta. Señala Valentín que Austen carece del tono trágico del romanticismo, aunque tuvo muchos admiradores de su literatura, entre los que destacan el célebre novelista Walter Scott y el mismísimo Príncipe Regente (Mercedes indica que la obligaron a dedicarle a éste su siguiente libro, y Josefina apostilla que no le dedicó ese que querían, sino el que publicó después). Por último, Valentín resalta que Austen se ha convertido en un clásico de la literatura moderna, por su ingenio y sensatez, y por la precisión descriptiva de sus personajes; que su novela puede ser calificada de “rural”, burguesa, donde aparece algún aristócrata y rara vez los criados poseen voz individual; y, en fin, que lo más representativo de la literatura de Austen es la ironía con que cubre toda ella.

 

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