23 de octubre de 2013: Laurence Sterne

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, Pilar G., Maite, María José, Josefina, Eugenio, Pilar y Mercedes.

Isabel abre la sesión con algunos datos biográficos del autor, entre los cuales destaca que fue irlandés, murió con 55 años y escribió toda su obra durante los últimos nueve; su padre era un militar inglés y él se convirtió en sacerdote anglicano, contrayendo matrimonio y engendrando una hija. Sterne fue vicario de York y era famoso por sus excéntricos sermones; viajó bastante, y durante su estancia en Londres, adonde llegó enfermo de tuberculosis, llevó una vida disoluta; también comenta que estuvo en Toulousse y que una de sus obras, el Viaje sentimental, fue en principio planificada como compendio viajero por Francia e Italia, previsto en cuatro libros, que quedó finalmente reducido a la mitad por la muerte del autor. También destaca Isabel sus Cartas a Eliza, quien fue su amante. De entre las influencias de Sterne destacan tres genios literarios –Cervantes, Rabelais y Swift-; y sobre su propio legado, de él dijo Nietzsche que fue “el más libre de los escritores”. Acerca de su lectura de Tristram Shandy -del que indica que, habiendo alcanzado un inesperado éxito desde la publicación del primer volumen, está compuesto por nueve pero quedó inacabado-, Isabel habla de un comentario recogido en Internet donde se señala que no es un libro para “ser leído en el Metro”, ya que es algo farragoso; ella ha leído algunos fragmentos de la traducción que ha hecho Javier Marías, fechada en 2006, que se trata de la tercera traducción de esta obra que se hace al español (Lali recuerda que para Javier Marías, Sterne es el más grande escritor); comenta Isabel que existe una versión cinematográfica dirigida por Michael Winterbottom, donde se cuenta la historia de ficción al tiempo que se alternan escenas sobre la vida de los mismos actores que hacen la película. Sobre el estilo literario, Isabel subraya que Sterne innovó con el uso del monólogo interior, que consiste en plasmar el flujo del pensamiento, con oraciones largas y constante asociación de ideas; por último, comenta que ha leído un cuento incluido en Tristram Shandy sobre un hombre y un mulo que van de camino procedentes de un país llamado Promontorio de las Narices, y que por aquellos lugares por donde pasan, el apéndice nasal del hombre causa sensación; señala Eugenio que este cuento se enmarca en una parte de la novela donde el autor desarrolla un auténtico tratado sobre la nariz.

Pilar G. ha leído algún fragmento de Tristram Shandy y menciona al personaje del tío Toby, de quien dice que está en todos los acontecimientos; también echó un vistazo al blog donde Isabel leyó lo del Metro, donde se indica que esta novela es muy difícil de vender, que no tiene historia, que está escrita en forma de autobiografía por el álter-ego del autor y que hay que leerla con tranquilidad; también indica Pilar G. que Sterne hizo en ella múltiples alusiones al proceso creativo y reflexionó sobre diversos temas afines, como la crítica literaria, a lo que Isabel comenta que se trata de metaliteratura, donde la ficción queda mezclada con la realidad de la propia literatura, con inserción de personajes en distintas dimensiones del texto, unos dentro de otros (recuerda Eugenio que éste es un recurso empleado a menudo por varios autores, y menciona a Paul Auster y Niebla). Señala Pilar G. que en la contracubierta de la edición de Alfaguara se dice que puede “abrirse el libro por donde se quiera y leer”, a lo que recalca Lali que es una novela muy densa para leer de corrido y hay que hacerlo poco a poco, un tipo de lectura muy similar a la que debe hacerse de El Quijote, lenta y fragmentaria; al respecto debatimos sobre la dificultad de la expresión empleada por Cervantes, y si es conveniente que su obra sea reinterpretada en un lenguaje y sintaxis más acorde con el castellano que actualmente manejamos, a lo que hay diferencias de opinión, destacando la importancia de una lectura actual, sin olvidar el respeto debido a la expresión original como garantía de mayor fidelidad a la intención del autor.

Toñi ha leído el Viaje sentimental y le ha gustado mucho; comenta que se lee muy bien y que es muy ameno, y que te ríes bastante porque las anécdotas que el narrador va contando de cada sitio que visita son divertidas. A continuación, menciona la historia de un burro con el cual un personaje hace peregrinación para preservar la salud del tercero de sus hijos, tras la muerte de los otros dos; también dice Toñi que el autor se nota muy enamoradizo, pues allá por donde pasa siempre se queda prendado de alguna mujer, y en concreto nos relata la historia de cuando se dirige a la ópera pero al no saber exactamente dónde se encuentra entra en una tienda donde halla a una mujer cosiendo, pregunta por la dirección de la ópera y se va, pero vuelve al poco diciendo que ha vuelto a perderse; así, comienza a tontear con ella con la excusa de unos guantes que provocan que se rocen sus manos, hasta que aparece el marido, quien se traga la excusa y ordena a su ayudante que acompañe al narrador hasta la ópera. Toñi concluye mencionando otra historia sobre un estornino que pide ayuda a un niño, comenta que los episodios quedan a medio terminar e insiste en que la lectura de esta obra es muy recomendable.

Rufino lee algunos retazos de la biografía de Sterne, como que nace en el sur de Irlanda, estudia en Cambridge y lleva una vida disoluta durante su estancia en Londres. Acerca de su gran obra, Tristram Shandy, indica que de ella se ha dicho que no tiene parangón entre las novelas de su época, que es una especie de fantasía cómica y de obscenidad grotesca que no respeta en absoluto la unidad de acción que en aquellos tiempos se exigía y creía inherente a la naturaleza de la novela. A propósito del sentido del humor, Sterne comentó que “un hombre que ríe, jamás será peligroso”, pero Rufino indica que debe haber excepciones, ya que George W. Bush reía mucho en sus intervenciones como Presidente de Estados Unidos y precisamente inofensivo no era. Para finalizar, Rufino relaciona las obras conocidas del autor: Tristram Shandy, sus Sermones, Carta a Eliza, Viaje sentimental y su Correspondencia, en edición póstuma que data de 1775.

Maite ha leído la introdución a Tristram Shandy de la edición de Cátedra a cargo de Fernando Toda, y comenta que habiéndose traducido al español el Viaje sentimental en 1821, el Tristram Shandy no se tradujo a nuestra lengua hasta doscientos años después de su composición (fue 1975, versión de José Antonio López de Letona, editada por Akal y posteriormente por Cátedra); al hilo de las traducciones de la obra magna de Sterne, comenta Maite que Javier Marías obtuvo el Premio de Traducción Fray Luis de León por la suya, editada en Alfaguara (entre ambas traducciones, se encuentra la de Ana María Aznar que publicó Planeta). Y concluye su intervención señalando la influencia ejercida por Sterne en grandes escritores latinoamericanos del siglo XX, como Julio Cortázar, Borges, Lezama Lima, Cabrera Infante, amén de otros que no usaron el castellano en su obra, como Joyce e Italo Calvino; menciona como colofón el “Efecto Sterne”.

María José comenta la anécdota de Tristram Shandy en la cual el narrador, al remontarse hasta los orígenes de su biografía, relata cuando, siendo aún un espermatozoide, en el momento en que sus padres están reunidos para proceder a su gestación, ella le pregunta a él si se acordó de dar cuerda al reloj; también menciona la introducción de Cátedra, y el calificativo de “novelista más extraño” que ha recibido de Ifor Evans. Indica que en la época de Sterne, la novela seguía las reglas del neoclasicismo, y que era una obsesión que la literatura imitara a la vida en estado real; dice que el destinatario de las composiciones literarias comenzó siendo la aristocracia, pero que luego la burguesía ocupó su lugar, de manera que era findamental el modo de expresión como un signo de identidad y distinción, por lo que Sterne empleó a modo paródico el asterisco para omitir ciertas palabras malsonantes que pudieran ofender al lector, dejando que fuera éste quien completara esas frases; a propósito, menciona Mercedes que el autor también recurre al hueco blanco con la misma intención. María José destaca diversas fuentes que convierten a Sterne en un escritor tan original: por ejemplo, la filosofía de John Locke, cuya obra habría sugerido al autor el uso de la asociación de ideas para elaborar los discursos de cada personaje (acerca de la asociación de ideas, señala María José que fue considerada signo de locura); también menciona a los filósofos utilitaristas David Hume y Adam Smith. Nombra María José el grupo de “Los Demoníacos”, al que pertenecía el autor y entre cuyos miembros se encontraba el también escritor John Hall-Stevenson, en cuya biblioteca personal habría tenido Sterne acceso a las obras de Cervantes y Rabelais; acerca de su estancia en Londres, indica que allí le hizo Joshua Reynolds el famoso retrato, y que visitó la Residencia Real. También destaca María José la forma en que Sterne vendía su novela, escribiendo él mismo cartas de recomendación a su lectura que luego pedía a amigas que firmaran y enviaran a conocidos. Por último, resalta que el autor usó el subjetivismo con todas sus consecuencias y que en España se le ha conocido gracias a los autores latinoamericanos evocados por Maite, quienes le admiraban.

Eugenio comenta que no hay que esperar a tener tiempo para leer Tristram Shandy, pues en ese caso no se leerá nunca; dice que hay que adquirir un ejemplar y tenerlo siempre a mano para ir leyendo poco a poco y disfrutarlo. Comenta que hay muy pocos personajes en la novela, y que conviene anotar quién es quién para recurrir a la descripción cuando aparecen, y que cuando llevas unas cuantas páginas ya no necesitas esta guía. También sobre la novela indica que en toda ella apenas hay tres o cuatro escenas a las cuales el narrador regresa para tratar de volver a narrarlas sin perder el hilo, que es lo que continuamente le ocurre por querer contarlo todo; dice Eugenio que en muchas ocasiones se detiene en la escritura y toma nota de los asuntos que le quedan pendientes de desarrollar, por ejemplo en un caso en que habla de una chaqueta cuyo botón cose una criada, el narrador indica que más adelante dedicará un capítulo a cada uno de estos temas: las chaqueta, los botones y las criadas. Acerca del monólogo interior, comenta que en Sterne no puede hablarse tanto de monólogo interior como de desarrollo del hilo del pensamiento, puesto que el monólogo interior, tal como se ha experimentado durante el siglo XX, procede de un intento de narración caótica en la que recuerdos, sensaciones, miedos y deseos se mezclan en el párrafo imitando la conciencia, mientras que la intención de Sterne es, como dice el narrador, escribir su vida al detalle; comenta Eugenio que en un momento determinado, cuando alcanza el año de escritura de estas memorias, Tristram se detiene a reflexionar y desespera al darse cuenta de que lleva un año escribiendo y apenas ha podido relatar un día de su vida, con lo cual ahora tiene casi un año más que contar y uno menos de tiempo para hacerlo. Por último, acerca de lo dicho por Pilar G. sobre que Tristram Shandy sea el álter-ego del autor, Eugenio lo niega y comenta que el auténtico álter-ego de Sterne es Yorick, el clérigo cuyos sermones reproduce en algún momento de la novela.

Pilar comenta ha que leído varios enlaces de los que hemos colgado en la entrada dedicada el autor en este blog y que le ha parecido especialmente interesante la “Carta a Laurence Sterne” de Francisco Machuca, por la manera en que su autor ha tratado la figura del escritor y lo muestra al lector. Considera que Sterne es un escritor a tener muy en cuenta y lamenta no haber podido leer nada suyo, aunque señala que haber sido engendrado en unas circunstancias tan insólitas como las que se cuenta en la escena del reloj, ha marcado su vida.

Mercedes también hace hincapié en el texto de Francisco Machuca sobre Sterne, y lee algunas frases del mismo: destaca el aspecto estrafalario del autor, y que tuviera en su vida dos mujeres con graves conflictos, como su esposa, internada por problemas mentales al parecer producto de su relación con el escritor, y su madre, detenida por vagabundear. Indica que es imposible contar el argumento de Tristram Shandy y lo define como un “disparate de humor corrosivo”, enumerando a continuación cuatro de sus celebradas escenas: la del reloj al que hay que dar cuerda en el momento más inoportuno, los forceps con que el médico extrae al narrador del cuerpo de su madre y le provocan una lesión en la nariz, el bautizo que iba destinado a llamarle Trigesmistus pero que por un error termina registrándole con el triste nombre de Tristram, o el descuido de la criada debido al cual se le chafa cierta parte corporal innombrable. Reitera Mercedes la angustia del narrador ante la inmensa masa en aumento que es la vida que desea relatar, y para ello hace el cálculo y resuelve que debe ir diez veces más rápido de lo que avanza lo ya vivido y cien más de lo que va viviendo; también menciona la “Tristampedia”, que es un libro que el padre del protagonista tiene intención de escribir para explicar a su hijo lo que es la vida, también convertido a ojos del narrador en una obra imposible de terminar. En definitiva, Mercedes dice que esta novela es un meandro laberíntico de historias abandonadas, llenas de interrupciones inesperadas que dejan en suspenso la narración; y finalmente destaca  la influencia que ha ejercido Sterne sobre la obra de Enrique Vila-Matas y que a su entierro (según lee en Machuca) sólo asistió el librero, siendo descubierto su cadáver días después sobre una camilla rodeado de estudiantes pendientes de su disección.

Lali recuerda las rarezas tipográficas que usa Sterne en Tristram Shandy, y que hay capítulos compuestos por una sola frase o que son dejados en blanco “para añadirlos más adelante”. Destaca el tono distraído, el acento absurdo y las contradicciones que constantemente ilustran esta narración azarosa cuya intención es llamar la atención sobre la presunción de determinados saberes, la banalidad de ciertos hábitos mentales y en general las convenciones que se terminan convirtiendo en papel mojado. Ilustra Lali la comicidad de Sterne añadiendo que disuelve los dilemas a los que se enfrenta con el sentimiento, mostrándose sensible a toda experiencia humana; y corrobora la ausencia de trama en la novela, que califica de “cuadro familiar jocoso”. Menciona el episodio de la mosca, a la que el tío Toby es incapaz de matar y, ante la molestia que le causa, trata de convencer para que se vaya a otro sitio (“El mundo es suficientemente grande para los dos”); también menciona las fortalezas sobre cuya construcción y mantenimiento es este personaje un auténtico experto, y añade que junto a su fiel cabo Trim se dedica en el tiempo libre a construir empalizadas en miniatura. Por último, Lali comenta que la novela está llena de las más variadas digresiones sobre los más disparatados temas.

Josefina dice que comenzó a leer la novela y por sus primeras líneas imaginó al narrador como una figura pequeñita instalada en un rincón escribiendo sus memorias, y no sabe si esta imagen le vino porque la voz se sitúa en los orígenes de sí mismo y aún no ha nacido, o porque se encuentra en una gran estancia rodeado de gente que lo convierte en un ser insignificante. A continuación lee un texto de esta obra donde Sterne transcribe el contrato matrimonial entre los padres del protagonista, cuyo desvelamiento éste había prometido anteriormente al lector, si lo encontraba entre sus papeles, y que al parecer finalmente lo encuentra y lo transcribe: en este acuerdo se habla sobre el lugar en que Tristram vendrá al mundo (su madre quiere el campo, el padre prefiere la ciudad), y las 120 libras de que dispone ella para desplazarse en sus trayectos entre ambos lugares; comenta Josefina que le ha extrañado que se utilizaran esos términos en los contratos y supone que será cosa de la época, a lo que María José señala que la redacción del contrato le ha recordado a la famosa “parte contratante” de los Hermanos Marx. Al hilo, cuenta Josefina que el protagonista finalmente nace en el campo, pero que el padre manda llamar al médico porque no se fía de la matrona y éste, ante la negativa de la madre a ser atendida por él, tiene que esperar durante un buen rato en el salón mientras convencen a la parturienta y en este periodo de tiempo se dedica a beber con el padre y el tío y termina asistiendo el parto con el conocido resultado del accidente de los forceps; sentencia Pilar que fue un desastre de nacimiento.

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