30 de enero de 2013: Mo Yan

Reunidos: Isabel, Toñi, Rufino, Maite, María José, Luis, Eugenio, Pilar y Mercedes.

Isabel ha investigado en Internet sobre la figura del autor, y expone sus conclusiones: su nombre es un seudónimo que significa “No hables”, proviene de una familia de granjeros económicamente estable, dejó la escuela durante la Revolución Cultural que cambió radicalmente su país y se confiesa lector de García Márquez, a quien añade a Faulkner y a Tolstoi para componer las que dice que son sus fuentes literarias; Sorgo rojo fue su primer éxito en Occidente, favorecido por la adaptación al cine que se hizo de ella, y Grandes pechos, amplias caderas ha sido su obra más popular, prohibida por las autoridades de Pekín; concluyendo los datos biográficos, Isabel añade que Mo Yan ha sido comparado con Kafka, y que en la exposición de motivos de su concesión del Nobel, se asegura que es el “mejor escritor vivo”: en torno a esta cuestión se inicia un breve debate, al preguntarse Eugenio cómo creer que este premio sea destinado a autores que innovaron en el campo literario cuando se le concede a un escritor que asegura seguir el realismo mágico de García Márquez, a quien galardonaron hace ya treinta años; Isabel corrige y matiza que a la literatura de Mo Yan no se la califica de realismo mágico, sino de “realismo alucinatorio”; Luis comenta que la obra de este autor viene de la simbiosis cultural producida en China tras la invasión japonesa de Manchuria y la posterior destrucción de las tradiciones milenarias del país ocupado, acontecimientos de los cuales Mo Yan da cuenta en Sorgo rojo, especie de crónica de las postrimerías de la cultura tradicional china; a continuación, Rufino indica que hay fines políticos en la concesión de este Nobel, y se lo han dado al escritor chino más representativo porque se trata de estrechar lazos con el país que se está colocando a la cabeza de la economía mundial. Acerca de las posibles discrepancias que puedan existir entre Mo Yan y el gobierno chino, Isabel subraya que, a pesar de las denuncias que haya habido en sus textos, no es un escritor polémico, y que no en vano es vicepresidente de la Asociación de Escritores Chinos. Por último, comenta algunos textos leídos del autor, entre los que destaca Shifu, libro de relatos que ha leído entero, y Rana, del que ha leído el comienzo, donde con fina ironía se describe la patética situación de los varones cuando, en una estrategia de planificación familiar, el gobierno recomienda la vasectomía.

Toñi ha leído Las baladas del ajo, y le ha gustado a pesar de que lo considera un libro muy triste. Trata de un plan del gobierno chino que obliga a plantar ajo sistemáticamente, lo que tiene como consecuencia un excedente que se pudre en almacenes y la obligación entre la población de comer ajo a todas horas; entre los protagonistas destaca un matrimonio que pretende casar a su hija pero ella no quiere aceptar el marido que la proponen y se fuga con el chico a quien ama, pero les cogen y a él le dan una paliza; también cuenta Toñi la historia de un profesor enamorado de la madre de un alumno a quien pregunta siempre por ella, hasta que un día va a visitarla y se enrollan y llega el marido y se produce una situación cómica, tras esconderse el profesor en un molino de tracción animal, que al hacerlo funcionar advierte al marido, pero finalmente es burlado tras obligarse el profesor a moler todo el grano: Toñi comenta que es el único momento de humor de la novela, culminado cuando tiempo después el alumno vuelve a transmitir al profesor el deseo de su madre de que vaya a visitarla y él responde mordazmente si acaso es que tienen nuevo grano que moler. Finalmente, Toñi destaca el maltrato que sufren las mujeres durante toda la novela.

Rufino comenzó a leer La república del vino, pero no lo ha terminado; cuenta que es una novela teñida de fantasía y cuya trama es la llegada de un detective a un pueblo donde se dice que comen niños; el investigador se emborracha el primer día y así continúa hasta el último, ya que en aquel lugar se vive en una orgía constante de comida y bebida. Acerca de la concesión del Nobel al autor, Rufino reitera que para él es una forma de incluir a China en el grupo de los Nobel de Literatura; confirma además la opinión de que es un intelectual congraciado con régimen, que no se manifiesta en su contra, y transmite la duda que parece cundir entre otros escritores chinos: ¿por qué se ha concedido el primer Nobel a un chino que tiene tan marcada influencia occidental?

Maite la leído una parte de La vida y la muerte me están desgastando, que cuenta las vicisitudes, durante los últimos cincuenta años de la historia de China, de una familia de terratenientes, uno de cuyos miembros ha muerto pero sigue la vida de sus parientes reencarnándose en diferentes animales. Maite afirma que es una novela llena de ironía y ácido humor, y que está muy bien escrita (Isabel asiente y dice que Mo Yan describe muy bien, que es como si lo estuvieras viendo); añade que ella sólo ha podido leer la parte en que el protagonista se ha reencarnado en burro, y que se ha quedado con las ganas de leer el resto, sobre todo la parte en que se convierte en perro, que según la contracubierta de esta edición es la más prometedora. Por último comenta que hay algunos aspectos culturales de la narración que son algo difíciles de entender para nosotros los occidentales.

María José ha leído Grandes pechos, amplias caderas y le ha gustado; comenta que es una epopeya del último siglo, desde la caída de la dinastía Ming hasta los años noventa, vista desde la óptica de una mujer que no dejará de quedarse embarazada mientras no tenga un hijo varón, lo que sucede tras su octavo embarazo, todos ellos de hombres diferentes. María José cuenta que el hijo está obsesionado por los pechos femeninos, que toma leche materna hasta los trece años, y que tras atacar a un maniquí acaba en el manicomio (“como en la canción de Serrat”); respecto a la siete hijas, a lo largo de la novela se van situando en distintas circunstancias sociopolíticas, todas relacionadas con las fases históricas que se van sucediendo. María José comenta que la madre protagonista es una superviviente nata, que proliferan los personajes (indica que existe un índice para seguir mejor la trama, a lo que Toñi apunta que ella ha ido anotando los nombres para no perderse), y que muestra crudamente las atrocidades cometidas por japoneses y maoístas; a continuación nos ilustra con un artículo de su editor en España, la editorial Kailas, que cuenta que Mo Yan cumple el siguiente método de escritura: primero concibe en mente toda la trama y luego la escribe de seguido, a bolígrafo; finalmente, María José aclara que la novela fue prohibida por las autoridades de Pekín, pero no por atacar al gobierno, sino por denunciar pequeñas corruptelas locales.

Luis dice que ha leído al autor hace tiempo, en concreto un pequeño libro autobiográfico titulado Cambio, donde muestra la normalidad con que convive con sus nociones fantásticas la cultura china, formada en torno a las ilusiones del alma. Sobre Sorgo rojo comenta que es su título más emblemático, cuyo eje es la historia de China durante los siglos XIX y XX; y aunque la agresión japonesa fue inmisericorde (comenta Luis que, gracias a su precedente guerra contra Rusia, los japoneses habían construido un emporio bélico que aprovecharon para atacar China), Mo Yan es muy prudente a la hora de hablar sobre Japón. Por último, indica que es complicado entender a los autores extranjeros, y que por eso los traductores se esfuerzan en hacerlos más asequibles.

Eugenio advierte que las novelas de Mo Yan pueden servirnos para tomar contacto con la Historia de China, pero que no debemos olvidar que ésta no se puede entender a través de novelas, ya que su autor pone un punto de vista personal y simplifica los hechos para encajarlos dentro de los límites de una ficción, que debe quedar completa, con un principio y un final, como un producto terminado. Acerca del Nobel de Mo Yan, confiesa estar indignado porque se lo publicita como el primer Nobel chino, obviando que su literatura está muy occidentalizada, lo que a su juicio es premisa para la concesión, ya que así su obra es más asequible al consumidor occidental. Por otro lado, Eugenio considera que la idea de que China es una civilización cerrada al resto del mundo hasta el siglo XX, y aun hasta el aperturismo más reciente, es falsa, y que nociones similares usadas para promocionar a sus autores no hacen sino  mantener nuestros prejuicios frente a esta civilización; añade que el actual liderazgo económico de China sería imposible si ésta hubiera sido hasta hace poco la civilización anquilosada que se dice, y pone como ejemplo casos como el de España, que recientemente y durante mucho tiempo también pudiera considerarse una cultura aislada de su entorno (acerca de la cerrazón cultural de España, Eugenio pone como ejemplo el siglo XVII, lo que Luis niega rotundamente, asegurando que durante el Siglo de Oro, España estaba presente en el mundo entero). Por último, Eugenio encuentra también paralelismos entre la temática de Las baladas del ajo y el fraude del cultivo del lino en España, y, volviendo a los Premios Nobel, insiste en denunciar que los destinados a la Literatura, lejos de la intención que puedan tener otros como los de Medicina, que incentivan la innovación, no apoyan a los creadores, sino a la industria editorial.

Pilar no ha leído nada del autor, pero sí sobre su figura y la de los Premios Nobel, de los que recuerda su origen a través de un texto que lee: provienen de la Fundación homónima, creada por el industrial sueco Alfred Nobel, quien comercializó la dinamita y para compensar la riqueza obtenida en el mercado bélico, puso en marcha estos galardones, destinados al progreso de la Humanidad (por lo que Pilar deduce que el químico sintió mala conciencia y quiso limpiar su alma); añade que, sin embargo, el Premio Nobel de la Paz no es “técnicamente” un Nobel; y sobre los motivos de la concesión a Mo Yan, recuerda que a él le han considerado el “mejor escritor vivo” y otorgárselo una “victoria de la literatura sobre la política”. Ya al margen del autor, Pilar señala una noticia literaria: en la sala teatral del Matadero de Madrid, tres actrices y directoras españolas representarán tres obras emblemáticas, de las cuales dos han sido tratadas recientemente en nuestro taller: la Antígona de Anouilh y La amante inglesa de Marguerite Duras.

Mercedes ha leído Shifu, harías cualquier cosa por divertirte, en cuya cubierta se lee una franja donde el nobel japonés Kezanburo Oé asegura que él daría el premio a Mo Yan (en la segunda edición, que es la que ha leído Isabel, ha sido sustituida la leyenda por otra que anuncia que el libro ha sido escrito por el último Premio Nobel). Mercedes lee texto propio sobre la lectura, donde cuenta que es un libro de relatos de carácter autobiográfico, y menciona las escenas de niños desnudos, que por hambre lamen carbón en la escuela y tienen dientes afilados porque sólo comen hojas y tallos; en un relato, el autor confiesa que el seudónimo (Mo Yan: “No hables”) le viene dado desde pequeño, porque siempre estaba hablando consigo mismo, y que decidió hacerse escritor el día en que se enteró de que los escritores comían tres veces al día. En total son ocho relatos, que Mercedes ha leído en su totalidad pero de entre los cuales destaca el que da título a la recopilación, que trata de un hombre que a poco de jubilarse es despedido de la fábrica donde trabaja y se ve obligado a sobrevivir creando su propio negocio, que será el acondicionamiento de un autobús abandonado para uso de parejas en busca de intimidad. Por último, Mercedes comenta que todos los relatos están situados en el pueblo del autor, que los finales son abiertos a la imaginación del lector y que le ha llamado especialmente la atención el relato en que un niño se alimenta del hierro de los carriles ferroviarios, habilidad que enseña a otro niño hambriento del que se hace amigo.

Isabel también ha leído los relatos de Shifu, y le han parecido muy crudos, que transmiten mucha pena pero al tiempo irónicos y poéticos. Mientras que Mercedes sólo destaca el relato que da título al libro, Isabel considera que todos tienen algo que les hace dignos de mención, y añade sobre el primero que contó Mercedes que la última pareja que accede al autobús, ya en pleno invierno, se niega a abandonarlo, y cuenta otro en el que durante la celebración de una boda la novia sale volando: sobre éste, Isabel indica que es un ejemplo de realismo mágico, y que está narrado con mucho humor. Por último, añade que Mo Yan ha dicho que la principal fuente de su literatura es la tradición china.

 

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