20 de noviembre de 2013: Mary Wollstonecraft

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, Pilar G., Seve, Josefina, Eugenio, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel abre la sesión comentando que ha buscado cómo se dice Wollstonecraft en un documental sobre la autora, pero que aún así es muy difícil de pronunciar. Indica que ha leído un artículo de Asia Villegas, doctorada en Ciencias Médicas en Kiev (Ukrania) y especialista en salud sexual, sobre la ponencia que presentó en un Seminario internacional sobre género, en la web de la Fundación Celarg, a propósito de un cine-fórum sobre la película de Javier Balaguer Sólo mía, protagonizada por la actriz española Paz Vega; comenta que la doctora Villegas ha conocido a Wollstonecraft gracias a un texto de la historiadora Isabel Burdiel, en una edición de Vindicación de los derechos de la mujer, y que menciona como tesis principal de Wollstonecraft que la mujer no padece una inteligencia inferior a la de los hombres debido a alguna causa natural, sino por culpa de una educación deficitaria, contra lo que basó su obra en una constante reclamación del derecho a la educación para las mujeres, puntualizando al respecto que, dado tiene que hacerse cargo de la enseñanza de los hijos, la mujer debe estar preparada en consecuencia; en este contexto, la autora reclamó en sus escritos un nuevo orden social basado en la razón. Acerca de la vida de Wollstonecraft, Isabel señala que fue una filósofa y escritora inglesa, que plasmó su impronta literaria en varios géneros como novela, literatura infantil, ensayo y libro de viajes; dice que intentó suicidarse dos veces, sin tener éxito, ambas como consecuencia de una relación sentimental con un aventurero estadounidense que fue el padre de su primera hija; tras esta tortuosa relación, Wollstonecraft se casó con William Godwin, que fue uno de los propulsores del anarquismo, y padre de su segunda hija; dos semanas después de este parto, la autora moría víctima de la violencia ostrética, hecho que para muchos de sus detractores fue consecuencia de un castigo sobrenatural por los desafueros que había cometido en vida, pero que, asegura Valentín, se debió a las condiciones de insalubridad que se daban en los paritorios de la época. Isabel comenta que Wollstonecraft dejó muchas obras sin concluir -una de ellas sería la continuación de Vindicación de los derechos de la mujer-, que su segunda hija se convirtió con el paso del tiempo en la célebre creadora de Frankenstein (Mary W. Shelley) y que hoy es reivindicada como una de las más importantes precursoras del feminismo y de la lucha por la igualdad de derechos sin distinción de sexos; por último, añade que su figura se encuentra muy vinculada a la Revolución Francesa.

Mercedes lee un texto sobre la autora firmado por Ana Patricia Santaella que ha encontrado en Internet , donde se comenta que a los ojos de Wollstonecraft el conocimiento sobre el mundo que maneja el ser humano está sesgado por el aislamiento intelectual al que se ven sometidas las mujeres, que terminan siendo dominadas por falsas creencias y estereotipos; además, el sometimiento a unas leyes discriminatorias empeora mucho la situación (no obstante, advierte, al pensamiento de Wollstonecraft no se le puede considerar del todo feminista). Comenta Mercedes que la autora fue hija de un pequeño propietario de tierras que se arruinó y estaba enfermo de alcoholismo, y de una madre que fue maltratada por él; Wollstonecraft siempre estaba dispuesta a ayudar a sus hermanas en las dificultades en que éstas se encontraran, y así lo hizo con Eliza, suceso sobre el cual Lali comenta que hay mucho que hablar y Pilar indica que aquello le salió fatal. Mercedes señala que en aquella época había pocas salidas laborales para las mujeres: tendera, costurera o maestra; la autora eligió esta última y se lanzó a la empresa en compañía de hermanas y amigas, aventura que le permitió contactar con un círculo intelectual que le posibilitó conocer a pensadores y activistas, como su editor Joseph Johnson o el predicador disidente Richard Price; en esta etapa de su vida, Wollstonecraft escribió sobre educación, reivindicando un espacio para mujer en el seno de la escuela pública. Durante un tiempo la autora se dedicó a estudiar las relaciones entre la tiranía y el temor que infunde el gobierno autoritario, así como a buscar las claves del equilibrio emocional y del desarrollo intelectual, pero el estallido de la Revolución Francesa cambió su vida: en 1790 escribe su Vindicación de los derechos del hombre, teoría política, que obtiene un reconocimiento inmediato; dos años después viajó a París con el objeto de observar la Revolución (comenta Valentín que el motivo fue el rechazo de un amante a su propuesta de trío con la esposa de él, a lo que Eugenio repone que Wollstonecraft sólo pretendió formalizar su relación con el pintor Fuseli, que tenía fama de mujeriego). Estando la autora en París estalló la guerra anglofrancesa, y conoció a un aventurero estadounidense del que se enamoró y que la registró en la Embajada de Estados Unidos en París como su esposa, para evitar que fuera encarcelada. De la tormentosa relación que mantuvo con este hombre son fruto una hija y las Cartas que escribió durante su estancia posterior en Suecia, Noruega y Dinamarca; al regresar de este viaje entabló su relación sentimental con Godwin, de quien se quedó embarazada y con quien se enlazó en matrimonio; tras la muerte de la autora, su viudo escribió unas Memorias poco discretas que fueron motivo de escándalo. Concluye Mercedes afirmando que la vida de Wollstonecraft fue un alarde de coraje y de reivindicación incansable de derechos.

Valentín indica que Wollstonecraft debió de ser una buena persona, pues sacrificó la escuela que había fundado para irse a Portugal a apoyar a su amiga en sus últimos días (indica Lali que Fanny era más que una amiga para la autora); también recuerda Valentín que la edición de la obra sobre educación que escribió, fue ilustrada con los grabados de William Blake (señala Lali que esta obra fue compuesta a modo de cuentos), que liberó su mente de la superstición y que sirvió de prueba para su gran obra, Vindicación de los derechos de la mujer, donde ya directamente reclamó una educación más racional en general, que preparase a la mujer para su liberación en vez de “para el placer”, como hacía poco había postulado Rousseau en su obra pedagógica Emilio, que fue objeto de réplica por parte de Wollstonecraft, quien atacó tan apasionadamente al filósofo francés como anteriormente lo había admirado: la respuesta de la autora fue categórica, y afirmó que la existencia de una gran parte de las mujeres como objetos de placer o juguetes a disposición de los hombres, es la manifestación de carencias educativas, de una instrucción vergonzosa cuyo único objeto es la belleza, la apariencia física a la cual se amolda la mente convirtiéndose en algo superficial. A continuación Valentín menciona y lee fragmentos de un comentario hecho a un texto de la autora en el que se corrobora que el pensamiento de Wollstonecraft no era lo que hoy calificaríamos de feminista, ya que no pide igualdad de derechos ni sufragio para las mujeres, por lo cual no habría pretendido realmente subvertir el orden social, sino simplemente reclamar un estatus para la mujer distinto al que estaba vigente; indica al respecto Mercedes que el comentarista trata de enfrentar las ideas de Wollstonecraft a las de Rousseau, a lo que Eugenio comenta que nunca sabremos si el autor del Contrato social habría cambiado de opinión de haber conocido los argumentos de la autora.

Lali ha leído la biografía que sobre la autora ha escrito Claire Tomalin, publicada en 1974 (de 1993 es la versión en español de Miguel Ángel López Lafuente que editó Montesinos), de la que dice que es polémica pero a su juicio neutral, ya que en unas ocasiones se muestra muy crítica con Wollstonecraft y en otras apoya incondicionalmente sus decisiones. Lali lee un texto compuesto por ella misma donde escribe que la autora fue hija de un tejedor de paños y de mujer irlandesa de la que adquirió la facilidad de palabra; comenta que hubo antecedentes depresivos en su familia, circunstancia que Lali define como “genes machacados de melancolía”. El primer desafío de Wollstonecraft a las convenciones se produjo tras una queja de malestar en su matrimonio que le transmitió su hermana Eliza, a partir de la cual se produjo la intervención de Mary, quien instó a Eliza a abandonar a su marido y, por extensión, al bebé de pocos meses que acababan de tener juntos; indica Lali que la autora -según su biógrafa- era una mujer muy posesiva y dominante, que trataba siempre de imponer su voluntad. En su trabajo como institutriz, Wollstonecraft habría pronunciado auténticos dicursos políticos y sociales a sus educandos y finalmente, enemistada con la madre de éstos, fue expulsada del trabajo; años después, fue denunciada y llevada ante los tribunales acusada de haber corrompido a sus alumnos. También menciona Lali la adopción de una niña huérfana de cuatro años de la cual la autora se desentendió depsués, acción que tacha de poco caritativa. Respecto a su actividad intelectual, Wollstonecraft comienza a desarrollarla con más énfasis cuando entra en el círculo del editor Joseph Johnson; escribió una primera Reivindicación donde ya se niega a aceptar que las mujeres deban estar confinadas en el hogar, y se pronuncia contra la miseria que en general asola el mundo. Tras la mencionada relación tortuosa con el pintor Fuseli, la autora marcha a París con tiempo para presenciar la ejecución del rey en la guillotina, la quema de imprentas y la llegada al poder de Robespierre, quien trató de implantar a la Convención un plan de instrucción pública por el cual pretendía adoctrinar a los niños mayores de siete años separándolos de sus padres; comenta también Lali que durante esta etapa del Terror se aniquiló por completo cualquier intento de poner en marcha un movimiento feminista. Considerada precursora del Socialismo utópico, la autora afirmó que “La voz del pueblo es la voz de la razón”, pero fue ignorada durante los comienzos del feminismo, a finales del siglo XIX, dato que Eugenio puntualiza pues considera que en aquella época no es que se ignorara a Wollstonecraft sino que debía de permanecer practicamente desconocida. Por último, Lali indica que su primera hija, Fanny, se suicidió a los veintipocos años abadonada por sus tías, a quienes pidió ayuda pero éstas se negaron recordando el bebé de Eliza, de cuya muerte echaban la culpa a la autora; en este punto nos sumergimos en un intenso debate que se inicia a partir del reciente suceso de la agresión antiabortista a miembros de Femen hasta el último estudio sobre chicas controladas por sus novios.

Toñi ha leído las dos novelas de la autora, editadas en castellano por Nórdica en 2011. Sobre la primera, Mary, a fiction, comenta que el marido de la protagonista es un canalla que ingresa a su mujer en el psiquiátrico para quedarse con la fortuna que un tío de ella ha dejado a la hija de ambos, que es menor y está bajo la tutela de los padres; añade que se gastó el dinero en sus vicios. En esta historia aparece mencionada la amiga de la autora, Fanny, con nombre Anne, y se narra la marcha a Portugal, con la diferencia de que en la ficción se van las dos juntas sin el marido de la amiga, a quien ésta abandona (recuerda Josefina que en la vida real no parece que la amiga de la autora no se fuera a Portugal sin el marido, y Eugenio añade que debe de mezclar la historia de Fanny con la de Eliza); comenta Toñi que ambas no son más que amigas, a lo que Lali insiste en que Wollstonecraft estaba enamorada de Fanny. Tras el regreso a Inglaterra muere Anne, tras los incesantes cuidados de la protagonista, de quien dice Toñi que es como Teresa de Calcuta. Acerca de la segunda novela, Maria, comenta que la protagonista es la dominanta de la familia, pero se casa con un golfo que le lleva las prostitutas a casa; Toñi indica que Wollstonecraft usa la imagen de su propio padre, y relata que a la Maria de esta segunda novela le quitan la niña que ha tenido y entonces huye del marido y se refugia en una pensión, pero él va a buscarla y finalmente consigue que la ingresen en un psiquiátrico. Toñi concluye diciendo que ambas novelas son una denuncia de la situación de las mujeres, al tiempo que una defensa de sus derechos.

Rufino lee un texto donde se considera a Wollstonecraft precursora de la filosofía feminista, y se resalta su ataque contra la degradación de la mujer. Sobre los conflictos personales de la autora, dice que influyeron mucho en su obra, y acerca de su entusiasmo por las ideas revolucionarias indica que, para la autora, la Revolución francesa significó la posibilidad de poner en práctica sus propias ideas. Acerca de su vida destaca la aventura sentimental que tuvo en París con el estadounidense padre de su primera hija, y que se quedó embarazada sin estar casada, lo que considera una completa ruptura de los convencionalismos de la época. El eje central del pensamiento de la autora giró en torno a la cuestión de la independencia de las mujeres, y trató también de encontrar las claves del equilibrio emocional. Destaca Rufino que en 1788 tradujo y adaptó textos extranjeros, y que tras su muerte fueron las Memorias de su marido el anarquista William Godwin las que marcaron su reputación. Finalmente, considera que Wollstonecraft es una figura representativa de lo que es el amor por la justicia en los tiempos inciertos, y que ha dejado un legado extraordinario sobre la lucha por dignificar el rol social de la mujer.

Pilar G. indica que Wollstonecraft nació en Londres y tuvo un hermano mayor -que se quedó con la herencia- y cuatro pequeños. Recibió una educación de externado, es decir que no estaba interna en el centro de estudios, y Fanny fue su compañera y mejor amiga a la que quiso mucho. Una de las primeras reivindicaciones de la autora habría sido la posesión de un cuarto propio que le hiciera posible el estudio, la lectura y la escritura. También menciona Pilar G. el suceso acontecido con su hermana Eliza, quien tras sufrir los abusos del marido fue arrastrada por la autora a una decisión que le hizo perder a su hija y arruinar su vida. Por último, Pilar G. destaca el proyecto de escuela que emprendió Wollstonecraft en compañía de Fanny y de sus hermanas, circunstancia que le permitó entrar en contacto con el grupo de intelectuales de ideas liberales que marcarían su vida y su obra.

Josefina dice que le ha encantado la autora, que fue una mujer muy avanzada para su época y que ha leído varias veces la biografía publicada en la Wikipedia; destaca que ya su primer libro –Reflexiones sobre educación de las hijas– es una guía con fines prácticos donde se mezclan las recomendaciones sobre modales y etiqueta que fueron tan populares durante el siglo XVIII, con otras instrucciones más enfocadas a la educación de la propia personalidad y del desarrollo de las capacidades individuales de la mujer. Acerca de la relación con el padre de su primera hija, el estadounidense Gilbert, indica Josefina que la autora debió de pasar una etapa muy dura en París, pues ella ha leído bastante sobre la Revolución francesa y sabe que fue un momento tremendo en la Historia moderna; Wollstonecraft llegó allí un mes antes de que el rey fuera guillotinado, y se unió al círculo de ingleses que había en la capital, donde fue recibida con los honores que merecía la brillante autora de la reciente Vindicación de los derechos de la mujer; ya enamorada del estadounidense, y no interesado ninguno de los dos en contraer matrimonio, la autora vio cómo despertaba en ella la atracción sexual hacia los hombres, que hasta entonces siempre había rechazado por falta de interés o motivación. Después de la ruptura, Josefina indica que la autora regresó a Londres en busca de Gilbert, pero él la rechazo, quizás por una probable relación que tuviera con otra mujer, lo que la arrastró a dos intentos de suicidio (uno con láudano y el segundo arrajándose al Támesis, donde flotó; tras este intento lamentó haber sido recuperada de nuevo a la vida cuando ya estaba a las puertas de la muerte, y aseguró que sólo rendiría cuentas de sus actos ante sí misma) y, por último, a un viaje a Escandinavia del que son célebres las Cartas que escribió a su ex amante.

Eugenio comenta que la Vindicación de los derechos del hombre fue escrita por Wollstonecraft como réplica a Edmund Burke y a sus Reflexiones sobre la Revolución en Francia, todo un clásico del pensamiento reaccionario que aún hoy es utilizado para cuestionar la utilidad política de la Revolución francesa; este libro había sido compuesto por el político conservador en respuesta al exaltado discurso de apoyo a los acontecimientos de París que emitió el predicador Richard Price durante una reunión de homenaje al aniversario de La Revolución Gloriosa que cien años antes había instaurado la monarquía parlamentaria en Inglaterra; indica Eugenio que la de Wollstonecraft fue la mejor réplica de cuantas se escribieron contra el texto de Burke, y que la primera edición, publicada anónima, fue un éxito unánime, pero cuando se sacó una segunda tirada ya con la firma de la autora recibió feroces y condescendientes críticas. Destaca Eugenio que Wollstonecraft quiso desenmascarar la consideración de “sentido común” -e incluso “orden natural” inmutable- que se le otorga sin miramientos a los roles de género y otras funciones sociales, que según la autora sólo son “valores culturales” sujetos a cambio; también señala que las Cartas que escribió durante su viaje por Escandinavia fueron textos muy influyentes en los románticos posteriores, principalmente por el grado de observación y descripción de la naturaleza que las inspira y contienen. Por último, sobre lo comentado por Lali de la denuncia recibida respecto a su etapa como institutriz, considera Eugenio que una maestra que habla de política y problemática social a sus alumnos, es motivo suficiente en determinados ambientes para considerar que enseña el vicio y la depravación, a lo que Lali responde que la denuncia vino porque una de las niñas que tuvo a su cargo, siendo aquélla ya mayor, se escapó de su casa.

Pilar señala que existen muchos pros y contras en la vida de Wollstonecraft, según nos ha contado Lali por la biografía que ha leído, pero considera que la autora hizo muchas cosas positivas y cree que ésta es la imagen de ella que debe prevalecer. Acerca de la afirmación de Rousseau que rebatió la autora, la que dice que la mujer debe ser educada para el placer, Pilar se pregunta si ese placer que debe satisfacer la mujer se refiere a la cama, a la cocina o a tener la ropa bien planchada cuando el hombre la necesita. Destaca que Wollstonecraft fue una persona con ciertas creencias religiosas, que creyó tener revelaciones y defendía la convicción de que existe una igualdad espiritual entre el hombre y la mujer, consideración que no estaba muy extendida en el seno de la Iglesia; señala Pilar que la autora nombra al poeta Milton del Paraíso perdido y hace especial hincapié en los contratiempos de la lujuria; al hilo, evoca Pilar unos versos de Teresa de Ávila: “Vivo sin vivir en mí / Y de tal manera espero / Que muero porque no muero”, donde la mística española evoca el reencuentro con su marido, Dios, que ha de acontecer cuando ella muera.

Finalmente, Isabel lee la anécdota según la cual le preguntaron a Wollstonecraft si le gustaría haber nacido hombre, a lo que ella contestó que le hubiera gustado haber nacido ser humano, con los mismos derechos de todo ser humano.

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