19 de junio de 2013: Samuel Richardson

Reunidos: Isabel, Pepi, Enrique, Pilar G., Rufino, María José, Maite, Josefina, Eugenio, Pilar, Mercedes y Valentín.

Rufino abre la sesión contándonos una leyenda madrileña sobre un oficial que durante un paseo por la ciudad recibe desde un balcón la proposición de una bella dama que no es capaz de rechazar; concluida la visita, el soldado abandona la casa pero olvida la espada, por lo que debe volver al día siguiente al lugar de su conquista, y en esta ocasión es recibido por la portera del inmueble, que le comunica que en ese piso hace lo menos cincuenta años que no vive nadie; suben a la casa y encuentran su espada completamente herrumbrosa. A propósito de leyendas, María José recuerda las que corren, también en Madrid, en torno al Palacio de Linares, donde actualmente está ubicada la Casa de América, y el edificio que alberga el Museo Reina Sofía que, añade Pilar, antiguamente fue un hospital. Para cerrar esta introducción, se nos convoca para el próximo acto de presentación de un libro firmado por Paco Cristino, que es un compañero de los Talleres Literarios del Centro de Mayores Juan XXIII, en la cual, entre otros, estará presente el poeta Emilio Polo, presidente de la asociación literaria ASEAPO.

Acerca del autor, Isabel lee los datos biográficos que aparecen en El poder de la palabra, donde se destaca que Richardson fue un novelista inglés, que comenzó su carrera profesional como aprendiz de impresor y que más adelante tuvo a su cargo una imprenta en Londres. Su obra literaria se inició con la publicación de Family Letters, que es un conjunto de cartas-modelo que confeccionó a petición de unos amigos, y culminó con sus tres novelas: Pamela, que ocupa dos volúmenes y habla de una joven doncella que defiende su virtud, Clarissa, de siete volúmenes, a considerada su mejor obra y escrita en tono moralista y bajo profunda comprensión de la psicología femenina, y por último La historia de Charles Grandison, también compuesta en  siete volúmenes; estas tres novelas son epistolares y destacan por el desarrollo de esta modalidad que permite el flujo de conciencia de los protagonistas; añade Isabel que al autor se le considera fundador de la novela moderna. Ella ha leído un par fragmentos de Pamela: uno donde sus padres la exhortan a que no cometa ninguna acción vergonzosa, y otro donde la propia protagonista describe a un personaje, la Señora Jewkes, por quien no parece sentir mucho aprecio; concluye Isabel comentando que le da la impresión de que el autor defiende aquel antiguo principio del “antes muerta que deshonrada”, y subraya Mercedes el carácter moralista de las obras de Richardson, mientras Pilar añade que todo el afán de la muchacha es defender su virginidad y Rufino se pregunta  por qué lo llaman virtud si quieren decir virginidad, a lo que Valentín puntualiza que la virtud es más bien una facultad y Maite opina que la virtud es como un don del que alguien está dotado.

Josefina está leyendo Pamela y cuenta que la protagonista cuida de una mujer mayor que en su lecho de muerte le pide al hijo que se haga cargo de ella y la respete; el señorito, que es de esos de ordeno y mando, sólo cumple lo primero, e impidiendo que se vaya a otra casa a servir, trata de aprovecharse de ella. La novela consta de una serie de cartas entre Pamela y sus padres, además del diario de ella. Dice Josefina que Richardson refleja cómo eran aquellos tiempos y lee un fragmento donde la protagonista relata una situación trivial y, a propósito de la misma, confiesa que se niega a actuar de forma acorde con sus sentimientos porque no quiere que se piense de ella que es presuntuosa o se deja dominar por la vanidad. Josefina añade que no ha terminado de leer el libro pero quiere hacerlo, por eso no sabe cómo acaba. Por otro lado, se plantea si el autor habría leído los cuentos de Las mil y una noches, ya que deja abierto el final de las cartas para crear expectativas (indica Eugenio que, por lo que él sabe, la traducción al inglés de los cuentos clásicos de la cultura árabe no se llevó a cabo hasta el siglo XIX, y que probablemente se trate de una estrategia comercial; añade María José que Clarissa la editó por entregas, y durante aquella publicación se creó mucha expectación y los lectores opinaban sobre los trances y expresaban su deseo respecto al desarrollo de la trama). Isabel menciona el Derecho de pernada y Josefina comenta que ha sido muy común que las criadas queden embarazadas de sus amos; Pilar puntualiza que también ha sucedido que las sirvientas sedujeran a los señoritos y Rufino revela que al final de la novela Pamela consigue su propósito y logra casarse con su acosador.

A propósito de la mención hecha por Lali en la sesión anterior, acerca de la denominación de Época Augustana que se da a este periodo, Eugenio comenta que por la elevada consideración que se tuvo la élite literaria inglesa hacia sí misma, se compararon con la época de Augusto en la Roma de los siglos uno antes y uno después de nuestra era, durante la cual se fraguaron las obras de Virgilio, Horacio y Ovidio; y en lo que respecta a lo leído acerca de que Richardson es autor de las primeras novelas epistolares, recuerda que ya Aphra Behn había escrito una, además bastante larga, titulada Love letters between a nobleman and his sister. También comenta la disputa editorial que se produjo entre intelectuales tories y whigs por la publicación de las Fábulas de Esopo: en 1739, Richardson reeditó la versión tory que publicara Roger L’Estrange en 1692, como respuesta a la traducción whig de Samuel Croxall (María José subraya que la reedición de L’Estrange fue anotada por el autor, en calidad de impresor/editor de la misma); también a tenor de traducciones,  Eugenio añade que la realizada de Clarissa al francés, por el abate Prévost, fue hecha con ciertos recortes del original, adaptándola a su público católico, omisiones que nada gustaron a Richardson. Comenta la influencia del autor en la literatura posterior, destacando la ejercida sobre La nueva Eloísa de Rousseau, reconocida por éste, y la que tuvo sobre Pushkin, en cuya obra maestra Eugene Onegin, los personajes han leído y rememoran fragmentos de Clarissa. Por último, señala el enfrentamiento que sostuvo con Henry Fielding, del que anuncia que se hablará cuando tratemos a este autor, pues gracias a la campaña de desprestigio social contra el teatro que apoyó Richardson, sobrevino una etapa de decadencia que obligó a Fielding, autor teatral hasta entonces, a cambiar de terreno hacia la novela, donde cosechó su éxito parodiando, precisamente, las obras de Richardson.

Pilar ha echado un vistazo a los enlaces de nuestra bitácora hacia los pdf de las obras de Richardson y destaca el encanto de aquellas ediciones antiguas, donde se nombraba a quienes habían hecho posible editar el libro. Acerca de la vida del autor, recuerda que se casó con la hija del jefe (indica Rufino que, tras enviudar, volvió a tomar en matrimonio a la hija de un compañero), que escribió un opúsculo para la educación social de jóvenes varones y que hasta los cincuenta y un años no escribió su primera novela, Pamela; también dice que creó un club de lectura destinado a mujeres, del cual extrajo un amplio conocimiento sobre sus gustos literarios y pudo desarrollar con mayor acierto una literatura dirigida a ese tipo de lectoras (a Isabel le vienen a la mente el caso del periodista que se adentra en un mundillo determinado para escribir sobre él y Rufino recuerda los reportajes televisivos donde sus autores conviven con el objeto de los mismos, detalle que Josefina corrobora con el caso de una reportera que llega a drogarse para profundizar en la vivencia de un drogadicto, e Isabel homenajea a los corresponsales de guerra que tantas veces ponen en peligro su integridad por alcanzar un buen titular o una buena imagen). Pilar comenta que habría que situarse en la época de Richardson, pero que no obstante la identificación entre virtud y virginidad es una auténtica aberración; acerca del mencionado Derecho de pernada, señala que muchos señoritos se han creído dueños de las criadas, y que éste es un atentado que se sigue dando en algunos pueblos y empresas; al hilo recuerda María José que las mujeres debían salvaguardar su honra mientras los hombres se iban de putas para llegar más experimentados al matrimonio.

A Mercedes le ha resultado una literatura demasiado moralista, y sobre el autor comenta que le sobrevivieron sólo cuatro hijas de los doce hijos que tuvo; también señala que tuvo un sobrenombre: le llamaban “Serio”.

Por su parte, Valentín también considera que en la actualidad sigue existiendo el Derecho de pernada, legalmente encubierto y quizás socialmente aceptado, y señala como ejemplo la India de las castas; respecto a estos sistemas de promoción basados en los favores, su experiencia es haber conocido muchas empresas donde sólo ascienden los pelotas o los arrastraos, y a propósito cuenta una anécdota sobre el montaje del UHF en la que un alto cargo de la Administración del Estado rechazó una empresa más capacitada para contratar otra que le hizo una chapuza.

Pilar G. comenta que Richardson escribió su primera carta cuando tenía once años de edad, dirigida a una señora de cincuenta, y también que poco después redactó, por encargo de ciertas jovencitas conocidas suyas, las respuestas que éstas daban a las cartas de amor de sus novios. Añade que el autor pertenecía a una familia de exiliados que habían regresado a Inglaterra, y que se casó dos veces tras haber enviudado la primera.

Rufino indica que Richardson está considerado el padre de la novela de análisis, y que su obra se enmarca dentro del género del realismo costumbrista con toques de puritanismo. Acerca de su obra más emblemática, Clarissa, dice que es la novela más larga de la literatura inglesa, y que destaca por la habilidad del autor para el análisis psicológico, además de su capacidad para conmover; añade que la extensión de esta obra ha dificultado que sea hoy en día aún mejor considerada. También se hace eco Rufino de la modalidad de edición por suscripciones que habría empleado el autor en su tarea literaria y en su labor como impresor, y comenta que le han parecido unas novelas interesantes, pero que son muy largas y hace falta dedicarle mucho tiempo. Respecto a Pamela, indica que el tema principal es la virtud de las sirvientas, tal como era concebida en el siglo XVIII, y que en este caso la protagonista resulta ser una joven intrigante que está tratando de progresar, a lo que Mercedes recuerda lo mucho que tiene que aguantar al señorito. Por último, Rufino anota que el autor sufrió de la enfermedad de Parkinson durante veinte años.

María José ha tomado nota de distintas entradas de nuestra bitácora y escribe sobre Clarissa (que ella conoce como Clara) que se le han llamado la atención los prolegómenos de la edición digitalizada que ha examinado, donde se sucede un listado de suscriptores, un prólogo del autor donde cuenta sus pretensiones, otro del editor y un tercero del traductor; finalmente, antes de iniciarse la novela, hay una breve biografía de Richardson. Añade María José que el autor profundiza en la psicología de la protagonista (Pilar señala que a través del desarrollo epistolar), y que Clara fue muy llorada y compadecida por los lectores. Sobre la formación del autor, señala que no realizó estudios, y que todo su conocimiento proviene de lecturas y de la observación de la vida y de la sociedad. Menciona al protagonista masculino de Clara, que ha quedado señalado como un hombre horrible, y para el cual Richardson se inspiró en un duque al que conocía y que le había favorecido en algún momento: este duque habría sido responsable de un grave suceso que turbó Londres en 1753. Como impresor, dice María José que Richardson obtuvo el privilegio de la Cámara de los Comunes que incluía la edición de sus documentos, y que al principio le costó hacer públicas sus propias obras y sólo gracias al impulso que le dieron sus conocidos, decidió lanzarse a la autoría; añade que se dirigía a sus empleados por carta, pues le parecía lo más práctico y, además, el regente de la imprenta era sordo. Acerca de su última obra, La historia de Charles Grandinson, se considera que la descripción de este personaje es un autorretrato, y acerca de Pamela dice que la compuso en tres meses. Sobre la influencia ejercida por Richardson en la posteridad literaria, recuerda el comentario que Rousseau le hiciera a D’Alembert respecto a la novela inglesa, a la que consideraba sin término medio sublime o despreciable, y que no conocía ninguna, dentro del primer grupo, a la altura de Clara. María José concluye mencionando la correspondencia personal de Richardson como una fuente de información acerca de él, que quiso ser enterrado cerca de su primera mujer y que sus obras son demasiado extensas para leerlas en la pantalla del ordenador (subraya Rufino que es muy incómodo, poco útil para leer literatura).

 

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2 comentarios

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2 Respuestas a “19 de junio de 2013: Samuel Richardson

  1. Rufino Manzaneque Ramos

    Estimados compañeros y compañeras hemos llegado a la meta establecida en el mes de octubre,como han pasado los meses y a medida que pasaban el taller se hacía más interesante también dependiendo de los autores que a veces no entendíamos bien.Gracias a Eugenio por facilitarnos información del autor que tocaba cada semana y también a Isabel por la exposición semanal que correspondía.
    Saludos a todos y a todas
    Rufino

    • Eugenio

      Mil gracias a ti, Rufino. Vuestro cariño y vuestro reconocimiento son una fuente de energía que hace esta labor muy grata. Nos vemos en octubre. ¡Un abrazo!

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