9 de octubre de 2013: Eliza Haywood

Reunidxs Isabel, Lali, Toñi, Pilar G., Seve, Eugenio y Pilar L.

Isabel abre la sesión con los datos biográficos publicados en la Wikipedia; comenta que ha encontrado otra biografía sobre la autora, bastante más extensa pero en una traducción al español muy descuidada. Indica que Eliza Haywood ha sido recuperada para la memoria literaria durante los años ochenta del siglo XX; escribió en todo tipo de géneros y fue una de las fundadoras de la novela inglesa. Isabel ha indagado en Internet y encontró un texto, El legado de Hipatia, que consiste en doce capítulos dedicados a mujeres que se han hecho un hueco en la historia de la Ciencia, y de cuya autora menciona que es bióloga y poco más, pues en su búsqueda por la web no encontró más información en castellano sobre ella; se trata de Margaret Alic, quien en este texto dice que Eliza Haywood fue la primera mujer que vio su obra editada bajo su propio nombre; Isabel  añade que la mujer a quien se refiere el título se trata de la conocida filósofa griega, Hipatia de Alejandría -popularizada en nuestro tiempo gracias a la película de Alejandro Amenábar Ágora-, que vivió durante el siglo V de nuestra era y fue asesinada por cristianos fanáticos, lo que supuso una especie de punto de inflexión entre la Antigüedad y el Medievo, ya que en aquellos momentos los cristianos destruyeron cuanto pudieron del conocimiento existente antes de su expansión; finalmente recuerda un fragmento donde se habla de la “Dama de la Ciencia”, y relata hechos de la época de nuestra autora donde los nuevos inventos y descubrimientos comenzaron a divulgarse entre las mujeres de clase alta, que acudían a presenciar experimentos y a utilizar telescopios y otros instrumentos que se empezaban a comercializar, más con fines lúdicos que científicos, y que indica Isabel que en vez culturizar a las mujeres o despertar su interés por el conocimiento, estaban destinados a mantenerlas entretenidas, humildes y piadosas, para que no perturbaran el orden machista. Por último comenta que Eliza Haywood se ha relacionado con otras autoras, entre las que destacan dos que vimos la temporada pasada: Delariviere Manley, también dedicada al periodismo, y Aphra Behn, de quien recuerda Lali que dijo Virginia Woolf que todas las mujeres debemos llevar flores a su tumba, en agradecimiento por su aportación al desarrollo de la literatura escrita por mujeres. También menciona Isabel dos títulos de Eliza Haywood: Phantomina, donde la protagonista trata de conseguir a un hombre haciendo uso de diversos disfraces y personalidades que lo van conquistando en distintas circunstancias, y Amor en exceso, que lleva por subtítulo La investigación fatal y trata de un triángulo amoroso.

Lali indica que para la sesión de Aphra Behn leyó un relato de Eliza Haywood editado en el mismo volumen que el de la autora a tratar en aquella ocasión (Mujeres de principios, editada por Lengua de Trapo), y cree recordar que se trataba de Phantomina, o al menos que su argumento era muy similar. Por otro lado, señala que ha encontrado pocos datos sobre la autora en la Enciclopedia de la Literatura de Garzanti, donde se indica que escribió de un determinado número de novelas de tendencia escandalosa, en las cuales, bajo una encendida sensualidad, se hace mordaz crítica del mundo masculino. Apostilla Lali que Eliza Haywood alcanzó un gran éxito durante su vida, y señala Pilar L. que parece ser que igualó en ventas al Robinson Crusoe de Defoe, editado el mismo año que su Amor en exceso.

Pilar G. comenta que Eliza Haywood dejó una amplia obra, pero que de ella nosotros podemos leer muy poco; indica que su Amor en exceso es calificada de romántica, y trata de un conde libertino e inmoral, argumento que a ella le trajo a la memoria el de las Amistades peligrosas. Sobre su vida, Pilar G. dice que hay dos versiones contradictorias entre sí, aunque parece que ambas coinciden en determinar que sus orígenes no han sido esclarecidos, que se casó con un reverendo y que al menos tuvo dos hijos con distintos hombres. Destaca su dedicación a la política a través de la actividad periodística, y que escribió novelas extensas; también señala que en su obra hay una transgresión de la poesía de Aphra Behn, y entonces nos planteamos si ésta habría publicado -y firmado con su nombre- durante su vida, ya que antes resaltó Isabel que, según Margaret Alic, Haywood habría sido la primera en hacerlo, al menos con su nombre verdadero.

Eugenio ha leído acerca de The Tea-Table y destaca la labor periodística de la autora, que le recuerda la ejercida durante aquella misma época por Delariviere Manley y Daniel Defoe, tal como vimos en sus respectivas sesiones. Indica que Haywood buscó dar forma literaria a la expresión femenina, y confeccionó una especie de manual de conducta de carácter moralizante, que trataba de inculcar el placer de la lectura y el deleite de la conversación, con el objeto de reformar la conducta y ampliar la cultura de las mujeres de su clase, las pertenecientes a la incipiente burguesía protestante. Eugenio añade que las escenas que reproducen The Tea-Table son debates que entablan sus participantes en torno a diferentes temas, y señala como ejemplo el que tiene lugar entre dos de los personajes, un tal Philetus y una tal Brillante: él defiende que en asuntos de adulterio hay que ser más condescendiente con el infiel, ante lo que ella sostiene que es fácil defender esa opción para un hombre, pero que la mujer que ha cometido adulterio difícilmente podrá recuperar la virtud, por mucho que la sociedad se muestre comprensiva; al hilo de este tema, surge también un debate en nuestra mesa, donde terminamos mencionando la reconstrucción de hímenes y las últimas medidas del Ayuntamiento de Madrid para regular la prostitución. Por último, Eugenio comenta que lo que más le ha sorprendido de Eliza Haywood es que en sus texto de The Tea-Table insertó novelas y poemas, así como digresiones metaliterarias sobre las técnicas narrativas y el oficio de escritora; entre ellas, precisamente, su propia definición de novela, historia, romance, etc.

Pilar L. indica que también ha estado leyendo acerca de The Tea-Table y que le hubiera gustado poder leer la obra; corrobora que ésta fue editada como publicación periódica en una revista femenina que todavía existe, pero que ha derivado hacia la prensa rosa. Destaca que Haywood fue una mujer inquieta que, como otras de su época, al no poder entrar en los Cafés públicos se reunía en salones privados donde tomaban el té y, además de hablar de repostería, trataban temas de actualidad y se comprometían en cuestiones sociales; añade que en estas reuniones admitían la presencia de hombres. Indica que la autora compuso multitud de artículos de la más variada temática, muchos de ellos publicados de forma anónima, y que participó en asuntos políticos, siendo favorable al partido tory; también comenta que el poeta satírico Alexander Pope la criticó duramente en su célebre The Dunciad, pero que ella superó aquellos ataques y siguió reivindicando los derechos de la mujer, para que fueran consideradas y derribaran las muchas trabas y desconsideración que encontraban en su camino profesional. Por último insiste Pilar L. en señalar que no cree que esta lucha fuera meramente feminista, sino que se trataba de denunciar y vencer las injusticias manifiestas, como por ejemplo la falta de protección de la maternidad, que en muchos casos, también en nuestros tiempos, obliga a la mujer a tener que elegir entre tener hijos o su desarrollo profesional; al hilo, Isabel recuerda que antes era lo más común que las mujeres abandonaran su trabajo al casarse, a lo que Eugenio señala que ésta es una propuesta que ha sido lanzada a la opinión pública para debate a tenor del altísimo nivel de desempleo que actualmente sufrimos; Pilar L. lamenta que se estén perdiendo muchos de los avances logrados hasta ahora, con la excusa de la crisis económica, a lo que Lali señala que la mujer occidental ha alcanzado un buen nivel de independencia, que debemos tratar de mantener pero sin olvidar que en el resto del planeta aún existe un mayor porcentaje de mujeres que carece de los más mínimos derechos; Pilar G. también considera que no debemos quedarnos en la queja, que hay que lidiar como sea posible contra las circunstancias adversas; finalmente, Eugenio señala que no hay que confundir causas y consecuencias, y que la pérdida de derechos que en todos los sentidos se está produciendo, no es consecuencia de la crisis económica sino al contrario: que un mundo donde no se estaban respetando los derechos humanos, que cada día era más injusto y en el cual no existía ningún interés por subsanar las discriminaciones, nos ha traído como consecuencia esta situación económica insostenible.

 

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