18 de diciembre de 2013: Walter Scott

Reunidos: Isabel, Lali, Rufino, Maite, María José, Josefina, Eugenio, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel abre la sesión leyendo una breve biografía del autor donde se señala que fue un traductor, poeta, novelista y editor escocés que trabajó como abogado y secretario judicial, ocupación ésta que le dejaba mucho tiempo libre para escribir; comenta que Scott tenía un amplio conocimiento de las leyendas de su tierra, que reflejó en una de sus primeras obras, traducida como Juglaría de la frontera escocesa, que fue una recopilación de baladas y poemas que publicaría entre 1802 y 1815, de carácter tradicionalista y narrativo; durante esta época, el autor se dedicó al verso, llegando a ser propuesto como Poeta Laureado en 1813, galardón que rechazó en favor de Southey, a quien el mismo Scott recomendó para el nombramiento. En esta primera etapa ya había traducido y también se había dedicado a editar, preparando sendas publicaciones de obras de Dryden y Swift que a punto estuvieron de arruinarlo; más adelante, obtuvo grandes beneficios económicos con sus novelas, gracias a los cuales adquirió propiedades inmuebles en Escocia y fue nombrado barón, pero de nuevo contrajo deudas que sólo lograron saldarse en 1847, tras vender sus herederos los derechos de sus obras. No comenzó a escribir novelas hasta que no creció la relevancia de Lord Byron como poeta, pues ésta le obligó a renunciar a la poesía e iniciarse en la prosa, decantándose por el género histórico que en cierta forma daba continuidad a sus primeros cancioneros; llegó a componer hasta un total de veinte novelas históricas, entre las cuales destaca Ivanhoe (1820) por encima del resto. Walter Scott demostró un gran talento para la narración, el diálogo y las descripciones costumbristas, de la sociedad y también de los personajes, logrando tal nivel literario que se puede decir que estableció los cánones de la novela histórica moderna, y aunque se ha criticado que algunas de sus tramas se desenvuelven con cierta precipitación, y que alguno de sus personajes son excesivamente superficiales, en líneas generales se le ha reconocido un enorme mérito y una labor pionera; el ámbito histórico que engloba sus ficciones se mueve entre la Edad Media y el siglo XVIII, rindiendo culto a los valores medievales que fueron revitalizados, en general, por el arte del romanticismo; se le considera precursor de Balzac y Dickens y sus obras han inspirado versiones en cine y música, entre las cuales Mercedes destaca el Ave María de Schubert), inspirado en el poema La dama del lago. Isabel indica que la traducción al castellano de sus novelas introdujo el género en España y Latinoamérica , y también el propio espíritu romántico, y nombra a Espronceda, Larra y Gertrudis de Avellaneda, entre otros; lee por último una frase del autor donde afirma que el amor más hermoso es aquel bañado en lágrimas, como lo es la rosa bajo el rocío; al hilo recuerda Lali la célebre sensibilidad de la época, que tantos desmayos femeninos causaba, aunque se hace eco de la sospecha de que éstos no se debían tanto a los arrebatos sentimentales como a la presión de los corsés que se estilaban.

Rufino confiesa que, siendo él niño, la bibliotecaria le recomendó la lectura de Ivanhoe, Bob Royd y alguna otra novela más de Scott, que influyeron en su juvenil espíritu aventurero, y añade que después se enriqueció con las versiones cinematográficas de estas obras, en las cuales vislumbró con mayor claridad los encantos de sus argumentos. Lee algunos datos biográficos del autor, e indica que hasta bien entrado el siglo XX, en la confección de la novela histórica ha predominado el estilo del autor. Rufino recuerda dos momentos delicados en la vida de Scott: la muerte de su esposa y la quiebra de la editorial que conducía; también comenta que las tramas de sus novelas ensalzaron el pasado de Escocia, subrayando que en Ivanhoe se trata de las relaciones entre los sajones y los normandos; y puntualiza que en estos ambientes históricos representaba situaciones políticas de su época. Rufino concluye observando que echa de menos que en España no se haya dado una novela de aventuras de estas características, al menos hasta la aparición de Arturo Pérez-Reverte y su Capitán Alatriste; añade Lali que, a su juicio, sólo Alejandro Dumas padre, en Francia, ha estado a la altura.

Maite ha leído un poco de Las nuevas crónicas de Canongate, editado por El Olivo Azul, y también algunos datos biográficos recogidos en Internet. Comenta que, siendo niño, el autor viajó a Melrose con su padre, donde éste le enseñó el lugar donde se desató una famosa batalla medieval, cerca de donde, con el tiempo, adquirió Scott una granja y compró unas tierras; también menciona Maite la influencia ejercida por el autor en la música posterior, recordando que la mejor versión del Ave María de Schubert ha sido la interpretada por el tenor Andrea Bocelli. Por último, nombra el monumento a Walter Scott levantado en Edimburgo, y señala que esta obra arquitectónica demuestra lo mucho que valoran los escoceses a sus escritores, echando en falta que una muestra así de reconocimiento y respeto tan unánime se manifieste en España; al hilo, recuerda las recientes destrucciones que está sufriendo el patrimonio de Ukrania a causa de los enfrentamientos entre gobierno y oposición, lo que origina un pequeño debate en torno a los monumentos de índole política, que simbolizan conflictos no resueltos y en ocasiones, como ocurre en España con los homenajes franquistas, ocasionan ultrajes a las víctimas al tiempo que representan la herencia cultural del país y, por tanto, su patrimonio histórico; Pilar señala las obras que han quedado a medio hacer por culpa de la corrupción política, y que se han convertido en monumento recordatorio de la mala gestión pública para generaciones venideras.

María José cuenta que Scott empezó a escribir a los veinticinco años, en principio como un pasatiempo, y que una de sus primeras actividades literarias fue traducir textos del alemán; a continuación lee algunas frases del autor, donde se tratan temas como la venganza o la educación y se reflexiona sobre la naturaleza de la paciencia y de la modestia. También se hace eco María José de las versiones musicales que se han producido bajo la inspiración en la obra de Scott, como óperas de Rossini y Donizetti; añade que el Ave María de Schubert estaba dedicado a la condesa Sophie Weissenwolff. Respecto a las versiones cinematográficas, recuerda María José que también se han realizado series para la televisión de Ivanhoe, como la protagonizada por Olivia Hussey y Anthony Andrews, y dirigida por Douglas Camfield (menciona también una de El talismán con la actriz Virginia Mayo); al hilo, Isabel recuerda que la película de Ivanhoe hecha en 1952 (y protagonizada por la recientemente fallecida Joan Fontaine) es la versión más conocida; también se alude a las múltiples versiones de Robin Hood.

Josefina está extrañada por la popularidad alcanzada por Walter Scott desde sus inicios, habiendo escrito con varios seudónimos y publicado de forma anónima; comenta que fue un autor muy prolífico y que ella no ha leído ninguna de sus novelas, pero sí ha visto alguna película inspirada en sus obras. Josefina ha leído un texto de Carlos Matas Indurain que éste ha publicado en su blog, y del que ella lee a continuación algún fragmento: menciona la influencia del autor sobre la novela histórica romántica española (acerca de la cual Lali se pregunta cuáles son los autores que representan este género en nuestro país), influencia que matiza el Matas Indurain argumentando que la novela histórica española durante el romanticismo siguió los recursos narrativos de Scott (“usó sus clichés”), pero sin perder cierta originalidad española, y que el ascendente se hace extensible a la novela en general escrita en España durante aquella época. Por último, Josefina recuerda la influencia ejercida por el autor -también- en algunos pintores posteriores; Isabel comenta que quizás se encuentre Turner entre ellos.

Eugenio indica que la temática medieval debió de ser muy sugerente para los lectores de la época, ya que apenas se habían investigado los documentos de la época, hasta que durante el siglo XIX se empezaron a desempolvar los archivos de monasterios y nobleza. Respecto a la novela histórica española, se hace eco del interrogante de Lali y se pregunta si ha habido en nuestro país algún tipo de novela histórica antes de los Episodios nacionales de Galdós; a su vez Lali busca  un motivo para que en España no hayan existido novelas románticas a la altura de las de Walter Scott, a lo que Eugenio imagina que la situación política era muy absorbente por lo complicada, tras servir de campo de batalla a ingleses y franceses y posteriormente quedar dividido el país en dos bandos, producto del reinado despótico de Fernando VII y de una sucesión de guerra civiles que conocemos como Carlistas; finalmente cree que Blanco White, traductor de Walter Scott al español, y introdujo la cultura liberal en nuestro país, podría ser considerado un novelista, aunque de él sólo recuerda escritos testimoniales.

Pilar no ha leído nada del autor, y tampoco ha visto -que recuerde- ninguna película basada en sus obras; comenta que se vertieron críticas hacia su literatura por considerarla demasiado “fantasiosa”, lo que en opinión de Pilar es banal, pues la novela histórica no deja de ser una ficción y su autor pretende sobre todo entretener al lector. No obstante, considera que las tradiciones escocesas que reflejan estas novelas son increíbles, y que realmente es el escocés un pueblo maravilloso gracias a ellas. Recuerda el monumento que mencionó Maite construido en Edimburgo en honor del autor, donde están representados los personajes de sus obras, tiene un tono negruzco que probablemente sea consecuencia de la cercanía de la actividad fabril (señala Mercedes que también la humedad del ambiente ha tenido que hacer estragos en la arquitectura) y que el estilo gótico de su construcción casa perfectamente con el ambiente medieval que estéticamente reina en la capital escocesa. También menciona Pilar las “highlands”, tierras altas de la geografía del país, y cuenta el acontecimiento crucial que se produjo en 1822 con la visita de Jorge IV, cuando los sastres locales se dedicaron a crear inspirados en los tartanes de los diversos clanes nacionales, produciéndose un rebrote de esta tradición milenaria; Pilar nos dice que ella ha traído zapatos rojos y blusa a cuadrados como homenaje a los tartanes, y un libro donde se cuenta todo sobre ellos: son telas a cuadros que representan los distintos clanes que forman la tradición escocesa, y evoca la película Braveheart, donde los actores lucen grandes paños y faldas (al respecto recuerda Pilar que Miguel Bosé usó faldas en España, María José recuerda al grupo Locomía como el introductor de la moda y Josefina tiene la imagen de Joaquín Cortés actuando con ancha falda y el pecho descubierto); al hilo se abre muestrario de vestuarios tradicionales y Pilar nos ilustra con el uso del kilt (Valentín comenta el frío que se debe pasar por esas latitudes, en falda y sin ropa interior, a lo que Pilar indica que el kilt lleva un forro ajustado al cuerpo que es bien abrigado, y que el bolso delantero sostiene la tela para que no se levante). Por último, lee un texto que afirma que Walter Scott revitalizó la tradición de su país, que se remonta a 1106 y se representa en la simbología de escudos y el significado de los apellidos; María José lamenta que en España hayamos perdido la costumbre de decorar las casas con nuestros blasones, y Pilar nos anima a buscar en la web un mapa de Escocia donde se representa la división territorial por distritos que localiza los distintos clanes y sus respectivos tartanes.

Mercedes ha leído datos biográficos de Walter Scott y confiesa que nunca ha leído ninguna de sus obras porque no le gusta la novela de aventuras, aunque sí la histórica, la romántica de Françoise Sagan y Agatha Christie. Sobre la influencia del autor en músicos y pintores, Mercedes indica que no sabía que Donizetti había compuesto su ópera Lucía de Lammermoor -sobre libreto de Salvatore Cammarano– inspirado en Scott; acerca de Ivanhoe, señala que está ambientada en el siglo XII, y que su protagonista es Wilfredo (pero no el Velloso). Acerca de la vida del autor, indica Mercedes que le tiró tejos a una chica que después se casaría con el inventor del sismógrafo (Pilar comenta que fue amigo suyo y que ambos se enamoraron de la misma mujer, Isabel dice que fue Scott quien se la presentó y Mercedes añade que el autor se fue de viaje y al volver se encontró con que los otros dos ya se habían comprometido). Por último, Valentín recuerda que el autor sufrió polio de pequeño, y Pilar añade que como consecuencia de ello cojeaba.

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