30 de octubre de 2013: Oliver Goldsmith

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, Pilar G., Maite, María José, Seve, Josefina, Eugenio, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel abre la sesión leyendo algunos datos biográficos del autor, quien nació en un pueblo irlandés, murió con 44 años , fue hijo de un clérigo y vivió en Dublín y Edimburgo; Goldsmith se licenció en Artes, pero también estudió Derecho y Medicina, escribió por encargo (gran parte de su obra se publicó sin su firma) y viajó por toda Europa, ganándose la vida tocando la flauta en los cafés. Isabel lee varios títulos del autor y comenta que muchos de ellos le llaman la atención porque le resultan muy curiosos; entre los libros de variado contenido que escribió, destaca alguno sobre Historia Natural y también sobre las civilizaciones clásicas de Grecia y Roma; comenta que Goldsmith ganó bastante dinero a lo largo de su vida, pero fue muy derrochón. Por último, Isabel recuerda el epitafio que para su tumba dictó Samuel Johnson, que fue su protector: “No tocó nada sin adornarlo”; también lee alguna de sus frases más célebres, extraídas de Internet (por ejemplo: “No me hagas preguntas para que no te mienta”) y comenta que ha visto una película de cine mudo grabada en 1910 sobre su novela más importante, El vicario de Wakefield, y que se ha reído mucho con ella.

Lali comenta que no había ningún libro de Goldsmith en la Biblioteca, y que ha vuelto a recurrir a su ejemplar de la Enciclopedia de la Literatura de Garzanti; al hilo indica Mercedes que tampoco ha encontrado ella una obra del autor descargable en las webs dedicadas a ello, y Valentín, que hay una marca de gafas con el mismo nombre. Lali define a Goldsmith como un “esforzado de la pluma”, según se ha dicho de él por haberse ganado la vida escribiendo; menciona su relación con el círculo literario que rodeaba a Samuel Johnson, así como una serie de ensayos del autor en una publicación periódica, “The Bee” (La abeja), destacando en su temática la Historia de Inglaterra; añade que sobre la cultura inglesa escribió una serie de cartas desde la perspectiva de un viajante chino que al visitar la isla dejara constancia de sus impresiones en torno a las costumbres inglesas. Acerca de su obra cumbre, El vicario de Wakefield, Lali indica que se trata de una novela sentimental con tono humorístico y tintes melodramáticos, cuyo final feliz tiene carácter moralista y cuyos protagonistas pertenecen a la familia de un Reverendo que pasa de la dicha absoluta a lo peor de la mala suerte (cárcel por deudas, incendio de la casa, hija seducida, hijo en la cárcel por un duelo, la otra hija raptada); por fortuna, un amigo de la familia les ayuda a superar las adversidades, ante las cuales el patriarca se iba defendiendo gracias a la fe religiosa.

Rufino le ha echado un vistazo a los textos enlazados en nuestra bitácora y también ha leído el capítulo segundo de El vicario de Wakefield, acerca del cual hizo resumen que lee; comenta que el protagonista vive en un mundo de felicidad idílica, escribiendo obras en defensa del matrimonio (al que llama “el sacramento”, y cuyas virtudes contrastan con uno de sus amigos íntimos, que se ha casado tres veces); dice Rufino que la familia tiene una economía saneada, con el hijo mayor prometido con una joven bella poseedora de buena dote, pero comienzan los contratiempos cuando un gestor de fondos les deja sin dinero (son sus particulares “preferentes”), enlazándose una serie interminable de desdichas que terminan en final feliz. Indica Rufino que el protagonista no pierde la compostura en ningún momento, y acepta las desgracias como prueba de fe, a lo que Pilar señala que su postura ante la desgracia le parece a ella de ser conformista, y María José subraya que es un hombre muy creyente y en ello se basa su fortaleza. Indica Rufino que al principio sólo le preocupa tener dinero para las dotes de sus hijas y los estudios universitarios de sus hijos (Isabel dice que tiene dos de cada, pero María José corrige que son seis en total, pues los dos pequeños apenas salen en la obra). Añade por último Rufino unas frases del autor que alientan a no rendirse ante la adversidad y a mantener siempre la esperanza, y concluye afirmando que en esta novela, el narrador usa mucho la ironía, hay relatos que enlazan y amenizan el principal, se dan giros de la fortuna contados de forma divertida y en el texto se mezclan poemas y disquisiciones varias.

Pilar G. se muestra sorprendida por lo jóvenes que mueren últimamente nuestros autores (Goldsmith lo hace a los 44, Sterne lo hizo a los 55), lo que achacamos a una época de malas condiciones de salubridad, pues por lo que parece no eran pobres o, al menos, contaban con medios para ganarse dignamente la vida. Acerca de un texto que ha encontrado en Internet, firmado por un tal J. H. Bloom, y que nos lee como mejor puede, comenta que está muy mal traducido pero se entiende que dice de Goldsmith que era una persona envidiosa que no soportaba que en su presencia se alabara a nadie, al tiempo que anhelaba los aplausos y tenía cierta carencia de afecto; acerca de su relación con el círculo que rodeaba a Samuel Johnson, formado por “hombres de raros talentos”, y en el cual nombra al pintor Joshua Reynolds, comenta Pilar G. que se burlaban del autor, pero que él lo asimiló para ser aceptado; a propósito dice Toñi que debió de ser un hombre vanidoso, Rufino indica que tenía el ego por las nubes y María José opina que podría estar resentido, ya que su aspecto físico no le era muy favorable. Recuerda finalmente Pilar G. que Goldsmith escribió en todos los géneros: poemas, obras de teatro, novelas, ensayos y libros de contenido divulgativo.

María José ha leído la novela El vicario de Wakefield y nos habla de ella. Acerca de la edición (a cargo de Esteban Pujals, bajo publicación de Magisterio Español en 1977) indica que el prólogo introductorio desvela completamente el contenido de la obra, y añade que la base de la misma es la fe incorruptible de sus protagonistas, encabezados por el patriarca de la familia, quien no ceja de insuflar ánimo hasta en los más extremos sufrimientos. La novela consta de veintitrés capítulos de poca dimensión (pero muy intensos, puntualiza Josefina), y comienza haciendo apología del matrimonio para pasar a narrar las vicisitudes de la familia del vicario, quienes terminan emigrando al ser expulsados de su casa por las deudas; logran acogida en la granja del hombre más rico de la comarca, donde se recalca la fe del protagonista a pesar de la pobreza que les ha sobrevenido (evoca el argumento al Libro de Job). María José comenta que el hijo mayor de la familia se va al continente a buscarse la vida con una flauta, lo que rememora a la propia vida del autor, y añade que el protagonista, a causa de su situación financiera, termina pisando la cárcel, donde leerá la Biblia a sus compañeros presos, obteniendo primero sus burlas, pero recibiendo luego el respeto y la admiración de todos; cuenta que el desenlace final es bastante inesperado, y que la obra en sí tiene su tilde moralizante en temas políticos y religiosos; pero consta de una muy buena prosa, de lectura ágil y acento lírico, y el autor ha sido reconocido posteriormente por autores de gran renombre como Jane Austen o el propio Goethe. Pide entonces Isabel detalles acerca de la fuga de la hija, a lo que María José responde que ella cree que se está casando con su raptor, pero que lo que firma es una falsa licencia (aunque luego resulta que…, pero esto ya es otra historia); Isabel insiste en el componente cómico de la versión cinematográfica que ella ha visto, y Pilar añade que es una especie de parodia a lo que María José asegura que en muchos casos la narración te incita a la risa, dado lo exagerado de los hechos. Finalmente, destaca un párrafo del cual lee una parte, donde dos te enfrentan en un reto dialéctico a ver quién es más culto, y tardan poco en empezar a soltar barbaridades; recuerda María José que se ha reído mucho con este fragmento, y que cree que pueda ser una sátira sobre las conversaciones que se desarrollaban en el club apadrinado por Samuel Johnson, donde tiene ella la impresión de que debieron considerar a Goldsmith algo así como una mascota; añade a propósito Josefina que el propio Johnson corregía los textos del autor.

Seve dice que no ha podido leer porque no ha encontrado nada en la biblioteca, salvo una novela firmada por una tal Olivia Goldsmith, que no es el autor sino una escritora estadounidense del siglo XX cuya obra trata el mundo del diseño de moda, cosa que a Seve le parece muy interesante, pero cuya lectura rechazó dado el volumen de la misma (quinientas y pico páginas) y que, pese a todo, no tenía nada que ver con el autor.

Josefina ha leído también El vicario de Wakefield, en una edición distinta pero en la misma traducción; comenta que lo que más le ha llamado la atención ha sido la fe imperturbable de los protagonistas,      que pese a las muchas penalidades que sufren no se entregan a la ira ni a la desesperación; de hecho, el único enfado del patriarca se produce cuando la hija mayor se fuga con el señorito: él cree que la han raptado y se marcha a buscarla, peripecia en la que lo pasa fatal, hasta que finalmente la halla en una posada donde hace noche; al regresar de esta aventura se encuentran la casa ardiendo, y después va a la cárcel por culpa de las deudas y estando allí se produce el rapto de su segunda hija. Comenta Josefina que el final la ha resultado un tanto precipitado, ya que todo ocurre en muy pocas páginas: el amigo de la familia que no había vuelto a la casa porque la madre le acusó de querer aprovecharse de las hijas, acompaña a aquélla a la cárcel a ver al marido y se desenmascara como pariente del señorito; a esta casualidad se añade que el compinche del señorito en sus raptos, es compañero de cárcel del vicario. Josefina concluye diciendo que es un libro muy ameno, que le ha gustado, y que destaca sobre todo las palabras bonitas de aliento que se dicen entre sí la familia; Isabel comenta, a propósito de los raptos, que en su familia hubo una leyenda de uno casada con una mujer estéril, que para tener hijos se procuró una concubina a la cual se dijo que había raptado; Toñi indica que no hace tantos años, a las menores de edad se las llevaban raptadas para que los padres aceptaran el casamiento, a lo que Lali añade que a los padres no les quedaba otro remedio, pues de lo contrario se las consideraba deshonradas.

Eugenio comenta que, comparando la vida del autor con el contenido de su novela más relevante, hay un detalle que le llama mucho la atención: el protagonista de la obra tiene un carácter completamente opuesto al de su creador; esta sospecha, junto con la afirmación de María José de que los acontecimientos de El vicario de Wakefield llevan en ocasiones a la risa por su tono exagerado, hace creer a Eugenio que esta novela es una sátira en toda regla, cuya posterior lectura la ha deformado hasta convertirla en melodrama (dice que no tragedia, pues su final feliz lo evita). Comenta que esa exageración de las desgracias es precisamente el recurso más empleado por Fielding en Tom Jones, y si bien en éste el espíritu satírico se manifiesta de manera más explícita gracias a la constante e irónica intervención del narrador, en Goldsmith parece estar oculto tras lo que a Eugenio le parece un estilo menor; recuerda además que el satírico por excelencia, el muy mordaz Swift, estaba muy mal considerado por Samuel Johnson, quien sentía por él una animadversión que no deja de mostrar en las páginas que le dedica en su Vidas de los poetas ingleses, por lo que deduce Eugenio que Oliver Goldsmith fue un escritor satírico de poca calidad literaria ensalzado por Samuel Johnson para oponerlo a Swift; comenta que estos enfrentamientos estaban al orden del día en la época -y recuerda al respecto a Dryden y a Pope-, a lo que indica Pilar que fueran probablemente fruto de envidias; al respecto, evoca Josefina la figura de Miguel Hernández, quien recibiera todo el apoyo de Vicente Aleixandre, pero el rechazo visceral de otros como Lorca, quien desde cierto elitismo veía al de Orihuela vulgar y pueblerino; al hilo señala Isabel que Picasso encontró mucho rechazo entre sus colegas porque era capaz de absorber todo aquello que contemplaba, para recrearlo en su propia obra, lo que despertó acusación de plagio en el mundillo y a nosotrxs nos da pie a un pequeño debate sobre la envidia en el arte y la noción del plagio, sobre la que comenta Eugenio que debe distinguirse de lo que son las influencias artísticas, y no olvidarse que en el origen de este concepto existe un elevado componente de interés comercial.

Pilar comenta que no le ha sacado sustancia a este autor, que no le ha parecido relevante; de lo que ha leído en los enlaces de nuestra bitácora, destaca que su estilo fuera calificado de arcaico, que en sus escritos campara la parodia y que se dedicara profesionalmente a la escritura, realizando libros por encargo que en ocasiones estaban llenos de errores, aunque fueran divertidos. Lee también algunas frases del autor -ya mencionadas por Rufino– como por ejemplo que “Los ricos controlan las leyes que muelen a los pobres”. Acerca del asunto de los raptos que tratamos anteriormente, Pilar recuerda una noticia reciente que dice que el rey de Marruecos ha disuelto su harén por voluntad de su esposa, a lo que añade Pilar que admira la determinación de esta mujer para plantarse ante una tradición que le resulta tan desagradable y ofensiva. Finalmente, respecto a la diferenciación que en El vicario de Wakefield hace el protagonista entre la entidad del hombre casado y la del soltero (distinción en la que éstos salen malparados), y comparándolo con el trasfondo religioso de la creencia, Pilar insiste en definir la religión como un buen invento para sobrellevar las desgracias y una herramienta muy eficaz para manipular a las personas.

Mercedes ha indagado en los datos biográficos del autor y lee un texto a propósito; dice que Oliver Goldsmith fue dramaturgo, novelista, poeta y ensayista; hijo de un presbítero anglicano, viajó por el continente europeo y practicó la medicina tras su regreso a la isla, donde comenzó a escribir libros que se publicaban de forma anónima, tarea con la que se ganó la vida y que siguió practicando a lo largo de la misma; comenta que logró desarrollar un estilo muy elegante, pero que no era demasiado riguroso con los contenidos. Destaca Mercedes las “Cartas de un viajero chino”, una de sus primeras obras, que tuvo un gran éxito en los círculos literarios de la época y le proporcionó la ocasión de tomar contacto con Samuel Johnson, a quien le unió a partir de ese momento una gran amistad: Goldsmith fue miembro fundador del Club literario que abanderó el famoso Doctor. También menciona Mercedes su poema filosófico, transición del neoclasicismo, cuyo título traducido es El viajero, y que ella ha buscado en la web a ver si podía encontrarlo en castellano pero no halló el texto, sólo referencias. Por último, Mercedes indica que Johnson apañó El vicario de Wakefield para que no se demorase su publicación, ya que en aquel momento Goldsmith tenía muchas deudas; a propósito comenta Pilar G. que quizá fuera ese apaño de Johnson lo que hace que el final de la novela le haya resultado a Josefina tan precipitado.

Valentín comenta que Samuel Johnson dijo de Goldsmith que nadie escribía como él, en respuesta al calificativo de “idiota inspirado” que se le dio en otros círculos. Indica que este autor tiene su obra lírica en el olvido, pero que ha sido muy influyente en autores posteriores de la talla de Austen, Twain, Goethe y Dickens; al hilo señala Rufino que fue llamado “la niña bonita de las letras inglesas”, aunque la crítica parece unánime en cuanto a que su literatura adolece de falta de profundidad. Valentín lee también algunas frases de Goldsmith, y por último nos comenta que este verano empezó a leer un best-seller estadounidense El dios de la guerra de un tal Cameron, una novela histórica inspirada en la figura de Alejandro Magno, pero que abandonó la lectura por resultarle una prosa caótica e inconexa: Valentín considera que después de haber leído el curso pasado a Milton, ha notado el cambio de calidad literaria.

Para cerrar la sesión, Rufino nos invita a asistir al Ciclo de Cine “La ciudad es nuestra” que se está desarrollando hasta el primero de diciembre en el Centro de Arte Dos de Mayo de Móstoles, y donde se están proyectando obras clásicas del cine español, como Tigres de papel y El puente.

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