20 de marzo de 2013: John Milton

Reunidos: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, Maite, María José, Pepi, Luis, Eugenio, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel expone datos biográficos del autor, extraídos de El poder de la palabra, señalando que fue un poeta y ensayista inglés cuya obra tuvo mucha influencia en la poesía posterior, alcanzando la edad de 65 años de los cuales aproximadamente un tercio estuvo ciego, periodo durante el cual necesitó ayuda para escribir y para realizar su labor pública; desde joven leyó a los clásicos griegos y romanos, y mostró una imperturbable vocación religiosa que le impulsó hasta Cambridge con intención de ser ordenado sacerdote, pero pronto surgieron discrepancias entre él y el clero anglicano y abandonó sus pretensiones para iniciar una serie de viajes por Francia e Italia y después, debido a su interés por los asuntos sociales, una intensa actividad política que le llevó a alcanzar el cargo de Secretario de Asuntos Exteriores de la Commonwealth durante el gobierno de Cromwell, siendo posteriormente encarcelado tras la Restauración de los Estuardo (comenta Luis que tras acceder Carlos II al trono, el autor fue perseguido hasta su muerte). Sobre su vida privada, cuenta Isabel que sufrió el abandono de su primera esposa, quien posteriormente regresó a su lado para permanecer hasta que murió no mucho después, y también la muerte apartó de su lado a la segunda de las tres mujeres con las cuales Milton contrajo matrimonio; pese a su carácter arrogante y amargo, fue un amante de la música y de la buena conversación, y compuso en verso libre, rico y variado, estilo del que se ha dicho que está cargado de tal musicalidad que se asemeja a un órgano, símil que a Luis resulta extemporáneo, pero que intuye Lali que se refiere a la profundidad sonora de su lenguaje. La obra de Milton puede dividirse en tres periodos: el primero, de pequeños poemas durante su época de estudiante, donde resaltan el temor a la muerte y la insatisfacción con la vida; el segundo, donde el autor entabla diversas polémicas que dan como fruto una labor ensayística a través de la cual trata de difundir el espíritu de la Reforma de la Iglesia, con textos a favor del divorcio por incompatibilidad y su famoso Areopagítica, en defensa de la libertad de expresión; por último, la tercera etapa sería la que nos proporciona sus sonetos y los grandes poemas por los cuales ha sido reconocido: El Paraíso perdido, El Paraíso recuperado (una suerte de segunda parte del anterior) y Sansón Agonista, drama poético bajo el modelo griego, escrito en versos blanco y coral con el objeto de pregonar el sacrificio entre los puritanos, como condición necesaria para alcanzar los logros sociales que pretenden. Isabel ha encontrado una película reciente, La brújula dorada, basada en el primer libro de la trilogía de Pullman La materia oscura, destinada al público juvenil, que ha recibido la influencia del poema de Milton, a lo que Eugenio recuerda que esta obra de Pullman tiene en el mismo siglo XX dos antecedentes de mayor entidad, donde se destaca con más claridad el legado de El Paraíso perdido, que son El señor de los anillos de Tolkien y Las crónicas de Narnia de C. S. Lewis. Por último, Isabel cuenta que ha leído el segundo canto de El Paraíso perdido (indica Luis que son doce, aunque en la primera edición fueron diez), donde el poeta hace una alabanza a Satán; añade Isabel que las escenas en que el diablo acecha a Adán y Eva le han parecido muy cómicas, imaginándose a Satán escondiéndose para espiar a los dos humanos, y escrito con un lenguaje muy poético y muy bien narrado.

María José ha leído El Paraíso perdido en prosa, en versión de publicada por Espasa; comenta que el original en verso tiene más de diez mil. Indica que Milton cuenta la historia del Ángel Caído y de su venganza posterior sobre la Creación, al corromper a Adán y Eva para fastidiar a Dios, y que narra mediante una visión muy particular y compleja, partiendo de escueto relato bíblico del Génesis; dice que el objetivo confesado del poeta fue dar una explicación al origen del Mal en el mundo. A María José le ha parecido una obra magistral, llena de imaginación y conocimiento, y con una peculiar forma de exponer la cuestión del libre albedrío, central en el mito de la tentación y declive de Adán y Eva como habitantes del Edén; añade que es un tema generador de largas controversias y que Milton ha conseguido una bella narración donde describe todo cuanto se le ocurre, desde los escenarios (Cielo, Infierno, Caos, Paraíso) hasta las escenas de encuentros entre Satán y los ángeles, de éstos con Adán y Eva, etc.; le parece un texto muy trabajado, y a propósito de su elaboración comenta que el autor dijo haberlo compuesto en su cabeza durante la noche (recuerda su ceguera) para dictarlo por el día a su secretario (o a sus hijas, menciona Pilar). Por último indica María José que hay un oratorio de Haydn inspirado en esta obra.

Luis indica que El Paraíso perdido es un poema con una intención muy clara, y está dirigido a un público muy concreto, que es el del mundo anglosajón durante la reforma puritana, de manera que alejado del mundo latino, donde germina otro estilo poético más acorde con nuestra cultura, y que ejemplifica Luis en el Orlando furioso de Ariosto, producto de una ética más cercana al sur de Europa. Indica que Milton abrió campos de experimentación, y destaca los dos primeros cantos de su obra cumbre, a los que califica de heréticos y añade que de haber sido publicados en la Roma de la Contrarreforma, habrían sido condenados a la hoguera. Acerca de la vida del autor, recuerda que la Restauración de los Estuardo a partir de 1660 supuso su empobrecimiento, y acerca de su acervo literario, dice que conocía el italiano y el latín y que fue su meta llegar a escribir como Homero o Virgilio; no obstante, indica Luis que Milton no pudo alcanzar la excelencia poética que más tarde lograrían sus compatriotas Wordsworth y Keats. Recuerda Luis que en el parque de El Retiro de Madrid existe la única estatua en el planeta dedicada al Ángel Caído, y al hilo añade que el poeta Shelley comentó, en pleno auge del Romanticismo, que el diablo exhibe más dignidad que Dios; finalmente, recomienda la versión en español de El Paraíso perdido firmada por Bel Atreides (indica que este nombre es un seudónimo, y que se desconoce su identidad), publicada por Galaxia Gutenberg.

Eugenio ha leído El Paraíso perdido y dice que le ha gustado mucho y que quiere volver a leerlo más adelante, cuando haya adquirido algunos conocimientos que le procuren una lectura más enriquecedora, pues está convencido de que este poema crece en entidad a medida que se relee. Al hilo de la mención que hizo Luis de los románticos, menciona la tremenda influencia que ejerció la obra de Milton sobre el poeta William Blake, y en concreto la fascinación que la figura del Satán de El Paraíso perdido ha tenido sobre éste, no sólo en sus versos sino también en sus pinturas, habiendo realizado una serie de ilustraciones para esta obra; también señala Eugenio que en la edición de López Castellón publicada por Abada, el traductor comenta en su estudio introductorio que el Romanticismo consideró a Satán el verdadero protagonista del poema, y opina Eugenio que es cierto que las intervenciones de Satán cuando al comienzo de la obra despierta expulsado en el abismo junto al resto de ángeles rebeldes, son magistrales y, sobre todo, muy humanas, aunque también comparte con Isabel la visión cómica que trasciende durante las escenas en que se encuentra en el Edén tratando de cumplir su venganza; también recuerda su anterior comentario acerca de la influencia de El Paraíso perdido sobre la obra de C. S. Lewis, Tolkien y demás escritores épicos del siglo XX anglófono, y cuenta que la lectura de la batalla entre ángeles fieles y rebeldes que narra el arcángel Rafael a Adán, a él le hizo evocar la grandilocuencia de las batallas narradas en El señor de los anillos, y que no recuerda o no sabe que exista una perspectiva similar antes de Milton, ya que son más bien combates cuerpo a cuerpo los narrados en la Ilíada, Amadís de Gaula y Orlando furioso (sólo recuerda similares las narraciones de Víctor Hugo o Tolstoi, ya en el siglo XIX). Por último, dice Eugenio que tratará de leer El Paraíso recuperado, atraído por el verso de Milton y por el argumento acerca de las tentaciones que Satán hizo al Hijo en el desierto.

Pilar dice que ha comenzado a leer El Paraíso perdido (la versión de Galaxia Gutenberg mencionada por Luis), pero que no le ha llegado. Acerca de la vida de Milton, menciona su capacidad económica para vivir con holgura sus primeros años y realizar los viajes que hizo, y también la ceguera, a partir de la cual fue la ayuda de sus hijas la que le asistió y acompañó; sobre su obra cumbre, la forma que ha encontrado en el texto (verso blanco) se lo ha hecho monótono y aburrido, y añade que tampoco la animaba mucho el contenido, ya que no tiene mucha fe en el mito de la Creación que narra la Biblia. Pilar ha llegado a la conclusión de que vence el mal, ya que Adán y Eva son expulsados del Paraíso, y que el Dios que se muestra es muy cruel, promoviendo y permitiendo aquel castigo; lee un fragmento de la introducción de Bel Atreides donde compara la relación Dios-creaturas con la que tiene el alfarero con los cuencos que fabrica, pero matizando que en este caso se puede justificar el desprecio o los desperfectos del alfarero, pues las vasijas son seres insensibles, pero en el caso de los seres humanos, su creador les habría abandonado aun sabiendo que les ha conferido una sensibilidad que va a acarrearles mucho sufrimiento (indica Lali que la metáfora de los cuencos es muy plástica); concluye al respecto Pilar que la falta de compasión de Dios por el sufrimiento de sus creaturas justifica la rebeldía, y lee los últimos versos del poema, donde Adán y Eva de la mano abandonan el Paraíso ante la mirada de los arcángeles custodios con sus flameantes espadas; comenta Eugenio, a propósito de la mención a la Providencia que hay en uno de estos últimos versos, que este concepto, al igual que el del Destino en la cultura clásica, tiene más poder decisorio sobre los seres humanos que los propios dioses, liberando a éstos de cierta responsabilidad sobre los acontecimientos.

Mercedes ha leído El Paraíso perdido en la misma traducción en prosa que María José, pero sólo algunos pasajes: cuando Satán cae al infierno, el sueño de Eva, la descripción de la Creación; también ha leído alguno de los textos sobre el autor que hemos enlazado en la correspondiente entrada de nuestra bitácora. Se pregunta Mercedes por qué se hace una versión en prosa de un poema, y buscando acerca de ello en la web, ha encontrado diversas hipótesis: porque la lectura en prosa es más sencilla y comprensible que la del verso, y porque la prosa es un género más adecuado para la narración, que es como define el poema de Milton: la narración de un acontecimiento bíblico adornado con un lenguaje lírico. También destaca la abundancia de referentes mitológicos que hay en El Paraíso perdido, que obliga a un continuo recurrir a notas al pie o fuentes externas al texto y a la edición; al hilo, menciona los muchos demonios que aparecen, algunos de los cuales, como el propio Satán y su lugarteniente Belcebú, ídolo faristeo, son considerados sinónimos en nuestra cultura (comenta Eugenio que todos esos nombres con que hoy se designa al diablo provienen de las distintas culturas y religiones que ha absorbido el cristianismo, y cuenta que leyó -cree que en la introducción de López Castellón a la edición de Abada- que la figura de un ente maligno contrario a Dios habría penetrado en la religión judía a partir de la diáspora, cuando el pueblo necesitó esperanza en el futuro incierto y eliminó de Yahvé todo lo que no fuera bondad y benevolencia infinitas). Mercedes considera que El Paraíso perdido es una obra muy espesa para leerla entera y en tan poco tiempo, pero subraya su valor literario.

Valentín comenta que hay que considerar a Milton un autor original, y que iba por libre. En el ejercicio de su magistratura y durante los distintos reinados que vivió, llegó a defender el regicidio y sostuvo importantes polémicas con grupos religiosos como por ejemplo los presbiteranos; en opinión de Chesterton, existe un agudo contraste entre el Milton-poeta y el Milton-persona, que a ojos de aquel escritor inglés del siglo XX, se decanta a favor del poeta, pues como persona dejaba mucho que desear. También aporta Valentín otros datos sobre su vida, como que practicaba la esgrima, y hace hincapié en las controversias que suscitaron sus escritos en favor del divorcio y de la libertad de expresión (conocido éste como Areopagítica); acerca de los libros, Milton consideraba que estos tienen un gran potencial vital, pues son organismos dotados de existencia propia, independientes de los espíritus que los conciben, aunque reflejo de éstos. Sobre la experiencia del autor a la muerte de Cromwell y restauración de la monarquía, indica Valentín que la religiosidad de Milton se tuvo que adaptar a los nuevos tiempos, y que antes de morir pudo verse enfrascado en nuevas polémicas de tinte religioso, como por el ejemplo las derivadas de opiniones o apuntes vertidos en su obra magna, que sería acusada de arrianismo (por el sometimiento de la voluntad del Hijo al Dios Padre) y de monismo (noción contraria al dualismo que afirma la separación de alma y cuerpo: el monismo afirma que ambos son uno y que por tanto el alma se extingue con el cuerpo); finalmente, Valentín lee en voz alta la cita de William Blake donde éste afirma que Milton, como poeta, era del partido del diablo, ya que hizo hablar a su corte celestial con grilletes, mientras era plenamente libre para poner voz a los ángeles rebeldes (comenta Eugenio que esta afirmación de Blake es una forma de decir que el autor hace expresarse a Satán en El Paraíso perdido desde su propia perspectiva de hombre).

Lali lee un texto propio donde indica que Milton perteneció a una familia de puritanos cultos y humanistas, habiendo disfrutado de las lecturas de Dante, Petrarca, Tasso, etc., y de una buena formación musical y en matemáticas; nombra odas del autor, como En la mañana de la Natividad de Cristo y Il Pensaroso, que ejercerían posterior influencia en los autores románticos gracias a la melancolía que desprenden y a la noción del lenguaje como fuente de naturaleza evocativa para el ser humano, e indica que, no obstante, las obras más importantes de Milton fueron compuestas por éste al final de su vida. Dice que la Biblia fue una constante fuente de inspiración en Milton, quien se movía entre la “innata sensualidad” de lo pagano y la pureza que subyace en la cultura cristiana, y que fue un hombre comprometido con su comunidad, de mucho genio y orgullo y gran humildad ante Dios; acerca de su estilo literario, Lali resalta que la musicalidad de su verso, ya mencionada por Isabel, proviene del verso libre empleado por Tasso. Respecto a El Paraíso perdido, que ella ha leído, destaca el grandioso retrato hecho de Satán y la mezcla de excelencia y mundanidad que refleja en sus descripciones, al tiempo que cuenta el argumento de la obra y, como conclusión, lee en voz alta (y en verso) el pasaje de este poema en que Adán y Eva se dirigen al tálamo que previamente había adornado ella.

Toñi ha leído los dos primeros cantos de El Paraíso perdido y destaca que contiene mucha mitología y que no le ha gustado nada la figura de Satán. Destaca que hubiera sido influenciado por Dante, ya que el poeta italiano no había sido nada apreciado durante el Renacimiento; sin embargo, la Divina Comedia es una fuente de inspiración para Milton. Acerca de su lectura, Toñi menciona especialmente la escena en la que Satán anda buscando la llave para salir del infierno.

Rufino ha echado un vistazo a El Paraíso perdido y escrito un texto que lee sucintamente. Dice que, según algunos, Milton es “el más grande poeta inglés”; indica que su padre le obligó a estudiar las lenguas clásicas, de lo que parece que sacó provecho, y que una vez quedó ciego, dictaba a un secretario que le ayudaba a escribir sus textos. Destaca su alegato en favor de la libertad de prensa, y respecto a la comparación de su verso con la música de un órgano, que mencionó Isabel, añade que es por los tonos de este instrumento, a lo que Luis añade que entonces la comparación se refiere a la amplitud. Califica su obra cumbre de drama cósmico, cuyo objetivo habría sido justificar el comportamiento de Dios, al tiempo que dice que Milton trató de conferir valor a la comunidad puritana inglesa, derrotada tras el fracaso de la República de Cromwell; respecto a la monarquía, el autor afirmaba que los reyes obtienen el poder del pueblo, lo que otorga a éste el derecho a destituirlos, encarcelarlos e incluso ejecutarlos si procede. Finalmente, Rufino dice que Milton fue partidario de la poligamia y, por otro lado, hace un inciso para, por curiosidad, preguntar a Mercedes (que pertenece a un coro) si cuando canta lee las partituras y si, al leerlas, se refleja la melodía en su cabeza.

Maite ha leído algunos datos sobre el autor, tomado apuntes y hecho un breve resumen. Destaca que se casara tres veces, en contraste con su etapa universitaria, donde le llamaban “nenaza” porque tenía un aspecto poco varonil (Pilar indica que era un hombre muy menudo y llevaba el pelo largo y rizado). Por último, lanza Maite un apunte sobre el verso blanco, empleado por Milton en sus obras cumbres, y del que ya tratamos cuando nuestra lectura de Shakespeare.

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