16 de octubre de 2013: Henry Fielding

16 de octubre de 2013: Henry Fielding

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Pilar G., Maite, María José, Seve, Josefina, Eugenio, Pilar y Rufino.

Isabel lee una breve reseña de datos biográficos del autor, donde destaca que vivió cuarenta y siete años, que su padre fue coronel y su madre hija de un juez del Tribunal Supremo (recuerda Pilar la fuga de sus padres, cuya unión fue en principio repudiada por el abuelo materno), que tuvo una vida muy ajetreada y muere de gota e hidropesía (Josefina comenta que ha leído que murió de disentería, Pilar menciona que murió en Lisboa, adonde se desplazó por motivos de salud, y María José indica que en este retiro postrero aún le dio tiempo a escribir un libro). Isabel ha leído Jonathan Wild, y cuenta que es la versión satírica que hizo Fielding de la vida de un personaje real, que fue ladrón y jefe de banda criminal que se hizo muy famoso en la época; le llamaban “El Gran Hombre” y terminó siendo ahorcado (Defoe y el propio Fielding -con 18 años- había asistido al evento, que fue multitudinario); Isabel señala que le ha parecido muy interesante la biografía verdadera del protagonista: dice que antes de ser ajusticiado intentó suicidarse con veneno, quizás láudano, y que le ejecutaron semi-inconsciente, habiendo perdido gran parte de su ascendente popular. También indica que Fielding cuenta en su novela un final distinto, cómico, y recuerda el humor de la escena con el capellán y el diálogo que mantiene el protagonista con la última de sus mujeres, a los quince días de casarse, durante el cual discuten y se repulsan mutuamente: el motivo es que un tal Jack frecuenta a la mujer, y el marido expresa su decepción porque creía -y deseaba- que ella fuera una mujer virtuosa; terminan discutiendo pero llegan al acuerdo de no convivir como un autentico matrimonio, sin amarse ni pelear; lo que más ha gustado a Isabel de la escena es la duda que carcome a la mujer, a quien él ha llamado “zorra”: ella tratará de aclarar la causa del insulto y varias veces le preguntará “¿Por qué zorra?”, incluso el mismo día de la ejecución; al hilo comentamos lo mucho que a veces nos importa saber el motivo por el cual se nos ofende con una palabra determinada. Por último, Pilar pregunta a Isabel si Jonathan Wild robaba a los ricos para repartirlo entre los pobres, a lo que ésta contesta que lo robado lo usaba en beneficio propio.

Lali ha leído una parte de la versión de Tom Jones editada por Cátedra, en lectura cooperativa entre ella, Toñi y Pilar G.; comienza su intervención con algunos datos sobre la obra y su época, donde destaca que Fielding realiza un estudio de costumbres, con aventuras y sátira social, en oposición al sentimentalismo de Richardson y sin huella del puritanismo de éste, sino basándose más en los clásicos a quienes cita constantemente; destaca también la influencia que sobre el autor ejercieron El Quijote y, en general, la picaresca española, y que su literatura está dotada de un carácter optimista del que adolece Jonathan Swift, el más popular satírico de la época, señalando que después de Fielding, el humorismo no volverá a alcanzar tan altas cotas hasta la llegada de Dickens; Lali añade que el autor vivió en una época de elevado nivel intelectual, coincidiendo con la expansión de Gran Bretaña, y que se consideró fundador de un nuevo género literario (Eugenio recuerda la forma hilarante como lo expresa en Tom Jones, advirtiendo al lector que, ya que él es el fundador de este género, sus reglas las usa y modifica según su capricho); respecto a la estructura de la novela, concluye Lali que es perfecta, y que el análisis de la naturaleza humana que hace Fielding es brillante. Acerca del argumento de la parte de Tom Jones que ella ha leído, resalta la pelea que tiene Molly, la hija del guardabosques, contra las muchachas del pueblo, a la salida de la iglesia donde ha ido emperifollada a presumir con el vestido que por caridad le ha dado Sofía (recuerda María José que este vestido se lo regala Sofía para compensar que el padre de Molly ha sido despedido por culpa de una liebre cazada en la finca de su padre; y al pie, también destaca la escena de la muerte del Capitán, que sufre una apoplejía mientras planeaba qué iba a hacer con la herencia de Allworthy cuando éste muriera), y también la muy lírica descripción que al presentar a Sofía hace de ella el autor, quien concluye comparando la hermosura de su protagonista con la de su propia esposa, ya fallecida cuando escribió la novela.

Toñi continúa la narración de Lali y comenta que el protagonista Tom se encuentra indeciso entre el amor de Sofía, la hija del caballero Western, y Molly, hija de guardabosque; cuenta entonces la escena en que la hermana de Molly, que la envidia, desvela a Tom que ella se encuentra en el desván en la cama con Thwackrum, uno de los preceptores de aquél, quien al descubrirlos, dice Toñi, “ve el cielo abierto” y se decide por Sofía. También menciona al sobrino del protector de Tom (el caballero Allworthy), Blifil, hijo del Capitán y de Bridget, hermana de Allworthy: el padre y la tía de Sofía desean casar a ésta con Blifil para sellar una unión familiar; y menciona la escena en que Western trata de convencer a su hija de que acepte el matrimonio de conveniencia, confesándole que él mismo se casó con su madre sin sentir por ella amor alguno. Tras un malentendido de Tom con su protector, urdido por Blifil para librarse de él, Allworthy echa de casa al protagonista, quien tiene que marchar a buscarse la vida, con la sola compañía de un criado; Toñi cuenta las aventuras que vive Tom en el mesón donde va a pasar su primera noche de vagabundo, donde se reúne un grupo de soldados que marcha a enfrentarse a las tropas del Pretendiente que acaban de desembarcar en la isla; al hablar Tom de su amor imposible por Sofía, uno de los oficiales lanza insinuaciones contra el honor de Sofía y se desencadena una pelea en la que Tom resulta herido en la cabeza. Toñi leyó hasta la parte en que reaparece el maestro barbero Partridge, quien al comienzo de la novela fue expulsado por Allworthy por ser, según acusación de su propia mujer, el hombre que dejó embarazada a la madre de Tom.

María José sigue el hilo de la trama de Tom Jones a partir del punto donde la abandonó Toñi, y cuenta que los militares que Tom y su criado encontraron en el mesón eran fieles al Rey e iban a luchar contra los jacobitas, y que el oficial que inició la bronca había presumido de tirarse a Sofía e incluso a la tía de ésta; Eugenio recuerda entonces la escena posterior en la que este oficial, habiendo sido detenido tras herir a Tom, y encerrado en una alcoba del mesón, consigue fugarse y se monta un enredo que a Eugenio le hizo evocar la escena de El Quijote en la que éste lucha contra cueros de vino; Toñi añade que la mesonera ayuda al soldado a escapar a cambio de una compensación, y María José indica que los personajes de clase baja que aparecen en la novela suelen motivarse a través del dinero, mientras las mujeres acomodadas tienen su incentivo en la aventura sensual. Prosigue el relato mencionando al barbero Partridge, quien tras hacer unas sangrías a Tom, reconocerlo y mostrar su admiración por él, decide unirse a su destino y tras su recuperación emprende marcha en su compañía; mientras tanto, Sofía ha huido de su casa por querer su padre imponerle la boda con Blifil, a quien aborrece, y en la segunda pensión donde Tom y Partridge llegan, se cruzan sus caminos; pero Tom acababa de salvar a una muchacha de la agresión de los soldados y ésta llega con ellos al mesón, les alojan en alcobas contiguas y surge la ocasión del mutuo consuelo, que propicia que Sofía -cuya criada dio noticia de la presencia de Tom en el mesón, de la cual fue informada por el propio Partridge, quien borracho en la cantina está hablando de más-, aunque no llegue a descubrirles, sepa que se encuentra en compañía femenina y con despecho le deje encima de la cama un manguito de vestir con una nota, que Partridge recogerá sin dar aviso a Tom del descubrimiento. Concluye María José su relato con Tom en Londres, donde va dejando rastro de bondades sin fin, tiene a todas las mujeres detrás y se bate en duelo de amor contra un irlandés celoso, circunstancia que provoca su detención y le lleva a la cárcel. Finalmente, recuerda María José que el capítulo inicial de cada libro lo dedica Fielding a un comentario sobre diversos temas complementarios o al margen de la narración: por ejemplo, un prólogo moralizante sobre el matrimonio o una burla de la crítica literaria; al respecto, María José ha evocado las digresiones de Swift en El cuento de una barrica.

Pilar G. continúa el relato a partir del momento en que el narrador nos hace creer que la mujer a quien Tom salva del ataque lascivo de los soldados, y con quien se acuesta, podría ser su propia madre, Jenny Jones; al tiempo, Allworthy va descubriendo el enredo que para librarse de Tom ha maquinado Blifil, quien llega a pagar a marinos para que testifiquen en contra del protagonista por el asunto del duelo, y así el juez lo condene. Pero gracias a la ayuda de una mesonera, Tom logra salir de la situación y entonces se descubre su verdadero origen, y que esta verdad estuvo a punto de llegar a manos de Allworthy hace tiempo, pero lo impidió Blifil; finalmente, Western, que de nuevo trató de casar a Sofía, esta vez con un Lord, accede a dar su mano a Tom, pero ahora ella se hace de rogar. Lali comenta que los enredos de Fielding son más engorrosos que los de Cervantes, pero que se nota que la expresión literaria de éste es más complicada, deduciendo que pesa el siglo y medio que los separa, a lo que Eugenio supone que no se debe olvidar que Tom Jones ha sido escrito en el siglo XVIII pero las versiones al castellano que leemos son del XX. Isabel añade que le suena mucho el argumento de la novela, Pilar opina que es un argumento muy común y María José puntualiza que existe una versión cinematográfica de 1961 que quizás haya visto; por último, Pilar G. recuerda las pensiones vitalicias con las que Allworthy termina despachando a casi todos los personajes.

Eugenio comenta que Fielding empezó su carrera literaria escribiendo teatro, pero tuvo que dedicarse a las novelas cuando Samuel Richardson y otros intelectuales lograron que el gobierno prohibiera las representaciones; María José recuerda que fue Walpole quien tomó aquella medida y Pilar destaca que el autor, vetado en una actividad, no se conformara y pusiera manos a la obra en otra. Acerca de sus primeras novelas, Eugenio indica que son parodias de la Pamela de Richardson, el gran éxito de éste: son Shamela y Joseph Andrews. Acerca del alejamiento de la novela de corte puritano al que se ha referido Lali, señala Eugenio que Fielding no parece tan separado de su carácter moralizante y algo conservaba, como indica la autora de la tesina de María Mercedes Marín García sobre Fielding cuyo capítulo dedicado a la mujer en la obra del autor, enlazado desde nuestro blog, ha leído; resalta sus reflexiones sobre el matrimonio, y recuerda las lecciones que Sofía recibe de su tía cuando ésta trata de convencerla de que debe casarse con Blifil porque esto la conviene y conviene a todos los interesados, aparte de mostrarle lo importante que es para una mujer utilizar estrategias como el recato para tener éxito en el negocio de su vida, que no es otro que cazar un buen partido; María José destaca de este personaje (Mrs. Western) que es una mujer muy independiente, con un temperamento fuerte que discute de política con su hermano, y Pilar ve en ella una figura precursora del feminismo, aunque al respecto puntualiza Eugenio que en sus inclinaciones políticas se muestra muy conservadora. De Tom Jones, destaca el personaje de Sofía, de quien indica María Mercedes Marín García la innovación moral de Fielding al haber otorgado a su protagonista femenina la virtud de la sinceridad, por encima de la conveniencia social; Eugenio subraya que lo que más le gustó a él del personaje fueron las muestras de obediencia hacia su padre, que por exageradas resultan paródicas. Finalmente señala que la última novela del autor, Amelia, se encuentra ya en la frontera con el romanticismo.

Maite incide en aspectos de la biografía del autor, como que le cundieron los cuarenta y siete años de vida que disfrutó, y que su carrera como dramaturgo se extinguió por una decisión política del primer ministro Walpole, quien desde entonces se convirtió en objetivo de sus críticas; a propósito comenta que Fielding cultivó la sátira en sus artículos periodísticos, bajo el seudónimo de “Capitán Hércules Vinagre”, y se dice que en un momento dado llegó a aceptar sobornos del entorno de Walpole para suavizara el tono de sus críticas. También indica Maite que se casó con una rica heredera con la que tuvo cinco hijos, aunque le acompañaba fama de vividor y disipado; su formación académica la adquirió en Eton. Por último, indica que enfermo marchó a Lisboa, a la que calificó de “la ciudad más horrible del mundo”; Maite comenta que ella conoce a mucha gente que también ha resultado negativamente  impresionada por la capital portuguesa, pero que a ella le encantó; Pilar añade que quizá al autor esa mala impresión se la causó su propia falta de salud.

Seve ha leído algo sobre la vida de Fielding, y lo único que quiere añadir es que, según sus fuentes, trabajó como forense, dato que no parece constar en ningún otro sitio; comenta María José que quizá esta función era una de sus atribuciones como juez.

Josefina destaca que el autor estudiara Derecho cuando ya contaba treinta años, a lo que Maite puntualiza que tenía la necesidad de mantener a su familia; Josefina añade que se ganó la vida ejerciendo de abogado, pero que también recibió ayuda económica del célebre filántropo Ralph Allen, e hizo de la literatura un medio de subsistencia. Recuerda que Shamela, la parodia que Fielding escribió como réplica a la Pamela de Richardson, a la que Josefina califica de novela epistolar moralizante, apareció de forma anónima, pero que éste, quien conocía a las hermanas de aquél, siempre estuvo convencido de que su autoría pertenecía a Fielding; al respecto, añade Josefina que las dudas posteriores a la época sobre esta circunstancia parecen haber remitido, y que hoy en día hay unanimidad en cuanto a que Fielding es el autor de Shamela. Destaca también que pusiera la figura de su mujer como un ideal de belleza, tal como hemos comentado anteriormente respecto a la descripción de Sofía en Tom Jones; y subraya la gran influencia que ejerció El Quijote sobre toda su obra. Por último, Josefina está de acuerdo con Pilar en que pudo ser el padecimiento de su enfermedad lo que le impidió apreciar la belleza de Lisboa, a lo que Lali añade que un escritor francés del siglo XIX también dejó dicho que Madrid le había parecido “una ciudad horrorosa”.

Pilar dice que ella no ha podido leer nada de Fielding, pero ha estado indagando sobre su vida y comenta los datos que más le han llamado la atención. Resalta que fue un hombre muy inteligente y bastante obstinado, que no se detuvo ante ninguna contrariedad: recuerda que cuando cerraron los teatros, comenzó a escribir novelas; también valora que dedicara tantas sátiras a criticar a Walpole. Sobre la tesina en pdf que ha mencionado Eugenio, Pilar comenta que ella también ha leído algunas partes, y considera que es un estudio muy completo sobre el autor. Acerca de la labor que Fielding desempeñó como juez en un barrio desfavorecido de Londres, Pilar indica que creó un fondo de asistencia para pobres, que prohibió el consumo de ginebra cuyo abuso estaba dañando a la población, y abogó por la prohibición de las ejecuciones públicas; añade a ello María José que fue un pionero de Scotland Yard, ya que fundó la policía de barrio. Concluye Pilar su intervención recordando que la gran escritora Jane Austen leyó a Fielding con entusiasmo, a lo que María José indica que también los españoles Larra y Fernández de Moratín sintieron por su literatura un gran aprecio.

 

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