13 de noviembre de 2013: Robert Burns

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, Pilar G., Maite, Seve, Eugenio, Pilar y Valentín.

A Isabel le ha resultado un autor muy interesante; comenta que murió a los 37 años (indica Seve que él ha encontrado en una enciclopedia un dato diferente respecto a su muerte, que le habría sobrevenido veintidós años después de esa fecha) y que actualmente es considerado el poeta nacional escocés, compilador de canciones tradicionales de la tierra y recuperador de su dialecto; a este respecto, cada veinticinco de enero, onomástica de su nacimiento, se celebra La Noche de Burns. Añade que fue hijo de campesinos, que no disfrutó de la posibilidad de estudiar pero leyó mucha literatura y la Biblia y aprendió francés, y que tuvo una salud frágil, padeciendo unas fiebres reumáticas que terminaron afectándole al corazón y finalmente lo derrotaron. Señala Isabel la influencia que en la obra de Burns tuvo Robert Fergusson, a quien admiraba, que entre sus obras más conocidas está la cantata Los alegres mendigos y que tras una emigración frustrada a Jamaica, se casó, tuvo hijos y se fue a vivir a Londres, habiendo contribuido en la formación del fondo del Museo Musical Escocés con cientos de canciones -entre las cuales destaca la célebre balada “Auld Lang Syne”, que aparece en la película Waterloo bridge, un drama filmado en 1940-; por otro lado, indica que Burns atacó a la teología calvinista, simpatizó con la Revolución francesa (al menos hasta que tuvo que participar en la Guerra que su país declaró a los revolucionarios) y, gracias a su editor, tuvo fama póstuma de borracho. Por último, cuenta Isabel sobre La Noche de Burns que consiste en una cena con ritual incluido donde se pronuncian discursos y declaman poemas mientras se trincha la carne; también se canta la célebre balada como despedida, al son de las gaitas y de la música celta; añade Eugenio que en el menú no faltan los haggis, típico plato escocés; “una especie de embutido”, señala Pilar G.

Eugenio comenta que Burns le ha parecido la misma esencia del romanticismo, pero no porque su editor difundiera su imagen de borracho, que él considera mera propaganda comercial, ni como dice Isabel en el sentido romántico de la muerte prematura o el suicidio por amor (recuerda Pilar a Larra), sino porque se preocupó por recuperar las tradiciones populares, en esa vertiente del movimiento romántico que, como reacción al universalismo de la Ilustración, dio origen durante el siglo XIX a los sentimientos nacionalistas; Maite recuerda en ese sentido a una chica que recopiló la tradición oral de su pueblo, de la que se habría perdido tanto para la memoria colectiva, y Rufino indica la relación entre el tradicionalismo y el franquismo que Eugenio puntualiza comentando que no es lo mismo la tradición popular que personas pertenecientes al mismo pueblo reivindican, que aquélla que se promueve desde el poder con el objeto de manejar a la gente bajo un mismo patrón de identidad cultural; al hilo menciona Rufino a grupos como Jarcha y el Nuevo Mester de Juglaría, que precisamente aparecieron cuando en España se iniciaba la Transición entre el totalitarismo franquista y la democracia parlamentaria; Pilar G. señala que los movimientos de recuperación cultural son muy reivindicativos, a lo que Lali evoca las tradiciones del vestido y los trajes típicos que no se pierden y Pilar avisa acerca de la relación que los políticos conservadores tratan de establecer entre ellos y la tradición, y que a su parecer es falsa. Finalmente, Eugenio recalca este aspecto de Burns como compilador de la cultura popular, mientras Rufino busca en su tableta los Recuerdos de La Alhambra de Tárrega, que a continuación hace sonar ante la apreciación de Maite de que es una interpretación de Yepes.

Pilar lamenta que no hayamos tenido edición disponible de las obras del autor, y comenta que murió muy joven pero lo que hizo fue muy relevante; acerca de las baladas y canciones tradicionales que recopiló, indica que su madre le cantaba cuando era niño, y que su figura le ha recordado la de Miguel Hernández: ambos trabajaron en el campo, fueron populares y también republicanos. Destaca que Burns satirizó las disputas religiosas entre eclesiastas locales, que fue un poquito rebelde y no se conformó con el mundo que encontró al nacer; al respecto, subraya Pilar que la modernidad no tiene por qué estar enfrentada a la tradición. Ha leído en uno de nuestros enlaces la recreación de un paseo por un cementerio de Edimburgo donde el autor o autora busca la tumba de su admirado Robert Fergusson, y comenta que en España no se nos ocurriría pasear por un cementerio (señala Toñi que el otro día escuchó en la radio una entrevista a un autor que ha escrito un libro sobre sus visitas a cementerios), y que ella conoce la capital escocesa y en un cementerio ha visto la celebración de un rastrillo, y en iglesias el montaje de exposiciones y conciertos. Al hilo de todo ello, comenta que en España no nos preocupamos por recuperar nuestras tradiciones como deberíamos, a lo que Pilar G. añade que somos muy despegados con nuestra cultura, y Maite recuerda el expolio de obras de arte que se ha producido en nuestro país durante el siglo XX. Pilar recuerda entonces a uno de los autores franceses que vimos con anterioridad, que defendía el uso de la erre en su idioma, a lo que Lali comenta que en España no estamos a la misma altura en la defensa de la eñe, Toñi hace hincapié en la protección de los acentos de cada lugar del país y Maite evoca la dicción de Pemán. Insiste a continuación Pilar en que ha sido muy común confundir el tradicionalismo con determinadas ideologías políticas (puntualiza Maite que se sigue haciendo), y resalta el conocimiento universal que podemos encontrar tanto en canciones como en refranes y leyendas populares, a lo que Maite señala que lo que más se ha recuperado en nuestra cultura ha sido referente al arte culinario y Lali recuerda que en sus clases de Educación de Adultos, sus alumnos suelen hacer ejercicios de oratoria hablando sobre las tradiciones típicas de sus regiones. Concluye Pilar su intervención lanzando un ¡olé por Robert!

Al hilo de lo comentado sobre las tradiciones, Valentín recuerda que su imagen de Catalunya cambió completamente cuando viajó allí y pudo apreciar sus costumbres culturales, y evoca la Sardana; también indica que su concepto del flamenco era muy distinto al que después se formó tras una conversación con Maite, a lo que ésta comenta que dentro del flamenco hay grandes diferencias entre el que se hace en Almería y el de la zona de las minas, por ejemplo. También resalta Valentín unas versiones de la música de Eric Clapton con guitarra española, que lleva a Lali a pronunciarse de nuevo en contra de la gestión que hacemos de nuestra cultura, comentando que fuera del país está más reconocida que en la propia España. Pilar indica al respecto que en Escocia se puede ver a gente con traje de oficina y kilt; y concluye Valentín mencionando la importancia que en nuestras fiestas se da a los trajes regionales, que han sido muy bien conservados y pone como ejemplo el de las falleras valencianas.

Isabel también ha leído en el blog Lloviendo historias el paseo por el cementerio titulado “Buscando a Robert desesperadamente”, y puntualiza que este Robert no es Burns, sino otro poeta escocés a quien éste admiró: Fergusson, quien murió mucho más joven que el autor, con veinticuatro años, y de quien se dice en el texto que se le ve en las torres de la iglesia donde está enterrado; añade Isabel que Burns dictó la inscripción sobre la lápida de su colega. También ha estado leyendo el texto de la entrada sobre la Casa-museo de Burns, inaugurada en enero de 2011; comenta que se hace mención a una serie de “quemaduras” y que no sabe a qué se refiere; ninguno de quienes hemos leído el texto sabe exactamente a qué hacen referencia esas “quemaduras”, y Eugenio opina que quizás se trata de un error de la traducción, que haya traducido “quemaduras” por Burns, el apellido del poeta. Por último, Isabel menciona que la célebre balada de Burns ha sido traducida al castellano en una letra titulada “El vals de las velas”, que es una canción de campamento, usada en las despedidas colectivas; y comenta que ha leído alguno de sus poemas y le parece un escritor de una sensibilidad encantadora.

Lali comenta que Burns fue inspector de aduanas al final de su vida y que antes, como ya se ha dicho, trabajaba la tierra como campesino. Destaca su humorismo sutil y agudo, y el componente popular de su vida, de su temperamento y de su obra; se le considera un precursor de la sensibilidad hacia la naturaleza de la cual, a continuación, harían gala los románticos ingleses, con un estilo nítido y preciso y un equilibrio solidamente realista. Finalmente, comenta que el autor emitió en su obra un juicio crítico de la naturaleza humana, utilizando el rigor de su educación al que combinó cierto espíritu de tolerancia, adquirido por su lectura de Chaucer.

Rufino insiste en que no le gusta la poesía y menos si ha de leerla traducida, pero que leyó algunos poemas del autor y uno en concreto, “Fragmento trágico”, le ha llamado la atención: es el lamento de un hombre con talento que lanza su reproche a la deidad caprichosa por haberle destacado sólo a él mientras dejaba en tinieblas a sus compañeros de viaje; también lee Rufino “La lágrima”, y una traducción de la célebre “Auld Lang Syne”, a la que define como “la canción de fin de año”; Lali comenta que ésta les encanta a los estadounidenses, Rufino replica que a él no le gusta en absoluto y Valentín señala que pronto nos meten la canción en España, para después de las uvas, en vista del éxito de Papá Noel y de Halloween; al hilo, Rufino concluye que ya tenía suficientes motivos de aversión hacia Enrique y Ana, gracias a “La gallina Co-co-ua” o a su versión de “La yenka”.

Pilar G. comenta que aquéllos fueron tiempos muy difíciles para la gente humilde, que había muchísima miseria y que, salvo alguna excepción, era imposible salir de esa situación. Indica que Burns tuvo nueve hijos, de los cuales cinco llegaron a edad adulta, y que también tuvo algunos otros fuera de su matrimonio, ya que al parecer era un hombre muy enamoradizo; al hilo de tanta descendencia, se pregunta Pilar G. cómo pensaban alimentar a tantos hijos, a lo que Seve, que es el segundo de doce hermanos, comenta que de mala manera, lo que abre un pequeño debate sobre los motivos que impulsan a la gente a tener tantos hijos en circunstancias tan desfavorables, planteándonos si será por religión, por criar futura mano de obra, por la carencia de anticonceptivos o por la ausencia de otras formas de entretenimiento. A continuación resalta Pilar G. que el carácter folclórico de la obra del autor lo sitúa frente a la cultura de las clases pudientes, y que su preocupación por la pobreza de su gente y por los roles sexuales le hizo abrazar cierto ideario republicano. Sobre las canciones escocesas que recopiló, señala que fue hacia 1788 cuando envió la célebre balada al Museo, adjuntando una nota en la cual indicaba que su fuente de información había sido un anciano que la conocía de siempre. Por último también lee el “Fragmento trágico”, y se plantea la creencia en Dios de Burns, a lo que Isabel indica que la lectura de la Biblia no tiene que ver con ser creyente, Valentín recuerda que hubo un tiempo en que leer la Biblia estaba prohibido por la propia Iglesia y Pilar resalta el carácter filosófico del libro sagrado de los monoteístas.

Maite señala que Burns ha dejado una honda huella pese a su muerte prematura, y lamenta la distorsión que de su imagen hizo su editor postumo. Acerca de la Casa-museo que hemos comentado, indica que si se ha hecho esa inversión millonaria en un país como Escocia es porque el autor es un reclamo turístico de primer nivel. También le ha recordado a la figura de los bardos, movimiento escocés e irlandés de origen pregonero, cuyas escuelas se extinguieron entre los siglos XVII y XVIII, y las cuales actualmente se trata de recuperar; Maite añade se hermanan con las Escuelas del Silbo en La Gomera. Añade que la música celta es una delicia, y sobre la célebre balada que recuperó Burns, comenta que su número de clasificación es el 6294 del Catálogo 60 Roud, y que en los países anglosajones es la melodía más popular, habiendo sido traducida al castellano con menos éxito, convertida en famoso himno a la amistad en países como España y Chile, entre otros, pero en versiones que nada tienen que ver con el original, sobre todo por la musicalidad; añade Eugenio al respecto que no sólo el idioma en que ha sido compuesta la poesía es fundamental para apreciarla en toda su belleza, sino que también la melodía y los instrumentos musicales dependen del oído de quienes los conciben y se equilibran en armonía con las letras. Finalmente Isabel menciona la buena presencia del poeta en las imágenes que de él disponemos, a lo que Lali añade que lleva un peinado muy moderno y Pilar llama la atención sobre el cambio estético de Burns respecto a los autores que le han precedido.

Isabel cierra la sesión leyendo el poema “Sensibilidad encantadora”.

 

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